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La urbanización y sus paradojas

Enrique Rueda-Sabater

La urbanización —personas que se trasladan desde zonas rurales a pueblos y ciudades—ha sido uno de los principales rasgos del desarrollo económico y se ha acelerado en las últimas décadas, especialmente en Asia. El porcentaje de población que vive en áreas urbanas guarda una significativa correlación con los niveles de ingresos por cápita en todos los países y, en este proceso, la urbanización también ha provocado cambios importantes en la demanda de bienes y servicios, lo que resulta en una mayor comodidad para el consumidor y oportunidades de negocio, así como presiones sobre las infraestructuras y desafíos políticos.

Pero dentro de las áreas urbanas hay tipos de localidades muy diferentes. ¿Se están convirtiendo las grandes ciudades en víctimas de su propio éxito y está cambiando el equilibrio de ventajas e inconvenientes de las grandes ciudades? De ser así, ello daría lugar a tendencias cambiantes en la forma de urbanización, incluido el tamaño de las poblaciones urbanas, con amplias implicaciones para muchos mercados y la prestación de servicios, tanto públicos como privados.

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El porcentaje de la población mundial que reside en zonas rurales se ha ido reduciendo de una forma constante durante las últimas décadas (aunque en cifras absolutas el número de residentes rurales ha seguido creciendo, solo ahora se ha estabilizado y más del 40% de la población mundial vive todavía fuera de las zonas urbanas). La mayor parte de este crecimiento se ha dado en ciudades con una población superior al medio millón de habitantes, que han pasado de representar el 12% de la población mundial en 1960 al 30% en 2020, y dentro de esa categoría en los últimos años el crecimiento más rápido ha tenido lugar en ciudades con más de 5 millones de habitantes que, de albergar a 100 millones de individuos en 1960, han pasado a convertirse en el lugar de residencia de 900 millones de personas en 2020. 

Detrás de las medias globales hay un proceso gradual de urbanización adicional en los países de altos ingresos y un movimiento masivo de población china hacia áreas urbanas desde los años 90 en adelante. La dinámica de urbanización en China es especialmente importante por el crecimiento que ha generado en las ciudades de mayor tamaño, hasta el punto de que, en la actualidad, 17 de las 81 ciudades del mundo con una población superior a los 5 millones de habitantes son chinas.

17 de las 81 ciudades del mundo con una población superior a los 5 millones de habitantes son chinas

En el resto del mundo (países emergentes y en desarrollo además de China) se ha producido una emigración constante fuera de las zonas rurales, pero existen enormes diferencias en el nivel de urbanización ya logrado y en el papel de las grandes ciudades. América Latina está altamente urbanizada, con Brasil y México, por ejemplo, con menos del 20% de la población en áreas rurales y en torno a un 40% aproximadamente en ciudades con más de 1 millón de habitantes. En el otro extremo, países importantes de Asia o África tienen todavía la mayoría de su población en áreas rurales y solo un pequeño porcentaje viviendo en grandes ciudades (menos del 20% en India, Nigeria y Vietnam e incluso menos del 10% en Etiopía y Mozambique, por ejemplo).

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Debido a la rápida urbanización en Asia y en el resto del mundo, las grandes ciudades ya no son sobre todo un fenómeno propio de los países de altos ingresos, como lo eran en los 60. En China se produjo una expansión limitada de la urbanización hasta los años 90 (en parte por la aplicación de una política deliberada) pero a partir de entonces el ritmo se aceleró y hoy hay tantas personas en las grandes ciudades chinas como en la suma de las residentes en las grandes ciudades de todos los países de altos ingresos en su conjunto. En el resto del mundo (otros países emergentes y en desarrollo), las ciudades de América Latina y Asia empezaron a atraer población a tasas elevadas a partir de la década de 1980 en adelante, pero el crecimiento de la población en grandes ciudades se ha ralentizado hasta la década de los 2000.

La relación entre urbanización, tamaño medio de la ciudad y crecimiento económico parece ser no lineal y depende en gran medida del tamaño del país, tanto en términos de superficie como de población. En general, las ciudades o pueblos más pequeños (de menos de 500.000 habitantes) desempeñan un papel importante, al menos en las fases de transición de las sociedades rurales a las urbanas. Las ciudades muy grandes (de más de 5 millones de habitantes) ofrecen ventajas importantes a menudo descritas como economías de aglomeración (empresas de todo tipo situadas en un mismo lugar dan como resultado un efecto red que comporta aumentos de productividad e innovación) y crean amplias oportunidades económicas tanto para las personas como para las empresas.

La paradoja de la urbanización es que la misma dinámica puede generar prosperidad y miseria

Pero la paradoja de la urbanización es que la misma dinámica puede generar prosperidad y miseria. La contaminación, por ejemplo, se ha convertido en un aspecto cada vez más negativo de las grandes ciudades industriales, especialmente en entornos de bajos ingresos donde el crecimiento de la población supera con frecuencia el desarrollo de las infraestructuras y la prestación de servicios. Las grandes ciudades también presentan otros factores negativos, como una acentuada y muy visible desigualdad, malas condiciones de vida para los recién llegados y la delincuencia.

El análisis de la relación entre los niveles de ingresos y las percepciones subjetivas del bienestar que muestra el Índice Global de la Felicidad 2020 muestra una perspectiva intrigante. Sugiere que en el caso de las ciudades más pequeñas el bienestar subjetivo aumenta con los niveles de renta, mientras que en las ciudades de mayor tamaño el nivel de ingresos solo influye en el bienestar subjetivo hasta cierto punto, a partir del cual desciende incluso cuando los niveles de renta per cápita continúan creciendo. 

La tendencia a alejarse de las zonas rurales parece que continuará. Pero existe una incertidumbre considerable sobre cómo evolucionará la composición por tamaño de las localidades urbanas. La década de 2010 se caracterizó (en comparación con la anterior) por un desplazamiento del crecimiento de las ciudades pequeñas (menos de medio millón de habitantes) a las más grandes. Las proyecciones de la ONU para la década actual incluyen una aceleración del crecimiento de la población en las ciudades más grandes (aquellas con más de 5 millones de habitantes) en relación con otras zonas urbanas. Se prevé en todos los países, pero será una tendencia especialmente marcada en China y otras naciones emergentes y en desarrollo, donde entre 2020 y 2030 muestran un aumento del 39%.

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En los países de ingresos altos, las proyecciones de la ONU (realizadas antes de la pandemia 2020-2021) también revelan que la población de las grandes ciudades continuará creciendo (un 14% durante la década actual). Pero antes había habido señales que apuntaban en una dirección diferente (por ejemplo, tanto Nueva York como Chicago perdieron población en la década anterior) como resultado de la preocupación de los residentes por la contaminación, el crimen, los precios de la vivienda y el tiempo invertido en desplazamientos. La dinámica detrás de una posible reversión de las tendencias de composición de la urbanización parece que se ha reforzado desde entonces a medida que la experiencia de los confinamientos pandémicos cambiaba las percepciones sobre las ventajas relativas de las ciudades grandes y pequeñas y ha aumentado la disposición de empleadores y empleados a participar en sistemas de teletrabajo.

Según un sondeo de Gensler, un número significativo de personas en grandes ciudades como Londres y Nueva York (25% y 28% respectivamente) estaban considerando mudarse de la ciudad ya en 2020. Y una encuesta de seguimiento realizada en 10 ciudades en febrero de 2021 llegó a la conclusión de que la mitad de las personas que estaban considerando mudarse de una ciudad grande esperaban hacerlo a una ciudad más pequeña (30%) o a los suburbios. El porcentaje más alto de personas que querían trasladarse a una ciudad más pequeña se registró en Ciudad de México y en París (53% y 41% respectivamente).

De cara al futuro, la pregunta es si la urbanización continuará a ritmo rápido, o incluso se acelerará, o si nos enfrentamos a un cambio de tendencia, una tendencia que se había estado gestando antes pero que se ha acelerado como consecuencia de las experiencias de confinamiento de la pandemia. Y, de ser así, ¿cómo afectará a las megaciudades de nuevo crecimiento, grandes metrópolis creadas en países de ingresos altos y bajos, en países ya urbanizados y en países aún rurales?

La ventaja relativa de las grandes ciudades en muchos países podría disminuir significativamente, lo que ayudaría a generar un impulso hacia las ciudades más pequeñas

Aunque paradójicamente es en los países de ingresos altos donde parece haber una nueva predisposición a pasar de las ciudades más grandes a otras más pequeñas, es en muchas naciones de ingresos bajos y medios donde la calidad de vida en las ciudades muy grandes es más dura, especialmente en la mayoría de los países (con la notable excepción de China) donde el nuevo crecimiento de las grandes ciudades no ha ido acompañado de inversiones en infraestructura.

La tecnología es un factor en juego relativamente nuevo a este respecto: a medida que mejora la conectividad, un porcentaje cada vez mayor de la población mundial tiene acceso a Internet. El uso de Internet es más alto en los países de ingresos altos y las brechas existentes en el uso entre las zonas rurales, las ciudades pequeñas y las grandes ciudades se están reduciendo constantemente. Los datos de la Encuesta Mundial Gallup indican que las diferencias, especialmente entre ciudades pequeñas y grandes, también se están reduciendo en los países de ingresos medios, mientras que en los países de ingresos bajos las ciudades grandes todavía tienen tasas de uso de Internet significativamente más altas que las ciudades más pequeñas y las zonas rurales.

A medida que estas brechas continúen reduciéndose cada vez más y más ampliamente, la ventaja relativa de las grandes ciudades en muchos países podría disminuir significativamente, lo que ayudaría a generar un impulso hacia las ciudades más pequeñas. Aunque no será homogénea en todo el mundo, y el poder magnético de las ciudades muy grandes puede continuar vigente, es una dinámica que vale la pena observar porque cualquier desplazamiento fuera de las grandes ciudades tendría implicaciones generalizadas para la oferta de mano de obra y habilidades y para la demanda de productos y servicios.

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