La inversión de impacto: ¿un caballero blanco del sector financiero?

Por Esade Entrepreneurship Institute

Autor: Valentin Held, Esade Entrepreneurship Institute

El Financial Times dedica un número especial a la inversión de impacto, El País informa que está llegando a España y el Süddeutsche Zeitung titula que va ganando popularidad entre los inversores profesionales. Recientemente, la inversión de impacto ha salido del círculo reducido de expertos en finanzas para hacerse eco en medios de comunicación. ¿Qué hay detrás de la inversión de impacto? ¿Cambiará realmente el mundo?

Quienes albergamos la idea no solo de trabajar para ganar dinero, sino de que el dinero trabaje para el bien de la humanidad, hemos oído hablar de productos financieros que no invierten en activos dañinos, como las armas o el tabaco.

En el argot financiero, esta estrategia se denomina exclusionary screening (“monitoreo de exclusión”). Aunque se trata de una de las numerosas prácticas de inversión sostenible que existen, no es exactamente lo que están haciendo los inversores de impacto. Hay inversores de impacto que movilizan dinero para financiar empresas de acuicultura que utilizan insectos como alimento, en vez de productos de soja o pescado capturado silvestre.

Otros buscan incrementar los proyectos de reforestación para asegurar la provisión de madera y agua limpia, al tiempo que mantienen un hábitat saludable para las plantas y los animales, mientras que otros destinan sus recursos a apoyar la creación de pequeñas empresas locales en comunidades rurales o a impulsar el desarrollo de la medicina y la prevención de enfermedades tropicales infecciosas.

Los inversores de impacto pretenden hacer algún bien social o medioambiental que sea medible

Estos ejemplos muestran que los inversores de impacto no solo quieren ganar dinero, sino que mayormente pretenden hacer algún bien social o medioambiental que sea medible. La medición es crucial, como veremos más adelante.

La inversión de impacto existe desde hace unos diez años y ello plantea la cuestión de por qué solo recientemente ha ganado atractivo y ha sido objeto de una mayor atención.

Tanto dentro como fuera de las empresas, crece la conciencia sobre las consecuencias negativas que tienen para el planeta nuestras formas modernas de producir y de consumir. En el curso de un foro internacional sobre inversión de impacto, Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, recordaba que cuando asumió el cargo los inversores no se preocupaban apenas por las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad.

En cambio, ahora las consideraciones sociales y medioambientales se han convertido en algo “real” en el sector inversor. En la esfera política, la Comisión Europea promueve públicamente la aspiración a alcanzar la neutralidad de carbono para el año 2050 y se compromete a destinar 100.000 millones de euros hasta 2027 a los sectores más afectados por la transición energética. Es en este contexto que la GIIN (Red Global de Inversión de Impacto) ha estimado que, en un solo año, el mercado mundial de la inversión de impacto ha pasado de 502.000 millones de dólares a 715.000 en 2020. Para contextualizar estos datos, el volumen estimado del mercado de la inversión de impacto equivale al 60% del PIB español.

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Pese a este crecimiento, la inversión de impacto solo podrá alcanzar efectos a gran escala en función de los avances que haga la comunidad de impacto en los retos más acuciantes.

Un aspecto esencial es la medición y la rendición de cuentas de los bienes sociales y medioambientales a los cuales se aspira. Para un inversor que solo se preocupe por ganar dinero, es muy fácil averiguar si una inversión resulta exitosa o no: ¿ha conseguido más dinero que antes (costes netos de transacción e inflación) al finalizar la operación? Pero para un inversor de impacto calcular el resultado no es tan fácil.

Retomando el ejemplo de la reforestación sostenible, podemos pensar en contar árboles, pero ¿qué indicadores garantizarán que el ciclo de plantación y de utilización de los árboles va a ser sostenible desde el punto de vista ecológico? Y un inversor que desee apoyar el desarrollo rural financiando pequeñas empresas locales, ¿cómo puede dar cuenta de las mejoras en la calidad de vida de dichas comunidades? Y, para empezar, ¿cómo pueden compararse inversores de impacto con objetivos tan diversos como la reforestación y el desarrollo rural?

Redes globales de profesionales y académicos están trabajando para fijar todas estas cuestiones relacionadas con la medición y la rendición de cuentas. Las empresas aplican normas de contabilidad financiera comúnmente aceptadas para mostrar su situación económica de forma transparente a los inversores y a la opinión pública. Algunos expertos intentan elaborar y establecer normas similares para dar cuenta del impacto, al objeto de que las empresas puedan reportar los efectos sociales y medioambientales de sus operaciones de forma transparente y estandarizada.

Una empresa rentable según las normas convencionales podría registrar pérdidas si se computara en forma de costes financieros el daño medioambiental que causa su actividad

Otros intentan traducir los efectos medioambientales en valores monetarios, para poderlos integrar en los balances y en las cuentas de resultados a escala global. Ello supondría que una empresa rentable según las normas convencionales podría registrar pérdidas si se computara en forma de costes financieros el daño medioambiental que causa su actividad. Disponer de un sistema de medición y rendición de cuentas de los efectos sociales y medioambientales ayudaría a los inversores de impacto a decidir cómo asignar sus recursos y les mostraría si están logrando un progreso real.

Sin embargo, el reto de medir y dar cuenta de los efectos sociales y medioambientales es relevante más allá de la inversión de impacto. Si tradicionalmente los inversores solían decidir si invertían en una empresa basándose en una evaluación del riesgo y el rendimiento, ahora están incorporando cada vez más las cuestiones medioambientales en la justificación de sus decisiones. Una empresa que tenga una producción “sucia” sencillamente puede dejar de ser un objetivo atractivo porque corre el riesgo de tener que hacer frente a una serie de problemas, como restricciones normativas o daños a la reputación.

Además, a medida que la opinión pública vaya tomando más conciencia de las cuestiones medioambientales, aumentará la presión para que las empresas muestren una mayor transparencia.

Volviendo a la inversión de impacto, acaso no sea el caballero blanco que viene a salvar el mundo. Pero, a medida que las cuestiones sociales y medioambientales se conviertan en algo real para las empresas en general, la inversión de impacto propiciará un cambio a gran escala, impulsando la medición y la rendición de cuentas de los efectos no financieros de la producción y el consumo.

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