Nueve mil millones de personas que puedan vivir bien dentro de los límites planetarios: un mantra para la acción empresarial

Rafael Sardá

Han transcurrido treinta años desde que Stephan Schmidheiny y el Business Council for Sustainable Development escribieran Changing Course, una primera visión empresarial de futuro del crecimiento económico y la protección del medio ambiente, que resonaría con fuerza en la Conferencia de Río en 1992.

Pocos años después, este libro actuaría como catalizador de la fundación del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), que en la actualidad funciona como un foro de empresas de diversas industrias y localizaciones cuyo objetivo es intercambiar las mejores prácticas para poder alcanzar el tan preciado desarrollo sostenible que todos anhelamos.

Si algo estaba claro desde el principio para el WBCSD era que las empresas no podrían desarrollarse con éxito en sociedades que fracasaran o que colapsaran; por ello, enseguida el WBCSD desarrolló su propia visión del mundo para el año 2050, por la cual debería trabajar, con arreglo al lema: “9 billion people living well, within the resource limits of the planet”.

Desde que hemos entrado en el nuevo milenio, hemos crecido en población un 1,2% de media cada año

Desde entonces, la ciencia ha generado suficiente información para demostrar que el buen funcionamiento de las sociedades humanas está intrínsicamente unido al buen funcionamiento de sus ecosistemas, lo cual a su vez depende del buen estado de su biodiversidad, indispensable para nuestro bienestar. No obstante, la actividad humana sigue impactando significativamente en dichos ecosistemas y en el clima que los regula, y ello nos ha llevado a la posibilidad de tomar en consideración el riesgo real de desestabilizar el funcionamiento del planeta y, con ello, su habitabilidad.

Desde que hemos entrado en el nuevo milenio, hemos crecido en población un 1,2% de media cada año, el ultimo millardo lo hemos alcanzado en tan solo doce años y, al parecer, necesitamos un crecimiento económico continuado de un 3% para generar las situaciones que pretendemos mantener o que anhelamos; estos dos crecimientos unidos han provocado una aceleración constante de múltiples dinámicas sociales y ambientales y una gran conectividad entre ellas.

Todo ello ha llevado al mundo científico y a las Naciones Unidas a advertir de que existen unos límites planetarios (planetary boundaries) para la seguridad humana y que podemos traspasarlos, si no lo estamos haciendo ya en la actualidad. Sobre esta base, el WBCSD ha matizado su visión para 2050 y ha introducido este nuevo concepto: “Nine billion, able to live well within planetary boundaries”.

Debemos ser conscientes de que no solo impactamos sobre el medio que nos rodea, sino que además dependemos absolutamente de él

Las últimas conferencias plenarias de las Naciones Unidas, en sus convenciones sobre el clima (UNFCCC-COP26; Glasgow, 2021) y la biodiversidad (UNCOB-COP15; Kunming, 2021/2022), han emitido mensajes muy claros sobre la necesidad de coordinar sus actividades y sus soluciones, como estudiar y aplicar más efectivamente las soluciones basadas en la naturaleza (“nature-based solutions”).

En Glasgow, en noviembre de 2021, se hicieron progresos en diferentes áreas esenciales para el Acuerdo de París, como que las soluciones que se adopten para revertir la emergencia climática deben procurar la protección de la biodiversidad (“climate solutions adopted must also co-deliver to nature”). En línea con estas conclusiones, y como preparación de la segunda parte de la conferencia sobre la biodiversidad, el movimiento Post2020 ha preparado otro lema y otra llamada a la acción para el año 2050: “Por un mundo equitativo, neutro en carbono y positivo en biodiversidad” (“An equitable, carbon-neutral, nature-positive world for 2050”). Es bastante inmediato constatar que ambos lemas, el del WBCSD y el de las Naciones Unidas, van de la mano.

La empresa, en sentido amplio, no puede quedarse impasible ante estos dos compromisos de futuro, sino que necesita replantearse y reformular, como un nuevo “mantra”, no solo su grado de sensibilización hacia estas temáticas globales (awareness), sino también su actuación y su respuesta frente a este problema (activation). Debemos ser conscientes de que no solo impactamos sobre el medio que nos rodea, sino que además dependemos absolutamente de él y, sin este medio exterior, sin un funcionamiento adecuado de sus componentes, las empresas no podrán funcionar. Hemos entrado en una era en que las actividades humanas han logrado alterar determinados procesos sistémicos terrestres y debemos prepararnos para abordar, con las soluciones adecuadas, los crecientes desafíos socioecológicos que ello conlleva.

Necesitamos establecer un nuevo marco para la sostenibilidad corporativa

Necesitamos establecer un nuevo marco para la sostenibilidad corporativa, un nuevo marco que reconozca no solo que las personas vivimos en sociedades establecidas, sino también que estas sociedades solo pueden funcionar y no colapsar si el medio natural es resiliente. No se trata de establecer la dualidad entre negocios y naturaleza, business and nature (“People, planet and profit”), sino avanzar hacia el reconocimiento de que nuestros negocios se realizan dentro de la naturaleza, business in nature (“People, profit in the planet”). Hace unos años, lo escribíamos en un libro, que titulamos Business in Nature: una nueva concepción de la sostenibilidad corporativa que pretendía crear un impacto positivo en la sociedad manteniendo la resiliencia de los sistemas socioecológicos (“create a significant positive impact in societies as well as increasing the resilience of social-ecological systems”).

Estos tres lemas citados, aunque provienen de lugares muy distintos, comparten una visión socioecológica similar de la realidad actual: una visión social [“Nine billion, able to live well…”; “An equitable…”; Create a significant positive impact…”] intrínsicamente integrada con esta visión más ecológica [“within planetary boundaries…, carbon-neutral, nature-positive…, increasing the reliance of social-ecological systems”].

Este nuevo “mantra” deberá responder a cuatro condiciones básicas que acompañen su desarrollo, para predicar con el ejemplo (“walk the talk”):

  1. Ampliar los límites de intervención de las empresas (“Extending the boundaries of intervention”). Las empresas deben ir más allá de los límites corporativos tradicionales y abarcar todas las fases de la cadena de valor (desde la extracción y el cultivo de los recursos hasta el final de la vida útil de los productos). Deben internalizar las interdependencias con los sistemas socioecológicos en que actúan, ya sea en función de las presiones que ejerzan o de sus necesidades de bienes y servicios del ecosistema. Repensar la cadena de valor y el ciclo de vida de los productos y servicios debe ser una competencia esencial para las organizaciones empresariales.
  2. Concentrarse en un enfoque sobre los efectos ambientales y no solo en los impactos ocasionados (“Moving from a focus on environmental impacts to a focus on environmental effects”). Las empresas no solo deben reducir drásticamente el impacto que generan, sino también estabilizar o, mejor, reducir sus efectos negativos sobre los estados de la naturaleza y sus ecosistemas (atmósfera, sistemas de agua dulce, sistemas marinos, bosques, etc.), para mantener su integridad, funcionalidad y resiliencia, fundamental para que todos prosperemos.
  3. Innovar en nuevos productos, servicios y modelos de negocio para el futuro (“Innovating new products, services, and business models for the future”). Necesitamos desvincular la prosperidad del consumo material de recursos para hacer frente a las grandes aceleraciones de nuestro tiempo. Los cambios deben implicar nuevas reglas en los mercados sobre cómo se extraen y combinan los recursos a lo largo de las cadenas de valor, cómo se genera valor para los consumidores y cómo se produce valor para la empresa. Todo ello debe ir acompañado del desarrollo de modelos de negocio nuevos y sostenibles, en el marco de una buena economía circular.
  4. Desarrollar enfoques colaborativos (“Developing collaborative approaches”). Debido a la escala planetaria de los desafíos socioecológicos, es necesario entender que estas crisis no pueden resolverse con el esfuerzo de unos pocos actores. No se trata de optimizar o maximizar los resultados de forma aislada. El papel de las empresas, en este caso, es que sean capaces de influir en las demás e impulsar una transformación más amplia a escala industrial y modificar el enfoque dominante, basado en la competencia, por un enfoque que busca más la colaboración entre iguales y con las partes interesadas.

Nuestros procesos de formación deben estar comprometidos con esta visión compartida y ser capaces de guiar el camino. Ya han transcurrido treinta años desde el Changing Course y no hemos hecho lo suficiente. Debemos actuar con diligencia y no equivocarnos si queremos dejar a las próximas generaciones ese mundo mejor que todos queremos.

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