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Popularizar la inversión de impacto: la mejor arma contra las consecuencias sociales de la covid-19

Lisa Hehenberger
 Esade Center for Social Impact

Articulo escrito por Lisa Hehenberger y Andrea Cuartero

La covid-19 ha puesto de manifiesto las limitaciones del sistema económico actual: las desigualdades económicas, sociales, de género y de origen étnico preexistentes se han agravado todavía más. António Guterres, secretario general de la ONU, señaló durante el homenaje anual a Nelson Mandela de 2020 que “las consecuencias económicas de la pandemia están afectando a quienes trabajan en la economía informal y en empresas pequeñas y medianas, así como a aquellas personas que tienen responsabilidades de cuidado, la mayoría de las cuales son mujeres”.

En este contexto, es necesario que empresas, organizaciones y gobiernos piensen cómo pueden utilizar los recursos existentes, más escasos en una situación como la actual, para lograr el mayor impacto social posible en una población mundial ahora más necesitada. Es decir, cómo pueden generar un cambio ante un problema social a través de una intervención concreta.

La inversión de impacto y la filantropía estratégica –es decir, la filantropía que llevan a cabo empresas y organizaciones– pueden ser potentes herramientas para la reconstrucción económica y social necesaria tras la pandemia. Por ejemplo, la inversión de impacto puede contribuir invirtiendo en empresas innovadoras que intenten resolver problemas importantes.

La inversión de impacto y la filantropía estratégica pueden ser potentes herramientas para la reconstrucción económica y social necesaria tras la pandemia

No obstante, el objetivo no debería ser simplemente financiar empresas concretas, sino lograr que los mercados financieros integren el impacto en sus ecuaciones, midiendo el impacto que generan las empresas receptoras de la inversión.

Medir el impacto es importante porque, de esta manera, se logra definir más concretamente el alcance específico de una parte del problema que se quiere solucionar y se pueden elaborar indicadores de impacto, definir objetivos concretos y realizar acciones.

Pese a su importancia, la medición del impacto es todavía una práctica incipiente en Europa. Las universidades estamos contribuyendo a su expansión, llevando a cabo investigaciones tanto académicas como aplicadas.

Medir el impacto es importante porque se logra definir más concretamente el alcance específico de una parte del problema que se quiere solucionar

En este sentido, desde el Center for Social Impact, que forma parte del Esade Entrepreneurship Institute, estamos desarrollando un estudio para definir el alcance del sector en España y entender los datos principales del ecosistema nacional de la inversión de impacto, para ver cómo atraer más recursos.

Asimismo, ya hemos publicado otro estudio que recoge la experiencia de diversas fundaciones pioneras en Europa en el ámbito de la medición y la gestión del impacto social. También hemos creado una comunidad de práctica para que tanto las fundaciones europeas como las españolas puedan compartir sus conocimientos y trabajar de forma conjunta, entre otras acciones.

Para que las empresas y organizaciones incluyan el impacto social como factor a la hora de realizar sus inversiones y de definir nuevos proyectos de forma regular, también es necesario formar a las futuras generaciones de líderes, inculcándoles valores y conectándolos con los actores del ecosistema de la economía de impacto. En este aspecto, las universidades también somos un actor clave.

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En el Center for Social Impact, por ejemplo, hemos lanzado un par de iniciativas con el objetivo de formar a líderes más comprometidos con el bienestar social: la primera es la creación de la Impact Community –una red de estudiantes, profesionales y personal docente e investigador dispuestos a generar un mayor impacto social sostenible a través de sus conocimientos empresariales y financieros– y la segunda es la creación del Social Impact Lab, un laboratorio especializado para estudiantes del MBA, que implica la asistencia a eventos de esta temática o la creación de un proyecto colectivo, entre otras actividades.

En resumen, el mundo académico tiene un papel esencial a la hora de generar conocimientos para mejorar las prácticas de las empresas, las organizaciones y los gobiernos, y ayudarles así a generar un impacto positivo en un momento en que ello es más necesario que nunca. También es fundamental para asegurar que el impacto social forme parte de las inversiones en los próximos años la formación de los futuros profesionales del sector.

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