Desarrollando la competencia emprendedora en los jóvenes

Por qué aprender a emprender es más necesario que nunca en tiempos de pandemia

Por Esade Entrepreneurship Institute

Desde hace tres años, el profesor Marcel Planellas coordina desde el Esade Entrepreneurship Institute el proyecto de fomento de la competencia emprendedora entre los estudiantes de educación secundaria con el Ministerio de Educación del Gobierno de Andorra.

El mes de noviembre pasado participó, como experto invitado, en la XXVII Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Educación donde, en su declaración final, se recogió la necesidad de "impulsar nuevos modelos de aprendizaje que incluyan el emprendimiento y la innovación de manera integrada y transversal en los currículums".

Hace unos días, en la revista Cuadernos de Pedagogía, Planellas ha coordinado un monográfico sobre "Aprender a Emprender" donde ha escrito un artículo defendiendo la necesidad de formar a los estudiantes en la competencia emprendedora y definiendo un modelo integral de siete dimensiones para desarrollar esta competencia.

Considera que la pandemia marcará un punto de inflexión para la sociedad y que el impacto de la covid-19 también provocará muchos cambios en el conjunto de la comunidad educativa, que tendrá la obligación y la oportunidad de reordenar sus prioridades.

Uno de los grandes retos del sistema educativo es formar a los jóvenes para que sean resilientes y tengan iniciativa

“El sistema educativo se ha tenido que adaptar a la nueva realidad con urgencia, pasando del sistema presencial al remoto en tiempo récord. Ahora estamos intentando comprender qué ha ocurrido y pensar en los escenarios futuros”, afirma Marcel Planellas, profesor de Esade, en Cuadernos de Pedagogía.

La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto la necesidad imperativa de revisar los procesos pedagógicos y los objetivos de aprendizaje.

"Ante un futuro incierto, uno de los grandes retos del sistema educativo es formar a los jóvenes para que sean resilientes y tengan iniciativa. Los jóvenes tienen que aprender a adaptarse a los cambios con agilidad y ser capaces de innovar y de movilizar recursos para hacer realidad sus proyectos", explica Planellas. "Si queremos preparar a nuestros jóvenes para el futuro, las competencias emprendedoras van a ser esenciales. Aprender a emprender es más necesario que nunca en estos tiempos de incertidumbre".

Covid-19 teaching
La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto la necesidad imperativa de revisar los procesos pedagógicos y los objetivos de aprendizaje (Foto: Bojanikus/Getty Images)

El autor, fruto de su experiencia en el mundo universitario y del acompañamiento de proyectos emprendedores, propone un modelo integral que abarca siete dimensiones para desarrollar la competencia emprendedora. Las dimensiones transitan desde el nivel de la persona (autoconfianza, valores, creatividad), pasando por el equipo (capacidad de relación), hasta otras específicas como el entorno (reconocimiento de oportunidades, organización e implementación).

1. Dominio personal

La crisis del coronavirus ha desmontado algunos mitos, como que los emprendedores nacen y no se hacen. La iniciativa emprendedora hoy se ve como una competencia que puede entrenarse y aprenderse.

Aunque en las noticias aún destaquen más el azar que el conocimiento, ejemplos como los Stay Homas, que han triunfado con sus canciones en la azotea durante el confinamiento, demuestran que los emprendedores se hacen: todos ellos han cursado estudios de música, tocan varios instrumentos y forman parte de grupos profesionales.

La crisis del coronavirus ha desmontado algunos mitos, como que los emprendedores nacen y no se hacen

"En el ámbito del dominio personal, la competencia emprendedora ha de ayudar a los jóvenes a hacer frente a los retos reales, a desarrollar una percepción consciente de sus fortalezas y debilidades, y a entrenar su autoconocimiento", afirma Planellas.

También forma parte de este dominio personal desarrollar la tolerancia al fracaso. "El fracaso es inseparable del éxito y a menudo se olvida que solo se pueden alcanzar triunfos sólidos después de haber aprendido de una derrota".

2. Valores y compromiso ético

Esta dimensión de la competencia emprendedora –afirma Planellas– ha de permitir a los estudiantes pensar en retos que sobrepasen su interés particular para identificar nuevas necesidades sociales, medioambientales, culturales, tecnológicas, científicas y solidarias de su entorno.

"Los jóvenes tienen que tomar consciencia de que en el entorno emprendedor no todo es válido para alcanzar el resultado esperado. Es absolutamente necesario que los estudiantes aprendan a valorar el impacto que sus proyectos tendrán en el entorno próximo. No solo importan los resultados concretos e inmediatos, también hay que tener en cuenta las consecuencias a largo plazo en el entorno social y medioambiental", escribe el autor.

3. Pensamiento creativo

La creatividad no es una cualidad exclusiva de los grandes genios. La creatividad también surge cuando uno tiene la capacidad de ver oportunidades donde otros ven problemas y plantear soluciones a los desafíos existentes.

"La creatividad es una facultad de cualquier ser humano. Es el pensamiento que permite tener nuevas visiones y formas de entender las cosas. La creatividad se puede entrenar, y las actividades y los proyectos pueden ser un excelente laboratorio educativo", afirma el autor.

Creative dancer
La creatividad no es una cualidad exclusiva de los grandes genios (Foto: Sarvaswa Tandon/Unsplash)

Dentro de esta dimensión, otro aspecto fundamental del pensamiento creativo es la curiosidad. No se trata solo de un instrumento para capturar conocimiento, sino la necesidad humana de observar y hacerse preguntas. Según el autor, esta ansia de hacernos preguntas se convierte en una facultad trascendental para mejorar la creatividad: "La crisis de la covid-19 puede convertirse en una excelente oportunidad para abrir interrogantes a los jóvenes y buscar nuevas interrelaciones sobre los retos de futuro para las próximas generaciones".

El dominio de esta dimensión puede ayudar a los estudiantes a desarrollar la habilidad de generar nuevas ideas que sean originales y factibles.

4. Capacidad de relación e influencia

Aprender a trabajar con personas que tienen puntos de vista diferentes, saber colaborar y tratar de conseguir soluciones que sean mejores que las individuales son capacidades de gran utilidad para la vida profesional y personal.

En esta dimensión se engloban habilidades relacionadas con la comunicación como, por ejemplo, saber escuchar activamente, tener empatía, saber estar, entender el lenguaje no verbal y expresar las ideas con fluidez.

Otra habilidad que también forma parte de esta dimensión es la capacidad de ejercer el liderazgo responsable, en el sentido de crear un nivel de confianza, compromiso y colaboración entre todos los miembros del equipo para lograr la realización del proyecto.

A nivel externo, la capacidad de influencia se puede entrenar a través de determinadas habilidades sociales, como saber comunicarse a través de los distintos canales y medios digitales para dar a conocer el proyecto, o saber negociar y llegar a acuerdos para movilizar los recursos necesarios.

5. Reconocimiento de oportunidades

Para emprender un nuevo proyecto es necesario detectar previamente una oportunidad y esta es una habilidad especial. Según Planellas, ante una misma situación, hay personas que ven un problema donde otros ven una oportunidad: "En nuestras sociedades se ha desarrollado más la habilidad de diagnosticar problemas que la de detectar oportunidades".

Reconocer las oportunidades –afirma el autor– es una habilidad que se puede entrenar y demanda un cierto estado de alerta.

"Después de escanear el entorno y detectar oportunidades, la siguiente etapa es analizar y evaluar las diversas opciones. Es importante hacerlo en diferentes momentos, intentando diferir el juicio, para evitar matar las ideas solo al nacer".

Ante una misma situación, hay personas que ven un problema donde otros ven una oportunidad

Para trabajar la habilidad de evaluar los nuevos proyectos, los jóvenes pueden aplicar diversas variables: desde la utilidad social hasta la viabilidad económica, la necesidad de recursos o la capacidad de crecimiento. El objetivo es identificar oportunidades que puedan convertirse en proyectos que aporten valor.

6. Organización y planificación

Una de las dimensiones esenciales de la competencia emprendedora es la capacidad de planificar y organizar las actividades necesarias para hacer realidad el proyecto.

"Trabajar la habilidad de convertir las ideas en planes de acción concretos y realistas, programar las acciones necesarias para convertirlos en realidad y mejorar la capacidad de organización puede ser de gran utilidad para que los jóvenes sean más autónomos y mejoren su capacidad de gestión del tiempo y de sus recursos".

Según el autor, la presentación externa de un plan bien elaborado transmite a los interlocutores capacidad de organización por parte del emprendedor y la percepción de que ha trabajado y pensado a fondo las diferentes partes del proyecto.

7. Implementación y ejecución

En esta última dimensión emprendedora es donde se trabaja la puesta en práctica del plan: transformar la idea en proyecto. Es el momento de contrastar con la realidad las hipótesis analizadas y comprobar si la organización funciona adecuadamente.

"Se trata de aprender de los errores y de realizar los ajustes necesarios. Es muy normal que las previsiones sean más optimistas y la realidad obligue a reajustar tiempos y recursos", advierte el autor.

Una de las dimensiones esenciales de la competencia emprendedora es la capacidad de planificar y organizar las actividades necesarias para hacer realidad el proyecto

En esta etapa, los estudiantes que se encuentren en la universidad verán esta dimensión emprendedora como un puente que les acercará a la realidad profesional que se van a encontrar al finalizar sus estudios.

"Los estudiantes tendrán que trabajar en esta dimensión algunas habilidades y retos de gestión, que les acercarán al mundo real de las organizaciones", afirma Planellas. Por ejemplo, será necesario desarrollar habilidades que permitan resolver problemas surgidos de la gestión diaria del proyecto, optimizar los recursos, realizar un seguimiento de las variables del proyecto, tomar decisiones sobre el riesgo que se está dispuesto a asumir, y movilizar recursos para cubrir las necesidades que van surgiendo.

Una oportunidad para reinventar la educación

La crisis de la covid-19 cambiará el sistema educativo y la forma de enseñar a las próximas generaciones. "Fomentar la iniciativa emprendedora en las aulas es una oportunidad necesaria e ilusionante que requiere del consenso y la cooperación de todos los agentes que forman parte del sistema educativo. Educar en el emprendimiento es una apuesta de futuro. Cambiar y emprender es posible", concluye Planellas.

Artículo basado en reflexiones académicas de Marcel Planellas en Cuadernos de Pedagogía.

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.