Las ONG en el siglo XXI: la reprofesionalización del sector

Definimos las ONG como aquellas entidades privadas sin ánimo de lucro que trabajan para realizar una misión social, entendido en el sentido amplio, con el objetivo de mejorar las condiciones de la sociedad en alguno de sus ámbitos. Además, han de cumplir los criterios siguientes: tener una estructura formal, ser privadas y sin ánimo de lucro, ser independientes y con participación voluntaria. Por tanto, el concepto va más allá de la definición por negación asociado al carácter privado (no gubernamental) y pone el foco en esta finalidad social.

Las ONG, para alcanzar sus objetivos y lograr el mayor impacto posible en su acción, además de desarrollarse a nivel interno, deben contar con la credibilidad y la confianza de los distintos agentes sociales (destinatarios, financiadores, pero también de la sociedad en general) y han de poder movilizar una importante base social; en definitiva, tener el apoyo de sus bases y la legitimidad de la sociedad en general.

Para realizar su actividad y cumplir con su misión de la manera más eficiente y eficaz, las ONG han de estar profesionalizadas, es decir, han de asegurarse de que cuentan con las capacidades y disponen de los recursos necesarios para desarrollar su labor de manera profesional y competente. El sector evolucionó notablemente en las últimas décadas del siglo xx e inicios del actual, con un incremento muy significativo del número de organizaciones, pero también de su tamaño. En este período de crecimiento, se avanzó y mejoró en la profesionalización del sector.

En 2011 se identificaron once elementos básicos para considerar que una entidad está profesionalizada:

profesionalizacion-ONG

Más de una década después, todos estos elementos siguen siendo válidos y necesarios para las entidades del futuro. No obstante, en un entorno como el actual, en que ya nos hemos habituado a hablar de volatibilidad e incertidumbre (entornos VUCA), con los grandes retos a que se enfrentan nuestras sociedades y las crisis de confianza en algunos modelos que antes eran considerados válidos, pero también con las tendencias más recientes y algunos de los aprendizajes, que se han acelerado en parte a raíz de la crisis sanitaria y sus impactos en estos últimos dos años (y con implicaciones en el futuro), hay que introducir algunos matices y algunas nuevas áreas parecen más necesarias para la nueva profesionalización que requiere el contexto actual y futuro.

Si bien siguen siendo necesarias algunas de habilidades que se exigían ya antes en el sector no lucrativo (junto con otras generales para todo tipo de organizaciones), ahora se añaden nuevas capacidades, que serán cada vez más relevantes para lograr la transformación y los resultados perseguidos. Los equipos responsables deben tener mayor capacidad de adaptación y flexibilidad en contextos más variables, saber complementar –incluso más que antes– la visión a largo plazo que marca el rumbo con las exigencias y necesidades del corto plazo, ser conscientes de cómo la revolución tecnológica y la digitalización está afectando de manera global todos los sectores de actividad y saber aprovechar las oportunidades, además de presentar una actitud cada vez más emprendedora e innovadora (así como saber fomentarla en sus equipos). Ahora han de tener una visión holística de las causas que persiguen, identificar los sistemas y los agentes relevantes, y estar más orientadas y abiertas a la colaboración, especialmente con otros sectores, y a la cocreación de iniciativas conjuntas.

En el estudio El rol de las ONG: un sector en evolución, identificamos que el propio sector veía necesario un cambio en su rol con el fin de potenciar más las iniciativas conjuntas con otros agentes y sectores para la transformación social, así como ampliar su oferta de nuevas soluciones disruptivas a problemas sociales. Obviamente, la acción directa sigue siendo imprescindible y las entidades no abandonarán esta labor y seguirán cubriendo las necesidades existentes, pero ahora aspiran a desarrollar una labor de carácter más sistémico y transformador, imprescindible para vencer las causas de origen.

Las entidades deben replantearse su propio rol y estar abiertas a nuevas oportunidades para ser parte activa de los grandes procesos de cambio que son necesarios para reducir las desigualdades sociales existentes y evitar que sigan aumentando. Sus conocimientos y su contacto directo con la realidad social deben ser aportaciones básicas para avanzar junto a otros y lograr realizar las causas que defienden. No se trata de sobrevivir per se, sino de asegurar que se está actuando en la mejor vía para conseguir las trasformaciones deseadas.

Ello requiere importantes cambios en la cultura organizativa y en la gestión. Y asegurar alinear a todos los equipos hacia unos mismos objetivos, además de procurar su capacitación para trabajar en esta orientación. Programas formativos específicos para el sector no lucrativo como los de Dirección y Gestión de Organizaciones no Gubernamentales (DGONG) o Liderazgo e Innovación Social (LIS) ofrecen unos contenidos que permiten a los equipos directivos y, por tanto, a sus entidades, avanzar en este cambio. El objetivo es desarrollar las capacidades necesarias para trabajar en estas líneas, fomentar la reflexión y seguir contribuyendo a la profesionalización del sector. 

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