Efecto Biden sobre el entorno empresarial

Enrique Rueda-Sabater

Foto: Matt Johnson/Flickr

¿Cómo afectará la recién instalada administración Biden al entorno empresarial? La respuesta tendrá implicaciones significativas para empresas de todo tipo y en todas partes, especialmente, pero no solo, empresas que operan en mercados multinacionales, tanto en cuanto a cadenas de suministro como a clientes. Se han hecho muchos análisis y predicciones en anticipación de lo que promete ser un gran replanteamiento de la política económica en EEUU.

Razonablemente, muchas de las predicciones se basan en posiciones que Joe Biden ha expresado a lo largo de su carrera –y sobre todo de su campaña para la elección presidencial– o en las pistas que generan los nombramientos anunciados para su consejo de ministros y otros cargos de importancia. Otra ristra de predicciones se basa en el papel que pueden jugar las posiciones de distintos grupos de presión a los que Biden “debe” por los apoyos recibidos en su campaña y el bloqueo del control republicano del Senado gracias a la elección de dos senadores demócratas en Georgia.

Biden inauguration
El presidente Joe Biden durante la 59ª ceremonia inaugural en Washington (Foto: Chairman of the Joint Chiefs of Staff/Flickr)

Para examinar ordenadamente el posible impacto sobre empresas de ámbito global puede resultar útil emplear un esquema que desglose algunos componentes claves. Consideremos un esquema sencillo con dos dimensiones. Una dimensión considera dos aspectos o características de política económica: su dirección y celeridad; y la carga que conlleva el cumplimiento regulatorio. La otra dimensión explora cuatro áreas que se verán afectadas por el replanteamiento: comercio; tecnología y datos; finanzas; y medio ambiente.

Antes de entrar en lo que se puede esperar en cada una de esas cuatro áreas (y en las interacciones entre medidas en distintas áreas; por ejemplo, finanzas y medio ambiente) vale la pena tener en cuenta algunos factores comunes del replanteamiento de la política económica en EEUU. Específicamente hay que tener en cuenta dos cambios fundamentales en la aproximación de la administración Biden comparada con la del periodo de Trump. Una es la estabilidad que resultará de una toma de decisiones coherente, basada en un análisis sólido y deliberaciones profesionales, en lugar de la agitación de medidas tomadas impulsivamente desde una posición egocéntrica. La otra es la búsqueda, en negociaciones, del beneficio mutuo (“win-win”) en lugar de abordarlas con una mentalidad pendenciera de tipo “suma cero”. 

Es importante no infravalorar las implicaciones que estas dos diferencias supondrán en muchos ámbitos y el potencial que tienen de impactar positivamente sobre el crecimiento y la eficiencia de la economía mundial … y, por tanto, para empresas cuyo propósito es generar valor añadido a largo plazo. 

Distinguir los dos aspectos o características sirve simplemente como recordatorio de que los efectos de nuevas políticas económicas pueden ir por dos vías diferentes. Mientras que las cuatro áreas de análisis no se corresponden solamente a mercados específicos: habrá efectos directos para empresas en esos mercados, pero también muchas vías por las cuales empresas de todo tipo y geografía se verán afectadas.

  Dirección y celeridad Cumplimiento regulatorio
Comercio Liberalización selectiva—gradualmente Liviano a moderado
Tecn. y datos Nueva protección—comenzando pronto Moderado
Finanzas Renovada aplicación—gradualmente Moderado a gravoso
Medio ambiente Nuevas medidas—comenzando pronto Gravoso

Es obvio que, incluso como punto de partida analítico, este no es un esquema completo para explorar las intenciones y probables decisiones de la nueva administración en EEUU. El esquema se centra en el entorno empresarial más inmediato y, por tanto, tiene un enfoque limitado que no incluye decisiones en otras áreas de gran importancia, como son, por ejemplo, asistencia sanitaria, inmigración, seguridad nacional y gobernanza global. La ejecución de decisiones en las cuatro áreas del esquema se verá afectada por las demandas que estas otras áreas impongan en el tiempo y el capital político de los líderes de la nueva administración.

Comercio

Los cambios en la política comercial probablemente no serán rápidos, pero según se materialicen tendrán implicaciones importantes para muchas empresas, por dos vías. Casi todas las empresas y sus cadenas de suministro se beneficiarán del desmantelamiento de las medidas veleidosas y belicosas de los últimos cuatro años. También de la vuelta a la diplomacia comercial a través de negociaciones tanto bilaterales como multilaterales y de la reconciliación de EEUU con la OMC y sus procesos.

La nueva administración se inclinará por apoyar la restauración del orden global del comercio (incluyendo los mecanismos de resolución de disputas) y por buscar consenso sobre normativas para incorporar en ese orden nuevas situaciones creadas por transacciones digitales y otros tipos de servicios. Pero no es probable, teniendo en cuenta la existencia de otros temas más apremiantes, que la administración Biden trate esta restauración del orden comercial como una prioridad urgente.

Los cambios en la política comercial probablemente no serán rápidos, pero según se materialicen tendrán implicaciones importantes para muchas empresas

Las empresas que se verán más específicamente afectadas por cambios en la política comercial serán aquellas cuya posición de mercado involucre: la provisión de materiales claves (por ejemplo, fármacos y equipamiento médico); tecnologías de nueva generación; y sectores manufactureros en los cuales la producción en el extranjero amenace nuevas pérdidas de empleo en EEUU o plantee problemas éticos como es el caso con trabajo infantil o forzoso. Aunque la reimplantación nacional de empleos manufactureros seguirá recibiendo atención retórica, en la práctica cabe esperar intervenciones raudas solo cuando se trate de cadenas de suministro o de tecnologías con implicaciones para la seguridad nacional.

Hay que esperar que la carga de cumplimiento regulatorio que soportan las cadenas de suministro y su logística se incremente algo, pero no habrá cambios de mayor importancia en ese respecto—a no ser que medidas unilaterales de contenido local, regulaciones tipo “Buy American” y requisitos incorporados en tratados comerciales sean más extensivas de lo que es de esperar en este momento.

Tecnología y datos

Sin duda, esta es un área propicia para mayor intervención gubernamental —a nivel nacional e internacional— en por lo menos tres epígrafes: privacidad y propiedad sobre datos; legislación y enjuiciamientos antimonopolio; e imposición sobre transacciones intangibles, sobre todo digitales.

En cuanto a privacidad y propiedad de datos, la nueva administración muy probablemente será más firme en la defensa del interés nacional y público de lo que ha sido el caso hasta ahora. Ya se percibía la necesidad de reglamentos que afecten el uso de internet, ya que muchos de los existentes se han quedado obsoletos con la evolución de “apps” y servicios de todo tipo, pero la experiencia durante la pandemia, con trabajo e interacción social remotos, han añadido urgencia al tema.

La nueva administración muy probablemente será más firme en la defensa del interés nacional y público de lo que ha sido el caso hasta ahora

Todo parece apuntar a la gravitación, tanto por parte de gobiernos como de grandes empresas tecnológicas hacia un estándar internacional, tomando posiblemente como base la RGDP promulgada por la Unión Europea. La gran ventaja es evitar regulaciones heterogéneas y cambiantes pero los detalles serán objetivo de consultas e intentos de hacerlos más proclives a los distintos grupos de presión. El resultado muy probablemente consistirá en una regulación más estricta y un mayor escrutinio que afecte empresas de plataforma digital, depósitos de datos y proveedores de acceso a internet.

La propensión hacia medidas antimonopolistas ha ido creciendo a la par que el poder económico y de mercado de las grandes empresas tecnológicas ha aumentado. La concentración de recursos financieros, el acceso a datos y su influencia como medios de comunicación (sirviendo en algunos casos como vehículos de manipulación informativa) han incrementado la preocupación de ciudadanos y gobiernos sobre su papel y han hecho también plantearse cuestiones de control de contenidos.

En este momento en EEUU hay un apoyo considerable de los dos grandes partidos a la introducción de enjuiciamientos y a la expansión de legislación antimonopolista que pongan en el punto de mira a las empresas tecno-digitales. Hay pocas dudas de que ya en el 2021 veremos acciones en ese sentido, pero la cuestión es si habrá un esfuerzo legislativo importante que expanda las bases de acción gubernamental.

Harris and Biden
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Finalmente, el incremento del componente intangible de la economía y del comercio mundial —especialmente en el ámbito digital— ha llevado a debates en muchos países sobre los impuestos que las empresas tecno-digitales pagan y donde los pagan, dado que muchos de los modelos de negocio de estas empresas no requieren presencia física en los países donde generan ingresos y se relacionan con sus clientes con plataformas de servicio remotas.

A pesar de este gran cambio en la composición de las transacciones comerciales internacionales, los impuestos sobre consumo, y beneficios, así como estándares contables en vigor son cada vez más inadecuados para la nueva situación.

EEUU había hasta ahora estado poco inclinado a participar en discusiones sobre acuerdos internacionales de imposición sobre transacciones basadas en plataformas digitales. Esto parece haber cambiado y puede llevar a acuerdos que eviten conflictos entre las normativas de distintos países y que dificulten el poder explotar esas diferencias y fisuras en la legalidad internacional.

Todo esto sugiere que a medio plazo se verá un progreso considerable en relación con las empresas tecno-digitales, la privacidad y la propiedad de datos y que la administración Biden se involucrará no solo como partícipe sino también jugando un papel prominente en la formulación de normativas y estándares, tanto liderando con ejemplo como promoviendo consultas internacionales. Es de esperar que tomen algunas medidas relativamente rápido que conlleven carga de cumplimiento regulatorio. Pero la complejidad del tema y los múltiples conflictos a resolver harán que progresar más ampliamente resulte muy laborioso.

Finanzas

También en esta área hay buenos apoyos por parte de los dos partidos para que el gobierno sea más activista. Dos aspectos en particular merecen atención. Uno son las medidas antiblanqueo de dinero; y el otro las regulaciones que afectan los límites de actividad y los estándares para la banca.

Es notable que en los últimos días del mandato de Trump, el “Corporate Transparency Act”, que incrementa los requisitos de información sobre la propiedad efectiva de empresas registradas en EEUU, fue aprobado por el Congreso a pesar del veto presidencial. Su objetivo es dificultar el ocultamiento de quien controla realmente entidades con recursos financieros (especialmente empresas fantasmas) y representa un paso adelante en legislación antiblanqueo de dinero. El gobierno tiene ahora que especificar el reglamento correspondiente y es de esperar que bajo la tutela de J. Yellen este se hará con cierta urgencia, intentando evitar influencias que quieran diluir su efecto.

El 'Corporate Transparency Act' representa un paso adelante en legislación antiblanqueo de dinero

En cuanto a la banca, el mandato de Trump ha coincidido con una serie de intentos de disminuir regulaciones prudenciales —especialmente algunas que surgieron de la primera gran crisis financiera del siglo XXI— y de obstaculizar la expansión de protecciones al consumidor. Sin prisa pero sin pausa, hay que esperar que la regulación de la banca (sobre todo los grandes bancos) se incrementará, incluyendo una nueva versión de la conocida “regla de Volker” que limitaba su esfera de actividad inversora extra bancaria. Los nombramientos en las entidades claves de protección al consumidor también indican claramente que habrá progreso en esta dirección y que la administración Biden participará decididamente en esfuerzos internacionales para mejorar la estabilidad financiera e intentar prevenir situaciones de vulnerabilidad y riesgo en entidades financieras.

Todo esto llevará tiempo —dada la complejidad de los temas y las potentes influencias que intentarán aminorar su ritmo y efectos— pero quedan pocas dudas de que la nueva administración procederá con determinación. Aunque los pasos que se vayan dando en un futuro próximo sean modestos, esta es un área que tiende a conllevar cargas de cumplimiento regulatorio importante que afectan no solo EEUU, sino —a través de la presencia internacional de sus grandes bancos— buena parte del mundo.

Medio ambiente

Se ha escrito mucho y se espera mucho en esta área, así que no hay necesidad de explayarse aquí. No solo fue la reincorporación al proceso internacional (Paris-UNFCCC) una de las primeras decisiones formales del presidente Biden, sino que sus nombramientos de altos cargos (alguno nuevo) indican claramente la importancia e urgencia que se asigna a este área.

Biden and climate change
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Hay que esperar que la dinámica incluya acciones regulatorias enseguida para ir reduciendo la emisión de dióxido de carbono en EEUU y también la propuesta de objetivos globales más ambciosos de los ya acordados. Pero conseguir suficiente apoyo político para un progreso importante en ambas direcciones también requerirá diseñar medidas que eviten poner a las empresas nacionales en desventaja.

Implicaciones sobre la carga de cumplimiento regulatorio llegará en dos oleadas. Enseguida en relación con acuerdos ya alcanzados y más adelante (requiriendo más consenso político del que existe actualmente) en relación con un incremento de la ambición y urgencia de medidas domésticas y propuestas globales.

Concatenaciones

Muchas acciones que tienen como objetivo primario una de las cuatro áreas de nuestro enfoque también tienen implicaciones para otras áreas y algunos ejemplos de estas concatenaciones sirven para ilustrar su potencial importancia, tanto en los mercados como en el cumplimiento regulatorio.

  • Comercio y finanzas. Muy probablemente se incrementará el uso de instrumentos que no son estrictamente de política comercial para facilitar o mantener el liderazgo de EEUU en sectores estratégicos. Esto puede incluir incentivos financieros y beneficios fiscales para desanimar producción en el extranjero y promover la expansión de manufactura doméstica.
  • Comercio y medio ambiente. Esto podría suponer la imposición de aranceles compensatorios sobre la importación de bienes con un componente de carbono que exceda significativamente el de bienes similares producidos en EEUU bajo regulaciones acordes con la acción climática.
  • Finanzas y medio ambiente. Un ámbito regulatorio relativamente novedoso pero que está tomando un fuerte impulso es la incorporación, en reglamentos de gestión de riesgo financiero, aspectos climáticos y sus posibles efectos económicos. J. Yellen ha indicado claramente que se toma esto en serio y posiciones similares están siendo ya adoptadas por otros reguladores, como el Banco de Inglaterra. Todo ello indica que hay que esperar cambios importantes en esta concatenación entre finanzas y medio ambiente.

La perspectiva de la Bolsa

Para terminar, vale la pena considerar una perspectiva quizás más empírica: la de la Bolsa. El comportamiento de las bolsas de EEUU permite una lectura que tiene interés tanto por lo sintético como por lo pragmático… y que confirma muchas de las expectativas mencionadas arriba.

Haciendo un paréntesis, recordemos que al considerar los movimientos de las bolsas de EEUU estamos viendo algo con implicaciones mucho más globales de lo que parece. Esto se debe a que el valor de las acciones cotizadas en las bolsas de ese país representa aproximadamente la mitad del valor de todas las acciones cotizadas en todas las bolsas del mundo.

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Al considerar los movimientos de las bolsas de EEUU estamos viendo algo con implicaciones mucho más globales de lo que parece (Foto: Florin1961/Getty Images)

Según progresaba la primera semana de noviembre, cuando quedó claro que Biden había ganado la elección presidencial y parecía que el control del Senado quedaría en manos republicanas, el índice más amplio (S&P500) subió un 6%.

La interpretación entonces fue que la nueva administración, más coherente y profesional, sería buena para el mundo de los negocios. Pero también que al mantener los republicanos el control del Senado habría un contrapeso importante frente a intentos de introducir medidas progresivas de fiscalidad y regulaciones más estrictas sobre actividades financieras y económicas.

Una razón más duradera que podría explicar por qué los mercados bursátiles se han mantenido estables a pesar de las inquietudes sobre posibles cambios en la política fiscal es el estrecho margen en el Senado

El comportamiento de los mercados bursátiles el día 6 de enero es también interesante; no solo por la calma con la que recibieron el tumulto del Capitolio en Washington, sino también porque ese día quedó claro que las elecciones de dos senadores en Georgia habían bloqueado el control republicano del Senado. Con el control del Senado ahora en manos del partido demócrata (gracias al voto de calidad de la vicepresidenta) hubiera sido de esperar más inquietud en la Bolsa. Pero lo que ha sucedido es que subidas más o menos continuadas del índice S&P500 lo han llevado a un nivel (al 22 de enero) un 14% más alto que el del día de la elección presidencial. 

La mejor posibilidad de una gran inyección a corto plazo de estímulos económicos seguramente ha jugado un papel en esta dinámica positiva, aunque noticias preocupantes sobre la pandemia habrán presionado en la dirección opuesta. Pero hay una razón más duradera que puede explicar el comportamiento de los mercados bursátiles. Es el cálculo de que el nulo margen de maniobra demócrata en un senado con empate de votos (y el margen reducido en la Cámara de diputados) casi garantiza que no salga adelante ninguna medida que los mercados considerarían radicalmente negativa por el poder que estos estrechos márgenes conceden a senadores y representantes moderados o de talante independiente.

La conclusión más somera es que desde la perspectiva de la Bolsa se espera que la administración Biden resulte ser un gestor moderado de la economía con efectos positivos sobre los mercados (incluyendo una aptitud mucho mejor para navegar en tiempos de crisis).

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