¿Cómo influyen las emociones en la toma de decisiones?

La vida, como los negocios, consiste en tomar decisiones y asumir las consecuencias.

Artículo basado en resultados de investigación de Jordi Quoidbach

¿Es mejor preparar una comida sana o pedir pizza a domicilio? ¿Estudiar una hora más o relajarse mirando la televisión? ¿Leer un informe complejo o entretenerse en Twitter?

Si se analiza objetivamente, en todos estos casos hay una opción que claramente parece ser "la buena". Si es así, ¿por qué no siempre tomamos la decisión correcta? ¿Qué nos lleva a actuar de la forma en que lo hacemos?

En una investigación publicada en Motivation and EmotionJordi Quoidbach, profesor titular de Esade, revela cómo las emociones intervienen en la toma de decisiones.

Junto con Yoko Sugitani (Universidad Sophia), James J. Gross (Stanford), Maxime Taquet (Harvard Medical School) y Satoshi Akutsu (Hitotsubashi University Business School), los investigadores han descubierto cómo los estados emocionales –positivos o negativos– inciden en nuestras acciones.

Las personas tienden a participar en actividades placenteras cuando se sienten mal

Los resultados de la investigación, que analiza las culturas japonesa y norteamericana, muestran que las personas tienden a participar en actividades placenteras cuando se sienten mal. En cambio, cuando se sienten bien, tienden a adoptar comportamientos que, aunque generan menos satisfacción inmediata, acostumbran a tener una compensación a largo plazo.

Estos estados emocionales, según los autores, tienen un nombre: el principio de flexibilidad hedonista.

Satisfacción inmediata o resultados a largo plazo

Las posibilidades de obtener satisfacción inmediata –desde tomarse unos snacks a socializarse con los demás– abundan a nuestro alrededor.

Pero sabemos que este tipo de actividades pueden tener un coste: a menudo nos impiden progresar para lograr un objetivo que, a largo plazo, podría suponer una mayor satisfacción en términos de salud, éxito empresarial o crecimiento personal.

Quoidbach y sus coautores afirman que “los seres humanos destinan cada día cerca del 25 % de su tiempo experimentando algún tipo de conflicto cuando tienen que elegir entre hacer algo que les reporta felicidad inmediata o algo que les podría hacer felices en el futuro".

Los datos demuestran que nuestros estados emocionales nos guían a la hora de hacer concesiones: cuando tenemos un estado de ánimo negativo tendemos a apostar por la gratificación inmediata, mientras que si nuestro estado de ánimo es positivo nos sentimos fuertes para priorizar aquellas tareas que pueden reportarnos compensaciones futuras.

Instant gratificaiton
Los estados de ánimo negativos tienden a compensarse con la gratificación inmediata (Foto: Alessandro Appetiti/Twenty20)

El hecho de sentirnos mal nos lleva a adoptar comportamientos de "reparación del ánimo”, como tomarnos un helado tras una discusión con nuestra pareja, beber alcohol en situaciones de estrés o gastarnos el dinero comprándonos algo caro después de una mala semana en el trabajo.

Por otro lado, la investigación demuestra que incluso los niños son más capaces de diferir la gratificación a cambio de una mayor recompensa si se sienten con buen ánimo.

La mala noticia es que este comportamiento “de reparación del ánimo” no se limita a un solo instante. Cuanto más bajo es el ánimo de una persona en un momento determinado, mayor es la probabilidad de que participe en una actividad placentera pocas horas más tarde, y viceversa. 

Según los investigadores, este comportamiento también es aplicable a las interacciones sociales: “Es más probable que una persona priorice una relación social placentera (por ejemplo, hablar con su mejor amigo/a) cuando se siente mal y, en cambio, participe en interacciones sociales que no le proporcionen tanta satisfacción inmediata (por ejemplo, hablar con un desconocido) cuando se siente bien".

Una evolución para priorizar

Este comportamiento podría haber evolucionado para ayudarnos a priorizar. “La idea básica es que, cuando tenemos un estado de ánimo negativo, nuestras prioridades cambian para lograr entrar en un estado de ánimo positivo”, señalan los investigadores.

“Pero cuando nos hallamos en un estado de ánimo positivo, nuestra prioridad pasa a ser ocuparnos de tareas menos agradables pero que podrían ser importantes para nuestro bienestar a largo plazo".

Aunque personas y culturas distintas pueden tener ideas diferentes sobre qué constituye una actividad placentera o no, la dinámica general que vincula el ánimo con la toma de decisiones es común para todos.

Los resultados del estudio, que avalan esta dinámica, analizan la relación entre nuestros estados emocionales y las actividades que decidimos hacer cada día en dos culturas muy diferentes: la japonesa y la norteamericana.

Entender qué impulsa nuestras motivaciones y mecanismos de elección puede ayudarnos a mejorar nuestra toma de decisiones

Aunque existen ligeras variaciones en los tipos de actividades que cada cultura considera agradables, los autores revelan que ambas culturas muestran unas tendencias muy similares en sus estados de ánimo y decisiones: las personas prefieren participar en actividades placenteras cuando se sienten mal y en actividades no tan agradables –pero que prometen una compensación a largo plazo– cuando se sienten bien.

En la investigación, los autores analizaron qué acababan haciendo realmente las personas objeto de estudio, y no qué decían que pensaban que harían, dos procesos que no siempre llevan al mismo resultado.

Motivación y toma de decisiones

Nuestras decisiones condicionan nuestras vidas, nuestras carreras, los negocios y la sociedad. Entender qué impulsa nuestras motivaciones y mecanismos de elección puede ayudarnos a mejorar nuestra toma de decisiones.

El hecho de saber que si inducimos un estado de ánimo positivo haciendo algo placentero ahora puede proporcionarnos recursos emocionales para abordar más adelante algo que reporte una recompensa a largo plazo podría ayudarnos a planificar nuestras actividades y a responder adecuadamente a las circunstancias cambiantes de nuestro entorno.

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