En un mundo caracterizado por la incertidumbre y la volatilidad, la diplomacia puede y debe jugar un papel fundamental al servicio de la reactivación económica y de la imagen de España. No en vano, estamos hablando de un ámbito fundamentalmente intangible que se concreta en beneficios económicos tangibles, como son:
La capacidad de atraer turismo
Captar inversiones extranjeras
Atraer talento
Facilitar la financiación del país
Favorecer la internacionalización de sus empresas
Por ello, la diplomacia pública, la diplomacia económica y en general el poder blando se convierten en instrumentos clave de la acción exterior de los países, cuyo éxito influye significativamente en su desarrollo económico y social. ¿Cuáles son los elementos clave de esa nueva diplomacia? ¿Cómo se puede medir el poder blando, las percepciones y la capacidad de influencia? ¿Cuál es su impacto sobre los intereses económicos y empresariales? ¿Qué papel juegan las propias empresas?