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European Innovation Scoreboard 2021: La innovación en Europa y en España necesita mejorar

European Innovation Scoreboard 2021: La innovación en Europa...

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La Comisión Europea acaba de publicar el European Innovation Scoreboard 2021, con los datos sobre el rendimiento de la inversión en I+D en el continente. Las cifras muestran el resultado del modelo comunitario de innovación, pero también las diferencias entre países y regiones. ¿Cómo queda Europa en comparación con los demás actores globales? ¿Qué resultados obtiene España y sus diferentes regiones?

Xavier Ferrás, decano asociado del Bachelor in Transformational Business and Social Impact de Esade comenta estos datos y las conclusiones que se pueden extraer.

TRANSCRIPCIÓN:

Do Better: ¿Cuál es la situación de la innovación en Europa, comparada con la de los Estados Unidos y la de Asia?

Xavier Ferràs: Pues la verdad es que Europa ha quedado un poco atrás en la carrera tecnológica global. Básicamente, en el mundo hay tres grandes modelos cuando hablamos de innovación, entendiendo por innovación el conjunto de actuaciones que van desde el laboratorio, desde la generación de conocimiento, hasta la aplicación de este conocimiento en la economía y en la sociedad. El modelo americano fue el primero y fue el que ha imperado, en cierto modo, desde finales de la II Guerra Mundial.

Es un modelo que tracciona fuertemente algunos segmentos de alta tecnología, sobre todo los segmentos más vinculados a la defensa, la seguridad, la industria aeroespacial, etc. Pero al final surgen las industrias tecnologías americanas, de los grandes esfuerzos estratégicos del país en algunos sectores determinados. Además, los mercados financieros en los Estados Unidos son muy rápidos y, en cuestión de meses, catapultan estas iniciativas de forma estratosférica. Y start-ups como Facebook llegan rápidamente a los mercados globales. Ese es el modelo que ha imperado, de hecho, desde la II Guerra Mundial y el que nos ha inspirado: el modelo americano.

Europa ha quedado un poco atrás en la carrera tecnológica global

A partir de los años sesenta, emerge Asia: primero el Japón, luego Corea del Sur, luego Taiwán y Singapur y, finalmente, China. De modo que, a día de hoy, los países asiáticos claramente lideran la innovación, en calidad, en cantidad y en velocidad. El modelo asiático es diferente del americano: es un modelo con una cierta planificación a largo plazo, especialmente ahora en China; es un modelo basado en la constancia, que parte fundamentalmente de las actividades básicas, como las manufacturas textiles, los zapatos, etc., y atrae inversión extranjera en países inicialmente subdesarrollados. Rápidamente, empieza a copiar las buenas prácticas y los productos, a aprender de la inversión extranjera, atraída básicamente por el bajo coste. En poco tiempo, se pasa de la fase de copia de producto al desarrollo de producto propio, orientado a la exportación, y, finalmente, al desarrollo de tecnología propia. La última capa es el control de la ciencia. En este sentido, pues, la electrónica en Asia ha avanzado de las cadenas de manufactura intensivas en mano de obra barata al control de la física de dispositivos, en 20, 25, 30 años. Este es el modelo asiático. Es un modelo “from industry to science” o “from business to science”.

Y Europa está un poco in the middle of nowhere, en medio de la nada actualmente, porque se inspiró en el modelo americano y la ideología económica que nos legaron los Estados Unidos consistía en no intervenir en los mercados. Sin embargo, los ingenieros americanos estaban interviniendo en los mercados cuando lanzaban cohetes a la Luna; estaban traccionando segmentos sustanciales de su economía mediante acciones como las misiones espaciales. Asia claramente desarrolló política industrial, pero Europa pensó que no hacía falta hacer nada. En cierto modo, nos creímos los principios norteamericanos y no reaccionamos como los asiáticos. Y ahora tenemos un vacío de sesenta años de falta de política industrial integrada y consistente en Europa.

Do Better: ¿Existe un modelo europeo de innovación?

Xavier Ferràs: Sí, sobre lo que he comentado, hay excepciones. Si miramos algunos de los rankings de innovación más interesantes y más importantes, como el de Bloomberg, observamos que todavía figuran algunos países europeos como los más innovadores del mundo. Por ejemplo, al frente están Alemania, Dinamarca y Suecia, y también Suiza, fuera de la Unión Europea pero en el entorno germánico, además de Austria y Finlandia. Es decir, hay países en Europa que lo han hecho razonablemente bien, que han instalado un sistema de innovación muy “sano”, muy efectivo, muy eficiente y muy orientado, sobre todo, a la conversión rápida del conocimiento en ventajas competitivas empresariales y en empleo. Yo diría que el modelo europeo de innovación que impera en los países del norte y en los países germánicos es el modelo alemán, que probablemente es el que también nos debería inspirar a nosotros.

El modelo europeo de innovación que impera en los países del norte y en los países germánicos es el modelo alemán

Es un modelo en el cual las empresas se digitalizan muy rápidamente, se reconvierten en empresas rápidas, en empresas dirigidas por datos y que están muy bien conectadas con los centros de investigación. Básicamente, en Alemania, los centros de referencia son los institutos Fraunhofer, que son unos centros pensados y financiados por los gobiernos cuya misión fundacional es inyectar ventajas competitivas a los clústeres empresariales. Este modelo ha funcionado muy bien y explica, en parte, el modelo exportador alemán y su éxito. Es lo que ha venido a llamarse “industria 4.0”. Este debería ser probablemente nuestro modelo y está reconocido incluso por los Estados Unidos, como se refleja en algunos artículos de Harvard y de Scientific American, o en los estudios realizados por el Gabinete de Presidencia (por ejemplo, Obama encargó estudios en ese sentido, para intentar importar el modelo de innovación alemán a los Estados Unidos).

Do Better: Entrando ya en los datos del European Innovation Scoreboard 2021, ¿qué se mide exactamente con las estadísticas europeas de innovación?

Xavier Ferràs: Se miden un conjunto de variables que configuran lo que entendemos como el conjunto del fenómeno innovador. Se miden, por ejemplo, la calidad y la cantidad de las publicaciones científicas, pero también el número de patentes por millón de habitantes, que es algo así como la medida de la capacidad inventiva de las naciones. Se miden las inversiones empresariales en I+D, porque al final, en cierto modo, son los inputs que nos anticipan la creación de ventajas competitivas en el futuro y, por tanto, de empleo en los próximos años.

Para disparar la innovación, son importantes las ayudas directas, los créditos blandos, la compra pública innovadora o la fiscalidad a la innovación

Se mide la inversión pública en I+D, porque la inversión pública, aunque mucha gente no lo crea así o no lo vea así, determina la inversión privada, una inversión pública bien dirigida con algunos instrumentos determinados, como las ayudas directas a proyectos empresariales de alta tecnología, de alto riesgo empresarial y de gran capacidad de impacto económico. Pues, para disparar la innovación, son importantes las ayudas directas, los créditos blandos, la compra pública innovadora, la fiscalidad a la innovación. Es decir, el esfuerzo público en I+D determina el esfuerzo privado, y eso también se mide. Y, por último, se miden también un conjunto de variables relacionadas con la tasa educativa de las sociedades –qué porcentaje de la sociedad tiene estudios superiores, de doctorado, de máster... Y también la capacidad innovadora de las empresas –por ejemplo, cuántas empresas han realizado innovaciones sustanciales en los últimos tres años y, especialmente, cuántas pymes lo han hecho.

Do Better: ¿Por qué la innovación es importante para la competitividad de los territorios?

Xavier Ferràs: Pues, de acuerdo con toda evidencia económica, la capacidad de progresar, el crecimiento económico, los márgenes empresariales y, por tanto, la capacidad de obtener una mejor fiscalidad y de sostener un Estado del bienestar sólido dependen de la capacidad innovadora de las empresas de esos territorios. Al final, hay dos tipos básicos de competencia en los mercados: la competencia en precio y la competencia en valor. Competir en precio significa hacer lo que hacen los otros, sin elementos diferenciales; entonces, estás condenado a bajar tus precios para que alguien te compre.

Competir en valor es hacer cosas diferentes. Y esas cosas diferentes pueden ser de muchos tipos: pueden ser elementos de diferenciación en logística, en producto, en proceso, en modelo de negocio, en marketing. Pero los elementos de diferenciación que realmente crean ventajas competitivas más sostenibles, más a largo plazo, mejor calidad del empleo y más barreras de entrada a la competencia son las relacionadas con la innovación y la tecnología. Por ello es tan importante para los territorios que en ellos existan clústeres, concentraciones y conglomerados empresariales capaces de innovar sistemáticamente.

Do Better: Con la carrera por la vacuna, se ha hablado mucho de la inversión en ciencia y en investigación. ¿Qué diferencia existe entre las políticas científicas y las políticas de innovación?

Xavier Ferràs: Están relacionadas, pero no son lo mismo y no deben confundirse. La política científica es una inversión pública orientada a generar conocimiento, y ese conocimiento puede ser de cualquier tipo y puede revertir en impacto global a largo plazo. Cuanto más atrás se esté en la cadena de valor del conocimiento, cuantas más cosas fundamentales se estén investigando, mejor para la política científica, porque seguramente de ahí saldrán los futuros premios nobeles. Son tipos de investigación que tienen una perspectiva global que puede afectar al desarrollo de las sociedades, de las economías y de la salud mundial, pero que quizá no tengan un impacto inmediato ni próximo en el territorio.

La política de innovación es convertir ese conocimiento científico en ventajas competitivas reales

En cambio, la política de innovación es un poco lo contrario: es convertir ese conocimiento en ventajas competitivas reales. Es decir, acelerar la utilización pragmática del conocimiento generado para crear bienestar social y económico y sanitario en las sociedades y en las economías que financian ese conocimiento. Ambas políticas son muy importantes y no se puede entender una sin la otra. Y, de hecho, los países que realmente están despuntando en crecimiento económico, progreso y bienestar son aquellos que saben combinar y completar muy bien las políticas científicas con las políticas de innovación.

Do Better: ¿Y cuál es la posición de España en las estadísticas europeas?

Xavier Ferràs: Pues España está marcando un descenso constante. Yo diría que España se desconecta de la carrera tecnológica internacional con la crisis financiera de 2008. A raíz de esta crisis, vemos precisamente que Alemania, siguiendo el modelo que he comentado antes, sale de ella con una innovación y una industria reforzadas, gracias en parte a que el gobierno de Ángela Merkel se dedica básicamente a preparar una serie de políticas anticíclicas, con una claridad y una contundencia muy clarividentes. ¿Básicamente por qué? Porque cuando estalla una crisis, como sucedió en 2008, lo que hacen las empresas habitualmente es intentar sobrevivir, reacción obvia, legítima y normal, y recortan todas las actividades que son de medio y largo plazo, aquellas que las pueden hacer fuertes a medio y largo plazo, como la I+D.

España se desconecta de la carrera tecnológica internacional con la crisis financiera de 2008

El gobierno de Ángela Merkel lo que hizo fue inyectar más recursos públicos a la I+D para complementar o sustituir la debilidad de las empresas alemanas en aquel momento, con lo cual al final salieron más reforzadas de la crisis. De hecho, en el marco de estas políticas, de la estrategia de alta tecnología germana, en ese momento se acuña el término industria 4.0 que, como he dicho, es un modelo de innovación que probablemente sea el mejor del mundo y que tenemos muy cerca y seguramente debería ser nuestra referencia, en mi opinión. España no lo hace; España lo recorta todo. De hecho, Ángela Merkel nos pidió que recortáramos todos los esfuerzos públicos posibles, y también recortamos los de I+D. Y eso seguramente nos pasó factura. En los últimos diez-doce años, España no se ha movido en sus indicadores de innovación; eso significa que los demás países, que están progresando, nos están superando. Por ejemplo, en la última edición de estas estadísticas que se acaban de publicar, Malta, Eslovenia e Italia nos superan en capacidad innovadora. Estamos ya en la posición 16 de los 27 países de la UE. Por tanto, el diagnóstico es que hay que apretar el acelerador rápidamente.

Do Better: Dentro de España, ¿cuáles son los territorios más innovadores, según las estadísticas?

Xavier Ferràs: Pues, según la última estadística, Euskadi y Madrid se sitúan claramente en un entorno de segunda división europea; en la primera división tenemos los países nórdicos y germánicos, como he comentado antes. También el Reino Unido ha realizado un esfuerzo significativo, a raíz del Brexit, en actualizar su industria y su capacidad innovadora. Pero pensemos que, actualmente, cualquier región de Finlandia, de Suecia, de Dinamarca, de Austria, del Reino Unido es más innovadora que cualquier región española, con lo cual deberíamos preocuparnos seriamente. Madrid y el País Vasco, que son las mejores regiones de España, están en una posición de segundo nivel, y el resto están en tercera división, lo cual es preocupante.

Do Better: Y ¿qué deberíamos hacer para incrementar nuestra capacidad innovadora?

Xavier Ferràs: Pues, sin duda, realizar políticas económicas orientadas a despertar esa actividad innovadora a nivel microeconómico. Es decir, existen modelos y existen referencias y yo siempre digo: “¡Dejad a los médicos que hablen de medicina!”, ¿no? ¿Qué dirían los médicos? ¿Qué dirían los especialistas en innovación en una situación como esta? Pues que hay que hacer una serie de políticas especialmente a largo plazo, unas políticas constantes y pactadas con la sociedad civil, con los sindicatos, con las cámaras de comercio, con las universidades y con los organismos empresariales, de tal manera que no cambiemos cada cuatro años las directrices. Hay algo absolutamente nocivo para las políticas de innovación: los cambios debidos al ciclo político, las famosas “apuestas”. Eso que habitualmente oímos decir: vamos a apostar por los semiconductores; vamos a apostar por la biotecnología; apostamos por las grandes empresas o por las pequeñas.

Esto no va de apuestas, sino de estrategia a largo plazo, pactada con la sociedad civil y con los agentes económicos, y va de inversiones en esos segmentos o en esos instrumentos que nos podrían hacer despertar la capacidad innovadora. ¿Qué deberíamos hacer, por ejemplo? Pues una diagnosis rápida nos indicaría que claramente debemos mejorar la transferencia tecnológica entre la universidad y la empresa. Dicho de otro modo: seguramente hay que reforzar y priorizar aquellos ámbitos de investigación más relacionados con el tejido socioeconómico y mejorar también sus niveles de financiación y la rapidez con que ese conocimiento llega a ese entorno socioeconómico. Seguramente, también hay que reforzar aquellas instituciones que se parecen a los Fraunhofer alemanes, que han sido pensadas y creadas y que están financiadas para dar apoyo a las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, en sus desarrollos tecnológicos: me refiero a los famosos centros tecnológicos.

Una buena política industrial debe conseguir que las empresas hagan investigación

Seguramente hay que apoyar de una forma mucho más decidida, incluso agresiva, la investigación industrial. Pensemos que, en nuestro entorno, cuando hablamos de investigación, inmediatamente nos viene a la mente la investigación pública, las consejerías de investigación, los departamentos de investigación, que gestionan básicamente la actividad que llevan a cabo los grupos de investigación pública. Pero una buena política industrial debe conseguir que las empresas hagan investigación: el gran reto del país no es solo mejorar la investigación pública y las condiciones de la carrera investigadora, sino fundamentalmente lograr que las empresas también investiguen y conviertan los resultados de sus investigaciones en ventajas competitivas, en productos exportables, en empleo de calidad, etc.

Seguramente habría que mejorar también la fiscalidad y los apoyos a las start-ups, especialmente a aquellas de alta tecnología. Y empezar a discriminar. No todas las start-ups son iguales: hay start-ups evidentemente muy dignas de aplauso, pero que no sufren lo que llamamos el “fallo de mercado” y que saldrían igual sin intervención pública, pero hay otras start-ups que no saldrían igual sin la intervención pública: son las que tienen tecnologías más complejas, más de largo plazo, más difíciles de llegar al mercado, pero que pueden crear una disrupción en el mercado si lo consiguen. Y estas start-ups se están marchando al extranjero porque allí les ofrecen mejores condiciones de apoyo por parte de otros gobiernos, que perciben la innovación como un eje estratégico de sus actuaciones.

Por tanto, hay un montón de cosas por hacer y yo diría que no es tan difícil hacerlas. A fin de cuentas, sabemos que si se hacen esas cosas de forma constante, los cambios llegan rápidamente. Eso lo estamos viendo en Asia, donde están emergiendo clústeres empresariales de innovación muy rápidamente porque se han establecido estos marcos institucionales y estas políticas. Y nosotros estamos bien porque tenemos una base muy sólida de investigación, de emprendimiento, de industria, pero hemos de dar el salto y pasar de la economía industrial a la economía de la alta tecnología.

Do Better: Ya para finalizar, ¿los fondos europeos nos pueden ayudar a dar este salto? ¿Cómo pueden contribuir a mejorar estos indicadores?

Xavier Ferràs: Sin duda. De hecho, en el escenario que he descrito al principio, en que Europa está perdiendo, en cierto modo, su posicionamiento internacional, la respuesta europea es justamente el gran programa de los fondos de reconstrucción, que no es un programa pensado únicamente para que nos recuperemos de esta terrible pandemia, sino también para que reconvirtamos nuestra industria en un tipo de industria inteligente, basada en la innovación, digital, limpia, sostenible, respetuosa con el medio ambiente e inclusiva. Es lo que toca hacer ahora y para eso están esos fondos.

Tenemos realmente la posibilidad de convertir Europa en un continente integrado, capaz de competir en alta tecnología con los Estados Unidos y con China

Nunca habíamos tenido unos paquetes económicos como estos y quienes nos dedicamos a estas cosas podemos decir que con mucho menos seríamos capaces de revertir la situación, si se destinaran bien los fondos. Básicamente, si se destinaran a proyectos con capacidad tractora, a proyectos en la interfase entre lo público y lo privado, a proyectos de cooperación público-privada, es decir, a proyectos de empresas que colaboren con los centros de investigación o con las universidades, para que les inyecten los conocimientos necesarios para crear esas ventajas competitivas diferenciales. Por tanto, si se hacen bien las cosas, por primera vez en la historia –y quizá por última– tenemos realmente la posibilidad de convertir Europa en un continente integrado, capaz de competir en alta tecnología con los Estados Unidos y con China.

Do Better: Muchísimas gracias, profesor Ferrás; ha sido una conversación muy interesante. Quedamos a la espera del próximo podcast que podamos tener con usted.

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