¿Es sostenible el sistema de pensiones?

La reforma aprobada por el Parlamento tranquiliza a corto plazo, pero la demografía, la productividad y el reparto del esfuerzo entre generaciones permanecen como dudas inminentes.

Este artículo lo ha escrito Jordi Fabregat, director del Executive Master en Finanzas de Esade y profesor en el Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad.

Si usted pertenece a la generación del Baby Boom y le decían que no cobraría su pensión, ya puede respirar tranquilo. El Parlamento aprobó en 2021 y en 2023 la reforma del sistema de pensiones. Lo hizo con el apoyo político habitual y el de los sindicatos. La patronal puso el grito en el cielo y no se sumó al acuerdo. Normal, puesto que las empresas serán las que sufraguen, aproximadamente, cinco sextas partes del esfuerzo, mientras que los trabajadores asumirán una sexta parte. En todo caso, es importante destacar la aceptación de Bruselas, lo que permitió seguir recibiendo los fondos comprometidos del Next Generation.

Ahora, y con la convocatoria de elecciones en noviembre, ha aparecido de nuevo una temida discusión: ¿está “petado” nuestro sistema de pensiones?

Subir ingresos antes que recortar gastos

Vayamos por partes. En 2022 se aprobó lo más fácil: consistía en actualizar las prestaciones con el IPC y apoyar con distintas medidas la prolongación de la vida laboral. Era evidente que una mirada de reojo a la pirámide poblacional ya bastaba para ver que, al ritmo que subían los jubilados hasta el año 2050 y la cuantía de los salarios de los jóvenes que entraban al mercado laboral, hacía imposible el mantenimiento del sistema de pensiones en sus condiciones actuales.

Lo único que faltaba por ver era cómo poner el cascabel al gato en la segunda parte de la reforma, que debía estar lista para finales de 2022.

Al final, y como lo único que funciona es “la cuenta de la vieja”, se encontraron que o subían los ingresos o bajaban los gastos. El gobierno español, en año electoral, prefirió aumentar los ingresos. Bajar los gastos, por lo tanto, quedó en segundo plano.

Las tres nuevas fuentes de ingresos

Ahora nos encontramos que la mejora de los ingresos del sistema va a recaer, básicamente, sobre los salarios superiores a la base máxima de cotización y en las empresas.

Por ello, encontramos tres fuentes adicionales de ingresos:

  • El incremento de la base máxima de cotización (llamado “destope”).
  • La cotización de solidaridad que grava progresivamente la parte del salario que supera la base máxima de cotización.
  • El mecanismo de Equidad Intergeneracional.

Destacamos este último factor, que sustituye al de solidaridad en la propuesta de 2011/2013 e intentará recuperar el Fondo de Reserva con un coste que llegará al 1,2 % del salario, corriendo a cargo de la empresa el 1 % y el 0,2 % a cargo del trabajador.

Además de estos ajustes, se pretende disminuir la brecha de género, incrementando las pensiones mínimas y mejorando la cotización de las carreras irregulares, las llamadas 'lagunas', en las cuales, por diversas causas, no se ha podido trabajar.

Cómo se calculará la pensión: el susto, aplazado a 2044

Asimismo, se estableció un nuevo mecanismo de cálculo. En este, se aumenta el cómputo de años para calcular la pensión a 29, aunque eliminando los dos peores años.

Se pretende que este sistema de cálculo coexista con el actual, es decir, de los últimos 25 años hasta 2044. Luego, solo se mantendrá el de 29 años.

Hasta ese año, el pensionista cobrará según el que sea más favorable, con lo que el susto de la subida se aplazará al 2044, cuando se espera que buena parte de los nacidos durante el baby boom hayan tenido la gentileza de morirse.

Los números del reto demográfico

Para entender la magnitud del problema, conviene mirar las cifras. Con los datos a septiembre de 2026, tenemos casi 22,5 millones de afiliados y casi 10 millones de pensionistas, de los cuales 6,5 millones son por jubilación, 2,4 millones por viudedad y el resto corresponde a orfandad y otras realidades sociales.

Sin embargo, el problema aparece a medida que los nacidos en el llamado "baby boom" nos vayamos jubilando. Tenemos distintas proyecciones de datos del INE y de la Airef que suelen coincidir en estimar una población en 2050 con unos 3 millones más de habitantes, básicamente inmigrantes, pero 6 millones más de jubilados, lo que ya nos da una idea de la dificultad para financiar el sistema con las características actuales. Ello implica que, si ahora tenemos aproximadamente 2,7 cotizantes por pensionista, bajaremos esta ratio a 1,5.

Otra manera de verlo es relacionando los pagos por pensiones y el PIB, que necesariamente subirá del 13 % actual al 16 % y que el déficit del sistema de pensiones, que debemos cubrir con las aportaciones que efectúa el Estado de los presupuestos generales, se eleva a 70.000 millones de euros anuales.

Es evidente que, si quisiéramos equilibrar el sistema de pensiones sin aportaciones adicionales del Estado, no nos veríamos obligados a congelarlas, sino reducirlas. De hecho, en el estudio de "los 12 sabios", que se efectuó en 2013, ya se proponía no actualizar pensiones con el IPC, sino ajustar la pensión inicial en cada momento a la esperanza de vida, introduciendo mecanismo de ajuste para calcular las pensiones en función de la actividad y los importes de las cotizaciones de los trabajadores en activo.

Y, seguramente, ya habrás intuido, sufrido lector, que nunca llegaron a ponerse en práctica y se derogaron en 2021.

¿Se sostiene el sistema? Entre el alarmismo y los matices

Es por todo ello que las voces más alarmistas dicen que el sistema no se sostiene, en especial si las pensiones se siguen aumentando con el IPC. Teniendo en cuenta que la pensión media está en 1.552 euros y que los nuevos pensionistas tendrán pensiones superiores, y que los nuevos cotizantes, especialmente los jóvenes, tienen salarios que se aproximan al salario mínimo, que se sitúa en los 17.000 euros anuales, es fácil deducir que el déficit no puede hacer otra cosa que aumentar.

Sin embargo, las últimas reformas de este mismo año, que tratan de retrasar la edad de jubilación y se añaden a las que ya se hicieron en años anteriores, están consiguiendo que la edad media de jubilación ya supere los 65 años (si las condiciones son favorables y la salud y el trabajo lo permiten).

¿Una luz al final del túnel?

Se prevé que, a partir de 2060, las tensiones del sistema de pensiones puedan disminuir a partir de la posible disminución de los jubilados, como nos indica la pirámide poblacional. Es de esperar, también, que la mejora de la productividad, quizás con la utilización de la IA, nos permita mantener nuestro estado del bienestar como lo conocemos hasta ahora.

Entonces, ¿qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Por desgracia, y parece, no queda otra que ahorrar para el momento de la jubilación, ya que es previsible que la ratio entre la primera pensión cobrada y el último salario cobrado pase del actual 80 % al, quizás, 60 o 65 %, que sería la medida de la UE. Por lo tanto, la equivalencia a una pérdida importante de poder adquisitivo relevante en el momento de la jubilación.

Por todo ello, considero que se debe fomentar la creación de planes de pensiones de las empresas, en especial para las pymes y los autónomos. Aunque, y no se tiene que perder de vista, con los esfuerzos económicos que tendrán que hacer las empresas para financiar los ingresos adicionales que se prevén con la reforma, tal vez será complicado que estos planes se puedan llevar a cabo: quizás acaben siendo un mayor coste de personal.

Conclusión: la pregunta de fondo es generacional

Nos queda claro que las aportaciones extraordinarias que tendrá que hacer el Estado no decrecerán en las próximas décadas. No hasta que la pirámide poblacional dé un respiro.

Entretanto, máximo relax: ningún partido político se atreverá a castigar a los pensionistas.

No sería raro, sin embargo, que los jóvenes, que son los mayores afectados por el sistema actual (ya que el sistema de reparto que rige en la actualidad y por el cual cotizan hoy, paga la pensión del jubilado, pero no la suya) se rebelaran. En el fondo, lo que se tendría que considerar es la transferencia de riqueza entre generaciones. Pero esto ya sería meterme en un lío del que me costaría salir.

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