Renta básica universal: preguntas y respuestas

Por Xavier Ferràs

Una Renta Básica Universal (RBU) es un programa según el cual todo ciudadano de un país (normalmente, todo ciudadano adulto) recibe una renta incondicional e independiente de su situación laboral (tanto si trabaja como si no), e independiente de cualquier otra renta o patrimonio.

Las virtudes de esta propuesta son dos: a) evitar que cualquier ciudadano caiga en situaciones de pobreza (de ahí su naturaleza de renta básica, concebida como la mínima necesaria para impedir la exclusión social), y b) simplificar y agilizar los mecanismos y costes de concesión haciéndola, precisamente, universal e independiente de cualquier otra condición.

Pese a las diferentes aproximaciones existentes, en general, las características de la RBU son:

  • Es periódica (se suministra a intervalos regulares, por ejemplo, mensualmente).
  • Se paga en efectivo, permitiendo al receptor escoger en qué será utilizada (no está restringida a usos específicos como medicamentos o cupones de alimentación).
  • Es individual (inherente al ciudadano, no a la unidad familiar).
  • Es universal (se paga a todo el mundo, sin mecanismos de test o de control).
  • Es incondicional (se paga sin necesidad de estar desempleado, y, en caso de estarlo, sin necesidad de demostrar que se busca trabajo).
  • Es básica (se concibe como “salario de vida”, para cubrir las necesidades básicas).

A raíz de la crisis del coronavirus, la RBU ha vuelto con fuerza a los titulares de actualidad. Con toda seguridad, la provisión de una RBU transitoria hubiera permitido afrontar la pandemia con mayor facilidad administrativa y menor estrés social.

Worker in the subway during the Covid-19 outbreak
Una trabajadora en el metro durante la epidemia de Covid-19 (Foto: Anna Shvets/Pexels)

Pero la RBU es una vieja idea que en los últimos años había generado controversia en el marco del debate de la automatización y el cambio tecnológico. ¿Nos encaminamos a un jobless future? Es evidente que la llegada de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial tendrán un impacto en los mercados de trabajo, difícil de cuantificar.

Algunos expertos, especialmente desde la perspectiva tecnológica, afirman que se va a producir una substitución masiva de personas por máquinas, tanto en tareas manuales como cognitivas. Otros, basados en la evidencia económica, argumentan que ante cambios tecnológicos substanciales, aunque efectivamente se han destruido empleos obsoletos, siempre se han creado nuevos nichos de ocupación alternativos.

La idea es tan atractiva como controvertida y contraintuitiva (parece descabellado, en primera aproximación, ofrecer una renta incondicional y universal) y sus efectos deben calibrarse en su totalidad (a efectos de consumo, inversión, coste y comportamiento en cada segmento de población), y en el largo plazo. 

En los proyectos piloto se constata que una parte (pequeña) de la población opta por dejar de trabajar si tiene sus mínimos vitales cubiertos

¿Qué ocurre cuando a una población se le ofrece una renta perpetua mínima, sin condiciones? Y, ¿cuál es el comportamiento de esa población y cuáles son sus efectos? ¿Es ello positivo o negativo para la economía?

Se han realizado numerosos proyectos piloto en todo el mundo, aunque ninguno de ellos es concluyente, pues son, en general, excesivamente limitados en la muestra, en las condiciones, o en el tiempo de ejecución. Algunas de las dudas que habitualmente se plantean sobre este concepto son las siguientes:

¿Por qué no se ofrece condicionalmente, supeditada, por ejemplo, a estar desempleado?

La RBU estaría vinculada a una especie de derecho de ciudadanía: todo ciudadano, por el hecho de serlo, tendría derecho a tener sus necesidades mínimas cubiertas, de forma incondicional. Sus defensores argumentan que un suministro de cash directo eliminaría las clásicas “trampas de pobreza” (recibir la renta por estar desempleado, ergo existen incentivos para seguir estando desempleado) y sería más ágil y transparente al eliminar costosos y burocráticos mecanismos de control.

Los defensores de la RBU argumentan que un suministro de cash directo eliminaría las clásicas trampas de pobreza

¿Desincentiva el trabajo?

Posiblemente, en parte sí. En los proyectos piloto desarrollados se constata que una parte (pequeña) de la población, si tiene sus mínimos vitales cubiertos, opta por dejar de trabajar. Pero quizá ese es un segmento de población de baja productividad, y/o que ha quedado inevitablemente obsoleto ante el cambio tecnológico, y que por edad o situación personal no está en condiciones de readaptarse. O que opta por quedarse en casa cuidando ancianos o niños, desarrollando y valorizando una función de interés social.

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Algunos expertos afirman que se va a producir una substitución masiva de personas por máquinas (Foto: Laura Maginnis/Twenty20)

Por otro lado, otra parte de la población también optaría por dejar su trabajo para iniciar actividades emprendedoras, pues su nivel de riesgo personal se vería reducido. Algunos autores contemplan la RBU como una suerte de “venture capital for people”, y defienden su efecto impulsor de la innovación y el crecimiento económico.

¿Es moralmente justo ofrecer una renta a personas que renuncien a trabajar?

Existe una intensa discusión sobre la justicia moral de este hecho. El contraargumento es que quizá es socialmente más injusto que alguien que desee y necesite trabajar, no encuentre trabajo y caiga en la pobreza. En todo caso, la RBU se debe situar en un teórico contexto de abundancia ligado al cambio tecnológico, de economías capaces de crear riqueza (es importante no olvidar el punto de partida).

Algunos autores contemplan la RBU como una suerte de venture capital for people

Supongamos una sociedad que sea capaz de generar calorías a coste marginal cero (por no hablar de cash). ¿Qué es moralmente más injusto: distribuir libremente esas calorías y permitir que acceda al calor alguien que opte voluntariamente por mantenerse ocioso; o restringirlas y permitir que muera de frío quien no tiene acceso al trabajo aunque quiera trabajar?

¿Constituye la RBU un tipo de uniformización de la sociedad?

Si bien ha sido tradicionalmente asociada a posiciones políticas de izquierda, la RBU es un viejo concepto con defensores en todo el espectro político. Con antecedentes en el Renacimiento (Utopía, de Thomas More), la idea toma fuerza durante la Ilustración, y ha sido postulada, en diferentes formatos, por economistas tan diversos como John Stuart Mill, John Maynard Keynes, Friedrich Hayek, o Milton Friedman (estos últimos, padres intelectuales del liberalismo económico).

Políticos como Franklin Delano Roosevelt, Richard Nixon o Barak Obama, líderes sociales como Martin Luther King o inversores como Warren Buffet han defendido modalidades de RBU. Emprendedores emblemáticos de la industria tecnológica norteamericana como Elon Musk, Bill Gates o Mark Zuckerberg se han mostrado partidarios de ella, no obviamente como un tipo de neocomunismo uniformizador, sino precisamente como colofón al sistema capitalista.

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La RBU se debe situar en un teórico contexto de abundancia ligado al cambio tecnológico (Foto: Lesia Valentain/Twenty20)

Si los nuevos modelos de negocio emergentes en la economía digital tienen una capacidad mucho menor de generación de empleo que los de la vieja economía industrial, se deberán buscar mecanismos distributivos alternativos para evitar un colapso de la demanda.

La RBU se circunscribe en el marco de una economía libre de mercado, como un mínimo vital garantizado a partir del cual emprender y tomar decisiones personales de desarrollo personal y profesional. Para algunos pensadores liberales, no existe libertad real en el ser humano si éste está sometido a la tiranía de la pobreza y la exclusión.

La RBU es un viejo concepto con defensores en todo el espectro político

Para alas conservadoras de think-tanks norteamericanos, la RBU puede ser el mecanismo de salvaguarda del capitalismo ante la extensión de la desigualdad (con derivadas populistas y de fuerte inestabilidad social), un revulsivo para la reforma y simplificación en profundidad de estados del bienestar (eliminando buena parte de ineficientes, costosas y burocráticas estructuras actuales) y un apoyo para la flexibilización de los mercados de trabajo (que no dejarían a nadie en situación de exclusión ante cambios rápidos de modelo de negocio).

¿Crearía inflación?

Un argumento en contra de la RBU es que generaría inmediatamente una respuesta del sistema económico: el incremento de precios de bienes y servicios, erosionando el aumento de rentas de los individuos. 

No existe un consenso sobre el tema en la literatura económica. Se equipara la RBU al helicopter money (con un efecto similar al de regar a la población con moneda lanzada desde un helicóptero). Pero este tipo de políticas se asocian a la expansión cuantitativa de la base monetaria en momentos de recesión, que sí que podrían crear inflación. Sus defensores argumentan que la RBU no significaría la puesta en circulación de una mayor base monetaria, sino la redistribución de la base preexistente.

¿Se puede implantar hoy?

Un tipo de Renta Básica Universal extendida es imposible hoy, por su elevado coste, en la mayor parte de economías avanzadas. Y cualquier aproximación parcial a la misma es posiblemente ineficiente. Sin embargo, las economías crean riqueza creciente, en gran parte gracias al cambio tecnológico.

Un tipo de Renta Básica Universal extendida es imposible hoy, por su elevado coste

Según diferentes autores, el coste de una RBU se cuantifica entre el 10 y el 25 % del PIB en economías como la suiza (donde se realizó un referéndum sobre su implantación) o la americana, dependiendo de su importe y del grado de substitución de otros mecanismos de protección social. Un esfuerzo fiscal excesivo, aunque más probable en escenarios futuros de acelerado cambio tecnológico.

Según Brian Arthur (Stanford), si el conjunto de ingresos de la economía americana (8,5 billones de dólares) fuesen distribuidos equitativamente entre los 116 millones de hogares del país, cada familia tendría unos ingresos de 73.000 dólares. Sin embargo, en EEUU hay más de 40 millones de personas en la pobreza. La conclusión de Arthur es: se crea riqueza. No estamos en la Edad Media. Pero el sistema es muy ineficiente en su redistribución, hasta el punto que puede colapsar por desigualdad.

El coste de una RBU se cuantifica entre el 10 y el 25 % del PIB en economías como la suiza o la americana

Si el futuro es como algunos analistas apuntan (hacia 2060 toda tarea humana podría ser realizada por algoritmos o robots, según la Universidad de Oxford), deberemos introducir importantes innovaciones sociales a un sistema que crea riqueza tecnológica, pero no la distribuye. 

En mi opinión, existen dos asunciones básicas para poder ofrecer una RBU: en primer lugar, el haber llegado a un grado de desarrollo económico que lo permita (una economía innovadora basada en conocimiento), y una sociedad culta y madura. Por ello, es fundamental avanzar hacia modelos económicos de alta productividad basados en conocimiento e innovación. Sólo así será posible una RBU, como punto de destino de una economía libre de mercado en el marco de sistemas democráticos avanzados. Hoy, una RBU estructural es imposible. En el futuro, posiblemente, será imprescindible.

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