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La crisis de los semiconductores y la nueva globalización

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Los problemas en la cadena de suministro de microchips está causando estragos desde hace meses en múltiples industrias, en especial en las cadenas de montaje del sector automovilístico. Aunque la afectación ha sido mundial, la última en sufrir las consecuencias de la falta de microchips ha sido, precisamente, la planta de SEAT en Martorell, que se ha visto obligada a detener la producción durante tres días.

¿Qué ha ocurrido en la industria de los semiconductores para llegar a esta situación? Tenemos el placer de contar con Xavier Ferràs, decano asociado del Bachelor in Transformational Business and Social Impact de Esade, que nos hablará de las causas de esta crisis y de las tendencias de futuro que se pueden vislumbrar.

Do Better: ¿Cómo ha afectado la pandemia a la digitalización y qué efecto ha tenido en los semiconductores?

Xavier Ferràs: Pues, básicamente, el mundo se ha hiperdigitalizado durante la pandemia. Yo diría que ha sido como una máquina del tiempo. A efectos de digitalización, no estamos en 2021, sino que estaríamos en 2031. Eso es, ha habido un tirón extraordinario de la demanda porque, evidentemente, todos hemos tenido que consumir mucho más rápidamente los servicios de comunicación digitales; hemos tenido que consumir archivos, trabajar online. También nos hemos bajado más series de Netflix y hemos jugado más a videojuegos durante el confinamiento. Por tanto, hoy el mundo es mucho más exigente digitalmente y es como si, en el trabajo y en el uso de las tecnologías digitales, hubiéramos avanzado diez años. Nos hemos transformado digitalmente de una forma muy rápida.

Yo digo que realmente es una “máquina del tiempo” que está oscilando entre el año 2031, a efectos de la tecnología digital, y el año 1945, en cuanto a la geoestrategia, porque otra resultante de la pandemia ha sido también un mundo más fragmentado, en que emerge una China con mucha más fuerza y en que los Estados Unidos responden para no perder el liderazgo, todo ello a caballo de unas tecnologías digitales, exponenciales, estratégicas y de crecimiento acelerado, como es el caso de los semiconductores.

Los semiconductores son algo así como unas piezas o unos bloques constituyentes de la economía digital y, evidentemente, son fundamentales para sostener prácticamente todos los sectores económicos actuales, unos sectores intensivos en datos y en el procesamiento de esos datos. Por tanto, la cadena de valor de los semiconductores ha sido una de las primeras que se ha estirado, que ha experimentado esta transformación y, en consecuencia, ha tenido que reconfigurarse.

Do Better: ¿Y cuáles son los principales actores del sector de los semiconductores?

Xavier Ferràs: Básicamente, desde el punto de vista geográfico, el continente asiático es un vergel de fábricas de semiconductores, en que destacan Taiwán, Corea del Sur y el Japón, que han hecho sus deberes de política nacional y política industrial; han acumulado tecnología, talento y capital, y actualmente están liderando los rankings de producción territorial de semiconductores. Por otra parte, tenemos los Estados Unidos, que son la cuna de los semiconductores y, evidentemente, no quieren perder posiciones, pero se están quedando con una cuota reducida de producción. Y, finalmente, está Europa, que se ha quedado claramente por detrás.

El continente asiático es un vergel de fábricas de semiconductores, en que destacan Taiwán, Corea del Sur y el Japón

En cuanto a la producción agregada, Taiwán acumula aproximadamente el 20 %; Corea del Sur, otro 20 %; el Japón, otro 20 %; China, cerca del 15 %; los Estados Unidos, el 12 %, y Europa, un reducido 6 %. Por tanto, la cuota de mercado europea es muy pequeña. Y, en cuanto a los fabricantes, son nuevamente los Estados Unidos y los países asiáticos los que están liderando los rankings, con Samsung Electronics, Intel y Taiwán Semiconductores en los primeros puestos; Micron, Walcom y Broadcom, que son americanos; Toshiba que es japonés, y Texas Instruments, que es americano. Es decir, en las diez primeras posiciones de los grandes fabricantes de semiconductores no se encuentra ninguna empresa europea.

Do Better: ¿Y qué ha sucedido exactamente en Asia para que el continente haya conseguido despuntar en el sector de los semiconductores de un modo tan flagrante?

Xavier Ferràs: Básicamente, Asia está siguiendo un modelo de desarrollo que, en mi opinión, es único. Ha sido muy estudiado y se caracteriza por el lema o por la frase “From business to science” [“De la industria a la ciencia”]. En Europa, estamos siguiendo o tenemos incrustado, en cierto modo, el paradigma inverso: pensamos que, si desplegamos infraestructuras científicas y de conocimiento, de ahí van a surgir espontáneamente, de forma natural, clústeres industriales. Esto no está pasando –o, por lo menos, no a la velocidad que desearíamos o como teóricamente pensamos que debería pasar.

En Asia, si observamos en general el conjunto de sectores de alta tecnología y el conjunto de países, siguiendo un poco la pauta del Japón tras de la II Guerra Mundial, en que el país había quedado devastado, empezamos activando un conjunto de actividades de manufactura básica –esto pasó también en Corea del Sur y en Taiwán, y está pasando en China– como, por ejemplo, la fabricación de textiles o de calzados, y, a partir de ahí, se despliegan políticas de atracción de la inversión extranjera sobre la base del bajo coste de la mano de obra; se atrae dicha inversión; se aprenden las buenas prácticas del management y, en cierto modo, a desarrollar productos con la inversión internacional.

En Asia hay una focalización en un conjunto de tecnologías estratégicas donde los gobiernos concentran sus inversiones estratégicas para conseguir que unas empresas se conviertan en líderes

Recuerdo que, cuando era pequeñito, eran los japoneses quienes copiaban, y después fueron los coreanos: el mito típico de la copia asiática. Así pues, empiezan copiando un producto; posteriormente, aprenden a desarrollar un producto propio y se convierten en exportadores de este producto propio, siguen hacia atrás en la cadena de valor del conocimiento, empiezan a desarrollar tecnología propia y, finalmente, controlan la ciencia o avanzan hacia la ciencia.

En la cadena de valor de los semiconductores, esto está perfectamente definido. Hace unos años, China lanzó un programa para que las fábricas de electrónica, que operaban básicamente con una mano de obra de bajo coste y fábricas intensivas en mano de obra, controlaran la física y los dispositivos, es decir, avanzaran hacia atrás para hacerse con el control de la fabricación de los semiconductores, porque consideraban que esa tecnología era estratégica para el país.

Esto sucedió en China, pero antes ya había pasado en Taiwán, en Corea del Sur y en el Japón. Es decir, hay una focalización en un conjunto de tecnologías estratégicas donde los gobiernos, con una visión a muy largo plazo y de una forma muy paciente, concentran sus inversiones estratégicas para conseguir que unas empresas que inicialmente eran poco intensivas en conocimiento se conviertan en líderes no solo de la producción, sino también del desarrollo y de la investigación en esos campos.

Do Better: Y desde el “bando” europeo y americano, por así decirlo, entiendo que las empresas también se han acomodado a esta eficiencia asiática y han optado por externalizar la producción de estos componentes…

Xavier Ferràs: Lo que yo creo que va a pasar es que va a haber un cambio en las dinámicas de la globalización. La globalización que hemos conocido hasta ahora era una globalización dirigida básicamente por estructuras de coste; es decir, la lógica de la globalización era externalizar las cadenas de valor hacia aquellos lugares donde la producción fuera más barata. Por tanto, el driver fundamental era el rastreo, la búsqueda del mercado, de acuerdo con unas lógicas de bajo coste.

Pero ¿qué está pasando ahora? Pues que estamos viendo que no es neutro el hecho de tener o no tener fábricas de semiconductores en un país o en un continente; no es neutro tener o no tener cadenas de valor de biotecnología, por ejemplo, con respecto a la vacuna contra la COVID-19, para poder desarrollarla en un país o en un continente. Las ecuaciones de mercado –la eficiencia– no lo son todo a la hora de decidir las ubicaciones industriales o de las plantas de desarrollo tecnológico. Si tomamos, por ejemplo, un sector no tecnológico como el de la alimentación, ¿qué pasaría si, por razones de eficiencia, las ecuaciones de mercado decidieran que toda la cadena de valor agroalimentaria de un país se situara en el país de al lado, por ser más barato? Desde una perspectiva de eficiencia económica, sería obviamente una buena solución, pero, desde la perspectiva del riesgo país, nos podemos imaginar qué pasaría si cerraran la frontera.

¿Qué pasaría si, por razones de eficiencia, las ecuaciones de mercado decidieran que toda la cadena de valor agroalimentaria de un país se situara en el país de al lado, por ser más barato?

Esta misma lógica se ha puesto claramente de manifiesto con la COVID-19. Si, hasta ahora, la dinámica de la globalización era la externalización de las cadenas de valor por bajo coste, ahora vamos a asistir a la atracción o a la competencia por atraer las estructuras de innovación a sus países de origen. Vamos a ver la emergencia de superclústeres, altas concentraciones o concentraciones de alta densidad de I+D y de producción avanzada cerca de los mercados finales.

En las actividades de alto valor añadido, como la tecnología, la independencia de la geografía es mayor; por tanto, esas actividades se van a mover por todo el mundo buscando aquellas ubicaciones que sean óptimas para ellas. Y ¿qué ubicaciones van a buscar? Pues no únicamente las de más bajo coste, sino aquellas donde haya innovación, donde haya centros de investigación que estén bien conectados con las fábricas de manufactura, donde haya un entorno institucional de calidad y donde, además, existan unas políticas concretas de atracción de ese tipo de actividades.

Esto es lo que ha ocurrido claramente en Asia desde la II Guerra Mundial; no así en los Estados Unidos, donde había otro tipo de políticas, orientadas, por ejemplo, al desarrollo de segmentos muy relacionados con las actividades aeroespaciales o de defensa, y de ahí surge la industria tecnológica norteamericana. En cuanto a Europa, simplemente no se han desarrollado este tipo de actividades, al menos en gran parte del continente, con la potencia con que se han dado en Asia. Europa se ha quedado atrás y ahora nos tiemblan las piernas, en el sentido de que no somos autónomos, desde el punto de vista tecnológico.

Europa se ha quedado atrás y ahora nos tiemblan las piernas, en el sentido de que no somos autónomos, desde el punto de vista tecnológico

Cuando explico estas cosas en clase, pregunto a los participantes cuántos procesadores tienen, y cada persona posee al menos un ordenador, con varios procesadores electrónicos, memorias electrónicas y chips electrónicos. Además, cada dispositivo móvil tiene también algunos chips y prácticamente ninguno de ellos es europeo: la mayoría son asiáticos o norteamericanos. Si esto es así, significa que Europa depende tecnológicamente de otros países y que si los Estados Unidos y Asia dejaran de suministrarnos chips electrónicos, Europa se congelaría.

Imaginemos una Europa sin recambios en los sistemas de información, puesto que no disponemos de la capacidad de producción de esos chips, y que tuviéramos que depender únicamente de otros. Pasaría que nuestros sistemas de información, que están presentes en todas las cadenas de valor, los chips de los automóviles, los chips de los dispositivos electrodomésticos y los chips de los PC se irían quedando obsoletos, frente a los chips de los asiáticos y de los americanos. Así pues, a Europa ahora le toca correr y la Comisión Europea, que es muy consciente de ello, está preparando grandes paquetes de inversión para recuperar el tiempo perdido.

Do Better: ¿En qué sentido deberían enfocarse estos esfuerzos y estas inversiones para recuperar el tiempo perdido?

Xavier Ferràs: Como sabemos, en innovación las cosas pasan muy rápido: la emergencia de estos superclústeres en Asia se ha producido de una forma sumamente rápida. Si miramos el ranking de los clústeres, de las concentraciones de empresas innovadoras y centros de investigación y producción avanzada más potentes del mundo, veremos que la primera se halla, según el Global Innovation Index, en Tokio-Yokohama, en el Japón, y la segunda en Shenzhen, en China, donde no había nada hace 20 años.

Hace pocos días, apareció una noticia que decía que se iban a invertir 100.000 millones de dólares –una cantidad macroeconómica– en un área de 30 kilómetros cuadrados, aproximadamente, para desarrollar I+D de forma concentrada en esa zona y convertirla en un superclúster tecnológico. Y el tercer superclúster tecnológico sería Seúl, donde tampoco había hace 60 años: por aquel entonces, Corea del Sur era más pobre que Nigeria. El cuarto superclúster tecnológico sería Beijing, donde no había ningún desarrollo tecnológico hace 20 años, y el quinto, Silicon Valley.

La emergencia de estos superclústeres en Asia se ha producido de una forma sumamente rápida

Por tanto, vemos que los Estados Unidos, con Silicon Valley como clúster de referencia, en cierto modo se va hundiendo, al tiempo que están emergiendo muy rápidamente una docena de superclústeres asiático, que siguen las políticas que hemos comentado de atracción del talento. Habrá competencia por atraer el talento y, por tanto, es importante que aprovechemos el talento que tenemos en Europa y en España, y que exploremos incluso el talento que surge en otros países y otros continentes.

Debemos crear las condiciones necesarias para atraer ese talento y procurar que el talento científico, por ejemplo, pueda desarrollarse localmente y convertir sus conocimientos en start-ups y en actividad productiva, que a fin de cuentas es lo que crea prosperidad en los países. Lo que tiene que hacer Europa es desarrollar políticas en ese sentido. El plan de reconstrucción europeo es un intento de que todo el continente actúe de forma integrada y que las cadenas de valor de alta tecnología no estén únicamente en el sur de Alemania O en los países nórdicos, que son países de gran calidad innovadora, sino en todo el continente, especialmente en el sur de Europa.

Así pues, necesitamos atraer el talento, concentrarlo y cubrir lo que conocemos como el “fallo de mercado”, que es básicamente aquel conjunto de acciones por las cuales una empresa tiende a invertir en I+D menos de lo que sería social y económicamente óptimo. Las políticas de I+D están para eso: para cubrir el riesgo excesivo en que incurre una empresa al abordar actividades de alta tecnología y de alta complejidad y a largo plazo. Por tanto, se requieren acciones concretas, esfuerzo público y apoyo público para cubrir el fallo de mercado, por ejemplo mediante políticas fiscales que favorezcan la I+D, mediante una contratación pública innovadora, mediante ayudas directas, etc. Sabemos perfectamente cómo desarrollar clústeres innovadores. Hay una serie de políticas de atracción del talento, de apoyo a la I+D industrial, etc., que, si se mantienen en el tiempo, al final desembocan en la creación de esos clústeres innovadores que ahora se están generando tan rápidamente en Asia.

Do Better: Y, ya para terminar, una última pregunta más enfocada al corto plazo. ¿Se va a recuperar rápidamente el suministro de microchips?

Xavier Ferràs: No se va a recuperar rápidamente, porque lo que ha pasado es que la demanda se ha estirado de forma muy rápida porque, como he dicho antes, ha habido un hiperconsumo de dispositivos digitales: todos hemos intentado actualizar nuestros PC y nuestros canales de comunicación; exigimos más videoconferencias, más tráfico de datos; nos bajamos más series de Netflix; vemos más documentales en YouTube; jugamos más a videojuegos…

La sociedad ahora requiere mucha más digitalización. Eso significa que hay mucha más demanda de fabricación de microchips y el problema es que la instalación de plantas de fabricación de chips es un proceso extremadamente largo y complejo. Una planta de fabricación de chips podría compararse con una central nuclear: se trata de grandes plantas, de grandes espacios de manufactura muy costosos –la instalación de una fábrica moderna de semiconductores podría costar unos 20.000 millones de dólares. Por ejemplo, Taiwán Semiconductores o Samsung están optando por instalar capacidad productiva en los Estados Unidos, en un esfuerzo que Biden está propiciando con una política muy decidida de apoyo a la concentración de la capacidad productiva, para llegar a ser autónomos en la fabricación de semiconductores.

Pero estas nuevas plantas no estarán listas antes de 3-5 años. Taiwán Semiconductores, una de las empresas líderes actualmente en el sector, que concentra cerca del 20-25 % de la producción mundial de chips a medida para otras empresas (por ejemplo, Apple), ha impulsado un plan para actualizar su capacidad productiva dotado de 100.000 millones de dólares. Para que tengamos una idea de lo que esto supone, todos los esfuerzos que lleva a cabo la economía española en I+D en un año, tanto en el ámbito público como en el privado, se cuantifican en unos 15.000 millones. Pues bien: una sola compañía, Taiwán Semiconductores, va a lanzar un programa de actualización de su capacidad productiva por valor de 100.000 millones.

Instalar una fábrica de producción de semiconductores es como montar una central nuclear o un portaviones, es una labor sumamente compleja, que requiere una gran precisión tecnológica y una mano de obra muy cualificada y muy entrenada, de modo que no surge de la noche a la mañana. Pensemos que, en el fondo, un chip no es más que un grano de arena de playa. A fin de cuentas, la materia prima de los semiconductores es silicio –de ahí el famoso Silicon Valley o “Valle del Silicio”–, que no es más que un material muy abundante en la corteza terrestre.

Pero este material tiene que tratarse, eso es, tiene que “doparse” –así se denomina técnicamente– de átomos específicos de boro y de germanio, en unas precisiones en que la proporción de átomos de silicio con respecto a la proporción de átomos de boro y de germanio tiene que estar perfectamente calculada para inducir las propiedades electrónicas que se requieren en este tipo de circuitos. Trabajar con estas precisiones, refinar el silicio y, en una segunda fase, dibujar los circuitos a escala nanométrica requiere unos procesos sumamente complejos.

La industria de los semiconductores es una de las más complejas del mundo, pero también una de las más rentables y de las más estratégicas del planeta

La industria de los semiconductores es una de las más complejas del mundo, pero también una de las más rentables y de las más estratégicas del planeta hoy. No vamos a poder instalar capacidad productiva en Europa de forma muy rápida. Pero sí hay, como ya hemos dicho, una competencia clara entre territorios y, si queremos presentar una oferta competitiva para que los fabricantes instalen más capacidad productiva en un territorio, necesitamos ofrecerles beneficios y apoyos directos. Intel, por ejemplo, lanzó un anuncio diciendo que buscaba un lugar en Europa para ubicar una nueva fábrica de semiconductores –que ya hemos visto que van muy buscadas y son muy necesarias–, pero requería justamente 10.000 millones de euros en forma de beneficios fiscales y apoyos directos por parte del territorio donde ubicara la planta.

La nueva globalización va a consistir en esto, nos guste o no: en tener una fábrica como esta en nuestro territorio, puesto que ello supone empleo de muy alta calidad, gran estabilidad industrial y, a la larga, un clúster de este tipo va a generar una clase media que va a sustentar la democracia. Es un proceso similar al que se desplegó con la industria del automóvil hace cien años, pero ahora van a ser este tipo de industrias de alta tecnología las que van a estabilizar los países. De ahí que sean muy buscadas, aunque no vayan a aparecer muy rápidamente. Por todo ello, es estratégico para los países que las actividades de alta tecnología se ubiquen cerca de nuestros mercados, cerca de nuestras ciudades o en nuestras ciudades, incluso para la estabilidad política, como vemos.

Do Better: Muchísimas gracias por esta conversación, profesor Ferràs. Ha sido muy interesante. Gracias, pues, por su tiempo y por sus reflexiones.

Xavier Ferràs: Muchas gracias. Hasta la próxima.

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