¿Estamos a tiempo de afrontar la emergencia climática a través de la energía?

La transición energética presenta escenarios de gran complejidad, pero es imprescindible afrontarlos para frenar una crisis climática que amenaza el futuro de las próximas generaciones. ¿Qué acciones podemos llevar a cabo para combatir el cambio climático? ¿Estamos a tiempo de frenar la tragedia climática?

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En este podcast, Marie Vandendriessche, investigadora sénior de EsadeGeo, profundiza en los retos energéticos y posibles soluciones para afrontar la crisis climática con Mariano Marzo, catedrático de estratigrafía y profesor de recursos energéticos y geología del petróleo en la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona.

Marie Vandendriessche: Buenos días. Soy Marie Vandendriessche, investigadora sénior del Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade. Hoy nos acompaña Mariano Marzo, catedrático de la Universidad de Barcelona, para hablar de soluciones al cambio climático. Mariano, muchas gracias por estar aquí con nosotros.

Mariano Marzo: Buenos días, un placer.

Marie Vandendriessche: En un informe reciente de Naciones Unidas se publicó un dato muy preocupante sobre la brecha de emisiones: si queremos limitar el aumento de las temperaturas a 1,5 grados, las emisiones de CO2 tendrían que reducirse en un 7,6 % anualmente durante los próximos diez años. ¿Qué tipo de soluciones existen para reducir la magnitud de estas emisiones?
 
Mariano Marzo: La eficiencia energética, aunque no parezca obvio, es la opción más importante a nivel tecnológico que tenemos a nuestro alcance. Esta es la primera solución: la energía más limpia es la que no se usa. Después de la eficiencia, o a la par, se sitúan las energías renovables que, juntamente con la eficiencia, suman alrededor del 80 % de la solución técnica que hoy tenemos a nuestro alcance. 

Mariano Marzo
Mariano Marzo y Marie Vandendriessche durante la entrevista en la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona (Foto: Esade)

Otras medidas de menor calado serían el cambio de combustible de carbón a gas y la energía nuclear, de la cual tenemos que hablar dentro del problema del cambio climático, aunque implica otros problemas de recursos. También existen tecnologías nuevas en las que tenemos puestas muchas esperanzas, como la captura y almacenamiento de dióxido de carbono, y otras que todavía están en fase experimental. 

Tener la capacidad de reducir las emisiones en un 7,6 % anual en diez años dependerá de la velocidad de despliegue de nuevas tecnologías

Tener la capacidad de reducir las emisiones en un 7,6 % anual en diez años dependerá de la velocidad de despliegue de estas tecnologías y cuánto consigamos hacer, pero yo no soy optimista. Creo que este objetivo queda lejos del alcance fijado. Es cierto que tenemos tecnologías que podrían hacer este trabajo, pero no al ritmo y a la velocidad que necesitamos por varias razones. 

Las energías renovables, a excepción de los biocarburantes, están avanzando mucho, pero todavía no existe la posibilidad de almacenar la electricidad que generan a gran escala.

Energías renovables
Turbinas eólicas en un campo de colza en Austria (Foto: Zbynek Burival/Unsplash)

Mi respuesta a la pregunta de si sería factible reducir las emisiones al ritmo que se propone es que soy escéptico al respecto. De hecho, me temo que no podríamos. Únicamente, Dios no lo quiera, podría ser posible si tuviéramos una recesión económica mundial duradera porque, hasta la fecha, los momentos de bajada de emisiones de CO2 han coincidido con crisis económicas.

Otro factor clave es que dependemos de los avances tecnológicos que se puedan llevar a cabo. La innovación tiene que ser disruptiva y permitir desarrollar modelos que nos permitan llegar a ser neutros en emisiones en 2050 o 2060. Si alcanzáramos este logro podríamos empezar a trabajar para llegar a final de siglo con emisiones negativas porque seríamos capaces de limpiar la atmósfera de los gases que ya hemos emitido. Y esta es la única vía para llegar a los 1,5 grados centígrados.

Hasta la fecha, los momentos de bajada de emisiones de CO2 han coincidido con crisis económicas

Marie Vandendriessche: ¿Nos podría explicar qué tecnologías existen para llegar a esas emisiones negativas como, por ejemplo, la captura, almacenamiento y uso del dióxido de carbono?

Mariano Marzo: Se trata de tecnologías que consisten, sobre todo, en evitar que el CO2 proveniente de los usos energéticos llegue a la atmósfera y se acumule. La energía está bajo el foco en el problema del cambio climático porque representa alrededor del 65-70 % del total de los gases de efecto invernadero. Dentro de este porcentaje, el C02 acumula la mayor parte, aunque también hay otros gases como el metano y los óxidos nitrosos... 

Para evitar que el CO2 llegue a la atmósfera y provoque el efecto invernadero se plantean dos escenarios: evitar la emisión de dióxido de carbono y, en caso de no ser factible, limpiarla. ¿Cómo? La captura de CO2 parte de la premisa que la mejor manera de retirarlo es reutilizándolo. Es decir, pasar de un residuo dañino a convertirlo en un recurso, siguiendo un esquema de economía circular.

Hay varios proyectos piloto en marcha, empresas que están retirando el CO2 del aire mediante máquinas que, aunque consumen energía y son caras, permiten su reutilización para hacer crecer plantas, fabricar cemento y hacer biocombustibles. Se trata, de alguna forma, de convertir un problema en una oportunidad a través de la tecnología.

Si somos capaces de poner un precio a este residuo a nivel de tasación global (no puede ser que unos estén obligados y otros no), estas tecnologías de captura y reutilización del CO2 podrían experimentar un gran auge. Existen también otras tecnologías químicas, físicas e incluso soluciones climáticas naturales, como la reforestación, para evitar temporalmente la subida de emisiones de CO2 y ganar tiempo para que la tecnología consiga suministrar los avances disruptivos que necesitamos.

Las energías renovables están avanzando mucho, pero todavía no existe la posibilidad de almacenar la electricidad a gran escala

Marie Vandendriessche: ¿Cuál es la situación de estas medidas que persiguen ir hacia emisiones negativas a escala comercial?

Mariano Marzo: Hay varias plantas en funcionamiento, pero son muy específicas. Por ejemplo, en Canadá y Estados Unidos decidieron llevar centrales de carbón cerca de antiguos campos de petróleo. El dióxido de carbono que emiten lo utilizan para reinyectarlo en el subsuelo y mejorar la extracción de petróleo. Evidentemente, estas tecnologías encarecen la producción de electricidad, pero si este aumento de coste se compensa con más extracción de petróleo podrían salir las cuentas.

Captura y almacenamiento de CO2

Inyección petróleo
Fuente: Comisión Europea/DG TREN

También existen otras plantas que reinyectan CO2 en antiguos campos de petróleo abandonados. En este caso, no se utiliza el carbono capturado, sino que se almacena. Se podría pensar que es una técnica arriesgada porque la inyección de gas podría provocar ajustes del terreno, pero hay que tener en cuenta que, a 800 metros de profundidad, el CO2 gaseoso se convierte en un líquido y lo podemos hacer reaccionar con carbonatos y mineralizarlo.

Estamos en el comienzo de una era de gestión de la ingeniería del carbono, pero necesitaríamos mucho más de lo que actualmente está en marcha y a unos precios mucho más asequibles.

Tal vez una de las medidas que se podrían adoptar a nivel internacional sería que toda la humanidad se involucre (aportando más el que tenga más y el que ha causado el problema), en una especie de proyecto Manhattan, entre comillas, porque en ese caso el fin era la fabricación de la bomba atómica en Estados Unidos. 

Necesitamos invertir grandes esfuerzos en acelerar la disrupción tecnológica, que necesitamos sí o sí. Si no retiramos el CO2 de la atmósfera que ya hemos emitido será imposible quedarnos por debajo de un aumento global de la temperatura de un grado y medio, aunque paremos las emisiones, que es la condición previa a retirar las que ya tenemos.

Marie Vandendriessche: Sabemos que el cambio climático existe desde hace muchos años. De hecho, un estudio reciente muestra que los modelos climáticos hace 50 años ya tenían un nivel de acierto elevado en sus predicciones sobre el calentamiento global. Llevamos más de 25 años hablando del cambio climático a nivel internacional, desde la Cumbre de Río en 1992. ¿Cómo habría cambiado la situación si hubiéramos actuado antes?

Mariano Marzo: El conocimiento científico existe, pero hemos tenido que esperar a ver las primeras manifestaciones agobiantes de lo que preveíamos que sería este calentamiento global para empezar a reaccionar. Han tenido que ser las nuevas generaciones las que han empezado a poner presión. Esta presión también ha surgido de la revolución de las tecnologías de la comunicación y de la revolución digital.

Hay políticos que prefieren la inacción porque podrían perder votos lanzando mensajes que se perciben como angustiosos

Creo que, en el fondo, la ciencia, muchas veces, suscita una cierta sensación de incertidumbre porque el método científico es congénito. Los científicos no buscan la verdad absoluta, sino disminuir la incertidumbre, es una búsqueda permanente de la verdad. Y eso crea ansiedad. Muchas personas no aceptan la incertidumbre con facilidad, prefieren creer en blanco y negro en vez de ver todas las tonalidades del gris, a menos que empiecen a padecer en sus carnes las consecuencias. 

Por otro lado, si la sociedad no se lo demanda, los políticos, que son los que tienen que tomar las decisiones, prefieren la inacción porque podrían perder votos lanzando mensajes que se perciben como angustiosos. Los políticos trabajan a cuatro años vista, nosotros trabajamos con urgencia, pero a largo plazo. Tenemos que ser realistas de una vez. El cambio climático es un trabajo que requiere del método científico. El método científico es bueno para la ciencia, pero no motiva a la gente y ese ha sido el problema. 

Marie Vandendriessche: Se podría decir también que el cambio climático es un problema de horizontes. Hay una brecha demasiado grande entre la emisión, las consecuencias, la actuación y sus beneficios. Abundan las dificultades.

Mariano Marzo: Lo que acaba de mencionar es muy importante porque últimamente estamos pasando de hablar de transición energética a hablar de emergencia climática. Los jóvenes en las calles nos dicen que hay que actuar ya. Es cierto, pero me pregunto si son conscientes de que probablemente no estamos preparados para actuar ya porque se nos ha echado encima el tiempo de respuesta. Hemos perdido mucho tiempo. Posiblemente, lo que tendríamos que hacer es dejarnos de discusiones y ponernos realmente bajo una perspectiva de análisis riguroso del problema y de ir a atacar la solución porque este tema se está politizando demasiado. Se está llevando a un populismo exagerado. Creo que el primer paso para solucionar un problema es formularlo correctamente. 
 
Marie Vandendriessche: La esencia del método científico. Hablamos de transición energética y descarbonización...

Mariano Marzo: Sí, descarbonización, más desacoplamiento entre crecimiento económico y demográfico, y emisiones. El año pasado, la Agencia Internacional de la Energía hizo un balance sobre el crecimiento de las emisiones. El principal factor de crecimiento de las emisiones es el crecimiento económico, que impulsa muchísimo el nivel de emisiones.

Como consecuencia, el crecimiento económico experimentado entre 2017 y 2018 es el que nos ha llevado a que en 2018 tengamos más emisiones. Por lo tanto, descarbonización sí, pero hay que tener en cuenta también otro aspecto fundamental: que el modelo de crecimiento socioeconómico es un impulsor muy importante de las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, tendríamos que descarbonizar también la economía. El pensamiento va mucho más allá de la pura cuestión técnica de la descarbonización para entrar de lleno en el campo del modelo socioeconómico. Estamos ante un problema sistémico.

Marie Vandendriessche: Hemos hablado de varias tecnologías existentes para abordar el problema. Si implementáramos varias de las medidas que comenta, ¿qué tipo de consecuencias políticas, sociales y económicas podríamos esperar?

Mariano Marzo: La transición energética nos fuerza a entrar en terreno inexplorado. Con este matiz de urgencia que tenemos, la transición energética no se va a realizar a la misma velocidad en todo el mundo. Habrá múltiples velocidades según las realidades concretas socioeconómicas y políticas de los países. El 30 % de la humanidad está consumiendo o ha consumido la mayoría de los recursos energéticos, mientras que un 70 % de la población mundial aspira a niveles de desarrollo similar. En energía existe una pirámide de Maslow, que indica los niveles de prioridad que no se tendrían que olvidar. El primer nivel de prioridad es el acceso a la energía: hoy más de 2.000 millones de personas no disponen de fuentes de energía moderna.

Marie Vandendriessche: Y la previsión no es buena para África subsahariana.

Mariano Marzo: Una vez se garantiza el acceso a la energía, el siguiente paso es asegurar que el suministro sea fiable. La siguiente preocupación son los costes económicos. Y finalmente, cuando se llega arriba de la pirámide, la preocupación es la aceptabilidad de esa energía. Nosotros estamos arriba de la pirámide, pero gran parte del mundo todavía está ascendiendo. Las acciones inevitablemente irán a diferentes velocidades y unos tendrán que pedalear más deprisa que otros. Y eso será causa de tensiones. Otro tema importante es quién gobernará la transición.  

El petróleo del siglo XXI no serán los hidrocarburos, sino los minerales y los nuevos elementos químicos que necesitamos para hacer realidad el sueño de la transición energética

Marie Vandendriessche: No existe un gobierno global.

Mariano Marzo: Exacto, no existe un gobierno global y en esa transición habrá ganadores y perdedores. Entre los perdedores, por ejemplo, estarán las economías que dependen de la exportación de petróleo y gas para subsistir. Y que además basan su equilibrio interno político en subvencionar, a partir de estas ganancias, a la población. El viejo petróleo generará tensiones geopolíticas de gran magnitud. Pero el petróleo del siglo XXI no serán los hidrocarburos, sino los minerales y los nuevos elementos químicos que necesitamos para hacer realidad el sueño de la transición energética, no solo para las renovables, sino también para la digitalización y todo lo que ello conlleva. 

Y esos recursos, para bien y para mal, están en manos de aquellos que se han sabido anticipar: China. Occidente no quiere abrir minas, con excepción de algunos países como Australia y Estados Unidos. Europa está observando este fenómeno desde una barrera: la población no admite que se abran nuevas minas y tampoco tenemos una política exterior común para hacer inversiones en el exterior. 

Por otro lado, estos minerales cambiarán la geopolítica del petróleo y del gas, convirtiéndose en otra fuente de tensión. Frente a escenarios geopolíticos cambiantes, ¿quién gobernará esa transición? 

Marie Vandendriessche: La Unión Europea está empezando a poner foco en la geopolítica de la transición energética. Las prioridades de la nueva Comisión reflejan este giro.

Mariano Marzo: Es muy importante que la Unión Europea impulse programas de energía hacia una transición justa, pero estamos llegando tarde porque la urgencia es tal, que incluso cualquier medida que se quiera impulsar va a provocar contestación social. Eso no quita que no exista concienciación y preocupación social.

Para llegar a tiempo y poder resolver esta emergencia energética, el futuro de la transición pasa por dos ejes: I+D y buena gobernanza. Y no quisiera acabar sin lanzar un mensaje muy claro: ¿son conscientes los dirigentes políticos del desafío que tienen en sus manos para que esta buena gobernanza lleve el proceso a buen puerto?  

Marie Vandendriessche: Concluimos con esta pregunta. Muchísimas gracias. Hemos recorrido un terreno muy amplio, pero el mensaje claro es urgencia, innovación y gobernanza para llegar a buen puerto. Muchísimas gracias por la conversación.

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