Por Silvia Forés

Al acabar el año, es un clásico “hacer balance de lo bueno y lo malo”, como dice una canción que no ha dejado de sonar en los últimos días y, en este año 2020, marcado por la pandemia, reflexionar es más necesario que nunca.

Solemos hacer balance poniendo el foco en el exterior: qué ha pasado en este terrible año, cómo han gestionado los políticos la situación, qué medidas sanitarias se han adoptado, cómo de dañada ha quedado la economía en 2020 y un largo etcétera de reflexiones que miran hacia fuera.

Sin embargo, considero que no menos importante es hacer balance hacia el interior de uno mismo. ¿Qué hemos hecho durante este año tan duro? Algunos afortunados dirán que han podido seguir trabajando, con muchas dificultades, pero por lo menos han mantenido el empleo. Otros han quedado duramente golpeados por la pérdida de personas queridas. Otros han visto cómo sus negocios, y a la vez sus sueños, se derrumbaban con total impotencia. Todos de algún modo hemos quedado emocionalmente tocados.

Por desgracia, ha habido un gran número de personas que han perdido sus puestos de trabajo y otras que han quedado atrapadas en un ERTE que se está alargando de forma agónica

Cuando hablo de hacer balance interior, no me refiero tanto a qué nos ha pasado, sino a cómo hemos reaccionado y, para ello, hay que hacer un ejercicio muy honesto que nos permita analizarnos de forma muy objetiva.

Por desgracia, ha habido un gran número de personas que han perdido sus puestos de trabajo y otras que han quedado atrapadas en un ERTE que se está alargando de forma agónica. Las personas que han perdido su ocupación de algún modo, ¿qué han hecho durante estos meses? Al principio parecía que sería por poco tiempo, hasta en algunos casos se pudo vivir como un alto en el camino para descansar temporalmente, algo muy lícito, pero a medida que han ido pasando los meses, y aquí viene el auténtico ejercicio de reflexión, considero que uno mismo debe preguntarse: ¿he aprovechado el tiempo para salir reforzado?

Mucho se habla de empleabilidad. En mi opinión estos meses de parada forzosa han representado una oportunidad de oro para mejorar la empleabilidad de las personas. No me refiero aquí a buscar trabajo. Una suspensión temporal del contrato no significa perder el trabajo, sino que se queda a la espera de reincorporación cuando las circunstancias lo permitan, aunque haya gente que haya optado por buscar nuevos horizontes laborales.

La oportunidad de mejorar la empleabilidad a la que me refiero pasa por aprovechar el tiempo para formarse para que cuando llegue el momento seas mejor y estés mejor preparado para afrontar los desafíos de tu propio puesto de trabajo.

Employability coronavirus
Contenido relacionado: Empleabilidad versus coronavirus

Cuántas veces las personas se quejan de falta de tiempo para formarse. En esta pandemia, desde mi punto de vista, si alguien no ha podido trabajar, a no ser que haya enfermado, se haya dedicado a cuidar de familiares o realizar labores sociales tan necesarias, si algo ha sobrado es tiempo. ¿Y cuál es el otro elemento de la ecuación? Voluntad. Voluntad y ganas para leer, para estudiar, para analizar qué tendencias están afectando a los puestos de trabajo, qué habilidades es necesario mejorar si queremos ser más competitivos en este feroz mundo laboral que, aunque ahora nos parezca paralizado, se mueve a toda velocidad.

Estos meses de parada forzosa han representado una oportunidad de oro para mejorar la empleabilidad de las personas

Las empresas han estado en el punto de mira durante la pandemia. Muchas han reaccionado superando las expectativas de sus empleados tanto en activo como en sus casas y les han proporcionado múltiples oportunidades para mejorar sus capacidades.

Sin embargo, sea como sea, aquí lo que cuenta es la actitud de uno mismo, no tanto la cantidad o calidad de las oportunidades formativas que haya podido proporcionar cada empresa. Aprender lo puede hacer uno mismo de mil formas.

Tuve muchos años una profesora de alemán que siempre me decía: el buen alumno aprende siempre. Estoy convencida de que es así. Aprender es una actitud en la vida, pero, cuidado, porque se está convirtiendo en un kit de supervivencia en esta larga travesía que va a representar nuestra vida laboral y ese kit, como los muebles de una famosa cadena, te lo tienes que montar tú. Y teniendo muy presente esto, ahora toca a cada uno hacer ese honesto balance interior de este año 2020 al que me refería al inicio de este artículo.

Feliz Año Nuevo

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.