¿Existe un diseño óptimo para el consejo de las organizaciones intergubernamentales de las Naciones Unidas?

Artículo basado en una investigación de Ángel Saz

El sistema de las Naciones Unidas está integrado por varias organizaciones intergubernamentales (OIG) que se crearon para contribuir al funcionamiento y a la provisión de bienes públicos a todo el mundo. Estos organismos desarrollan políticas e iniciativas que aportan más valor a los ciudadanos cuando se llevan a cabo a escala global, más que a escala nacional.

Pese la gran incidencia internacional de estas OIG –dotadas de amplias competencias, que incluyen la salud, el clima, los movimientos migratorios y la protección de los refugiados, entre otras–, sus consejos presentan, en ocasiones, un diseño que resulta inadecuado e incoherente.

Numerosas OIG del sistema de las Naciones Unidas son criticadas porque no logran cumplir su mandato, y ello podría ser debido a un problema de estructura organizativa o de gobernanza. Los consejos de las OIG actúan como un mecanismo de gobernanza con repercusiones de carácter global, por lo cual han de ser diseñados de forma coherente para garantizar el cumplimiento de sus obligaciones; en especial, la de control efectivo de la organización.

Numerosas OIG del sistema de las Naciones Unidas son criticadas porque no logran cumplir su mandato

Ángel Saz-Carranza y Ryan Federo, del Departamento de Dirección General y Estrategia de Esade, han analizado el diseño de 13 consejos de destacadas OIG para entender mejor su sistema de gobierno y determinar qué diseños resultan más efectivos para el control de la organización, con el fin de ayudar a los profesionales a mejorar el desempeño de las OIG. Sus conclusiones ponen de manifiesto los efectos de la complejidad organizativa y el alcance de los problemas de distribución en las OIG de las Naciones Unidas.

El papel de las OIG

Las naciones soberanas fundaron el sistema de las Naciones Unidas en 1943 para mantener la paz y la seguridad en el ámbito internacional, desarrollar relaciones amistosas entre países, lograr la cooperación internacional y constituir un centro que armonizara las acciones de los distintos Estados. En la actualidad, la Organización de las Naciones Unidas está integrada por 193 países miembros (más dos países observadores) y tiene 34 OIG, establecidas o constituidas en el marco del sistema de las Naciones Unidas para desempeñar diferentes mandatos.

Estas OIG gobiernan y configuran los entornos institucionales en que operan las empresas, los gobiernos nacionales, los entes públicos y las organizaciones no lucrativas. Las OIG determinan las políticas internacionales y los diseños de los programas; desempeñan una función reguladora que potencia las actividades interestatales, y contribuyen a desarrollar sus relaciones económicas y políticas.

Pero, pese a desempeñar un rol tan esencial en el funcionamiento mundial, numerosas OIG del sistema de las Naciones Unidas apenas cumplen con su nivel mínimo de desempeño, si es que llegan a alcanzarlo.

Las funciones de los consejos de las OIG suelen ser supervisar su desempeño y atender a las expectativas contrapuestas de sus stakeholders, como resultado de las diferentes agendas políticas de cada uno de los Estados miembros. Para poder ser efectivos en estas funciones, los consejos de las OIG han de evaluar constantemente y de forma independiente su desempeño, para garantizar que están cumpliendo con su mandato.

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Sin embargo, con frecuencia estos consejos son designados de un modo que les impide desempeñar sus funciones. Los directores ven limitado su margen de actuación por las imposiciones de los Estados miembros que los designan; la composición del consejo es objeto de frecuentes cambios, debidos a la política doméstica de cada país, y sus niveles de transparencia y de rendición de cuentas acaban siendo escasos.

Para que los consejos de las OIG puedan realizar un control efectivo de su actuación, su composición debe combinar diversas características para poder hacer frente a las limitaciones en materia de gobernanza.

Los investigadores han estudiado los consejos de 13 OIG del sistema de las Naciones Unidas para identificar sistemáticamente sus diseños y cómo han facilitado el seguimiento efectivo de su labor. El estudio destaca determinados diseños organizativos que mejoran la rendición de cuentas en la gobernanza global.

Eficiencia frente a representación

Los diseños de los consejos que permiten una supervisión más efectiva en las OIG dependen de la interacción que establecen entre complejidad y distribución: las que tienen menor alcance y un ámbito de actuación limitado requieren menos representación de miembros en el consejo, mientras que las de mayor alcance y con intereses divergentes requieren que estén representados en su consejo un mayor número de miembros.

La cuestión de fondo al abordar la función de supervisión de los consejos de las OIG es si debe ponerse más el foco en la eficiencia o en la representación. El estudio revela que, si bien las OIG buscan la eficiencia, la representación y las acciones simbólicas para promover la diversidad también intervienen en el diseño del consejo.

La cuestión de fondo al abordar la función de supervisión de los consejos de las OIG es si debe ponerse más el foco en la eficiencia o en la representación

Un planteamiento basado en la composición para diseñar cómo debe estar integrado el consejo señala dónde debería ponerse el foco. Los consejos muy amplios suelen necesitar mecanismos de apoyo, como un comité ejecutivo o una secretaría del consejo, para resolver los problemas de coordinación y ser eficientes. Pero, si bien los consejos integrados por muchos miembros ayudan a proporcionar más recursos en las organizaciones más complejas, la compleja estructura de las OIG, que se traduce en más representantes en el consejo, genera más problemas de coordinación, en vez de contribuir a su eficiencia.

Ello indica que, mientras la eficiencia del consejo es necesaria para la formulación de la estrategia y para su seguimiento, la amplia representación solo se requiere en las OIG más diversas y complejas.

El diseño lleva a la acción

Los consejos de las OIG no se diseñan al azar. Sus estructuras se desarrollan siguiendo un proceso racional de selección del diseño más apropiado para satisfacer los requisitos organizativos y equilibrar las diversas expectativas de los distintos Estados miembros. La complejidad de la OIG determina el diseño óptimo de su consejo para la formulación de la estrategia.

Pero, para que sea máximamente efectivo en su labor de supervisión, el diseño del consejo debe estar relacionado directamente con su función estratégica y con las consiguientes acciones que se requieren para alcanzar los objetivos estratégicos. El consejo alinea las decisiones de gestión con las expectativas de los stakeholders, de modo que se requiere un marco de actuación, medición y expectativas para que cada consejo pueda garantizar su desempeño organizativo.

El diseño del consejo debe estar relacionado directamente con su función estratégica y con las consiguientes acciones que se requieren para alcanzar los objetivos estratégicos

Al igual que las expectativas individuales, la dinámica de equipo y determinados factores externos, como la cultura, los medios y los aspectos políticos, también inciden en la manera de actuar de los consejos y en cómo desempeñan su función de supervisión.

El diseño del consejo debería tener en cuenta las relaciones entre sus miembros y las influencias periféricas, y realizar constantemente evaluaciones y ajustes para asegurar que sigue desarrollando su función supervisora de manera efectiva.

Existen muchas maneras de lograr una supervisión muy efectiva. Pero también existen múltiples configuraciones que llevan a decisiones de diseño negativas para la gobernanza. En definitiva, los diseños del órgano de gobierno de las OIG deberían abordar las limitaciones a la gobernanza al objeto de reducir las barreras que puedan impedir el funcionamiento efectivo de la organización.

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