¿Quién tiene la culpa de los riesgos de la comida basura: los consumidores o las empresas alimentarias?

Algunas empresas de alimentos y bebidas creen que los consumidores son los culpables, mientras que otras asumen parte de la culpa. Por lo general, las empresas alimentarias utilizan tácticas diferentes para proteger su actual modelo de negocio.

Entrevista basada en resultados de investigación de Tobias Hahn

El consumo habitual de alimentos ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares añadidos está ligado a numerosos efectos perjudiciales para la salud. La comida rápida es uno de los mayores culpables de la epidemia mundial de obesidad.

Las investigaciones también señalan que, a largo plazo, una dieta insuficiente con un exceso de comida basura puede producir enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2, algunos cánceres e incluso la muerte prematura.

En su estudio para la Academy of Management Discoveries, el profesor de Esade, Tobias Hahn, junto con sus coautores de la Universidad de Manchester y KEDGE Business School, analizan cómo las empresas de alimentación y bebidas afrontan el debate público en torno a la obesidad.

Do Better: ¿Quién tiene la culpa de los riesgos que la comida basura supone para la salud?

Tobias Hahn: Probablemente sea cierto que las empresas alimentarias no son las únicas culpables, pero sí que tienen una gran parte de culpa. Una abrumadora mayoría de los estudios sobre la salud confirman que la industria alimentaria juega un papel destacado en la epidemia de obesidad.

La industria alimentaria juega un papel destacado en la epidemia de obesidad

Pero existe otro problema para las empresas que producen alimentos y bebidas procesadas con un alto contenido en grasas y azúcares: están atrapadas en un dilema estratégico entre su negocio básico y el problema social de la obesidad. Para muchas de ellas, la rentabilidad depende en buena medida de la venta de bebidas y alimentos procesados con un alto contenido en grasas y azúcares.

tienda de donuts
Foto: Diogo Palhais/Unsplash

Sin embargo, el tratamiento de la obesidad requiere el abandono absoluto de estos productos. Por tanto, si las empresas alimentarias quieren abordar la obesidad deben cambiar radicalmente, pero esto supone una amenaza para las bases de su modelo de negocio.

La industria alimentaria, ¿admite su parte de culpa?

Hemos estudiado la cobertura en la prensa escrita para analizar la forma en que las empresas defienden públicamente su modelo de negocio en relación con la obesidad. En nuestras conclusiones, demostramos que algunas empresas intentan minimizar su implicación en los riesgos para la salud trasladando la responsabilidad a los consumidores. Argumentan que ellas solo presentan ofertas y que los consumidores son quienes deciden.

Si las empresas alimentarias quieren abordar la obesidad deben cambiar radicalmente

Entran en el juego de las acusaciones…

El problema es que los consumidores no tienen ningún control sobre los ingredientes de los alimentos precocinados ultraprocesados. Los calientan en el microondas y se los comen sin saber en realidad lo que contienen...

Deberíamos leer la letra pequeña…

Muchos trabajos de investigación nutricional muestran que la gente se ha acostumbrado a porcentajes muy elevados de azúcar. Algo aparentemente saludable como un yogurt puede contener un porcentaje de azúcar del 35 % mientras que los nutricionistas recomiendan un límite de entre el 15 % y el 20 %.

Existe un conflicto entre el modelo de negocio de estas empresas: estos alimentos poco saludables y los problemas de salud como la obesidad les proporcionan grandes beneficios. Si la industria de alimentación y bebidas cambiara sus productos para que fueran más saludables y plantar cara a la obesidad, esto amenazaría su rentabilidad.

Cambiar la formulación de los productos no es fácil porque la gente está acostumbrada a esos sabores

¿Por qué iba la gente a querer tener mala salud?

Cambiar la formulación de los productos en realidad no es tan fácil, porque la gente está acostumbrada a esos sabores. Si las empresas alimentarias cambian el sabor rápidamente, hay estudios que demuestran que muchas personas dejarían de comprarlos. En el Reino Unido, por ejemplo, la cadena de supermercados Tesco dejó de comercializar un refresco muy popular llamado Ribena debido a su elevada concentración de azúcar, lo que suscitó una gran indignación en las redes sociales, donde se pedía que volvieran a comercializarlo.

¿Cree que las empresas se preocupan por nuestra salud?

Nuestro descubrimiento más interesante es que la mayoría de las empresas no niegan el problema. Por supuesto, también culpan a otras causas de la obesidad, pero admiten que podrían ser parte del problema. 

La mayoría de las empresas admiten que podrían ser parte del problema

¿Qué es lo que han descubierto?

Identificamos varias tácticas que las empresas utilizan para posicionarse públicamente sobre la obesidad y gestionar el conflicto. La primera táctica es lo que llamamos desactivación. Como sucedió al principio con el tabaco, estas empresas ofrecen pruebas que demuestran que no existe ningún vínculo entre sus productos y la obesidad. 

Pero están mintiendo…

Intentan eliminar el conflicto deconstruyéndolo y cuestionándolo, con afirmaciones como: "No es verdad que nuestros productos causen obesidad". La otra forma de cuestionar su implicación es diluyendo el problema. Más que negar su participación, admiten que contribuyen al problema, pero afirman que también lo hacen otras causas, como la falta de actividad física, no cocinar en casa o los hábitos culturales. Intentan minimizar su papel en el problema para mitigar las críticas.

Hay empresas que intentan eliminar el conflicto deconstruyéndolo y cuestionándolo

¿Qué otras tácticas han detectado?

Algunas empresas alimentarias intentan trasladar su responsabilidad a los consumidores. Por ejemplo, Coca Cola afirma que tiene las opciones light y zero, y que el consumidor puede elegir. McDonalds afirma que se pueden comer ensaladas en todos sus restaurantes y que ellos no tienen la culpa de que la gente coma hamburguesas y patatas fritas. Trasladan el conflicto a otras partes y, sobre todo, a los consumidores.

Es verdad que nadie fuerza a los consumidores, pero quizá algunos desconozcan los riesgos.

Puede ser, pero estas empresas argumentan que los consumidores no son responsabilidad suya: "El consumidor decide libremente; nosotros tan solo presentamos ofertas y, por lo tanto, no es culpa nuestra". La estrategia de Coca Cola, por ejemplo, es decirle a la gente que, si se mueven y hacen el ejercicio suficiente, pueden beber tantos refrescos de cola como quieran. En realidad están trasladando la culpa al consumidor.

Supermercado Coca Cola
Foto: Franki Chamaki/Unsplash

¿Qué otras tácticas utilizan?

Otra es la desestabilización. En este caso, aunque las empresas admiten que existe un problema, se oponen a todos los intentos de los responsables políticos para afrontar el problema de la obesidad. Por ejemplo, si se propone un impuesto al azúcar, argumentan que afectaría a los pobres, que sería injusto, que no funcionaría, que disminuiría el poder adquisitivo de la gente…

Introducen otros conflictos entre sus políticas y los objetivos, ajenos a la lucha contra la obesidad, para desestabilizar las intervenciones políticas. Lo hacen porque quieren proteger su modelo de negocio contra nuevas regulaciones.

Algunas empresas alimentarias intentan trasladar la culpa a los consumidores

También existe una táctica algo más proactiva que hemos denominado captación, en la que algunas empresas alimentarias afirman que son parte de la solución. Informan a los consumidores sobre sus ingredientes y la comida sana. Cambian sus productos para que sean más sanos. Ofrecen nuevas opciones bajas en calorías. Disminuyen el tamaño de sus envases para reducir las calorías… La idea es que intentan presentarse como parte de la solución para que no se les eche la culpa.

¿Puede esta táctica conducir a un cambio real?

Algunas veces esta táctica proactiva para formar parte de la solución puede marcar la diferencia, pero a veces es únicamente simbólica y no conduce a ningún cambio real. Las empresas de alimentación y bebidas no lo tienen fácil para cambiar de rumbo. Por ejemplo, hace unos años, Indra Nooyi, antigua directora general de PepsiCo, propuso comercializar variedades de aperitivos y bebidas más sanas, pero al final los accionistas se opusieron. La comida basura es más rentable…

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