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¿Es la Renta Básica Universal la respuesta a la automatización y la transformación digital?

¿Es la Renta Básica Universal la respuesta a la automatizaci...

Xavier Ferràs

La creciente automatización facilitada por el cambio tecnológico está sustituyendo cada vez más puestos de trabajo por robots y algoritmos, transformando el mercado de trabajo a un ritmo al cual es difícil que muchos trabajadores puedan adaptarse.

Muchos expertos plantean la renta básica universal como la respuesta que el estado del bienestar debe dar a esta situación. ¿Hasta qué punto puede llegar la sustitución de trabajadores por robots? ¿Qué sentido tiene dar de forma indiscriminada una renta a todo el mundo?

Xavier Ferràs, decano asociado del Bachelor in Transformation and Business Social Impact de Esade analiza estas y otras preguntas sobre estas tendencias de futuro.

TRANSCRIPCIÓN

Do Better: Los resultados de la globalización y del cambio tecnológico ¿son positivos o son negativos?

Xavier Ferràs: Pues yo diría que son netamente positivos. Estamos en un sistema que se ha construido básicamente sobre cuatro pilares que podríamos denominar la racionalidad científica, la innovación tecnológica, la libertad económica y la democracia política, y este sistema ha creado un progreso exponencial en los últimos años. Por ejemplo, recuperando algunos datos, pues según el New York Times el año 2019 fue probablemente el mejor de la historia de la humanidad, porque 325.000 personas tuvieron acceso por primera vez a la electricidad; 200.000 personas, al agua potable, y la mortalidad infantil, que en 1950 era del 27%, cayó hasta el 4%.

Obviamente, el año 2020 ha sido otra cosa –lo recordaremos como el de la pandemia. Pero la trayectoria guiada por el cambio tecnológico y por el proceso de globalización diría que ha sido netamente positiva para el conjunto de la humanidad.

Do Better:¿Significa esto que vivimos en un mundo mejor?

Xavier Ferràs: Pues, de forma objetiva, sí, aunque tenemos la percepción de que no es así especialmente en las sociedades occidentales, probablemente porque nos hemos visto sobrepasados por otras sociedades, especialmente ahora las de Asia, cuyos países no estaban en el radar hasta hace poco y ahora nos están sobrepasando en progreso, en generación de prosperidad, en generación de riqueza, en tecnología, etc. Me refiero a países como Corea del Sur, Taiwán, Singapur y, últimamente, China, acaso con otros modelos, pero finalmente impulsados también por el cambio tecnológico.

De todos modos, desde el punto de vista objetivo, sí es cierto que, si miramos las estadísticas, por ejemplo, la pobreza extrema ha caído prácticamente de forma exponencial desde 1900 hasta hoy, en que se registra un residual del 2% del total de la población mundial. En cuanto a la educación básica, prácticamente el 85% de la población mundial está mínimamente educada y puede leer y escribir, lo cual es un logro sin precedentes. Pensemos que hace cien años, antes de la Guerra Civil, en España solo un 20-25% de la población era capaz de leer o de escribir. Las vacunas se están extendiendo: la vacuna de la COVID-19 ha sido un gran éxito colectivo y, en un solo año, se ha desarrollado uno de los proyectos científicos seguramente más importantes de la historia de la humanidad.

Con todo, la estadística es clara: estamos en el mejor de los mundos posibles y deberíamos ser optimistas.

Como ya he dicho, la mortalidad está cayendo hasta niveles casi residuales, considerando evidentemente su porcentaje sobre el total de la población mundial, aunque sigue siendo mucha gente la que está viviendo en extrema pobreza o con problemas de mortalidad infantil. Con todo, la estadística es clara: estamos en el mejor de los mundos posibles y deberíamos ser optimistas.

Do Better: Y este mundo que es el mejor mundo de los posibles, ¿nos está llevando a ser sustituidos por robots?

Xavier Ferràs: Pues, si quieres, este es el lado oscuro de la fuerza. Por un lado, hay unas tendencias tecnooptimistas que nos dicen que vamos claramente hacia un mundo de abundancia, por todos esos datos objetivos que hemos comentado –recomiendo un libro titulado Abundancia. El futuro es mejor de lo que piensas, que dice que vamos a una economía de la abundancia, que la vida humana media se ha multiplicado por 2 en 100 años y la renta per cápita global, por 3, mientras que el coste de los alimentos se ha dividido por 10, etc. Podemos ir a un mundo de la abundancia de información, de educación, alimentación, gracias a las nuevas tecnologías.

Pero hay un lado oscuro de la fuerza, que es cómo se comporta el sistema económico ante este cambio tecnológico y esta globalización. Un autor de referencia es Brian Arthur, profesor de Stanford, que habla de la “segunda” economía. Arthur reflexiona sobre los fenómenos del cambio tecnológico y dice: “Imagínate que el mundo económico se convierte en algo así como un conjunto de cadenas de valor donde las empresas compren, las empresas produzcan y transformen, las empresas distribuyan, tomen decisiones y ganen dinero, cada vez con menos intervención humana. Imagínate que, en el caso extremo, hubiera unas cadenas de valor totalmente automatizadas, que tomaran sus decisiones mediante algoritmos, que distribuyeran mediante vehículos autoconducidos y ganaran dinero sin que en ese sistema productivo intervinieran los humanos. Bueno, evidentemente, eso sería un futuro distópico.”

¿Qué pasaría en ese caso? Brian Arthur nos habla de una “segunda” economía, que está emergiendo de forma soterrada e invisible y que está ganando peso: es como si la economía hubiera sido subsumida en las redes digitales y hubiera expulsado a los humanos de ella.

Así pues, ¿seremos sustituidos? Pues yo creo que probablemente sí, cada vez más.

Eso lo vemos reflejado cada vez en más indicadores económicos. Por ejemplo, si observamos los valores financieros de las grandes empresas digitales, como Apple, Google, Microsoft, Amazon, etc., solo Facebook –por poner un ejemplo– vale hoy en el mercado financiero más que la suma de Daimler, Siemens, BMW, Volkswagen, etc., grandes empresas manufactureras que sí crean empleo, que tienen activos fijos en los territorios, que generan empleo estable y, en definitiva, clases medias que sostienen y consolidan las democracias.

Hay economistas que sostienen que no va a pasar nada; son economistas que normalmente vienen de ramas muy matemáticas de la economía, inspiradas en las ciencias físicas, que tienen una gran belleza formal.

Así pues, ¿seremos sustituidos? Pues yo creo que probablemente sí, cada vez más. Está pasando algo que no había pasado nunca. Cuando hubo la transición de la agricultura a la industria, la industria vino a absorber empleos que eran básicamente mecánicos. Cuando la industria se fue servitizando, quedaron los empleos cognitivos. Pero hoy los algoritmos pueden asumir tareas cognitivos, con lo cual, ¿qué reserva de empleo nos queda a los humanos?

Hay economistas que sostienen que no va a pasar nada; son economistas que normalmente vienen de ramas muy matemáticas de la economía, inspiradas en las ciencias físicas, que tienen una gran belleza formal. Por ejemplo, en física, se dice que la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma; eso es muy bonito y, del mismo modo, hay economistas que dicen: “El empleo no se crea ni se destruye, solo se transforma.” Es decir, si se destruye por un lado, las nuevas tecnologías van a hacer que se cree por otro, porque siempre ha sido así. Pero no olvidemos que la economía es una ciencia social, no una ciencia pura ni una ciencia fundamental matemática. Lo que ha pasado antes no tiene por qué volver a pasar, y yo creo que va a haber una sustitución creciente de los empleos por máquinas.

Do Better: Y esta automatización y digitalización crecientes, ¿qué peligros suponen para la “primera” economía, por emplear la misma nomenclatura que estamos manejando?

Xavier Ferràs: Pues Yuval Harari, el filósofo e historiador de moda, autor de libros como Sapiens o 21 lecciones para el siglo XXI, habla de la emergencia de la useless class, de la “clase inútil”: personas que ni pueden trabajar ni va a ser posible que se adapten a trabajar en las nuevas tecnologías que están emergiendo. Harari dice: “Bueno, sí, están emergiendo nuevas tecnologías que igual crean nuevos nichos de trabajo. Pero, ¿qué pasa si esos nuevos nichos de trabajo también pueden ser asumidos por máquinas?”

El problema no es solo de ese segmento de la población que puede quedar fuera del mercado de trabajo; el problema es de todo el sistema, porque se está rompiendo el círculo virtuoso del capitalismo idealizado por Henry Ford y por los primeros pensadores de la economía industrial del siglo XX, que consistía en lo siguiente: “Tenemos empresas que producen coches que se venden en mercados; estos coches son comprados por individuos que trabajan en las empresas”, y con ello se cerraba el círculo virtuoso del capitalismo.

Es decir, no estamos hablando de un problema de personas que puedan quedar fuera del mercado de trabajo por una tecnificación masiva, sino que todo el sistema capitalista puede correr el peligro de colapsar.

Pero, si ahora no hay personas en esas empresas, sino que solo hay robots que producen coches que se venden en mercados, los robots no van a comprar los coches; por tanto, el sistema entero puede colapsar. Es decir, no estamos hablando de un problema de personas que puedan quedar fuera del mercado de trabajo por una tecnificación masiva, sino que todo el sistema capitalista puede correr el peligro de colapsar.

Y esto se empieza a ver con la emergencia de populismo

Por tanto, seguramente tendremos que buscar grandes fórmulas de innovación social y empezar a pensar en hacer los deberes para enfrentarnos a un futuro que, en vez de ser utópico –las nuevas tecnologías nos pueden llevar a un mundo de abundancia–, podría ser distópico, de colapso del sistema capitalista, de libertad de mercado e incluso de democracia política. Pues el liberalismo económico actual está ligado con el liberalismo democrático, y ello podría suponer el colapso del sistema entero a escala global.

Y esto se empieza a ver con la emergencia de populismo. Hay algunas gráficas muy interesantes en los Estados Unidos, en la economía norteamericana, que demuestran que, desde la emergencia de la era del silicio, desde la aparición del ordenador, desde la extensión del ordenador como instrumento de trabajo y doméstico, la productividad económica se desacopla de los salarios, lo cual nunca había pasado. Es decir, sigue incrementándose la productividad, se crea más riqueza por hora trabajada y, sin embargo, los salarios en los Estados Unidos no se han movido desde 1975, descontando la inflación. Ello significa que un americano medio hoy gana lo mismo que en 1975, con todo el cambio tecnológico que se ha producido.

¿Dónde está el valor que se ha creado? Pues se ha distribuido de forma desigual. Por tanto, si no somos capaces de introducir algún tipo de innovación social, probablemente el sistema entero va a sufrir mucho.

Do Better: Y, en línea con estas innovaciones sociales que pueden ayudar a paliar estos efectos, ¿qué supone una renta básica universal?

Xavier Ferràs: Pues es una de las soluciones que aportan los pensadores que no son filósofos, eso es, desde la perspectiva de la tecnología y no desde la perspectiva filosófica. Son gente que son punta de lanza de la tecnología, como Mark Zuckerberg, Bill Gates, Stephen Hawking (el físico y científico que murió hace unos pocos años), gente que está en la frontera de la ciencia y la tecnología, y que aboga por un instrumento de este tipo.

¿Qué sería una renta básica universal? Pues una renta que permitiría garantizar unos mínimos, es decir, básica para que la población no muera de hambre y tenga sus necesidades básicas cubiertas y universal porque sería para todo el mundo, ricos o pobres, trabajen o no trabajen.

Do Better: Esto es dar un sueldo a todo el mundo de forma indiscriminada. ¿Qué sentido tiene, desde el punto de vista económico?

Xavier Ferràs: Parte de una idea muy sencilla. Imaginemos un mundo de gran riqueza tecnológica –este es un punto de partida que hay que tener en cuenta. Estamos creando riqueza, como señala Brian Arthur, y el conjunto de ingresos de todos los hogares estadounidenses asciende a 8 billones de euros. Si hay 100 millones de hogares en los Estados Unidos, si dividiéramos de forma equitativa los ingresos, tocarían 80.000 dólares por hogar norteamericano, con los cuales podrían vivir dignamente todos ellos.

Esto no significa que haya voluntad ni que la solución sea dividir los ingresos totales de forma equitativa para que todos perciban los mismos; no se trata de eso. Brian Arthur constata que se crea riqueza y que esos 8 millones de dólares probablemente van a ser 16 de aquí a unos años, y después 32. Sin embargo, en los Estados Unidos, en un entorno de riqueza creciente, hay cerca de 100 millones de personas que tienen problemas para llegar a fin de mes y 40 millones de personas que están en la pobreza e quedan incluso excluidas del sistema socioeconómico.

Silicon Valley, la meca de la tecnología internacional, el clúster innovador más famoso del mundo, donde están las sedes centrales de Google, Apple, HP, Cisco, etc., una de las zonas más ricas del mundo en capacidad de creación de riqueza, es también una de las zonas más desiguales del planeta y de la historia. Si transitamos por las calles de San Francisco, veremos a centenares, incluso miles, de excluidos sociales, personas que se han quedado en algún momento sin trabajo, que no han podido pagar sus necesidades médicas y que simplemente no tienen opción de reincorporarse un trabajo, y no son pocos: hablamos de centenares o de miles. Ello podría provocar incluso un estallido social, como ya hemos visto en los Estados Unidos en los últimos meses, donde existe una gran tensión social por una desigualdad extrema.

Si los mecanismos son excesivamente controladores, como ya hemos visto en muchos países, se pueden crear trampas de pobreza.

¿Qué sentido tendría dar una renta de forma indiscriminada a todo el mundo? Pues, básicamente, en entornos de creación de riqueza hay pensadores que dicen: es mejor que todo el mundo, por el hecho de ser ciudadano de un país rico, de un país que crea riqueza, tenga acceso a esa riqueza, a una riqueza que le cubra sus necesidades mínimas. Porque, por otro lado, si los mecanismos son excesivamente controladores, como ya hemos visto en muchos países, se pueden crear trampas de pobreza –te damos una renta si eres pobre, con lo cual igual no tienes incentivos para salir de esa pobreza, porque ya tienes esa renta.

Por otro lado, existen numerosos costos de control. Al final, el conjunto de recursos que se utilizan para controlar estas rentas, para verificar y garantizar que cada individuo que tiene acceso a ellas realmente merece percibirlas, llega a sobrepasar el coste de las rentas o a retardar excesivamente su entrega. Repito, tiene sentido si y solo si la economía es rica. Hoy seguramente no se lo podría permitir ninguna economía. Es más una propuesta de futuro que una realidad de presente.

Do Better: Hay detractores de este tipo de medidas que consideran que nos harían perder el sentido de la vida y volvernos perezosos. ¿Está de acuerdo en que disponer de una renta vitalicia asegurada tendría estos efectos?

Xavier Ferràs: Probablemente, hay pros y contras en el concepto de renta básica universal, que hoy es uno de los conceptos “photopic” en el discurso tecnológico, no en el discurso filosófico o político. Cuando piensas hacia dónde va el mundo de la tecnología, con incrementos cada vez mayores de la aceleración del cambio tecnológico e incluso del potencial de crecimiento de la productividad de una forma acelerada, mediante la sustitución de personas por máquinas, en ese escenario probablemente sería necesario algo así. Y tendríamos que pensar en cómo sería una sociedad que pudiera asumir una renta básica universal, es decir, qué tendríamos que hacer para llegar hasta ahí. Se trata solo de un punto de partida, como ya hemos comentado.

¿Nos lo debemos permitir? Hoy en día ninguna sociedad ni ninguna economía occidental probablemente pueda asumir una renta básica universal, por motivos de coste.

Otro punto de partida, otra premisa, es que esta sociedad entienda qué es una renta básica universal, sea madura y esté educada. En el contexto de una sociedad sofisticada, avanzada, con una economía basada en el conocimiento, creo que una renta básica universal no va a generar pereza, no va a hacer que nos quedemos en casa jugando a la Play, sino justo lo contrario. Si somos unas sociedades educadas, intelectualmente ricas y económicamente nos lo podemos permitir, probablemente la renta básica universal, al crear una red de seguridad va a hacer que tengamos más propensión al riesgo y más propensión a emprender y a innovar.

Do Better: En este sentido, ¿qué otras ventajas e inconvenientes presenta una renta básica universal?

Xavier Ferràs: Bueno, es objeto de discusión porque es un tema muy contraintuitivo y debemos encuadrarlo en el futuro y no en el presente; por ejemplo, en 2060, con unas sociedades muy ricas, con unas economías basadas en el conocimiento, en que la tecnología nos permitiría crear riqueza y unas sociedades muy educadas y sofisticadas. Entre los pros de una renta básica universal es que probablemente te permita autorrealizarse: si no tienes que preocuparte porque no vas a morir de hambre, probablemente puedas emprender con más facilidad y hacer aquello que realmente te gusta. Hay gente que dice que no, que te va a hacer perder el sentido de la vida, porque tu vida está vinculada al trabajo, pero puede que el trabajo no te guste… Por tanto, hay gente que defiende la renta básica universal como un mecanismo de autorrealización personal. Pero hay gente que la defiende como un mecanismo para evitar un colapso económico o una explosión de populismo o altas tensiones sociales en el sistema capitalista. Incluso las alas más conservadoras de algunos think tanks norteamericanos, como el American Enterprise Institute, están empezando a pensar en repartir algún tipo de renta básica universal de forma indiscriminada, ante la amenaza de una explosión social en las calles estadounidenses, y esta amenaza es cada vez mayor y está cada vez más presente en más economías avanzadas, que son economías ricas por naturaleza.

Hay gente que lo ve de forma contraria y sostiene que, si repartimos una renta básica universal vamos a crear inflación. Podría ser –la ciencia económica no ha llegado a un consenso en ese punto–; realmente, la inflación se produciría si hubiera una inyección de dinero artificial. No es el caso: estamos hablando de redistribuir dinero existente y no de helicopter money (tirar dinero impreso en un helicóptero); por tanto, no está claro que cree inflación, aunque podría crearla. Y quien percibe la renta básica universal como una forma de neocomunismo, en que la gente va a perder la iniciativa emprendedora, porque vamos a dopar a la sociedad con un mecanismo que impedirá que progrese. Nuevamente, debemos situarnos en el contexto de un sistema de libertad de mercado, de modo que nadie caiga en la pobreza, pero sin límites en la capacidad de esas personas de crear.

Evidentemente, una renta básica universal se percibe como un instrumento para poner fin a la pobreza mediante inyecciones directas de efectivo a unos individuos por el simple hecho de ser ciudadanos y a otras personas, pues la renta básica universal probablemente será elemento de atracción hacia el país que la instaure de personas de su entorno geográfico.

La aplicación de esta medida, en una visión futurista, debería ser fruto de grandes consensos internacionales. Y hay quien dice que sería una injusticia otorgarla a gente que no quiera contribuir al progreso, que no quiera trabajar y se quede en casa jugando a la Play. Probablemente sea cierto, pero también es una injusticia que gente que sí quiere contribuir al progreso personal y familiar no tenga acceso a un puesto de trabajo. Por tanto, ¿qué es más injusto?

Finalmente, incluso pensadores de corte liberal admiten que nadie puede ser realmente libre si está sometido a la tiranía de la pobreza, con lo cual la renta básica universal sería un elemento de libertad individual.

Do Better: ¿Y podría ser, por ejemplo, un instrumento para fomentar la innovación?

Xavier Ferràs: Probablemente. En los estudios que se han realizado, se han hecho múltiples pruebas piloto muy acotadas, porque tienen un coste elevado, pero aquí la pregunta sería: ¿Cómo se comportaría una población con un cierto nivel de sofisticación intelectual y de educación cuando se le ofreciera una renta básica universal?

Pues bien, a grandes rasgos, se perciben tres comportamientos. Uno es que hay una parte de la población que renuncia voluntariamente a trabajar. Algunas de esas personas se quedan en casa cuidando a ancianos, a familiares o a niños, que, en el fondo, es monetizar una parte del PIB que actualmente no está monetizado; es una figura en las estadísticas económicas, pero es un trabajo que se está realizando actualmente, con el sacrificio de personas, básicamente mujeres, que renuncian a sus carreras profesionales. También es verdad que hay una parte de la población que dice: “Oiga, yo ya tengo bastante y lo que quiero es quedarme en casa jugando a los videojuegos.” Y eso puede resultar moralmente injusto, pero también puede ser moralmente injusto que una parte acaso mayor de la población quiera acceder a unos recursos y no pueda. Hay, pues, una parte de la población pequeñita, que renunciaría a trabajar por esos motivos.

Otra parte de la población, la de la zona central de la curva de Gauss, que incrementaría sus niveles de consumo, lo cual no es malo para la economía. Y, en el otro extremo de la curva de Gauss, hay otra parte pequeñita de la población que también renuncia a trabajar porque no les gusta su trabajo y empiezan a emprender, y ello da lugar a nuevos nichos de economías del ocio (por ejemplo, montar gimnasios) economías de la filosofía, economías de la cultura, etc., con lo cual gente que hoy está insatisfecha con su puesto de trabajo, porque no le gusta, no está disfrutando y se siente infeliz, si ve sus mínimos cubiertos tiene más propensión a emprender y a hacer aquello que realmente le motiva y le llena. Desde esta perspectiva, sí sería un elemento de impulso al emprendimiento y a la innovación.

Do Better: Ha mencionado que se han realizado pruebas piloto. ¿Cuáles han sido las conclusiones que se han extraído de estas pruebas o de estos precedentes?

Xavier Ferràs: Las conclusiones son básicamente la que ya hemos comentado, más o menos: las poblaciones se comportan de una forma a veces contraintuitiva. Por ejemplo, nos podemos imaginar que nos vamos a quedar todos en casa. Cuando en clase lanzamos esta discusión, inmediatamente una parte importante de los alumnos la

ven como negativa, porque dicen: “Es que la gente se va a quedar en casa sin trabajar.” Y yo les digo: “¿Cuántos de vosotros, si tuvierais una renta básica universal, os quedaríais en casa sin trabajar?” Y nadie se quedaría en casa sin trabajar. Es decir, percibimos que los demás se van a quedar en casa sin trabajar y que ello va a desincentivar el trabajo, pero cuando nos miramos a nosotros mismos decimos: “No, nosotros no. Nos iría muy bien justamente para emprender, para invertir, para incentivar a nivel personal nuestras actividades económicas.”

Y eso es lo que dicen las pruebas piloto: que, en general, se incrementan el consumo y el emprendimiento. Y es cierto que una parte pequeñita de la población renuncia a trabajar por pereza, pero es una porción muy pequeña, mientras que otra parte renuncia a trabajar para cuidar a otras personas, lo cual no es malo. En general, el nivel de salud, incluso de salud mental, de la población mejora evidentemente con esa red de seguridad que supone una renta básica universal.

Do Better: Antes creo que ha mencionado el concepto de economía de la abundancia. ¿Qué es exactamente?

Xavier Ferràs: Pues imaginemos un mundo caracterizado por una avalancha de tecnologías exponenciales, inteligencia artificial, alimentación artificial –hoy existen tecnologías que nos permiten generar alimentos a partir de células madre casi a coste marginal cero, cultivos celulares a partir de los cuales se puede generar un filete de cerdo o de pollo–, energías renovables que nos podrían dar energía prácticamente infinita prácticamente gratis; otra cosa es cómo gestionamos la transición, sabemos que el mix energético precisamente ahora, en España, es extremadamente caro, porque el sistema no está reaccionando correctamente a la realidad, que es que la energía cada vez es más barata, pues tenemos energía renovable, solar, etc., con unos niveles de eficiencia impensables hasta hace poco. Con respecto a la educación, gracias a los formatos online, el coste marginal de tener un estudiante más cada vez es menor, con lo cual en una clase podríamos tener miles de estudiantes conectados. Así que, en realidad, tenemos que la educación es cada vez más barata y universal, y esto sería lo que llamaríamos una economía de la abundancia.

Imaginemos un mundo, un mundo tecnológicamente muy avanzado, con un sistema económico que esté funcionando de forma productiva, en el cual tengamos bienes y servicios cada vez de mayor valor y cada vez más baratos, a los cuales tenga acceso cada vez más población. Esto sería lo que llamaríamos una economía de la abundancia.

Antes decíamos, a propósito de los estudios de Bryan Arthur, que realizó un estudio sobre los hogares norteamericanos y la conclusión era que no estamos en la Edad Media, cuando una mala cosecha podía significar que media población tenía que morir porque no había para todos. Ahora estamos pasando graves problemas sociales, pero estamos creando riqueza para todos y vamos a crear muchísima más riqueza para todos: esto sería la economía de la abundancia. Y, en el contexto de la economía de la abundancia, las cosas empiezan a ser muy contraintuitivas, por ejemplo, en las escuelas de negocios, pues sabemos que la economía se basa en la escasez de recursos. Los principios económicos sobre los cuales hemos construido nuestros conocimientos –estrategia competitiva, eficiencia operativa, guerras de talento– presuponen que los recursos son escasos. Pero ¿qué pasaría si hubiera de todo para todos? Imaginemos un recurso actualmente abundante para todos como es el oxígeno –ya sé que este ejemplo puede parecer extremadamente desviado, demagógico, etc. Todos tenemos acceso al oxígeno, contribuyamos o no al desarrollo de la sociedad; si no hubiera oxígeno para todos, tendríamos que competir por el oxígeno y seguramente ese oxígeno debería destinarse a aquellos que más contribuyen, de modo que muchas cosas empiezan a percibirse de forma diferente cuando entramos en una economía de la abundancia.

Si hay energías en abundancia, si en el futuro tenemos energía solar para alimentar el mundo, ¿vamos a permitir que alguien se muera de frío porque no contribuye positivamente al progreso de su país, si hay energía para todos? Pues seguramente eso es injusto: si no hubiera energía para todos, aquellos que más contribuyen deberían merecer más energía. Por tanto, vamos a tener que entender muy bien los principios de la economía de la abundancia, que hasta el momento no están nada claros. Fijémonos que hay países que ya han construido, hasta cierto punto, economías de la abundancia basadas en los recursos naturales, en el petróleo. Por ejemplo, en Noruega, hay fondos soberanos que repercuten al final en la riqueza de todos los noruegos de forma universal; esto sería una forma de renta básica universal basada en el petróleo del país, un recurso natural. Pero hoy el gran recurso natural no es –o no debería ser– el petróleo, sino el talento, y el talento lo tenemos todos, está distribuido equitativamente en todos los países. Por tanto, imaginemos una economía muy rica tecnológicamente, basada en el talento de la sociedad y que pueda crear los recursos para ofrecer una renta básica universal. Este debería ser el futuro a 20, 30 o 40 años, que yo creo que los países deberían plantearse.

Do Better: Suena muy bien, la verdad, pero ¿qué deberíamos hacer para llegar a este punto?

Xavier Ferràs: Los principios básicos, las hipótesis de partida, serían dos: la primera es tecnología y la segunda, la educación. Tecnología para crear economías muy ricas, basadas en el conocimiento, y educación para que las sociedades entiendan el rol del individuo en el mundo y el potencial que este tiene en el mundo, el potencial individual de crear nuevas oportunidades a partir de la iniciativa propia.

Deberíamos ser economías muy intensivas en tecnología y, por tanto, muy intensivas en I+D.

¿Qué deberíamos hacer? Pues deberíamos hacer los deberes: deberíamos ser economías muy intensivas en tecnología y, por tanto, muy intensivas en I+D, que permitan obtener aquellos retornos fiscales –Bill Gates sostenía que los robots deberían pagar impuestos. En cualquier caso, habría que disponer de unas cadenas de valor y unas economías muy intensivas en conocimiento, muy tecnificadas, muy exportadoras, muy ricas, capaces de crear prosperidad y, por tanto, capaces de crear también una buena fiscalidad, como ya existe en los estados del bienestar, para poder al final revertir esa riqueza creada en una renta básica universal. No sería tanto que los robots pagaran impuestos –recuerdo una vez que me llamó un periodista y me dijo: “Oye, si un robot paga impuestos, ¿tendrá derecho a la jubilación?”–, sino más bien pensar que la economía del futuro se parecerá a esa “segunda” economía de que hablaba Brian Arthur, muy tecnificada, en la cual deberemos instaurar mecanismos redistributivos, eso es, una suerte de fiscalidad para que estas cadenas de valor que trabajan con muy poca intervención humana creen los mecanismos distributivos para que el conjunto de la sociedad pueda beneficiarse de ese modelo económico.

Brian Arthur sostiene que ya se ha acabado la era productiva –si quieres, la revolución industrial– y que el problema ya no es producir, sino que el gran reto de nuestra sociedad y seguramente de la generación próxima será distribuir. Así pues, acaba la era productiva y empieza la era distributiva.

Do Better: Pues confiemos en que, como sociedad, seamos capaces de avanzar hacia este futuro, hacia esta economía de la abundancia. Muchísimas gracias, profesor Ferràs, por estas reflexiones e ideas. Esperamos volver a contar con su experiencia muy pronto en DoBetter.

Xavier Ferràs Muchas gracias.

Do Better: Y hasta aquí este episodio del podcast de DoBetter. Muchas gracias por escucharnos. Si todavía queréis saber más, podéis encontrar las notas del episodio de hoy y muchos más contenidos en dobetter.sade.edu. ¡Hasta la próxima!

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