Biodiversidad y empresa: contexto y gestión

Àngel Castiñeira Fernández
Marc Castellón Durán

El Antropoceno es hoy una realidad innegable. Los seres humanos han colonizado la mayoría de los ecosistemas del globo y, con ello, han cambiado la faz de la Tierra. Los cambios producidos en la superficie del planeta han traído consigo un compañero de viaje no deseado, un cambio climático que podría ser devastador para muchas especies, incluida la humana. Hasta el momento, las grandes cumbres internacionales se han fijado especialmente en las consecuencias derivadas del aumento progresivo de las temperaturas y cómo evitarlo. Pero el siguiente tema de gran calado es ya el de la biodiversidad. La biodiversidad tiene que ver con la vida presente en la Tierra, en todas sus variedades y en los hábitats en que viven. Esta red de seres vivos forma los ecosistemas que sostienen todas las economías y sociedades. Nuestra economía depende de la biodiversidad. Los últimos hallazgos de Swiss Re (2020) indican que el 55% del PIB mundial depende directamente de la biodiversidad.

¿Cómo afrontar hoy este problema? ¿Cómo revertir el declive que hemos producido? ¿Qué se puede hacer desde las organizaciones en general y desde las empresas en particular? El primer paso es analizar cuáles son los impactos que ha tenido nuestra actividad en la biosfera. No hay un consenso científico sobre cómo realizar esta tarea. Sin embargo, el modelo utilizado con más asiduidad para tal fin es el propuesto por Rockström et al. desde el Stockholm Resilience Centre: los límites planetarios. Este marco se presenta como una brújula, con distintas secciones que recogen variables clave para entender el impacto humano en la Tierra. La última actualización del modelo se produjo en 2015 e identificaba dos variables en las cuales el planeta ya había perdido el equilibrio: el ciclo de los flujos bioquímicos del nitrógeno/fósforo y la extinción de especies, y posteriormente estas variables se han ampliado a cuatro, al incluir también el cambio climático y el cambio en el uso del suelo (deforestación).

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Fuente: Stockholm Resilience Centre: Planetary boundaries. Disponible para su consulta en el siguiente enlace

La pérdida global de biodiversidad es una de las primeras consecuencias negativas del Antropoceno, período geológico sugerido en el año 2000 por el nobel de Química Paul Crutzen para caracterizar la influencia significativa del comportamiento humano sobre la Tierra en los últimos setenta años. Nos encontramos en una situación de precariedad ecológica sin precedentes.

Las Naciones Unidas han reconocido esta situación y han activado el Decenio sobre la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030). La agenda de esta década incluye actos oficiales, encuentros internacionales, campañas de difusión y guías de implementación. Sin embargo, no será suficiente con que los gobiernos del mundo se comprometan a liderar el cambio. Las empresas también se ven interpeladas por este gran proyecto e intentan estar bien posicionadas para contribuir con arreglo a sus capacidades.

La pérdida global de biodiversidad es una de las primeras consecuencias negativas del Antropoceno. Nos encontramos en una situación de precariedad ecológica sin precedentes.

Para poder ser parte de la solución, las empresas deben desarrollar un conocimiento de base sobre la situación de la biodiversidad a escala global. Uno de los documentos básicos para comprender la degradación de la biosfera en las últimas décadas es el Informe de la Evaluación Mundial sobre la Diversidad Biológica y los Servicios de los Ecosistemas de la IPBES, una agencia internacional de investigación que cuenta con 130 gobiernos asociados en todo el mundo. En su último reporte, fechado en 2019, la entidad apuntaba la existencia de cinco factores críticos para la biodiversidad: el cambio de uso de la tierra y del mar, el desarrollo económico insostenible, el cambio climático, el aumento de la contaminación y la expansión de las especies invasoras, además del crecimiento de la población humana y el aumento de la presión a los pueblos indígenas.

Asimismo, la organización comunicaba que el 75% de la superficie terrestre ya ha experimentado alteraciones considerables en sus paisajes, mientras que el 66% de la superficie de los océanos se ha visto afectada por la actividad humana y por el cambio climático. A partir de los datos recabados, los autores extrapolan que el 25% de las especies del mundo están hoy en peligro de extinción. Existe, pues, el convencimiento de que hemos de poder vincular la emergencia climática con la emergencia ambiental (biodiversidad), al objeto de hacer confluir las estrategias contra la emergencia climática (mitigación, adaptación y resiliencia) con las estrategias contra la emergencia ambiental (protección, conservación y restauración). Por eso, se propugna la noción de salud global (global health), dado que se extiende la idea de que solo podremos mantener una sociedad saludable en el marco de unos ecosistemas saludables (Brotons et al., 2021).

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Fuente: elaboración propia

Uno de los mejores ejemplos para comprender la pérdida mundial de biodiversidad es el de los corales. Las Naciones Unidas estiman que en las próximas tres décadas la mayoría de los corales presentes en áreas protegidas morirán a causa del aumento en la temperatura del mar. La pérdida de los corales no solo supondrá la desaparición de una familia entera de animales, sino que traerá consigo la extinción de otros millones de especies para las cuales los arrecifes son un hábitat único e irremplazable. Esta pérdida en cascada de biodiversidad traerá consecuencias perniciosas para los seres humanos, como una gran disminución de las capturas de peces a escala local y un incremento de los episodios climáticos extremos a escala global.

Estos efectos también serán devastadores para las empresas. La nueva riqueza de estas se basa en un frágil equilibrio entre cinco tipos de capital. El primero es el capital manufacturado e incluye todo los bienes materiales que han sido producidos por el ser humano, como la maquinaria o los edificios. También podemos definir el capital humano, que incluye las personas, sus habilidades y sus conocimientos. El tercer tipo de capital es el social, que engloba la confianza de los ciudadanos en su comunidad, así como la fortaleza y la estabilidad de sus normas e instituciones. El capital financiero permea estos otros tres capitales y se erige como método de intercambio. Finalmente, el capital natural –hasta ahora olvidado por la mayoría de las empresas– es la base del resto, y engloba la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas. Sin capital natural, el resto no puede existir. Los componentes del capital natural (como el aire, el agua, el suelo y la biodiversidad) suelen ser los riesgos más probables y con mayor impacto para nuestra economía y para nuestra sociedad. En consecuencia, la pérdida de ecosistemas enteros, como los arrecifes de coral, tendría un grave impacto en las empresas y en su habilidad de generar valor económico, social y medioambiental.


La pérdida de ecosistemas enteros, como los arrecifes de coral, tendría un grave impacto en las empresas y en su habilidad de generar valor económico, social y medioambiental

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Fuente: Forum for the Future: The Five Capitals - a framework for sustainability. Disponible en el siguiente enlace

El contexto global: iniciativas

La degradación de la biosfera se está produciendo de manera paralela e interconectada en todo el mundo. Por ello, los gobiernos del planeta acordaron en las Naciones Unidas crear una entidad supranacional dedicada al estudio de la biodiversidad. La Convention on Biological Diversity (CBD) es un secretariado de las Naciones Unidos dedicado a organizar conferencias y convenciones sobre medio ambiente y a fomentar la acción conjunta en esta temática por parte de los gobiernos. Se trata de una organización consultiva y sin poder legislativo; por tanto, su capacidad de influir en los distintos gobiernos se basa en la creación y la comunicación del conocimiento sobre el medio ambiente.

Su trabajo se ve complementado, en gran medida, por el de otra entidad: la International Union for Conservation of Nature (IUCN), una organización sin ánimo de lucro con sede en Suiza. Su contribución básica a la investigación sobre la biodiversidad es la creación y la actualización de la Lista Roja de especies en peligro de extinción. Este marco (o termómetro) de la biodiversidad es utilizado por múltiples gobiernos, empresas y actores civiles para gestionar la preservación de especies endémicas en distintas partes del planeta. Precisamente, el nuevo Informe sobre Desarrollo Sostenible 2021, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) y por la fundación Bertelsmann Stiftung, advierte que el único objetivo en que España experimenta una regresión es en el ODS 15 (Ecosistemas terrestres). Entre los retos persistentes de este objetivo, destacan la protección de áreas acuáticas y terrestres con altos niveles de biodiversidad y la supervivencia de las especies incluidas en el Índice de la Lista Roja de especies en peligro de extinción.

La tercera de las tres principales organizaciones en la investigación sobre la biodiversidad a escala mundial es la Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES). Esta entidad integra, como miembros u observadores, la mayoría de los Estados del mundo (entre ellos España) y se dedica a tender puentes entre las administraciones públicas y la comunidad científica para asegurar el establecimiento de unas políticas de protección de la biodiversidad relevantes y efectivas.

La última de las cuatro organizaciones de gran impacto en las políticas de biodiversidad en el mundo es la United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC), un secretariado de las Naciones Unidas, más conocido como UN Climate Change. Esta entidad es la principal promotora de la Conference of the Parties (COP), que se reúne cada año para llegar a acuerdos que frenen la degradación de los ecosistemas y el avance del cambio climático. En noviembre de 2021, se celebró la COP26 en Glasgow, con los objetivos principales de asegurar el cero neto global para mediados de siglo, acelerar la adaptación climática para proteger las comunidades y los hábitats naturales, movilizar fondos para facilitar la transición energética a los países en vías de desarrollo y favorecer el trabajo colaborativo de las alianzas.

Pese a que pueden atisbarse avances en estos cuatro objetivos, la conferencia terminó con la aprobación de un texto que no colma las expectativas de algunos países y entidades de la sociedad civil en lo que respecta al final de los subsidios a las energías fósiles, el compromiso de todas las naciones a favor del cero neto o el límite del aumento de la temperatura media global en 1,5ºC para 2050. La COP26 terminó, además, sin grandes avances en relación con la conservación y la protección de la biodiversidad. El único dato destacable en este ámbito es la firma, por parte de 134 países, de una carta en la cual se comprometen a frenar la deforestación para 2030, al tiempo que 30 instituciones financieras han anunciado la eliminación de sus inversiones en deforestación. Esta promesa recuerda la que realizaron los líderes globales en la Declaración de Nueva York de 2014, que al final se incumplió; además, la financiación destinada a ello es de solo 10.300 millones de dólares de fondos públicos y 6.200 millones de fondos privados. Una cuantía realmente modesta.

La COP26 terminó, además, sin grandes avances en relación con la conservación y la protección de la biodiversidad

La siguiente cita clave para el desarrollo de políticas de conservación de la biodiversidad será la COP15, promovida por la Conferencia de las Partes en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD), en vez de por la UNFCCC. Su primera parte, en formato online, se desarrolló entre el 11 y el 24 de octubre de 2021 y tuvo un impacto limitado. El acto principal tendrá lugar de manera presencial entre el 25 de abril y el 8 de mayo de 2022 en Kunming (China) y estará dedicado al desarrollo de acuerdos internacionales para la protección de los ecosistemas y biomas a escala global. Será clave que se alcancen acuerdos destacables que abran el camino hacia una COP27 más ambiciosa que la COP26.

El contexto europeo

La biodiversidad está protegida en la Unión Europea por la Directiva de Pájaros y la Directiva de Hábitats. Estos dos instrumentos conforman la base de la Red Natura 2000, que coordina todos los Estados miembros en la designación de áreas de conservación en la tierra y en el mar. El encargado de gestionar la red en España es el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Recientemente, esta administración ha impulsado la Fundación Biodiversidad, para acercar las empresas a la gestión del capital natural.

El nacimiento de esta entidad se produce en un contexto en que la Unión Europea está desarrollando nuevos instrumentos complementarios a las dos directivas mencionadas para gestionar la recuperación de los ecosistemas en el continente. Los veintisiete han pactado desplegar una estrategia para la biodiversidad entre 2021 y 2030, destinada a proteger a la población de los impactos del cambio climático, evitar los incendios forestales, asegurar la cadena de suministro alimentaria y evitar nuevas pandemias. Para cumplir con estos objetivos, la estrategia prevé la expansión del área de Natura 2000, el establecimiento de objetivos vinculantes de recuperación de los ecosistemas para los Estados y la financiación y la monitorización del proyecto. En la actualidad, la Comisión Europea ya ha pactado los objetivos principales del plan: la captura y el almacenamiento del carbono, la prevención y la mitigación de los desastres naturales y la mejora en el conocimiento y la monitorización de los ecosistemas. Sin embargo, todavía no se han establecido las metas concretas que los países deberán cumplir en materia de biodiversidad.

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Fuente: elaboración propia

En paralelo a la estrategia de biodiversidad, y para asegurarse de que se destinarán las inversiones necesarias que garanticen el cumplimiento de los objetivos marcados en el European Green Deal, la Comisión Europea ha implementado desde julio de 2020 una taxonomía para que los inversores puedan discernir qué proyectos empresariales y/o civiles pueden considerarse sostenibles. La clasificación se fija especialmente en la proporción del volumen de negocio alineada con seis preceptos y en las inversiones y los gastos generales asociados a ellos. La Unión ha puesto a disposición de las empresas y de los inversores una herramienta para evaluar las disposiciones de la taxonomía que interpelan cada organización en función de su sector económico.

La Comisión Europea ha implementado desde julio de 2020 una taxonomía para que los inversores puedan discernir qué proyectos empresariales y/o civiles pueden considerarse sostenibles

De los seis grandes preceptos considerados en la taxonomía europea, uno es la protección y la restauración de la biodiversidad y de los ecosistemas. Recientemente, la Comisión Europea ha tratado de refinar los epígrafes relativos a esta disposición mediante una revisión de partes acreditadas que se ha llevado a cabo entre el 3 de agosto y el 28 de setiembre de 2021. Los resultados del estudio, que todavía no han sido publicados, previsiblemente endurecerán las condiciones para que un proyecto pueda ser considerado “sostenible” a raíz de su habilidad para reducir el impacto negativo de la empresa en los ecosistemas o de aumentar su impacto positivo en el medio ambiente. Algunas organizaciones, como WWF, ya han advertido que revisiones parciales como esta pueden no ser suficientes para asegurar el impacto neto positivo de las empresas en el medio ambiente. La organización no gubernamental argumenta, específicamente, que la quema de talas forestales no puede considerarse una actividad sostenible. Puede que futuras revisiones de la taxonomía excluyan este pretexto (y otros) como actividad alineada con el precepto de protección de la biodiversidad.

Cabe mencionar el paso que dio el Parlamento Europeo en abril de 2021, en línea con una mayor apuesta por proteger los ecosistemas europeos, al lograr una mayoría transversal que superaba los 515 parlamentarios para solicitar formalmente la conversión de la estrategia de biodiversidad de la UE en una directiva obligatoria para todos los Estados de la Unión. Ahora mismo, se está reclamando también una Ley europea de la biodiversidad, similar a la Ley del clima de la UE, que establecería el marco de gobernanza hasta 2050 para proteger la biodiversidad, incluyendo objetivos vinculantes para 2030. Existe un amplio consenso para legislar con el fin de proteger y utilizar los suelos de manera sostenible, así como para desarrollar un plan que aborde conjuntamente la crisis climática y la de la biodiversidad. Falta que estas iniciativas se concreten en directivas u otros instrumentos legales en 2022.

Teniendo en cuenta la volatilidad de un entorno político europeo que cambia rápidamente, las empresas deberían tener en cuenta que seguir los preceptos de la taxonomía en su formato actual es una condición necesaria, pero no suficiente, para tener un impacto neto positivo en la preservación de la biodiversidad. Puede que la legislación comunitaria cambie en el futuro próximo y se haga más restrictiva. Las empresas han de estar preparadas para este cambio y ser conscientes de cuál es su situación en la actualidad.

La incorporación de la biodiversidad a los procesos de gobernanza de las empresas

Más allá de las políticas de protección, es clave que las administraciones u otras entidades desarrollen herramientas para que las empresas puedan contribuir al Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas y cumplir con el nuevo marco legislativo europeo. En esta línea, en 2021, la Global Reporting Initiative (GRI) ha anunciado que está trabajando en el desarrollo de un nuevo estándar de reporte no financiero sobre la gestión empresarial de la biodiversidad. Numerosas instituciones, consultoras y firmas de auditoría se han adherido a esta iniciativa. Así, por ejemplo, KPMG ha comunicado su apoyo a esta propuesta, que considera clave para asegurar que las empresas reportan sobre todas las temáticas ESG relevantes para los grupos de interés. El estándar GRI 304 (“Biodiversidad”) es utilizado anualmente al menos por 2.000 de las más de 10.000 empresas que reportan con los estándares GRI. Como ya hemos dicho, la revisión del GRI 304: Biodiversidad 2016 es una prioridad en el plan de trabajo del GRI para 2020-2022. 

Aunque el desarrollo de este nuevo estándar contribuirá a mejorar el reporte del impacto que las empresas tienen en los ecosistemas, es necesario también disponer de un modelo para incorporar la biodiversidad en los sistemas de gestión empresarial. Hoy en día, tal marco no existe y la International Organization for Standardization (ISO), líder mundial en la creación de herramientas de gestión, no ha comunicado que esté trabajando en esta dirección.

Por otro lado, diversas organizaciones sí han desarrollado guías que tienden un puente entre los sistemas de gestión ya existentes y la biodiversidad. Uno de estos documentos es el Corporate Biodiversity Management Handbook, elaborado por el Ministerio Federal de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear de Alemania. La publicación identifica, de forma sistemática, las oportunidades y motivaciones empresariales para tener un impacto positivo en la biodiversidad. A través de un método que permite realizar un breve análisis de relevancia de diversas posibles acciones, el documento facilita seleccionar los contenidos con interés estratégico para la empresa. También se menciona un conjunto de herramientas para gestionar los ecosistemas de manera sostenible basadas en las decisiones tomadas por los órganos de gobierno. La lista incluye auditorías de biodiversidad, check lists, acciones de voluntariado corporativo, la contabilidad sostenible, el ecoetiquetado, estudios de impacto ambiental, sistemas de homologación de proveedores y el diálogo con los grupos de interés externos, entre otros instrumentos.

Otro documento clave es el elaborado por los expertos de la Campaña Europea Empresa y Biodiversidad. Esta guía está diseñada como un puente entre los distintos estándares de gestión de la sostenibilidad y la conservación de la biodiversidad. En uno de sus capítulos principales, el documento vincula distintas certificaciones ISO con la protección de los ecosistemas, lo cual facilita el uso de los sistemas de gestión preexistentes para proteger la biodiversidad. La guía incluye los procesos necesarios para realizar esta transición con la mínima fricción interna posible. La adaptación de unos marcos ya establecidos presenta los beneficios de una baja inversión de recursos y de un período de transición corto.

Para lograr que este proceso sea todavía más fluido, se pueden crear KPI que midan la efectividad de los cambios en el modelo de gobernanza de las empresas. En este sentido, puede ser de gran utilidad la guía The development and use of biodiversity indicators in business: an overview, publicada por la IUCN en 2018. Este documento complementa los otros dos y permite que las empresas exploren de qué modo sus procesos de decisión han cambiado con la incorporación de la biodiversidad y cómo este cambio ha incidido positivamente en los ecosistemas, en terrenos propios o adyacentes a las operaciones de la entidad.

En resumen, las empresas deben formularse las preguntas siguientes: ¿Qué marcos internacionales de conservación de la biodiversidad me afectan? ¿Cuáles son las mejores prácticas en mi sector? ¿Cómo puedo adaptarme a la legislación actual? ¿Cómo puedo adelantarme a la legislación futura? ¿Qué espacios puedo identificar para ser pionera en la preservación de la biodiversidad? La respuesta a cada una de estas cuestiones será distinta para cada una de ellas. Las empresas tienen a su disposición las herramientas que se presentan aquí para integrar la biodiversidad como una preocupación estratégica. La acción derivada de la información y del liderazgo sostenible siempre será la mejor palanca del sector privado para contribuir a conservar y restaurar nuestros ecosistemas, manteniendo así el capital natural que soporta la creación de valor del tejido empresarial español y europeo.

La acción derivada de la información y del liderazgo sostenible siempre será la mejor palanca del sector privado para contribuir a conservar y restaurar nuestros ecosistemas

Ideas a retener

  1. El futuro del Antropoceno viene determinado por el cumplimiento de los nueve límites planetarios, uno de los cuales es la biodiversidad.
  2. Existe una conexión directa (de dependencia y alteración) entre las empresas y la biodiversidad.
  3. Existe un vínculo intrínseco entre la crisis climática y la crisis de la biodiversidad, y una necesidad de dar respuesta de manera conjunta y eficiente a ambos retos (global health).
  4. Desde la perspectiva empresarial, puede ser útil vincular la biodiversidad a la noción de capital natural.
  5. La gestión del capital natural permite a las empresas conocer, evaluar e informar de los riesgos, los impactos y las oportunidades de su actuación relacionados con la biodiversidad.
  6. La COP26 no ha dado el impulso esperado a las iniciativas internacionales para frenar el cambio climático.
  7. La COP15 CBD que se celebrará próximamente en China debería concluir con la firma de acuerdos ambiciosos en materia de conservación de la biodiversidad a escala global y ser un preludio a la COP27 de Egipto.
  8. En la UE, las empresas deberán guiarse por la taxonomía europea para implementar proyectos de alto impacto socioambiental y para captar subvenciones.
  9. Se dispone ya de herramientas para realizar este trabajo, que debe enfocarse desde la realidad sectorial y la dimensión de la empresa.
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