Técnicas para innovar en las aulas de Derecho Constitucional

Por Silvia Romboli

El sistema educativo universitario se enfrenta a un reto de gran calado: proporcionar la formación intelectual y técnica adecuada para formar a ciudadanos cualificados profesionalmente.

Este reto implica que los estudiantes universitarios deben adquirir unas competencias instrumentales esenciales, como la capacidad de análisis y síntesis, de organización y planificación, de resolución de problemas y de toma de decisiones fundadas.

En el ámbito del Derecho, es indudable que los alumnos pueden incrementar sus competencias y conocimientos cuando complementan las clases teóricas con otras materias que van más allá de las exclusivamente jurídicas.

Ampliar sus conocimientos a otras áreas favorece el desarrollo de competencias complementarias, entre las cuales cabe destacar las siguientes:

  • Capacidad de aplicar los conocimientos en la práctica.
  • Competencia investigadora.
  • Capacidad de aprendizaje.
  • Facilidad para adaptarse a nuevas situaciones.
  • Creatividad y liderazgo.
  • Habilidad para trabajar de forma autónoma.
  • Capacidad para diseñar y gestionar proyectos.

En los estudios jurídicos, combinar las sesiones magistrales con clases prácticas para desarrollar competencias complementarias podría parecer, a muchos lectores, una circunstancia “natural”. Pero no es así.

Las sinergias entre teoría y práctica en la carrera de Derecho son una conquista relativamente reciente, que surgió a raíz del “proceso de Bolonia” a finales del siglo pasado y se consolidó en 2010 con la Declaración de Bolonia.

La estandarización de los estudios superiores evidenció dichas carencias en el ámbito de la enseñanza del Derecho. Tradicionalmente, esta titulación se basaba en el método memorístico o en el sistema de clases magistrales, y no fomentaba la participación activa de los estudiantes para afianzar sus conocimientos teóricos y desarrollar competencias que mejorasen la asimilación de los contenidos.

Las técnicas y los métodos tradicionales del Derecho Constitucional pueden activar la innovación en las aulas

Con la irrupción del "Plan Bolonia", se apostó por complementar las clases teóricas con sesiones prácticas en que se potenciara la capacidad de aplicar los conocimientos teóricos a experiencias reales; por ejemplo, mediante simulaciones de procesos o el estudio y la resolución de casos, así como la participación directa de los estudiantes en mesas redondas o seminarios.

Este novedoso sistema para el ámbito educativo del Derecho ha supuesto replantear el rol del profesorado, que ha tenido que interrogarse sobre nuevos métodos de innovación docente.

También han cambiado las exigencias del alumnado, que ha pasado de tener un papel exclusivamente pasivo a participar de forma autónoma durante las distintas sesiones.

Ideas para fomentar la innovación en las aulas de Derecho

Las técnicas y los métodos tradicionales del Derecho Constitucional tienen suficiente potencial para activar la innovación en las aulas. Utilizados de forma diferente, pueden convertirse en herramientas beneficiosas que satisfagan las exigencias actuales de los estudiantes.

Para mejorar los métodos tradicionales, existen dos ejes principales que podrían promover la reflexión sobre distintas técnicas y metodologías: la importancia del lenguaje y la utilización de técnicas interdisciplinarias.

Ampliar la mirada del lenguaje jurídico

Es indudable que el Derecho tiene un lenguaje particular, con un vocabulario que solo se utiliza en el ámbito jurídico por profesionales de esta materia. 

La existencia de este conjunto de vocablos y formas peculiares de construir frases y proponer razonamientos constituye el primer “obstáculo” al cual todos los alumnos tienen que enfrentarse al iniciar la carrera (y que los profesores debemos tener presente a la hora de preparar sesiones prácticas para nuestros alumnos).

Para ampliar la mirada del lenguaje jurídico, en las clases de Derecho Constitucional podría ser provechoso incorporar prácticas dirigidas a que los alumnos empezaran a conocer este nuevo lenguaje y a enriquecerlo.

La cultura jurídica prepara a los estudiantes para aceptar que podrían no encontrar certezas absolutas sobre determinados argumentos

Además del estudio de los manuales, podrían proponerse como actividades prácticas la lectura y el análisis de textos doctrinales con un léxico un poco más complejo, y acompañarlos con preguntas orientadas al aprendizaje lexical por parte del alumnado.

De este modo, se utilizaría un método “tradicional” (la lectura de las argumentaciones de la doctrina científica), pero con un propósito parcialmente nuevo y mucho más explícito que en el pasado.

La primera vez que utilicé este método, obtuve unos resultados sorprendentes, pero en sentido negativo. Propuse, a un grupo de primero de carrera, un texto un poco más difícil que el manual de Derecho Constitucional que estaban utilizando.  

Una de las actividades consistía en que los alumnos subrayasen tres palabras o conceptos que no conseguían entender. En el escrito propuesto, era posible “toparse” con términos o ideas menos usuales y de inteligencia menos inmediata y más compleja para un estudiante de primero de carrera como, por ejemplo, “iusnaturalismo racionalista”.

Sin embargo, más de la mitad de los alumnos que entregaron sus prácticas se preguntaban por el significado de vocablos más genéricos, como “elenco” u “óbice”.

Este ejemplo desvela, con toda evidencia, la imperiosa necesidad de enriquecer el lenguaje de nuestros alumnos.

Otra “competencia” que puede ser útil trabajar en las sesiones prácticas y que tiene que ver con la "cultura jurídica" y con el lenguaje específico del Derecho Constitucional consiste en preparar a los estudiantes para aceptar que podrían no encontrar certezas absolutas sobre determinados argumentos. Y es que, en algunos casos, existen diferencias profundas entre la interpretación de la Constitución según la doctrina y la que hacen los jueces ordinarios o los tribunales constitucionales.

En las clases prácticas, podría resultar eficaz promover formas contradictorias

Para ampliar la mirada de los estudiantes, es importante promover prácticas en que los alumnos entiendan el carácter “vivo” del Derecho Constitucional y la diferencia entre la Constitución formal y la Constitución material. Como todos sabemos, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional puede cambiar –y, de hecho, ha cambiado– sobre un mismo aspecto.

En las clases prácticas, podría resultar eficaz promover formas "contradictorias"; por ejemplo, la lectura y el análisis de artículos de autores que divergen sobre determinados conceptos o temáticas.

También podrían organizarse actividades menos “tradicionales”, en que dos profesores se confrontaran “en directo” en relación con un mismo tema sobre el cual tuvieran opiniones divergentes, para estimular el debate con los estudiantes a partir de sus distintos puntos de vista.

Este ejercicio permitiría a los estudiantes ampliar su mirada y aprender que las ideas y las interpretaciones no siempre coinciden, y que todas ellas pueden ser igualmente válidas.

Impulsar prácticas interdisciplinarias

Creo firmemente que no es posible reducir la enseñanza del Derecho al estudio de las normas que componen el ordenamiento jurídico. En el estudio del Derecho Constitucional, no se puede negar la importancia de otras ciencias sociales, como la historia, la filosofía, la economía, la literatura, así como otras disciplinas artísticas, como la música y el cine.

Aunque en el estudio del Derecho no hay que desvincularse de los métodos y de los conceptos jurídicos propios, estos deberían complementarse con el estudio de otras disciplinas, que puedan aportar herramientas, conocimientos y formas de razonar distintas al jurista, e incrementar así enormemente sus capacidades.

Ninguna aproximación interdisciplinaria puede sustituir el estudio teórico profundo de la materia

Este razonamiento podría traducirse en sesiones prácticas en los cursos de Derecho Constitucional, en que el alumnado aprendiera contenidos y métodos de reflexión diferentes que intensificaran sus competencias. 

De este modo, se potenciarían las capacidades de los estudiantes y la asignatura ganaría en “atractivo”, pues la colaboración entre el Derecho y otras disciplinas (sobre todo, si son artísticas, como la música y el cine) estimula el interés de los alumnos.

Sin embargo, no debe olvidarse que ninguna aproximación interdisciplinaria puede sustituir el estudio teórico profundo de la materia ni la utilización de las técnicas clásicas de las prácticas de Derecho Constitucional. 

Utilizar técnicas interdisciplinarias ha de ser, pues, un refuerzo y un apoyo que acompañe y complemente las prácticas tradicionales.

Artículo basado en resultados de investigación publicados en Docencia y Derecho.

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