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La curiosidad: habilidad emergente y pasaporte para el éxito profesional

David Reyero

¿Cuáles son las “nuevas habilidades” que nos permitirán mejorar nuestra empleabilidad en los próximos años?

Cada vez más expertos hablan del gran futuro de los “profesionales híbridos”, aquellas personas que combinan conocimientos y actitudes tecnológicos y humanistas, individuos y equipos que logran buenas sinergias entre el mundo digital y los “clásicos” y que son capaces de realizar contribuciones hoy y en el futuro.

La agilidad de aprendizaje, la anticipación, la actitud digital, la gestión de la ambigüedad, el análisis de los datos y la comunicación inspiradora (storytelling) son capacidades que tienen la curiosidad entre sus ingredientes básicos: una “habilidad emergente” en este mundo digital, saturado de datos, incertidumbre y cambios vertiginosos.

Solo el 6% de los empleados tienen altas capacidades para la resolución de problemas de una cierta complejidad en entornos tecnológicos avanzados

Estos profesionales polivalentes presentan una combinación de competencias profesionales muy valoradas porque son muy escasas. Según el Foro de Davos, en la actualidad solo el 6% de los empleados tienen altas capacidades para la resolución de problemas de una cierta complejidad en entornos tecnológicos avanzados.

La curiosidad es una habilidad que puede parecernos de nicho y solo necesaria para especialistas, pero que será cada vez más esencial y transversal en un futuro cercano, que tenderá a ser sofisticado, ambiguo y tecnológico.

Y un gran reto para el mundo educativo de los jóvenes y del desarrollo profesional de los trabajadores adultos será convertir estos rara avis de hoy en perfiles más habituales en pocos años.

Una persona curiosa tiene propensión a enterarse de cosas ajenas, a aprender lo que no conoce, a explorar fuera de lo habitual

Es una persona curiosa aquella que tiene propensión a enterarse de cosas ajenas, a aprender lo que no conoce, a explorar fuera de lo habitual, a investigar en lo que le despierta interés por su rareza u originalidad. Todas estas son cualidades muy necesarias en un entorno que requiere creatividad e innovación continua, e ir más allá de las fronteras clásicas sectoriales, donde las estrategias muchas veces se asemejan “peligrosamente”.

Los beneficios de una curiosidad bien orientada son múltiples, tanto en el trabajo como en la vida. Algunas de sus virtudes son fortalecer los vínculos personales y profesionales, ayudar a reducir la ansiedad, influir positivamente en el nivel de felicidad, fomentar el aprendizaje, facilitar la necesaria toma de riesgos controlados, proteger el cerebro contra el envejecimiento y contra el Alzheimer, y ayudarnos a avanzar hacia nuestro propósito vital.

Explotar nuestro negocio actual y explorar nuevas oportunidades son dos palancas que determinarán nuestra sostenibilidad empresarial a largo plazo. Estamos en una era vertiginosa, en que la mayoría de las ventajas competitivas se diluyen como un castillo de arena al lado del mar.

La curiosidad, junto con otras habilidades y conocimientos, nos ayuda a buscar soluciones

La curiosidad, junto con otras habilidades y conocimientos, nos ayuda a buscar soluciones: a reconstruir nuestra posición, a reinventar nuestro negocio, a potenciar el talento y los resultados de nuestro equipo, a buscar sinergias con socios externos…, siempre con la mentalidad de avanzar con paso firme hacia el porvenir, y de afrontar con más criterio nuestras naturales dudas y miedos.

Curiosidad, pasión, empatía, pensamiento crítico son habilidades que nos acercan al éxito profesional y, sobre todo, a una vida más auténtica y con más sentido.

Son características “muy humanas”, que nos aportan empleabilidad y que, al menos a corto plazo, son difícilmente robotizables. Veremos cómo avanza la “curiosidad” y la capacidad de inteligencia emocional de nuestros compañeros robots… y si esto seguirá siendo así durante algunos años.

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