Conectar la innovación con el sueño de Europa

En muchos países, la inversión en I+D está estancada desde hace más de una década, muy lejos de los niveles considerados competitivos en un país desarrollado.

Por Guillermo Dorronsoro

Foto: Científicos investigando el crecimiento de algas en el Ártico

En la primera escena de la genial película Origen (Nolan, 2010), el protagonista nos explica que el parásito más resistente y contagioso es una idea: “…una vez que una idea se ha apoderado del cerebro, es casi imposible erradicarla”.

Nos van explicando después que, en un futuro no muy lejano, la tecnología ha evolucionado y permite acceder a otras personas en el interior de nuestros sueños. Arquitectos especialmente entrenados para ello diseñan los escenarios en los que agentes infiltrados son capaces de entrar en nuestros sueños para “insertar” en nuestro subconsciente una idea (el título original en inglés es Inception).

Para tener éxito, no basta con que lleguen a sueños superficiales, sino que tienen que ir avanzando hacia sueños más profundos y conectar de esta manera con los deseos y sentimientos más arraigados.

Me ha recordado la película el último libro de Robert J. Shiller, Nobel de Economía en 2013, titulado Narrative Economics (Princeton University Press, 2019). Lo entenderán si leen el subtítulo: How stories go viral and drive major economic events (Cómo algunos relatos se hacen virales y provocan los mayores eventos económicos).

La innovación es condición necesaria para la prosperidad de los países desarrollados

El argumento central del libro trata de entender cómo determinadas historias son capaces de inducir cambios sistémicos en la forma en la que los agentes económicos se comportan y toman sus decisiones, de modo que acaban por transformar el conjunto de la economía.

En realidad, la idea no es original. El impacto de las narrativas en la conducta se lleva estudiando desde hace tiempo en otras disciplinas, como el marketing, el periodismo, la antropología, la educación... Shiller lo aplica ahora a la economía, dando una vuelta de tuerca, porque se trata de influir en el comportamiento del conjunto de la sociedad.

El autor nos explica también que no todos los relatos funcionan. Igual que en la película, para ello es preciso que conecten con los sueños más profundos de la sociedad. Para poder hacerse virales, necesitan además ser breves y fáciles de explicar y de entender, accesibles a todas las personas.

Les cuento todo esto porque esta semana se publican los resultados para España de la estadística sobre las actividades en investigación científica y desarrollo tecnológico (I+D), cuyo objetivo principal es medir los recursos económicos y humanos destinados a investigación por todos los sectores económicos.

Sus resultados son relevantes, no tanto por la magnitud que miden, sino porque ahora sabemos que la inversión en ciencia y tecnología es una de las condiciones necesarias para el desempeño de los territorios en innovación, y la innovación es condición necesaria para la prosperidad de los países desarrollados.

El Nobel de Economía de 2018 fue para Paul Romer, entre otras cosas, por sus estudios que demuestran el impacto de políticas tecnológicas eficientes en el crecimiento económico de los países.

Sin apuesta por el conocimiento no habrá industria ni talento

Sin embargo, en muchos países (incluida España), la inversión en I+D está estancada desde hace más de una década, muy lejos de los niveles considerados competitivos en un país desarrollado. En el conjunto de Europa la situación es similar. La estrategia de Lisboa se marcaba el objetivo de alcanzar un 3 % del PIB en inversión en I+D para el año 2010. Como quedamos lejos, la estrategia Europa 2020 volvió a marcar este mismo objetivo para el año 2020. Ya ven en el gráfico cuál es la evolución…

Europa, a la cola en intensidad en I+D en comparación a sus competidores

R&D in Europe
Intensidad en I+D basada en el porcentaje del PIB (Fuente: Eurostat, gasto en I+D)

(El gráfico procede del informe publicado el pasado 4 de noviembre Investment in the euro area: focusing on research and innovation, una lectura muy recomendable).

Sin embargo, cuando el INE publique los resultados de las estadísticas de I+D esta semana, no habrá portadas en los medios de comunicación, ningún político se sentirá en la necesidad de comparecer para explicar el fracaso y mucho menos la de dimitir, y no habrá comunicados ni notas de prensa de los principales foros empresariales o de la sociedad civil.

En las recientes campañas políticas este tema no ha aparecido en el debate… A lo sumo, oiremos que el problema de España es que las empresas son las que tendrían que invertir más en I+D, como si el papel de las políticas industriales y fiscales no fuera, precisamente, crear los estímulos correctos para que las empresas encuentren incentivos que el mercado no les aporta.

No será porque no se hayan publicado posts, artículos, entrevistas, vídeos y gráficos en los que hemos dado argumentos y datos. No será tampoco porque todos los países estén también distraídos; en el gráfico queda claro que ha habido y sigue habiendo países en los que se han sabido poner las pilas con este asunto…

La ciencia o la tecnología pueden hacer algo más que multiplicar el PIB y la productividad

Cabe preguntarnos en qué estamos fallando, cuál es el motivo de que nuestro relato no se haga viral y consiga cambiar las prioridades en este tema que es tan relevante para la prosperidad de nuestras generaciones futuras. Sin apuesta por el conocimiento no habrá industria ni talento, y sin estos dos ingredientes no será posible sostener el estado del bienestar en un mundo globalizado y crecientemente competitivo.

Es preciso que innovemos en nuestro relato, que acertemos en el contenido y en la forma en la que trasladamos nuestro mensaje.

No tengo respuestas, solo intuiciones, que pueden ser equivocadas. Veo una sociedad cada vez más desconfiada de los discursos sobre competitividad o prosperidad, básicamente porque no se ven los resultados que llevan prometiendo varias décadas. Veo personas cada vez más necesitadas de sentido y menos necesitadas de tecnología.

Quizá los que apostamos por el conocimiento tengamos que cavar en sueños más profundos y explicar que la ciencia o la tecnología pueden hacer algo más que multiplicar el PIB y la productividad, algo que hemos explicado ya por activa, pasiva y circunfleja (para muestra otro gráfico del mismo informe que citaba antes).

Forecast R&D
Cómo interpretar el gráfico: La producción potencial radica en las contribuciones de trabajo y capital, así como en el crecimiento de la productividad total de factores (TFP), un indicador del progreso tecnológico que muestra la eficiencia del trabajo y el capital en la producción (Fuente: Comisión Europea).

El conocimiento nos hace más libres, además de más prósperos. Las raíces de Europa se hunden en el suelo de la democracia y el respeto de las personas, pero también en el humus de los filósofos griegos, del derecho romano, de la escolástica medieval, del Renacimiento, de la Ilustración, de la Revolución industrial…

Nunca he dejado de creer en que la clave de nuestro futuro es la apuesta por el conocimiento, por la cultura, por el humanismo y también por la tecnología bien utilizada, que nos puede ayudar a ser más humanos. Cada vez estoy más seguro de que tenemos que completar nuestras historias de competitividad, de productividad y de PIB con otras historias que despierten sueños más profundos… Innovar el relato para conectar, sobre todo, con los más jóvenes.

Estamos a tiempo.

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