Comida, fotos y turismo: el auge de los 'foodstagrammers'

Tomar fotos de lo que comemos se ha convertido en un fenómeno internacional. Cuando en un restaurante nos sirven un plato, lo primero que algunos vamos a buscar no son los cubiertos, sino el móvil, para subir la mejor imagen a Instagram antes de tomar el primer bocado.

Para algunos de nosotros, este gesto nos resulta un tanto molesto, pero para otros es su estilo de vida, e incluso una forma de ganarse la vida. ¿Qué impulsa a las personas a tomar fotos de lo que van a comer? ¿Qué es lo que mueve a los foodstagrammers a actuar así?

Los profesores de Esade Mar Vila y Gerard Costa y la doctorada Eleunthia Ellinger investigan esta tendencia global en el Journal of Sustainable Tourism. Durante seis meses, los autores realizaron un seguimiento de turistas foodstagrammers que estaban de visita en Barcelona, un destino muy popular de turismo gastronómico. Partiendo de una serie de observaciones y experiencias de inmersión en seis tours gastronómicos con 48 participantes, los investigadores analizaron e interpretaron las acciones y las actividades de estas personas para descubrir qué motiva a los foodstagrammers a actuar de esta forma.

Foodstagrammer in Paris

El crecimiento del turismo gastronómico

Erik Wolf, fundador y director ejecutivo de la Asociación Mundial de Turismo Gastronómico (WFTA), define el turismo gastronómico como "el acto de viajar por conocer el 'sabor de un lugar', más que por la sensación de estar en aquel lugar". Según la WFTA, el turismo gastronómico ha crecido en importancia en la última década, gracias a las redes sociales y a los programas de televisión. La comida se ha convertido en un criterio fundamental para muchos turistas a la hora de seleccionar el destino de sus viajes y han proliferado en todo el mundo las estrategias de marketing centradas en empresas, eventos y experiencias de turismo gastronómico.

El turismo gastronómico ha crecido en importancia en la última década, gracias a las redes sociales y a los programas de televisión

El auge de las redes sociales constituye uno de los cambios más relevantes que se han producido en el sector turístico, y las empresas cuentan cada vez más con ellas a la hora de gestionar y comercializar sus ofertas turísticas.

Los cambios que las redes sociales han provocado en el turismo son complejos y pueden llegar a ser conflictivos, puesto que sus consecuencias para la sostenibilidad social, medioambiental y económica pueden resultar contradictorias. Las redes sociales pueden promover opciones de turismo sostenible y ayudar a las pequeñas empresas a llegar a consumidores de todo el mundo a bajo coste. Pero también pueden fomentar la preferencia por marcas lujosas y por formas de consumo intensivo en recursos o productos y servicios no sostenibles.

Buscando la perfección: motivaciones de los foodstagrammers

Los foodstagrammers –definidos como aquellos turistas que toman fotografías relacionadas con la comida y las comparten en las redes sociales– perciben su actividad como algo único y distintivo. Los foodstagrammers, movidos por buscar experiencias extraordinarias y compartidas, se pasan semanas estudiando sus viajes y recorriendo Instagram buscando a influencers relacionados con su destino. “Son experiencias únicas”, explicaba una participante. "No actuaría así en mi país. Son experiencias que preparo con muchos meses de antelación".

Para muchos foodstagrammers, saborear la comida pasa a un segundo plano, lo importante es fotografiarla. O, como dicen algunos: "La cámara come primero". Un participante realizó más de cien fotos antes de comer; otro colocaba el trípode ceremoniosamente sobre la mesa antes de cada almuerzo para lograr las mejores tomas, buscando diferentes encuadres para los platos y lo que los rodeaba.

Foodstagrammers

Transferir estas experiencias a las redes sociales parece incrementar la percepción de que los participantes están viviendo unos momentos que van más allá de la normalidad y del mero consumo de alimentos.

La sensación de compartir una experiencia extraordinaria con amigos y seguidores se identifica con el sentido de pertenencia o momentos en que vivimos experiencias y sentimientos. Instagram es una red percibida no solo como un espacio para compartir experiencias vividas, sino como una lupa a través de la cual nuestras experiencias pueden ser vistas por una comunidad de personas iguales y con ideas afines.

¿Comida o fotos?

En el estudio, los participantes mostraron que sus actividades lúdicas eran una combinación única de consumo especializado y dedicación a compartirlo con quienes respetan su pasión. Pero esta pasión no es necesariamente la comida, sino más bien el hecho de suministrar, documentar y compartir su experiencia. La preocupación por los 'me gusta' y por los seguidores, así como la presencia constante de cámaras, crea tensiones en la experiencia misma que buscan. Una participante explicó que jamás volvería a apuntarse a una ruta gastronómica con un grupo de cocineros o gourmets, porque la regañaron por tomar fotografías.

Seleccionar, editar y subir las fotos –con sus subsiguientes 'me gusta' y comentarios– les proporciona más placer que la experiencia de viajar, identificar el lugar y saborear la comida

A pesar de los meses que se pasan investigando el lugar ideal, los mejores restaurantes y los cursos de cocina más ambiciosos, para muchos foodstagrammers esta experiencia es secundaria. Seleccionar, editar y subir las fotos –con sus subsiguientes 'me gusta' y comentarios– les proporciona más placer que la experiencia de viajar, identificar el lugar y saborear la comida. "Mi compañero siempre me dice que no sabe si me lo paso mejor comiendo o más tarde, cuando comparto las fotos y las subo", reconocía una participante.

'Instagrameo', luego existo

Para los turistas foodstagrammers, compartir fotos de lo que comen y del lugar durante su tiempo libre es una forma de describir su estilo de vida, sus actitudes y sus valores. De este modo, proyectan un estilo de vida y un estatus personal que les permite una identificación social que, de otro modo, sería imposible obtener.

Esta motivación es una identificación y una característica distintiva de los millennials y de la generación Z, que se consideran usuarios intensivos de Instagram, con una forma de actuar que busca recabar opiniones de los demás. Persiguen tener seguidores, reposts y tags para fomentar el sentimiento de pertenencia y crear una cultura.

Para los foodstagrammers, la experiencia no consiste en promocionar conscientemente un restaurante o un lugar para comer, sino que se trata de un ejercicio de identificación

Se sienten identificados por el hecho de ser foodstagrammers, aunque se trate de una actividad que pueda estar muy alejada de su vida diaria. Instagram es una red utilizada por profesionales para promocionar sus negocios, pagando a influencers para que sean el rostro de su marca. Pero para los foodstagrammers, la experiencia no consiste en promocionar conscientemente un restaurante o un lugar para comer, sino que se trata de un ejercicio de identificación.

Esta identificación social genera un cierto grado de narcisismo. Instagram permite a los usuarios documentar sus experiencias, y una complacencia excesiva con la vida que llevan les lleva a pensar que estas experiencias "extraordinarias" deben compartirse. Un participante se preguntaba en voz alta si haría "todo esto" de no existir Instagram.

"Admitámoslo", decía. "Si no puedo exhibir lo que hago, ¿por qué debería hacerlo?"

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