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El bajo estado de ánimo durante el confinamiento: ¿La clave está en el historial de salud mental?

Una investigación llevada a cabo por el profesor de Esade Jordi Quoidbach indica que las personas hallaron más dificultades para regular sus bajos estados anímicos durante el largo período de confinamiento causado por la pandemia de la COVID-19 que cuando no estaban confinadas. Se ha observado que los problemas de regulación del bajo estado de ánimo eran más agudos entre las personas que tenían un historial de trastornos mentales, las cuales presentaban tres veces más posibilidades de experimentar episodios depresivos durante el confinamiento.

En un artículo de investigación publicado en la revista académica JAMA Psychiatry, Quoidbach y sus coautores Eiko Fried (Universidad de Leiden, Países Bajos), Maxime Taquet y Guy Goodwin (Universidad de Oxford y Oxford Health NHS Trust, Reino Unido) han descrito los resultados de un estudio que llevaron a cabo durante 14 días en marzo de 2020.

Analizando la “melancolía del confinamiento”

Utilizando una muestra final de 78 estudiantes de la Universidad de Leiden, el estudio examinaba el impacto del confinamiento en la capacidad de las personas de buscar actividades que les ayudaran a mantener un estado de ánimo más positivo. Durante el período de estudio de dos semanas, las medidas que el Gobierno holandés aplicó para contener el virus pasaron de ser relativamente laxas al principio a convertirse en limitaciones estrictas cuyo incumplimiento se castigaba con multas.

En la primera semana de recogida de datos, el primer ministro holandés anunció que su Gobierno no introduciría medidas de confinamiento y, en cambio, optaría por limitar las reuniones a 100 personas y obligaría a cerrar algunos negocios no esenciales. Sin embargo, el 23 de marzo, al principio de la segunda semana del estudio, el Gobierno dictó unas normas más estrictas, que prohibían todas las reuniones sociales y limitaban los contactos con personas de otros hogares.

Los participantes del estudio comunicaban sus sentimientos cuatro veces al día durante las dos semanas utilizando una aplicación del móvil

Los participantes del estudio comunicaban sus sentimientos cuatro veces al día durante las dos semanas utilizando una aplicación del móvil que había sido diseñada especialmente al efecto. En cada ocasión, indicaban sus niveles de relajación, irritabilidad, preocupación, nerviosismo y ansiedad, así como si tenían la sensación de que estar esperando algo con ansia y si experimentaban algún tipo de sentimiento positivo.

También se preguntó a los participantes cuánto tiempo habían dedicado a las ocho actividades siguientes: tener interacción social; estar en las redes sociales; escuchar música; procrastinar; realizar actividades al aire libre; estar preocupados por el coronavirus (mirando noticias, hablando sobre el tema con los amigos, pensar en ello); pensar en su propia salud o en la de su familia o de los amigos próximos en relación con el coronavirus; estar en casa.

Los círculos vicioso o virtuoso de los estados de ánimo: predecir los patrones de conducta

El estudio reveló que, antes de que se introdujeran las medidas de confinamiento estricto, los participantes procuraban buscar actividades que mejoraran su estado anímico cuando se sentían deprimidos. Sin embargo, cuando se intensificaron las medidas de confinamiento, las personas que se sentían bajas de ánimo tomaban parte en actividades que todavía las deprimían más o que les subían poco el estado anímico.

Esta dificultad para regular el ánimo en los períodos de confinamiento era significativamente más marcada en aquellas personas que presentaban un historial de trastornos mentales. En consecuencia, Quoidbach y sus colegas observaron que el riesgo de caer en depresión durante el confinamiento era tres veces más alto para las personas pertenecientes a dicho grupo vulnerable.

Quoidbach y sus colegas observaron que el riesgo de caer en depresión durante el confinamiento era tres veces más alto para las personas con un historial de trastornos mentales

El impacto de la pandemia en la salud mental ha sido un motivo importante de preocupación. En abril del año pasado, un grupo de expertos reclamaban datos de alta calidad sobre los efectos de la pandemia de la COVID-19 en la salud mental de toda la población y de los grupos más vulnerables.

En un artículo de posicionamiento, publicado en The Lancet, insistían en “la necesidad urgente de que la investigación estudie cómo pueden mitigarse las consecuencias provocadas por las condiciones de la pandemia sobre la salud mental de los grupos vulnerables… al objeto de abordar los aspectos psicológicos, sociales y neurocientíficos de la pandemia”.

La “tormenta perfecta” de la pandemia para la salud mental precaria

Un estudio considerablemente más extenso de Quoidbach y sus coautores, no relacionado con la pandemia, revelaba que las personas con un estado anímico bajo o con historial de depresión tenían más dificultades para regular su humor. Ello provocaba en ellas una mayor incidencia y duración de los episodios depresivos. Con el impacto psicológico de la pandemia, que se teme que desencadene una “tormenta perfecta” de mortalidad por suicidio, un campo importante de estudio es entender el impacto de las medidas de confinamiento sobre la capacidad de regular el estado de ánimo e identificar posibles intervenciones a realizar.

Y, pese a que Quoidbach y sus coautores reconocen en su artículo que su estudio tiene algunas limitaciones, proporciona una perspectiva muy valiosa sobre el impacto del confinamiento en la salud mental y abre una vía muy fructífera de análisis para futuras investigaciones.

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