¿Cómo podemos abordar la crisis energética global?

Equipo Do Better

En mayo de 2022, durante el Foro Económico Mundial de Davos, el director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA), Fatih Birol, anunció que el mundo estaba viviendo la primera crisis energética global de su historia: petróleo, gas y carbón disparados al mismo tiempo, con la seguridad energética convertida en prioridad urgente para todos los gobiernos. Aquello parecía el peor escenario posible. Hasta que llegó 2026.

Desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán el pasado 28 de febrero, el sistema energético mundial ha entrado en una fase de perturbación sin precedentes. El propio Birol ha calificado la situación como "muy severa", advirtiendo que el mundo ha perdido 11 millones de barriles de petróleo al día, más que los dos grandes choques petroleros de los años setenta juntos, con el Estrecho de Ormuz prácticamente cerrado. El barril de Brent superó los 116 dólares y el gas natural en Europa se disparó más de un 30%, más del doble de los niveles previos al conflicto. La OMC estima que el crecimiento del comercio mundial podría caer al 1,4% en 2026, frente al 4,6% registrado en 2025.

Las causas de esta crisis energética son múltiples y se acumulan: la dependencia estructural de combustibles fósiles concentrados geográficamente, la transición renovable aún incompleta y, ahora, un conflicto geopolítico que ha convertido el Golfo Pérsico en el epicentro de la mayor crisis energética de las últimas décadas.

En este contexto, revisar qué aprendimos de 2022 y qué herramientas tenemos hoy resulta más urgente que nunca. La premisa del Sønderborg Action Plan que la IEA presentó aquel año, "la energía más limpia es la que no se usa", ha dejado de ser retórica para convertirse en una necesidad estratégica global.

Edificios insostenibles: El reto de la crisis energética en España

En España, algo más de la mitad de las residencias principales se construyeron antes de que los requisitos de aislamiento térmico básicos fueran incluidos en las normas técnicas de construcción. Con los recientes récords de calor en verano y de lluvias en invierno, la conservación de la energía puede ser deseable, pero en muchos casos es inalcanzable. Esta realidad convierte el parque edificatorio español en uno de los vectores más relevantes de la crisis energética en España.

Ya en 2022, Peter Sweatman, autor del informe "Cómo la rehabilitación de edificios puede ayudar a la independencia energética y a la descarbonización de España" de Esade, advertía que los edificios consumían cerca del 30 % de la energía final del país y más del 20 % del gas español, y que un tercio de los españoles estaban insatisfechos con el nivel de aislamiento de sus hogares. Cuatro años después, esa cifra se mantiene: el parque residencial español sigue representando el 30 % del consumo energético final y el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del país, según el informe Energy Efficiency 2025 de Build Up.

La urgencia, en cambio, sí ha crecido. El Ministerio de Vivienda estima que más de ocho millones de viviendas deberán realizar una rehabilitación energética para cumplir con los estándares mínimos de la directiva europea antes de 2030. Sin embargo, la tasa actual de rehabilitación en España se sitúa en apenas el 0,08 % del total, muy lejos del 2 % anual que marca la Comisión Europea como objetivo mínimo.

Con todo, hay avances. El Gobierno redujo un 10 % el consumo energético residencial entre 2020 y 2023, con una media de 540.000 rehabilitaciones anuales, y prevé una reducción del 25 % para 2030, por encima del objetivo europeo del 16 %. Para acelerarlo, ha prorrogado hasta finales de 2026 las deducciones en el IRPF de hasta el 60 % para quienes realicen obras de rehabilitación energética colectiva.

Para propietarios e inversores que quieran profundizar en las vías de financiación verde disponibles para acelerar la rehabilitación, el marco regulatorio de 2026 abre oportunidades sin precedentes.

Una renovación profunda puede suponer hasta un 60 % de ahorro en la factura energética anual, y las viviendas con mejor calificación alcanzan un valor de mercado entre un 8 % y un 12 % superior: la rehabilitación energética ha dejado de ser una decisión exclusivamente climática para convertirse también en una decisión económica y patrimonial.

Desplegar renovables para superar la crisis energética europea

El despliegue de energías renovables en España ha experimentado una aceleración sin precedentes. El país cerró 2025 superando los 100 GW de capacidad renovable instalada, con la solar fotovoltaica como tecnología líder con 48.038 MW y la eólica con 33.021 MW, generando el 74,5 % de la electricidad limpia del país. En el contexto europeo, esta transformación es una respuesta directa a la crisis energética europea, la dependencia de combustibles fósiles importados es una vulnerabilidad que solo la generación propia y limpia puede corregir. Una de las consecuencias de la crisis energética más positivas ha sido, precisamente, esta aceleración forzada de la transición renovable.

La perspectiva global confirma la tendencia. Según el informe Renewables 2025 de la IEA, la capacidad renovable mundial está en camino de duplicarse de aquí a 2030, con un incremento de 4.600 GW, con la solar fotovoltaica representando casi el 80 % del crecimiento global. Sin embargo, el crecimiento tiene sus límites: en España, de los 40 GW solicitados para conexión a la red en 2025, solo 4,5 GW obtuvieron permiso, con el 83,4 % de los nudos de la red saturados. El cuello de botella ya no es la tecnología ni la inversión, sino la infraestructura de red y la tramitación administrativa, que concentran los principales obstáculos que frenan la transición a la energía limpia.

A ello se suma la resistencia social, que el propio informe de la IEA identifica como factor determinante: la aceptación comunitaria impulsa la solar, pero frena la eólica. Las medidas que ya planteaba el informe “Cómo alinear los objetivos de independencia energética y descarbonización: retos clave y posibles vías para superarlos” de Natalia Collado, Jorge Galindo y Manuel Hidalgo en 2022: diálogo local, comunidades energéticas y distribución de beneficios económicos entre las poblaciones afectadas, siguen siendo las respuestas más eficaces para saber cómo evitar la crisis energética en su dimensión de suministro. Con el Estrecho de Ormuz bloqueado y los precios del petróleo disparados, cada megavatio renovable instalado equivale a un barril que no hay que importar, y cada recurso reutilizado refuerza el papel de la economía circular en la transición energética. La crisis energética global ha dejado de ser solo una política climática para convertirse en una cuestión de seguridad nacional.

Principios para vivir

El Sønderborg Action Plan que la IEA presentó en 2022 incluía 10 principios estratégicos para que los gobiernos identificaran, implementaran y escalaran políticas de eficiencia energética. En 2026, con la crisis energética actual agravada por el conflicto en Oriente Medio y los precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, esos principios han pasado de ser una hoja de ruta deseable a una necesidad urgente. La propia IEA actualizó en 2025 ese marco de acción en su Energy Efficiency Policy Toolkit 2025, incorporando nuevos estudios de caso y consolidando los tres pilares sobre los que debe construirse cualquier política eficaz: regulación, información e incentivos.

Saber cómo evitar la crisis energética, o al menos mitigar sus efectos más graves, no depende exclusivamente de los gobiernos. Ante una crisis energética de esta magnitud, muchas de las medidas estratégicas del plan pueden y deben ser adoptadas también por organizaciones y ciudadanos: apostar por la innovación digital, aprender de las mejores experiencias internacionales, comprometerse con las comunidades y, sobre todo, liderar con el ejemplo. La crisis energética mundial no se resuelve solo desde las cumbres diplomáticas; se construye también desde los edificios, las empresas y los hábitos cotidianos.

En este sentido, las acciones de eficiencia energética adoptadas desde el año 2000 han logrado reducir las facturas energéticas de los hogares en las economías avanzadas hasta un 20 %, y han evitado la necesidad de importar un 20 % más de combustibles fósiles en los países de la IEA. La crisis energética global ha demostrado que la energía más barata y segura es la que no se consume. Reducir la dependencia, diversificar las fuentes y actuar con ambición creciente son, hoy más que nunca, las únicas respuestas racionales.

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