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El impacto de la ideología política en el desempeño de las empresas de titularidad estatal

Ruth Aguilera

Es una creencia muy arraigada, confirmada por un gran corpus de investigaciones, que la titularidad estatal de las empresas perjudica su desempeño financiero. Los objetivos sociales y políticos con frecuencia entran en conflicto con los objetivos financieros, pues las empresas estatales son más propensas a favorecer estrategias de aversión al riesgo, que dificultan el rendimiento de los negocios.

Pero un nuevo estudio de la profesora de Esade Ruth Aguilera, publicado en el Journal of World Business, revela que el desempeño financiero de las empresas de titularidad estatal depende de la ideología política del país. Los gobiernos y las instituciones políticas de derechas proporcionan la base para la obtención de unos mejores resultados financieros, los cuales mejoran aún más si van acompañados de pocas limitaciones en el campo político, entendidas como la variación en la orientación política del gobierno fruto de cambios en sus cámaras legislativas.

Aguilera y sus coautores Duran, Heugens, Sauerwald, Turturea y van Essen han realizado un metaanálisis que ha agregado los resultados de 193 primeros estudios sobre empresas de titularidad estatal de 131 países realizados a lo largo de 53 años.

Las conclusiones de esta investigación –que es uno de los estudios internacionales más exhaustivos sobre los efectos del capitalismo de Estado hasta la fecha– contienen aspectos importantes para entender el comportamiento y los factores impulsores de las empresas de titularidad estatal y cómo compiten con las empresas privadas en el mercado interior y en los mercados extranjeros.

Objetivos en conflicto

La teoría de la agencia establece que los agentes (gestores) deben actuar en el mejor interés de su principal (propietarios), si se aplican de forma efectiva los mecanismos de gobernanza corporativa. Cuando las empresas de titularidad estatal persiguen múltiples intereses, algunos de ellos incluso contrapuestos, los objetivos empresariales no suelen ser una prioridad y de ello se resiente el desempeño financiero.

“Las empresas de titularidad pública también persiguen unos objetivos sociales, orientados a mejorar el bienestar de la sociedad, y unos objetivos políticos, en beneficio de los intereses de los políticos, los burócratas y determinados grupos de interés”, explican los autores.

Pero ahora se extiende la opinión de que las empresas públicas pueden presentar un mejor desempeño financiero y en algunos países se espera que actúen como “empresas auténticamente capitalistas”, si se aplican de forma efectiva los mecanismos de gobernanza corporativa.

China –que es el país que cuenta con más empresas públicas, que en conjunto representan entre el 23 y el 28% del PIB– es un buen ejemplo de ello. Las empresas de titularidad estatal se clasifican como públicas o comerciales, y estas últimas buscan explícitamente obtener beneficios y son consideradas esenciales para el crecimiento económico.

Cuando las empresas de titularidad estatal persiguen múltiples intereses, los objetivos empresariales no suelen ser una prioridad y de ello se resiente el desempeño financiero.

En el año 2020, el ranking Fortune Global 500 de las mayores empresas del mundo se anunciaba con el siguiente titular: “El Fortune Global 500 es hoy más chino que americano”. El artículo que lo acompañaba proseguía: “Cabe señalar que el ranking Global 500 se basa en los ingresos y que muchas empresas chinas que aparecen en la lista se han ganado el puesto no necesariamente por su dinamismo empresarial, sino porque son monopolios que cuentan con el apoyo del Estado en el mercado más grande del mundo.”

Por contra, en los entornos políticos liberales como sería el caso del Reino Unido, los gobiernos pueden estar más inclinados a orientar las empresas de titularidad pública hacia los beneficios sociales, utilizando la posición que les otorga su titularidad para impulsar el cambio allí donde este no pueda conseguirse únicamente mediante la regulación.

En Noruega, el Gobierno introdujo cuotas de género en los consejos de administración de las empresas públicas, tres años antes de imponer la misma regulación a las empresas privadas

En 2017, un banco holandés con participación mayoritaria del Estado dejó de conceder créditos a las tabacaleras y a las empresas mineras y presionó a los demás bancos para que hicieran lo propio. En Noruega, el Gobierno introdujo cuotas de género en los consejos de administración de las empresas públicas, tres años antes de imponer la misma regulación a las empresas privadas –es el primer país que lo ha hecho.

"Hemos conciliado la visión convencional según la cual las empresas públicas van por detrás de las empresas privadas en desempeño financiero y la opinión cada vez más extendida de que las primeras presentan un mejor desempeño financiero, para mostrar que ambas visiones tienen su fundamento –que depende de las características del Gobierno que controla las empresas de titularidad pública”, señalan los autores.

La prevalencia de las ideologías políticas

La ideología política del Gobierno –las doctrinas, los principios y los ideales que configuran el orden social– tiene impacto directo sobre el capitalismo de Estado, pues determina la predisposición de aquel a priorizar los objetivos empresariales por delante de unos resultados sociales favorables. “No solo implica la idealización de unos objetivos de gobierno, como la libertad o la igualdad, sino que también denota cuál es el medio que se considera más apropiado para alcanzar dichos objetivos, por ejemplo, el libre mercado o el intervencionismo del Estado”, explican Aguilera y el resto de autores.

Su análisis examina tres períodos políticos con sus respectivas ideologías: el dirigismo del Estado, desde la crisis del petróleo en 1973 hasta la caída del muro de Berlín en 1989 – “una época en que muchos Estados buscaban tener un mayor control sobre la economía”; el neoliberalismo, de 1989 a 2007, cuando “muchos países transformaron su sistema económico del Estado socialista al capitalismo de mercado”, y el neoestatalismo de la época actual, que comenzó a raíz de la crisis financiera global de 2008, “en que los Estados van ganando cada vez más control frente a las empresas y van renacionalizando las empresas en crisis.”

La conclusión principal de esta investigación –que la ideología política de derechas debilita el efecto negativo sobre el desempeño– encuentra su máximo apoyo en la época del neoestatalismo, con una mayor involucración del Estado “que probablemente va a agravar los efectos de la ideología política sobre la estrategia y el desempeño de las empresas de titularidad pública”. En otras palabras, el desempeño financiero se mezcla dentro de la agenda política.

Las empresas públicas no pueden separarse de su entorno político, y viceversa

Sin embargo, en esta época también se ha visto cómo el Partido Republicano estadounidense, un partido de derechas, ha adoptado los objetivos sociales como consecuencia de las presiones políticas. “Los movimientos populistas suelen surgir de la insatisfacción de determinados grupos sociales”, señalan Aguilera y sus coautores. “La política de ‘Buy American and Hire American’ del presidente Trump podría verse como una promoción de los ‘objetivos sociales’ a costa de los objetivos empresariales, incluyendo el libre comercio y la globalización, que son un valor esencial de los partidos conservadores como el Partido Republicano.” Por todo ello, “se trata de un campo que merece más investigación”, añaden.

“Como hemos mostrado en este artículo, los objetivos sociales que se desvían de los intereses empresariales de las empresas de titularidad estatal pueden reducir el rendimiento del negocio. Sin embargo, si bien muchos movimientos populistas de perfil alto que se dan en países como los Estados Unidos y el Brasil se relacionan con las ideologías conservadoras de derechas, las futuras investigaciones podrían analizar también los movimientos populistas de izquierdas. Las estrategias políticas populistas también las han aplicado las administraciones de izquierdas, como hizo el Gobierno de Franklin D. Roosevelt U.S. durante la Gran Depresión de los años treinta.”

 “Primero, el comportamiento de las empresas de titularidad estatal no puede entenderse plenamente sin tener en cuenta el contexto político institucional en que se hallan inmersas estas empresas. Segundo, las instituciones políticas no actúan de forma aislada, y pueden complementarse o neutralizarse al promover que dichas empresas puedan competir cara a cara con las empresas privadas en el mercado interior o en los mercados extranjeros.”

Finalmente, los autores concluyen que las empresas públicas no pueden separarse de su entorno político, y viceversa.

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