Samantha Gross: “Solo con subsidios se puede hacer política climática en EEUU”
Samantha Gross: “Solo con subsidios se puede hacer política ...
Samantha Gross, directora de la Energy Security and Climate Initiative de la Brookings Institution, habla sobre la nueva Ley de Reducción de la Inflación (IRA) estadounidense y sus consecuencias para la Unión Europea
Samantha Gross es directora de la Energy Security and Climate Initiative de la Brookings Institution y una de las voces más autorizadas en la materia. Gross tiene más de 25 años de experiencia en política energética, políticas sobre el cambio climático y cuestiones energéticas internacionales, y ha sido directora de Política y Tecnología del Cambio Climático del Departamento de Energía de los Estados Unidos. Además, presenta el podcast Climate Sense, en que trata de los temas más candentes sobre el cambio climático.
En este episodio de Do Better Podcast, Ángel Saz, director de EsadeGeo, ha conversado con Gross sobre la nueva Ley de Reducción de la Inflación estadounidense, sus consecuencias para la UE y sus efectos sobre la transición energética mundial. En este artículo, ofrecemos una versión editada de la entrevista, que puede escucharse íntegramente en inglés aquí.
La Ley de Reducción de la Inflación (IRA) es una política histórica sobre cambio climático en los Estados Unidos. ¿Qué implicaciones tiene en materia de energía y clima?
La IRA es la legislación climática más importante que ha habido jamás en los Estados Unidos. Destina cerca de 390.000 millones de dólares a programas sobre el clima, la mayoría en forma de subsidios a disposición de todo tipo de personas: para consumidores regulares, con el fin de que electrifiquen sus hogares o adquieran coches eléctricos; para distintos tipos de industrias y fábricas, a fin de que adquieran baterías, instalen equipos de generación de energía renovable o construyan infraestructuras de hidrogeno, y para la producción y la extracción de minerales esenciales. Se focaliza en todos los elementos que intervienen en la transición energética.
Otra buena cosa es que suele ser neutral desde el punto de vista tecnológico, más que centrarse en determinadas tecnologías. En vez de focalizarse específicamente en la energía eólica o solar, incluye también la nuclear, la geotérmica y otras formas de electricidad sin emisiones de carbono. También se refiere al hidrógeno en términos de emisiones de CO2 emitidas en su producción; es decir, no se centra en cómo se fabrica, sino en que sea de bajas emisiones.
Y, en tercer lugar, se focaliza en la innovación, que es algo en que EEUU suele destacar. Bastantes programas de esta legislación se centran en la energía verde y en la innovación para la reducción de las emisiones, a través de la financiación de garantías de préstamos, por ejemplo, para avanzar en el desarrollo de nuevas tecnologías energéticas.
¿Qué comparación puede hacerse entre este planteamiento legislativo y lo que estamos haciendo en la Unión Europea?
Es bastante diferente, por razones básicamente políticas. En los Estados Unidos, no es posible hacer una política climática al estilo europeo, centrada en la regulación y en el sistema de comercio de emisiones de la UE. No tenemos los votos suficientes para aprobar una medida de este tipo en los Estados Unidos; el único instrumento disponible para nosotros son las subvenciones. Así pues, es natural que, ahora que estamos abordando el tema, veamos que se ofrecen un gran número de subsidios, más que medidas legislativas o relativas a la fijación del precio del carbono, que son más habituales en la UE.
En Estados Unidos no es posible hacer una política climática al estilo europeo
La UE parece estar frustrada con la IRA y está tratando de responder con sus propios subsidios. ¿Cómo evalúa la respuesta de la UE hasta ahora?
No solo la UE siente frustración por esta ley. He escuchado también muchas quejas de nuestros amigos asiáticos. Estas quejas son básicamente de dos tipos. En primer lugar, sobre el nivel de las subvenciones y por miedo a que sus industrias se vayan a los Estados Unidos, en vez de a Europa o Asia, porque aquí ofrecemos unas subvenciones tan altas que atraerán a estas industrias. En segundo lugar, algunas disposiciones de la IRA son muy proteccionistas, puesto que se centran exclusivamente en la adquisición de productos estadounidenses: las subvenciones solo se ofrecen a los productos fabricados o refinados en los Estados Unidos o en países con los cuales tenemos acuerdos de libre comercio, entre los que no se encuentra la UE.
Entiendo estas reacciones, especialmente las preocupaciones sobre el proteccionismo. Y parte de los motivos que explican por qué las cosas han salido de esta manera es que los estadounidenses y el Congreso de los Estados Unidos están obsesionados con China. No pienso que pretendieran crear un problema con los europeos con esta ley, sino más bien competir de una forma más efectiva con China y hacer algún tipo de política industrial, puesto que China sí que tiene, efectivamente, una política industrial. Así pues, algunas de las preocupaciones que ha suscitado en Europa eran involuntarias, por aspectos que no se tuvieron suficientemente en cuenta a la hora de elaborar la ley. Pero, por otra parte, el hecho de que consista básicamente en subsidios es como siempre se han hecho las cosas aquí. Porque no tenemos la voluntad política de cambiar nuestras leyes medioambientales o de aprobar un impuesto real sobre el carbono. No tenemos política para ello, tan solo podemos ofrecer subsidios.
Antes se ha referido a la neutralidad tecnológica como un factor que se ha integrado en la IRA. ¿Cómo ha reaccionado el sector ante esta ley?
El sector energético se ha mostrado muy positivo con ella. Hay algo ahí que gusta a todo el mundo: el hecho de que sea neutral, desde el punto de vista tecnológico, significa que algunas tecnologías que habían sido excluidas en anteriores ocasiones, como la nuclear, ahora están incluidas. La industria del gas y del petróleo están entusiasmadas con la idea de que haya subvenciones para la captura, el almacenamiento y el uso del carbono. También para la tecnología neutra de hidrogeno. Si pueden fabricar hidrógeno a partir del gas natural y almacenar el CO2 resultante o darle algún uso, también podrán obtener financiación. La neutralidad tecnológica significa que la ley tiene un poco de todo para todas las partes implicadas, lo cual la hace políticamente más aceptable.
En EEUU no hay voluntad política para cambiar leyes medioambientales o aprobar un impuesto sobre el carbono
¿Alguna industria o sector en particular se ha opuesto a la ley?
Ha sido extraordinariamente positiva. Algunas se han subido al carro con menos entusiasmo que otras, debido a ciertos aspectos de ley. Por ejemplo, gran parte de la industria automovilística estadounidense está pasando por horas bajas con los vehículos eléctricos y por ello no hemos oído hablar mucho de esta ley por su parte. Pero ha sido recibida mayormente de forma positiva, pienso que porque la IRA es muy ecuménica, en el sentido de que reparte dinero para todos.
Uno de los aspectos que la IRA no cubre es el relativo a los permisos. Este es un gran tema de debate a ambos lados del Atlántico. ¿Cuál es la situación de la tramitación y la obtención de permisos para estos grandes proyectos de energías renovables en los Estados Unidos?
La tramitación y obtención de permisos es el mayor obstáculo para lograr las grandes cosas que podríamos conseguir con la IRA. Es muy difícil desarrollar proyectos en los Estados Unidos. Los procesos de obtención de permisos están muy fragmentados para muchos de los proyectos entre las autoridades estatales y locales, además de las federales, de modo que resulta muy difícil hacer las cosas. Cuando se aprobó la ley, se llegó a un acuerdo para que la reforma del proceso de tramitación y obtención de permisos se llevara a votación en el Senado. Pero el problema fue que los republicanos, que generalmente habían dado su apoyo a esta iniciativa, estaban enfadados y votaron en contra, básicamente por despecho. Así que volvíamos a estar en el punto de partida.
Para la transición energética, necesitamos construir instalaciones y grandes infraestructuras, líneas eléctricas, grandes proyectos de energías renovables, infraestructuras para el hidrogeno y minas para la extracción de los minerales que vamos a necesitar. Y hemos de obtener los permisos para construir estas grandes cosas que necesitamos. Espero que encontremos la vía para aprobar esta reforma a través del Congreso.
No solo los europeos están descontentos con EEUU
¿Qué papel juega la IRA en la geopolítica de la energía? ¿Qué efectos podría tener sobre la seguridad energética de las distintas regiones? ¿Y para la geopolítica energética en general?
Esta es una gran pregunta, porque los europeos no están muy contentos con nosotros. Y no solo los europeos. En mi oficina de Washington me han llegado voces de que en Japón, en Corea o en Singapur también denuncian el proteccionismo y el nivel de las subvenciones de la IRA. Y esto puede suponer una dificultad. Espero que podamos promover la comprensión de que esta era la vía necesaria; no había otro camino para desarrollar una política climática seria en los Estados Unidos. Para avanzar en la transición energética, no podemos cambiar cómo funciona la política estadounidense, pero podemos explicar de dónde viene y animar a nuestros amigos y aliados a hallar formas de trabajar y competir de forma constructiva con nosotros y con la ley que tenemos.
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