Adaptación al cambio climático: Lecciones de la geografía sobre las vulnerabilidades regionales

El cambio climático no afecta a todas las regiones por igual. Los avances de investigación en geografía económica explican por qué una adaptación climática eficaz depende de estrategias basadas en el territorio y de la acción colectiva.

Valentina De Marchi

El cambio climático ya está teniendo un impacto perceptible en nuestro planeta. En 2025 se encadenó por tercer año consecutivo el registro de las temperaturas globales más altas jamás observadas, con más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Los fenómenos meteorológicos extremos causaron 765.000 muertes en todo el mundo entre 1993 y 2022, además de pérdidas económicas catastróficas y una disrupción social persistente, que solo en Europa ascienden a cerca de medio billón de euros.

Sin embargo, aunque las olas de calor, las inundaciones, las sequías y las tormentas afectan cada vez con mayor frecuencia a las sociedades, su impacto es mucho más grave en unas regiones que en otras. El enfoque predominante para evaluar los efectos del cambio climático se centra en medir la temperatura media global o indicadores aislados, como las emisiones de carbono. Este planteamiento no desciende al nivel local ni evalúa cómo las respuestas dependen de las estructuras económicas, las instituciones y las dinámicas sociales de cada territorio.

El éxito de las estrategias contra el cambio climático dependerá de una transformación fundamental de los sistemas económicos

Aquí es donde la investigación en geografía económica puede aportar un valor decisivo. Valentina De Marchi, profesora en el Master in Sustainability Management de Esade, ha analizado por qué las estrategias de adaptación climática difieren entre territorios, revisando la literatura existente sobre la materia. En un nuevo artículo publicado en el Journal of Economic Geography, propone nuevas líneas de investigación que sitúan la geografía, las instituciones y la acción colectiva en el centro de la adaptación al cambio climático.

“El éxito de las estrategias para hacer frente al cambio climático dependerá en gran medida de que las empresas clave, las personas y los responsables de las políticas públicas se alejen de las prácticas habituales y adopten de forma colectiva enfoques que transformen de manera fundamental el funcionamiento de los sistemas económicos”, escribe.

Impactos desiguales del cambio climático

Los efectos del cambio climático son globales, pero algunas zonas se adaptan mejor que otras. Por ejemplo, Europa es el continente que se calienta más rápidamente, pero los diez países más afectados por el cambio climático (en términos de mortalidad y pérdidas de PIB) se concentran en el llamado Sur Global. La geografía influye en la exposición a fenómenos como las inundaciones costeras, el estrés térmico en las ciudades o las sequías prolongadas en las regiones agrícolas. El cambio climático tiene consecuencias sociales y económicas significativas que varían de un país a otro.

Los episodios meteorológicos extremos pueden dañar infraestructuras, interrumpir cadenas de suministro y reducir la productividad, pero la magnitud de estos efectos depende de las condiciones locales. Los impactos climáticos se propagan por las economías locales y afectan a hogares, empresas y finanzas públicas. Las desigualdades existentes se agravan y el desarrollo regional se ralentiza. Además, los choques climáticos pueden provocar migraciones en busca de entornos más seguros o medios de vida más estables. Los fenómenos extremos también pueden intensificar tensiones sociales o conflictos por recursos escasos, como el agua o la tierra.

La investigación revisada por De Marchi subraya que la vulnerabilidad es tanto una consecuencia de las estructuras sociales y económicas como de la exposición física. No todas las zonas afectadas disponen de los recursos financieros, los sistemas de gobernanza o la cohesión social necesarios para recuperarse.

Adaptarse a la nueva realidad

La preparación frente a los fenómenos extremos se ha convertido en una prioridad ineludible. Las estrategias de adaptación abarcan desde medidas técnicas, como la mejora de los sistemas de riego o los planes de preparación ante desastres, hasta respuestas más sistémicas, que incluyen cambios en las estructuras productivas, la innovación y la movilidad.

La migración relacionada con el cambio climático debería entenderse como una estrategia de adaptación

Millones de personas migran para escapar de condiciones meteorológicas extremas, y este fenómeno suele interpretarse como una señal de crisis. De Marchi propone replantear la forma en que se conceptualiza la migración. En lugar de considerarla únicamente un efecto del cambio climático, también debería entenderse como una estrategia de adaptación. En consecuencia, los responsables públicos podrían facilitar la migración en lugar de restringirla, ya que los enfoques limitativos pueden agravar los riesgos de seguridad derivados del clima.

No obstante, la adaptación no es una solución uniforme válida para todos los casos. Las capacidades locales son determinantes. “La adaptación al cambio climático no se limita a la tecnología; depende de los sistemas económicos, institucionales y sociales que determinan si las soluciones pueden implantarse y mantenerse en el tiempo”, señala De Marchi.

La reacción de las empresas y del liderazgo local resulta clave. Las compañías suelen ser de las primeras en experimentar los efectos de los choques climáticos, pero también tienen la oportunidad de impulsar la adaptación mediante inversión, innovación y relocalización estratégica. Un ejemplo es la aseguradora Aetna, que se preparó adecuadamente para el huracán Sandy asegurando que la mayor parte de su plantilla pudiera conectarse a la base de datos central de la empresa y trabajar desde casa. Otras empresas trasladaron su producción o reorganizaron sus cadenas de suministro antes de la llegada del huracán. Estos casos muestran cómo el sector empresarial puede contribuir a reforzar la resiliencia regional. Sin embargo, allí donde faltan instituciones y redes de apoyo, la adaptación sigue siendo fragmentada y desigual.

La importancia de la acción colectiva

El trabajo conjunto —la capacidad de acción colectiva— es esencial para ayudar a las regiones a adaptarse al cambio climático. El éxito rara vez surge de iniciativas aisladas de actores individuales. Por el contrario, se construye a partir de esfuerzos coordinados que implican a empresas, comunidades e instituciones públicas. El liderazgo, el capital social y el intercambio de conocimiento permiten alinear iniciativas individuales en torno a objetivos compartidos.

El punto de partida son los marcos de política local y los arreglos institucionales, que desempeñan un papel decisivo a la hora de facilitar esta coordinación. Los esfuerzos de adaptación aislados pueden tener un impacto limitado o generar consecuencias no deseadas. Como señala De Marchi, “la adaptación de un territorio no puede lograrse si solo unos pocos actores impulsan iniciativas aisladas; requiere una dirección del cambio más concertada y coordinada”.

Los proyectos pesqueros en Finlandia ofrecen un buen ejemplo del poder de las alianzas entre las comunidades y el sector privado. Estas colaboraciones permiten escalar prácticas sostenibles más allá de proyectos individuales, generando beneficios para toda la región. En este contexto, la acción colectiva transforma la adaptación de una serie de respuestas desconectadas en un proceso más sistémico e inclusivo.

Nuevas orientaciones para la investigación y las políticas públicas

De Marchi plantea varias líneas de futuro para la investigación y la formulación de políticas en materia de adaptación climática. Una de ellas consiste en ir más allá de los límites administrativos y medir y evaluar el cambio climático en espacios definidos ecológicamente, como las cuencas fluviales que atraviesan múltiples regiones o países. Los impactos climáticos no respetan las fronteras políticas, y las políticas públicas deben reflejar esta realidad.

También es necesario ampliar la evaluación de las emisiones. Analizar no solo las emisiones de alcance 1, sino también las de alcance 2 y 3 a lo largo de las cadenas de producción permite identificar con mayor precisión dónde se concentran la responsabilidad y el riesgo climáticos. Asimismo, resulta urgente superar un enfoque centrado exclusivamente en el carbono e incorporar cuestiones relacionadas con la biodiversidad, los recursos hídricos y la justicia social. Las estrategias climáticas que ignoran estas dimensiones corren el riesgo de generar resultados mal adaptativos que solo abordan parcialmente los problemas.

De Marchi subraya la necesidad de dejar de medir únicamente las prácticas y centrarse en los resultados. No todas las medidas de adaptación reducen la vulnerabilidad a largo plazo, y algunas pueden conducir a trayectorias insostenibles. Integrar la adaptación con la mitigación y apostar por medidas proactivas y anticipatorias puede ayudar a evitar estos riesgos. En este sentido, la geografía económica puede desempeñar un papel singular al analizar cómo se despliegan las estrategias climáticas. “Comprender estas dinámicas puede ayudar a diseñar políticas que no solo funcionen sobre el papel, sino también en la práctica”, afirma De Marchi.

Un enfoque más holístico

El cambio climático es un desafío global, pero las soluciones eficaces deben ser localmente pertinentes y estar coordinadas. Reducir la vulnerabilidad y reforzar la resiliencia exige abandonar soluciones técnicas limitadas y avanzar hacia un enfoque más holístico que tenga en cuenta el territorio inmediato. Responsables públicos, empresas y comunidades deben colaborar para diseñar estrategias adaptadas a la realidad local que, al mismo tiempo, contribuyan a los objetivos globales. Al integrar los aportes de la geografía económica, la adaptación climática puede ser más equitativa, más eficaz y estar mejor alineada con la diversidad de contextos en los que operan las personas y las economías.

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