Los agentes del cambio en el emprendimiento social

Por Lisa Hehenberger

Artículo basado en reflexiones académicas presentadas en la Conferencia Anual de Inversores de Impacto de la EVPA celebrada en noviembre en la Haya.

Según la European Venture Philanthropy Association (EVPA), “invertir para lograr un impacto significa apoyar y codesarrollar soluciones innovadoras a problemas sociales urgentes, asumiendo riesgos que ninguna otra parte interesada en el mercado puede o quiere asumir”.

Uno de los 10 principios de los inversores de impacto que recoge la nueva Carta de los inversores de impacto de la EVPA –concretamente el número dos– propone situar a los beneficiarios finales en el centro de las soluciones.

10 principios de los inversores de impacto de la EVPA:

Emprendedores sociales

En primer lugar, me gustaría objetar al término beneficiario. Creo que resulta demasiado paternalista, puesto que parece que las personas que se benefician de la innovación social son meros destinatarios pasivos de una especie de caridad ofrecida por el benefactor. 

Como inversores de impacto, tal vez deberíamos pensar en un término más apropiado y acorde con lo que este principio representa. Si queremos situar a los beneficiarios en el centro de las soluciones, quizá deberíamos confiarles más responsabilidades y denominarlos agentes del cambio social.

Me gustaría ilustrar este principio con dos modelos de negocio que se emplean habitualmente en el emprendimiento social y que suelen recibir el apoyo de los inversores de impacto. Situar a los beneficiarios en el centro de la solución significa tratarlos como verdaderos clientes, o empleados, dependiendo del modelo de negocio.

Los inversores de impacto invierten en organizaciones con fines sociales que muestran potencial para ser sostenibles

Los inversores de impacto invierten en organizaciones con fines sociales que muestran potencial para ser sostenibles desde el punto de vista económico. En lo que respecta al primer modelo de negocio, esto supone que los clientes valoren el producto o servicio proporcionado y estén dispuestos a pagar por recibirlo. Para que eso suceda, una organización con fines sociales debe conocer en profundidad las necesidades de sus clientes y diseñar soluciones acordes a esas necesidades. 

Los problemas aparecen cuando los clientes, pese a valorar el producto o servicio, carecen de medios económicos para pagar por él, ya que en ese caso perdemos el bucle de retroalimentación natural y es necesario crear otras formas de asegurarnos de que existe un impacto y que está siendo valorado.

Un ejemplo de cómo situar a un beneficiario en el centro de la solución se da cuando un emprendedor es miembro de la población objetivo, como en el caso de emprendedores migrantes que desarrollan soluciones para la población inmigrante concreta a la que pertenecen.

Los emprendedores que también son pacientes conciben soluciones para aliviar los problemas médicos o de salud que ellos mismos padecen. Mi hermana, Karin Hehenberger, ha creado el concepto de emprendedor-paciente en su organización, denominada Lyfebulb. Como persona que padece una enfermedad crónica, comprendió que era necesario incluir a los pacientes en las soluciones desarrolladas no solo por las compañías farmacéuticas sino también por los emprendedores que fundan empresas.

Los emprendedores que también son pacientes conciben soluciones para aliviar los problemas médicos

De este modo, conocen el problema de primera mano y pueden ganarse rápidamente la confianza de la población objetivo. Un ejemplo estupendo en este sentido es Batec Mobility, una empresa social cuyo creador, Pau Bach, es tetrapléjico y ha diseñado una handbike, o bicicleta de mano, que puede acoplarse a su silla de ruedas manual. Bach supo ver claramente la necesidad de mayor movilidad que sienten las personas confinadas a una silla de ruedas y que no desean tener que elegir entre una silla de ruedas manual o eléctrica.

Wheelchair
Las bicicletas Batec mejoran la movilidad de las personas confinadas a una silla de ruedas (Foto: Batec Mobility)

En el segundo modelo de negocio, en el que los beneficiarios son los empleados, los puestos de trabajo tienen que ser trabajos reales. Una empresa social que se ha propuesto alcanzar la sostenibilidad económica no puede permitirse contratar a empleados que no realicen su cometido, ya que, de lo contrario, el trabajo perdería su dignidad y no cumpliría su propósito.

Por ejemplo, en Cataluña existe una empresa social, llamada Moltacte, que contrata a personas con problemas de salud mental que no encuentran su lugar en el mercado de trabajo convencional, para encargarse de tiendas outlet donde se venden excedentes de marcas, sobre todo de Inditex. 

Los inversores de impacto deben mantener a los beneficiarios en el centro de las soluciones

Sus fundadores explican que su intención es comprender las necesidades y las capacidades potenciales de cada empleado y encontrar el puesto más adecuado para su crecimiento y su desarrollo. Los empleados se sienten empoderados porque son capaces de desempeñar un trabajo que no creían que pudieran hacer.

Sin embargo, si permiten que los empleados permanezcan en un empleo que no pueden o no desean realizar, les están tratando como si necesitaran caridad y eso despoja al trabajo de toda su dignidad de cara al empleado.

Los inversores de impacto nunca deben olvidar por qué están en esta causa. Deben mantener a los beneficiarios en el centro de las soluciones apoyando a empresas sociales que respeten este principio. Su objetivo debe ser lograr el cambio social, algo que solo puede conseguirse implicando a los “beneficiarios” como agentes de su propio cambio.

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