La importancia de la participación ciudadana para una gobernanza global efectiva

Por Alejandro Santana

Un debate entre los especialistas en temas de gobernanza global y relaciones internacionales está relacionado con la siguiente pregunta: ¿Por qué no existe una gobernanza global capaz de establecer un orden mundial estable, democrático y pacífico en el mundo? Esta pregunta me lleva a centrarme en dos características presentes en la sociedad internacional y que pueden dar respuesta a esta cuestión.

La primera tiene que ver con la naturaleza del orden mundial actual en la sociedad internacional. Este presenta una naturaleza anárquica que se explica por dos factores.

Primero, no contamos con un órgano central de poder y gobierno, ya que no existe una institución supranacional que se encargue de garantizar la estabilidad y la paz en la sociedad internacional de manera efectiva. Naciones Unidas, por ejemplo, no ha logrado cumplir de manera eficaz con su objetivo de mantener la paz y la seguridad internacionales.

El mundo no cuenta con un claro líder o líderes que asuman la responsabilidad de establecer un orden estable, democrático y pacífico

Por el contrario, esa organización ha jugado el rol de representar los intereses de las grandes potencias mundiales porque ellas han querido que así sea. Además, se asume, también, que estamos en presencia de un mundo apolar, al menos de un caótico tablero de polaridades, ya que no contamos con un claro líder o líderes que asuman la responsabilidad de establecer un orden estable, democrático y pacífico. 

De hecho, ni el sistema bipolar en el período de la 'Guerra Fría', ni la transición hacia un mundo unipolar después de la caída del muro de Berlín, contribuyeron al establecimiento de un órgano de gobierno supranacional o líder que asumiera esa responsabilidad. Incluso, algunos especialistas sugieren que estamos en un período de transición hegemónica en el cual China puede llegar a substituir a Estados Unidos como la gran potencia hegemónica. Asumen que Estados Unidos se encuentra en un proceso de relativo declive en cuanto a su influencia y poder en el mundo.

Basta con señalar que Estados Unidos ha pasado de representar el 40% del PIB a un 24% entre 1960 y 2017, y China del 1,6% al 15% en el mismo período.

Sin embargo, no estoy seguro de que China quiera asumir por sí sola la responsabilidad de mantener un orden mundial estable, si llega a ser el líder mundial.

Segundo, la sociedad internacional está compuesta por una multiplicidad de actores, como las empresas multinacionales o los organismos no gubernamentales, que velan por sus prioridades e intereses individuales. Hemos pasado de un sistema internacional fundamentado en la visión estatocéntrica, donde el actor central era el Estado-Nación, a una visión policéntrica y trasnacional fundamentada en la existencia de varios actores que tratan de ejercer su influencia y poder para imponer sus prioridades y moldear la sociedad internacional.

La sociedad internacional está compuesta por una multiplicidad de actores, como las empresas multinacionales o los organismos no gubernamentales, que velan por sus prioridades e intereses individuales

Sin embargo, esta multiplicidad de actores no está siendo capaz o no muestra una voluntad clara de establecer ese orden estable. Ni tan solo una gobernanza global con mecanismos de coordinación eficaces para solucionar problemas globales, como las crisis financieras, el cambio climático o la desigualdad económica.

La segunda característica que debemos tener en cuenta es el proceso de globalización que ha promovido la interconexión del mundo, particularmente la económica y la financiera. Prueba de este proceso son el 70% de los bienes y servicios producidos a nivel mundial que cruzan fronteras nacionales, y la gran cantidad de capitales que circula libremente alrededor del mundo. Por ejemplo, la capitalización del mercado de capital a nivel mundial ha pasado de 35,9 trillones de dólares a 74,6 trillones en 2018, según datos de la World Federation of Exchanges.

Estos datos muestran la existencia de una fuerte interdependencia económica y financiera, la cual se está gestionando a través de complejas redes transnacionales donde participan una variedad de actores que van desde las empresas multinacionales hasta los organismos internacionales. Además, estos hechos económicos y financieros son los que han contribuido a que las élites políticas y económicas, particularmente en Occidente, hayan ensalzado y apoyado este proceso de globalización.

Climate change protest
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Sin embargo, este mundo interconectado está transmitiendo diversos riesgos a través de esas redes transnacionales. Uno de esos riesgos es el referente a los aspectos medioambientales, como el cambio climático o los gases de efecto invernadero, producto en cierta forma del proceso de globalización económica. 

Otro es la presencia de una fuerte desigualdad económica y un alto nivel de precariedad laboral en el mundo. Por ejemplo, el Informe de Desigualdad Global de 2018, elaborado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), señala que la desigualdad ha aumentado en todas partes del mundo. En 2016, por ejemplo, el 10% de la población con mayores ingresos acaparó el total de ingresos en China (41%), Estados Unidos (47%) y África (55%). Asimismo, la Organización Mundial del Comercio señala que en 2018, tan solo los 10 principales países exportadores de manufacturas representaban el 53% de las exportaciones mundiales. Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalaba en su informe de 2017 que al menos un 42,5% de los trabajadores y trabajadoras del mundo tenían un "empleo vulnerable" (precario), es decir, 4 de cada 10 personas empleadas.

No hay duda que el modelo de acumulación de capital basado en el capitalismo de corte neoliberal ha promovido un sistema de producción desregulado que está teniendo una fuerte incidencia en los problemas de los gases de efecto invernadero, en la fuerte desigualdad económica a nivel mundial y la escasez de recursos del planeta. Incluso, estamos presenciando un proceso de desglobalización, que está motivado por las repercusiones negativas de una globalización económica desregulada que ha puesto en tela de juicio la idea de que la globalización ofrece beneficios para todos.

Estamos atravesando una situación en la cual se duda de los beneficios del modelo de vida occidental y, en consecuencia, vemos el surgimiento de movimientos antiglobalización

Según datos del Peterson Institute for International Economics, el comercio internacional se estancó en 2019, como consecuencia de las disputas comerciales a nivel mundial. China, por ejemplo, ha visto disminuir el porcentaje del PIB que representan sus exportaciones de 31% en 2008 a 17% en 2019.

Es evidente que estamos atravesando una situación en la cual se duda de los beneficios del modelo de vida occidental y, en consecuencia, vemos el surgimiento de movimientos antiglobalización. Estos últimos están generando una fuerte polarización política en diferentes países del mundo, sobre todo occidentales, y la llegada de líderes populistas que están afectando negativamente los sistemas políticos democráticos. Varios de estos líderes, justificándose en que lo hacen en nombre de la voluntad popular, actúan bajo un perfil autoritario.

En ese sentido, las dos características generan un problema que debe resolverse. La globalización de corte liberal genera desafíos globales, como el cambio climático y la desigualdad económica, y el orden de naturaleza anárquica no ofrece mecanismos de coordinación eficaces para afrontar esos desafíos. Esto, evidentemente, afecta la legitimidad y aceptación social del proceso de globalización y la naturaleza anárquica del orden mundial que estamos viviendo. Principalmente, porque la ciudadanía no ha sido actor fundamental en su gestación y gestión. Vemos, por ejemplo, que no existen verdaderos mecanismos de participación ciudadana y de control democrático en las instituciones internacionales que velan por la estabilidad o la paz mundial, ni en los regímenes o regulaciones que sostienen el proceso de globalización, como en el caso de los ámbitos de la globalización económica y financiera.

El orden de naturaleza anárquica no ofrece mecanismos de coordinación eficaces para afrontar desafíos globales como el cambio climático y la desigualdad económica

Es por esas razones que es necesario crear un orden basado en un sistema democrático a nivel global que tenga en cuenta a la ciudadanía en todos los rincones del planeta. Me parece importante que las instituciones internacionales del siglo XXI impliquen no solo a los gobiernos, sino a diferentes actores públicos y privados a nivel mundial, para afrontar los problemas globales.

Por eso, es necesario pensar de qué forma podríamos hacer operativa la democracia a nivel global. Creo que las instituciones internacionales pueden jugar un rol importante en el diseño de un sistema que incluya tanto a los actores públicos como a los privados en la toma de decisiones sobre posibles soluciones globales.

No olvidemos que el proceso de globalización ha generado un mundo de interdependencia compleja entre los Estados-Nación que pone en duda la aplicación del concepto de soberanía surgido de la paz de Westfalia para enfrentar problemas que nos incumben a todos los que vivimos en este planeta. Por ejemplo, la pobreza no se explica únicamente por causas locales sino también por factores que tienen que ver con la naturaleza anárquica del orden internacional, como el proteccionismo, que impide la apertura de los mercados a los países en vías de desarrollo, o los acuerdos de patentes, que impiden la introducción de mecanismos genéricos en esos países. Los Estados-Nación deben tener en cuenta este hecho.

Para hacer frente a los retos globales, es necesario crear un orden basado en un sistema democrático a nivel global que tenga en cuenta a la ciudadanía en todos los rincones del planeta

Considero, finalmente, que eso sugiere la implementación de mecanismos que permitan a los ciudadanos participar en la toma de decisiones, con lo cual se puede generar un consenso más democrático en la elaboración y diseño de acciones, políticas y normas que resuelvan los problemas del mundo.

Esto sugiere que la elaboración e implementación de políticas globales debe implicar un proceso de cooperación política y coordinación entre diferentes agencias supraestatales, nacionales, transnacionales y subestatales para conseguir la participación de la ciudadanía en general.

El diseño de una gobernanza global eficaz debe incluir a los diferentes actores a todos los niveles territoriales. Es la mejor forma de dar una legitimidad a la gobernanza global, ya que la podría hacer más transparente, inclusiva, y con una mayor aceptación social.

Además, asumir un mayor consenso para compartir soluciones a los problemas globales nos asegura que el multilateralismo, a todos los niveles territoriales, realmente pueda funcionar como un mecanismo para reducir las asimetrías de poder en el mundo y hacerlo más democrático y justo en cuanto al ejercicio del poder de actuar y conseguir una distribución equitativa de los recursos. Debemos reconocer que la participación formal y el acuerdo tácito de los ciudadanos, particularmente de los débiles y marginados, son condición necesaria para que las soluciones a los problemas sociales sean legítimas, ya que esto puede incidir positivamente en el bienestar de todos.

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