ODS y empresas españolas: ¿Tensión entre competitividad y sostenibilidad?

La sostenibilidad se ha consolidado como una variable estratégica para la competitividad empresarial. Pero persisten ritmos desiguales, especialmente entre grandes compañías y pymes.

Equipo Do Better

En la última década, la sostenibilidad ha pasado de ser un concepto aspiracional a una dimensión crítica para el modelo de negocio de muchas empresas. En España la evolución ha sido visible, pero no lineal. La presión regulatoria, las expectativas sociales y los cambios geopolíticos han redibujado las reglas del juego. Al mismo tiempo, la reciente flexibilización de las reglas ha generado cierta incertidumbre entre quienes habían avanzado en esta dirección.  

¿En qué punto se encuentran hoy las empresas españolas ante los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)? ¿Qué avances han consolidado y qué barreras siguen condicionando su desempeño? El octavo informe elaborado por Esade y la Fundació “la Caixa” analiza cómo están contribuyendo las empresas españolas a los ODS, qué frenos encuentran y qué escenarios futuros pueden afectar a su competitividad.  

La sostenibilidad en las empresas españolas

El contexto internacional no es alentador: menos del 20 % de los ODS están en vías de cumplirse. España, sin embargo, se sitúa entre los 15 países con mayor grado de cumplimiento del mundo, con una puntuación de 80,7 sobre 100. Aun así, el informe revela una distancia persistente entre el discurso institucional y la acción efectiva.  

Las empresas españolas han concentrado sus esfuerzos en aquellos ODS que ofrecen retornos visibles a corto plazo. Así lo confirma el análisis desde el enfoque de doble materialidad: se avanza más en cuestiones de impacto financiero directo que en compromisos ambientales o sociales percibidos como ajenos al núcleo del negocio.  

Además, se hace patente una clara asimetría entre grandes empresas —más profesionalizadas y alineadas con los marcos ESG— y pymes, que siguen enfrentando importantes limitaciones estructurales, sobre todo la carencia de recursos técnicos, financieros o humanos necesarios para desplegar estrategias de sostenibilidad.  

Este diagnóstico se sitúa en un contexto global de retroceso de la Agenda 2030 enmarcado en policrisis, incertidumbre y desglobalización que obliga a recalibrar las coordenadas estratégicas para mantener la competitividad sin renunciar a la sostenibilidad.  

Un desempeño desigual

El informe evalúa el estado actual del compromiso empresarial a partir de cuatro dimensiones:  

  • Doble materialidad: presente ya en el 63 % de los reportings analizados. Este enfoque permite reportar tanto los impactos financieros internos como los impactos sociales y medioambientales externos. Los temas más reportados experimentan un auge: trabajadores, buen gobierno, derechos humanos, cadena de valor, innovación y tecnología. 
  • Gobernanza: las empresas muestran un progreso significativo en políticas anticorrupción, presencia femenina en consejos y adopción de códigos éticos. Sin embargo, persisten carencias en la homogeneidad y la calidad de los indicadores ESG, dificultando la comparación entre sectores. 
  • Planeta: en sostenibilidad ambiental el avance es desigual. Las grandes empresas lideran en eficiencia energética y reducción de emisiones. Las pymes muestran dificultades para medir el impacto, menor presencia de objetivos climáticos, escasa digitalización y dificultades de adaptación en la cadena de valor.  
  • Personas: la dimensión social presenta disonancias. Mejoran los compromisos de diversidad, inclusión y bienestar. Sin embargo, se avanza poco en igualdad salarial, formación en sostenibilidad o trazabilidad social en la cadena de proveedores. El esfuerzo tiende a concentrarse más en iniciativas visibles que estructurales.  

Este desempeño desigual no responde necesariamente a una falta de voluntad. En muchos casos, las barreras tienen que ver con la escala de la empresa, la disponibilidad de recursos o la claridad de los incentivos.   

El reto competitivo: ¿coste o valor?

Uno de los puntos críticos del informe es el conflicto narrativo entre la sostenibilidad entendida como carga y la sostenibilidad como ventaja.  

Por un lado, algunas empresas ––especialmente las más pequeñas–– perciben los requisitos ESG como una carga normativa que incrementa la complejidad operativa sin asegurar beneficios claros, especialmente por el efecto cascada desde grandes empresas que trasladan exigencias sobre sus proveedores, que no cuentan con suficientes recursos. 

Sin embargo, el informe es claro: no hay evidencia de que reducir exigencias en materia de sostenibilidad mejore la competitividad. Por el contrario, las empresas que integran la sostenibilidad como parte estratégica consolidan ventajas en resiliencia, diferenciación y acceso a financiación.  

El reto para las pymes es doble. Por un lado, afrontan barreras de financiación y know-how para mejorar la profesionalización y el reporting ESG. Por el otro, lograr una mayor participación en las instancias en las que se toman decisiones. Es clave recuperar el principio dethink small firstcon marcos normativos que tengan en cuenta su situación, contemplen su realidad, den más margen de maniobra y eviten efectos disuasorios. 

La nueva estrategia europea ––Ley Ómnibus, Plan Draghi y Brújula de la Competitividad–– ha agudizado el dilema. ¿Debemos seguir apostando por la sostenibilidad como factor competitivo o es necesario adoptar una postura más reactiva? Ante esta diatriba, el informe alerta del riesgo del “free rider”: si las exigencias se relajan demasiado, muchas empresas optarán por un cumplimiento mínimo, debilitando el enfoque estratégico con el que construir su competitividad futura sobre la base de la sostenibilidad.  

La propuesta de valor debe dar paso a una narrativa sistémica que permita reorientar el modelo económico. Se trata de pasar de la maximización del beneficio inmediato ––que favorece la explotación de recursos y externaliza los impactos negativos––, a la alineación de los incentivos de mercado con los objetivos sostenibles. 

Sostenibilidad a distintas velocidades  

El informe identifica cuatro posibles escenarios globales de evolución geopolítica y económica hacia 2027, con implicaciones directas para el tejido empresarial español. 

Desde un escenario de autosuficiencia acuciado por un repliegue nacionalista, con menor comercio internacional y menor cooperación climática, a una segunda guerra fría de bloques polarizados, con un retroceso del multilateralismo. O un escenario friendshoring de alianzas selectivas entre países afines. Hasta una globalización light de colaboración sectorial y más moderada.  

Cada escenario plantea riesgos y oportunidades distintas. Para España el impacto sería especialmente sensible en sectores exportadores, empresas con presencia internacional o pymes integradas en cadenas de valor europeas. Si Europa vira hacia el proteccionismo, el espacio para una sostenibilidad compartida puede reducirse.  

En este contexto la UE se enfrenta a su propia disyuntiva: cómo equilibrar el liderazgo sostenible con la protección de la industria y su competitividad frente a EEUU o China.  

Sostenibilidad con luces largas 

No hay respuestas categóricas, pero el informe sí da pistas para los equipos directivos: 

  • La sostenibilidad se ha convertido en una variable crítica para la competitividad, el acceso a los mercados y la reputación corporativa.  
  • A medio plazo, será un factor diferencial. No solo por exigencias normativas, sino por su creciente peso en la financiación, la fidelización de clientes y la atracción de talento.
  • Pensar en clave de doble materialidad ayuda a priorizar. Permite identificar qué áreas afectan al negocio y cuáles impactan en el entorno, y alinear estrategias más efectivas. 
  • El reto de las pymes es de acompañamiento, no de compromiso. Reforzar las capacidades internas es tan importante como evitar el efecto disuasorio de normativas excesivamente exigentes. 
  • Replantear los modelos de implementación puede evitar el estancamiento. Es posible flexibilizar sin diluir, adaptar sin renunciar. La sostenibilidad puede ser una palanca de transformación estructural y operacional.  

En un entorno incierto y fragmentado, las empresas españolas deben activar las luces largas. La sostenibilidad no es solo una meta externa, sino un vector estratégico que define la capacidad de adaptación, liderazgo y permanencia. 

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