Cuatro años de Trump: balance geopolítico y perspectivas electorales

Por EsadeGeo

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En las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, que se celebrarán la semana próxima, se enfrentarán dos formas completamente opuestas de ver el mundo. Del multilateralismo promovido por Barack Obama, con Joe Biden de vicepresidente, Estados Unidos pasó a abrazar un intenso proteccionismo bajo el famoso lema de Donald Trump, America First. Estas dos visiones vuelven a buscar el aval de las urnas, en plena pandemia mundial.

En este podcast, el investigador de EsadeGeo, Óscar Fernández, habla con Javier Solana, presidente de EsadeGeo, sobre el balance de la Administración Trump en materia de política exterior, las perspectivas de ambos candidatos y las implicaciones geopolíticas de los potenciales escenarios electorales.

TRANSCRIPCIÓN

Óscar Fernández: Saludos a todos y bienvenidos a un nuevo podcast de EsadeGeo en Do Better, la plataforma de contenidos de Esade. Soy Óscar Fernández, investigador sénior de EsadeGeo. Tenemos hoy con nosotros al presidente de nuestro centro, Javier Solana, que como sabéis fue alto representante de la Unión Europea durante muchos años, y antes secretario general de la OTAN y ministro del Gobierno de España en varias ocasiones. Javier nos acompaña en vísperas de las elecciones estadounidenses sobre las cuales Do Better está elaborando una serie de contenidos y que estamos siguiendo con mucha expectación, porque sabemos que hay mucho en juego, tanto para los Estados Unidos como para el resto del mundo. Así que muchas gracias, Javier, por estar con nosotros hoy, sobre todo en este momento tan importante.

Javier Solana: Gracias a vosotros.

Óscar Fernández: Usted conoce los Estados Unidos de primerísima mano, porque de hecho estudió allí en los años sesenta y posteriormente, durante su trayectoria política, conoció a muchísimos diplomáticos estadounidenses, e incluso a presidentes estadounidenses, y sabemos que tiene una gran experiencia con respecto a ese país. Aunque no conviene idealizar el pasado, es innegable que Trump ha supuesto un punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos y ahora nos encontramos ante unas elecciones en que el presidente parece que ni siquiera se ha comprometido, de forma inequívoca, a aceptar los resultados. ¿Qué le sugiere a usted todo lo que está ocurriendo en los Estados Unidos y cómo le parece que hemos llegado a una situación tan crítica?

Javier Solana: Pues es difícil decir cómo hemos llegado a esta situación sin hacer una reflexión profunda sobre los últimos años de los Estados Unidos. Si queréis, podríamos empezarla al final de la Guerra Fría, con la caída del muro de Berlín, o bien a principios del siglo XXI. Si hacemos esto último, en el primer año del nuevo siglo se producen dos acontecimientos muy importantes para los Estados Unidos:

  • El 11 de Septiembre, con la caída de las Torres Gemelas, que es un golpe tremendo para el país, del cual le cuesta trabajo salir.
  • Y, desde el punto de vista económico, unos meses más tarde de ese mismo año, el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que es el punto de partida del gran crecimiento de China (un 10% anual).

Estos son dos momentos muy difíciles para los Estados Unidos y que tienen consecuencias hasta hoy. Todo lo pasan a denominar “la guerra contra el terror” y les lleva a expandir su presencia por todo el mundo, y en algunas partes del mundo siguen todavía (por ejemplo, en Afganistán).

Todo eso ha sido digerido con dificultad por una parte de la sociedad americana. Y, después, el auge de China y la competencia con China, que inicialmente pudo ser buena pero hoy ya empiezan a verse las consecuencias de lo que comenzó a principios de siglo. Por tanto, yo creo que la llegada de Trump responde, entre otras causas, a los efectos de la caída de las Torres Gemelas y de la entrada de China en la OMC.

Trump es la manifestación de una desigualdad muy profunda en los Estados Unidos

Analizando la situación más próximamente, yo creo que Trump es la manifestación de una desigualdad muy profunda en los Estados Unidos. Todo este período de tiempo, que económicamente ha sido bueno para los Estados Unidos –es verdad que hubo en 2008-2009 una crisis importante, pero en general ha sido bueno–, lo ha sido solo para muy pocos y ha habido una desigualdad muy grande.

Si tuviera que tomar hoy una foto de los Estados Unidos, sacaría a los blancos pobres y a los negros, que están protestando intensamente en las calles. Es decir, lo más desigual del país está enfadado y todo ello tuvo como consecuencia, probablemente, que llegara al poder un demagogo como Trump, que dijo que iba a trabajar para resolver esos problemas de desigualdad, pero que ha generado más desigualdad si cabe, pues, según las curvas de crecimiento y de desigualdad en los Estados Unidos, ahora mismo el 1% de los más ricos son los que han sacado beneficio de todo este período de tiempo y todos los demás han caído: las clases medias blancas y las clases medias negras.

Trump ha sido un gran fracaso. Para mí, es inconcebible cómo Trump ha podido llegar a ser el presidente de la primera nación del mundo. Es una persona sin formación, corrupta, que no tiene nada que decir realmente, más allá de algunos eslóganes; es la antítesis de un presidente de los Estados Unidos. Y, bueno, esperemos que no lo tengamos que sufrir más. Porque ya lo hemos sufrido durante cuatro años muy duramente, con consecuencias muy importantes para su país y para el mundo en general, pues no en vano es la primera potencia.

Óscar Fernández: Y si tuviéramos que caracterizar, de algún modo, lo que ha significado la política exterior de Trump durante estos cuatro años, ¿qué le viene a la mente a usted? ¿Podemos hablar de una doctrina Trump? ¿Hay algo realmente coherente al respecto?

La presidencia de Trump ha significado la fragmentación de multilateralismo

Javier Solana: Bueno, como doctrina, podríamos sacar el eslogan America First, que condensa muchas de las cosas que se han hecho. Lo más relevante para mí es el desastre que ha creado en el multilateralismo. El mundo en que vivimos tiene un grado de globalización alto –quizá demasiado alto, para algunos– y tiene, por tanto, una interconexión, una “interdependencia” –si me permites la expresión– enorme, y lo que no puede ser es que se quiera romper con todos los vínculos multilaterales del mundo de hoy. Realmente, si tuviéramos que definir la presidencia de Trump por algo malo y dramático diríamos que ha significado la fragmentación de multilateralismo, con una batalla contra el multilateralismo que, en buena parte, ha ganado.

Óscar Fernández: En algunas organizaciones internacionales que ha debilitado. Por ejemplo, nos viene a la cabeza la OMC...

Javier Solana: La OMC es la que viene primero a la cabeza. Es verdad que puede todavía recuperarse, porque ha habido un cambio... Las elecciones serán dentro de nada y esperemos que la Organización Mundial de Comercio pueda seguir avanzando. Y también en otros ámbitos, desde la política nuclear, el desarme, hasta el cambio climático, siempre ha roto algo que era multilateral. Y para ser más duro todavía, se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En un momento en que el mundo tiene un problema como no se había conocido jamás con la pandemia del coronavirus, los Estados Unidos, en vez de sumarse a la OMS y tratar de colaborar en la batalla global contra la pandemia, se ha salido de ella y no quiere hacer nada con la organización mundial encargada de la sanidad global, de la salud global.

Óscar Fernández: Usted ha mencionado antes dos elementos fundamentales: el tema nuclear y el cambio climático, que van a definir absolutamente este siglo. Sabemos que Trump se ha retirado tanto del acuerdo nuclear con Irán como del Acuerdo de París. ¿Cómo valora usted estos movimientos?

Javier Solana: En el tema de Irán, es un gran disparate haberse salido del acuerdo que firmó en su día. De hecho, fue una de las primeras decisiones que tomó Trump nada más llegar al poder. Yo he conocido muy de cerca esta negociación, pues la inicié yo personalmente y fui a ver al presidente Rohaní cuando fue elegido; me invitó a su toma de posesión y ahí creo que cimentamos, de una manera muy seria, lo que luego iba a ser la negociación con los Estados Unidos. Considero que es un gran disparate, sobre todo porque, primero, estamos hablando de temas nucleares y, segundo, estamos hablando de Oriente Medio. El de Oriente Medio es un tema importante que no ha avanzado nada durante su presidencia; por tanto, las dos facetas que nos ofrece Irán han fracasado. Trump ha fracasado y nos ha hecho fracasar a todos. Y con una gravedad que va mucho más allá, porque él ha vuelto a imponer sanciones a Irán y ha obligado a que esas sanciones las cumplieran incluso los firmantes del acuerdo, que se transforma en una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Por tanto, ello supone, además, un enfrentamiento de grandes dimensiones con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Y, en cuanto al cambio climático, yo creo que el Acuerdo de París fue un acierto, y salió bien porque los Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama, y China llegaron a París con un acuerdo entre ellos y esta fue la gran diferencia entre Kioto –por mencionar un precedente de esta negociación– y París. En París, los americanos y los chinos habían llegado a un compromiso y ello facilitó que hubiera un acuerdo global. Y, con lo que sabemos hoy del cambio climático y la gravedad que supone que sigamos sin tomarnos seriamente el tema, el hecho de que la nación más importante se salga de ese acuerdo y lo rechace una vez firmado es un desastre en esta batalla por contener el ascenso de la temperatura del planeta. Por tanto, son dos gravísimos errores, que Trump ha cometido a conciencia, pues ha presumido de ellos. Él no cree ni que se pueda parar el tema nuclear en Irán ni considera que el cambio climático es algo serio, sino que cree que es un invento de un grupo de científicos y de un grupo de locos que andan por ahí pensando que la temperatura va a subir cuando no saben ni medirla.

El hecho de que Estados Unidos se retirara del Acuerdo de París es un desastre en esta batalla por contener el ascenso de la temperatura del planeta

Óscar Fernández: Esto es un desastre también para la imagen de los Estados Unidos en el mundo, ¿no le parece?

Javier Solana: Pues sí, creo que sí. Mire, creo que con Obama el respeto a los Estados Unidos subió, o por lo menos el afecto. Es verdad que Obama hizo cosas que tampoco fueron perfectas; por ejemplo, en el tema militar, etc. Pero lo que ha ocurrido con la llegada de Trump es un desconcierto en el mundo y no solo entre los líderes del mundo, sino también entre los ciudadanos. En cualquier país donde uno vaya hoy a preguntar cuánto aprecian a los americanos te dicen que menos que antes, ¿no?

Óscar Fernández: Exactamente. Sobre este punto, tenemos datos recientes de una encuesta del Pew Research Center que, como sabe, es un referente internacional. Hace poco, administraron una encuesta a ciudadanos de trece países aliados de los Estados Unidos, muchos de ellos europeos, y los datos demuestran que solo el 16% de la población de esos países confía en el criterio de Trump, que es un porcentaje inferior incluso al que reciben líderes como el presidente chino Xi Jinping o el presidente ruso Vladímir Putin. En España, también es el 16%, mientras que Obama, en su último año de mandato, tenía un 75% de confianza. ¿Le parece que la imagen de los Estados Unidos puede remontar después de una presidencia tan controvertida como la de Trump?

Javier Solana: Bueno, va a costar. Creo que, si gana el vicepresidente Biden –que yo deseo que gane–, le va a costar y tendrá que hacer un gran esfuerzo, pero lo conseguirá. Y considero que una buena política por parte de los Estados Unidos será reconocida también por el resto del mundo. Sobre todo, si vuelven a compartir el sentimiento de que vivimos en un mundo globalizado, del cual formamos parte todos los ciudadanos de la Tierra, que tenemos que estar en sintonía unos con otros y compartir una idea común de lo que nos interesa, y que los problemas más graves de hoy son globales y, por tanto, requieren soluciones también globales. Y, en consecuencia, necesitan una institución de carácter global que aborde el problema y le encuentre una solución, pues las soluciones no aparecen solas.

Yo creo que sí serán capaces de repuntarlo, pero no va a ser fácil, porque China es una potencia muy importante. Ha sido un espectáculo verla crecer; incluso ahora estamos viendo que, con el tema de la pandemia, ellos ya están registrando una derivada positiva de crecimiento, mientras los demás estamos bajando. Realmente, lo de China es un fenómeno extraordinario de disciplina, con un comportamiento crucial que les lleva a poder hacer cosas casi milagrosas, como crecer durante tantos años al 10% y recuperar tan pronto el crecimiento después de haber caído: es algo verdaderamente impresionante. Yo comprendo que integrar a China en el sistema internacional resulta muy complejo para los americanos, porque es la potencia emergente que se enfrenta a la potencia que representa el statu quo y, como desde las guerras del Peloponeso ya sabemos que eso puede acabar mal, hay que hacer todo lo posible para que no acabe mal, sino que haya un encuentro para hallar soluciones comunes para los grandes problemas que nos afectan a todos. Se puede estar en desacuerdo con China en muchas cosas, pero hay cosas en las cuales es obligatorio estar de acuerdo; si no, todos perdemos.

Los problemas más graves de hoy son globales y, por tanto, requieren soluciones también globales

Óscar Fernández: ¿Cómo se imagina usted las relaciones entre los Estados Unidos y China, con una eventual administración Biden? ¿De qué manera influiría?

Javier Solana: Yo creo que lo primero que tendría que hacer una administración Biden es recuperar el Departamento de Estado. El destrozo que ha hecho Trump en el Departamento de Estado es indescriptible: ha echado a diplomáticos –en fin, no hay diplomáticos ahora mismo, pues él no usa los diplomáticos– y, claro está, una gran potencia tiene que usar muy bien los diplomáticos y formarlos bien, prepararlos bien, darles confianza y que puedan hacer cosas. Yo creo que eso se puede recuperar sin grandes dificultades, porque hay muy buenos diplomáticos que hoy no están sirviendo al país y que estarían dispuestos a volver a hacerlo. Eso es lo primero que tiene que hacer. Y, después, ha de adoptar una política que comprenda que el mundo es multilateral y que las soluciones no pueden ser soluciones nacionales. Biden ya lo ha dicho: “Yo no quiero America First, etc., pues la consecuencia de todo ello es que Trump está solo; se encuentra prácticamente sin aliados.

Es interesante observar algunas de las últimas cosas que han pasado donde parece que Trump ha jugado un papel pequeño, como la ayuda que ha dado a Netanyahu. Pues bien, por ayudar a Netanyahu, ha roto un pacto muy importante que había en el mundo árabe: que no habría reconocimiento de Israel hasta que no hubiera reconocimiento también de Palestina; es decir, esas dos cosas iban juntas. Pues ha roto ese principio y ha convencido a dos países de la región para que abran relaciones con Israel, los Emiratos y Bahréin. Arabia Saudita todavía no lo ha hecho, porque no lo puede hacer: un país que tiene los santos lugares que todos los musulmanes del mundo deben visitar una vez en su vida tiene que cuidar mucho cómo trata el reconocimiento de Israel.

Óscar Fernández: Sabemos, de hecho, que Israel y Arabia Saudita han sido quizá los aliados más fieles de Trump durante estos cuatro años, aunque entre ellos todavía no han tenido relaciones diplomáticas, pero ha habido un acercamiento también. Ellos han sido aliados tradicionales de los Estados Unidos durante bastante tiempo y, evidentemente, también la Unión Europea. Pero la Unión Europea no ha estado demasiado presente en la agenda de prioridades de la presidencia de Trump.

Javier Solana: No, ha ocupado un lugar bastante bajo y Trump ha tomado bastantes decisiones malas para la Unión Europea. También porque entiende que la Unión Europea es un organismo multilateral y a él le encantaría poder tratar bilateralmente y llegar a acuerdos comerciales con Alemania, y no puede entender cómo Alemania no puede hacer eso porque forma parte de un conjunto de países que conforman la Unión Europea. Eso para él es incomprensible y ha mostrado un rechazo a la propia Unión Europea.

Óscar Fernández: Y ¿qué pasaría si Trump saliera reelegido? Sabemos que no es demasiado probable, según las encuestas, pero no es descartable. ¿Cómo se imagina que cuatro años más de Trump afectarían al mundo, a los Estados Unidos e, incluso, a la salud de su propia democracia?

Javier Solana: Pues yo no me los imagino realmente, porque cuatro años más de Trump serían una tragedia, pues ya no se puede decir como se decía al principio que gobernar va a hacer de Trump una persona más sensata. Ya hemos visto que gobernar no le ha hecho cambiar a él, sino que él ha cambiado la manera de gobernar en los Estados Unidos, y cuatro años más serían un drama. Yo creo que habría una gran tensión con los Estados Unidos, y no solo por parte de China –que la va a haber, porque el choque en el mundo comercial va a ser muy grande–, sino que también me imagino a muchos otros países, en concreto de la Unión Europea, con grandes dificultades para tener una relación sana con los Estados Unidos, en este supuesto.

Óscar Fernández: Y permítame que le insista sobre la dimensión democrática de todo ello, porque prácticamente nadie considera que pueda ganar el voto popular y sabemos que, si es reelegido, será seguramente con el voto popular en contra, que es algo que ya ocurrió hace cuatro años. ¿Qué efectos tendría esto sobre la confianza de los propios estadounidenses con respecto al sistema? Sabemos que ha habido una serie de precedentes en la historia de los Estados Unidos en que el voto popular fue a un candidato diferente del que luego obtuvo la presidencia, pero es muy excepcional y dos de las veces en que ello ha ocurrido se han dado en este siglo.

Javier Solana: Exactamente. Fueron Bush y Trump. Y, realmente, cuando nos damos cuenta de ello, resulta bastante sintomático que la potencia número uno, considerada la exportadora de los valores de la democracia, etc., en su propio país no sea un hombre un voto, sino una delegación del voto quien elija al presidente de los Estados Unidos. Yo prefiero no pensarlo, y sobre todo espero que, en estos días de campaña, que van a ser bastante intensos, no se cometa ningún disparate. Y también espero que, si Trump pierde –como deseo–, la transición sea como la que se merece un país democrático serio.

Óscar Fernández: Déjeme terminar, porque creo que los oyentes no me lo perdonarían, pidiéndole su opinión sobre qué es lo que va a pasar en las elecciones. Entiendo que considera que Biden es el favorito pero ¿con cuánto margen cree que podría ganar y qué escenario cabe esperar justo después?

Javier Solana: Yo creo que va a ganar Biden y lo veremos a lo largo de la noche. Si Biden gana en Florida, casi podría dar por ganadas las elecciones. ¿Qué diferencia va a haber? Pues no lo sé, pero Biden va a ganar el voto popular seguro, y por cuánto va a ganar no lo sé. A mí me gustaría que fuera un resultado claro, es decir, que no hubiera demasiados líos después en que los tribunales tuvieran que entrar a ver cómo se decide. Y también porque el reciente nombramiento que acaban de hacer en el Tribunal Supremo de Estados Unidos pone a este Tribunal en una situación que no se ha conocido antes, de 6 a 3, es decir, con una mayoría total para la derecha americana, con lo cual cuanto más lejos esté el Tribunal Supremo de tener que tomar una decisión del dictamen electoral, mejor.

Óscar Fernández: Bueno, pues muchísimas gracias, Javier. Con esto llegamos al final del podcast. Ha sido un placer tenerle con nosotros y estaremos expectantes a ver qué ocurre con las elecciones.

Javier Solana: Muchas gracias a ti.

Óscar Fernández: Gracias, y gracias también a los oyentes de Do Better. Ya saben que estamos dedicando un ciclo a las elecciones estadounidenses, así que les emplazamos a seguir los otros contenidos que publicaremos dentro de este ciclo. Un saludo a todos.

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