El impacto del coronavirus en la carrera de la inteligencia artificial

Por Tirso Virgós

El pasado 19 de febrero, la Unión Europea publicó el Libro blanco de la inteligencia artificial, una publicación abierta a consulta pública. Con esta acción, la UE se suma a China y Estados Unidos, que publicaron sus estrategias nacionales en materia de inteligencia artificial en 2017 y 2019, respectivamente.

En su estrategia, cada país presenta una visión diferente sobre cómo abordar los desafíos que plantea una tecnología cuya relevancia probablemente trascenderá su impacto económico –estimado en 13 billones de dólares para 2030– pues tendrá un efecto disruptivo en organizaciones sociales, mercados laborales y estructuras de poder.

No sorprende que la competencia por el desarrollo e implementación de la inteligencia artificial se perciba como una carrera entre superpotencias. Cada país persigue posicionarse como líder en términos de desarrollo tecnológico, al tiempo que busca distintos modelos reguladores de inteligencia artificial.

Acciones como las advertencias del presidente Trump a la UE ante la posibilidad de que "esté obstaculizando la innovación" con sus reglamentos o el recurso de China a los programas educativos para fomentar los talentos STEM son indicativos de una rivalidad creciente. Esta disputa no es mala en sí misma, a pesar de algunas voces críticas que se oponen a considerarla una carrera. Una combinación de competencia y cooperación en ciertas áreas podría conducir a un entorno próspero para el desarrollo y la aplicación de la IA a escala global.

La lucha contra el virus debería ser una oportunidad para lograr un enfoque más cooperativo hacia la IA

¿Pero podría la pandemia del Covid-19 disminuir los incentivos para la cooperación y aumentar los riesgos de una carrera tecnológica de suma cero?

La lucha contra el virus debería ser, en teoría, una oportunidad para lograr un enfoque más cooperativo hacia la IA.

En primer lugar, desde el punto de vista de la eficiencia, porque la suma de esfuerzos a nivel mundial para encontrar una vacuna agiliza el proceso. En segundo lugar, como argumenta Gordon Brown, porque la única forma de detener la pandemia y prevenir futuros brotes es con una vacuna que proteja a la mayoría de la población, y no solo a unos pocos. Y finalmente, porque encontrar una vacuna sería beneficioso para todos los países, ya que permitiría rebajar las restricciones sociales y económicas causadas por la cuarentena.

Por ejemplo, el 40% de las exportaciones de China tienen como destino 12 de los países más perjudicados por el virus y cuya demanda se ha reducido drásticamente. Esta nueva realidad ha hecho que muchos recurran a la inteligencia artificial con la esperanza de acelerar el descubrimiento de una vacuna contra el enemigo invisible.

El valor de la inteligencia artificial reside en su potencial para abordar futuras pandemias

Sin embargo, como señalaron Brookings y el MIT, la inteligencia artificial no nos salvará de la crisis actual. Aunque puede resultar útil para buscar información entre miles de trabajos académicos o crear modelos de proteínas para encontrar una cura, la IA no es la panacea.

El valor de la inteligencia artificial reside en su potencial para abordar futuras pandemias. La IA se alimenta de datos y ahora solo disponemos de unos pocos informes confusos y variables sobre las distintas regiones y países, pero en un par de años tendremos mejores bases de datos sobre la crisis del coronavirus.

Cuando dispongamos de esta información, la IA será útil para realizar diagnósticos tempranos y hacer predicciones de brotes futuros, no solo de este virus, sino de otros que aún están por venir. Es algo que no se hizo tras los brotes del SARS o del Ébola, pero dado el impacto económico mundial del Covid-19, parece plausible que la prevención de futuras pandemias se convierta en un área relevante de investigación.

Vaccine Covid-19
Si la cooperación internacional resulta efectiva para contener la pandemia, podrían volver los días de la "diplomacia científica".

Si la búsqueda de una vacuna es hoy de interés para todos los actores, la situación en cuanto se haya desarrollado una cura puede ser muy distinta. Sin duda, si se encuentra una vacuna y la cooperación internacional resulta efectiva para contener la pandemia, podrían volver los días de la "diplomacia científica".

Pero existen fuertes razones para creer que la competitividad de la carrera se intensificará, debido al interés creciente por anticipar futuras pandemias y los beneficios económicos que los países obtendrían al estar protegidos contra ellas mientras que otros no lo estuvieran.

Las aplicaciones de rastreo y detección de casos (a pesar de los problemas que puedan presentar), los modelos de detección precoz de brotes y los "pasaportes de inmunidad" se convertirán en bienes preciados. El país que los desarrolle primero tendrá una ventaja indiscutible en materia de salud pública y económica, ya que logrará beneficiarse de ser el principal exportador de estas tecnologías.

Este conjunto de nuevos incentivos no presagia nada nuevo para el entorno internacional, en que la atribución de culpas por la crisis ha exacerbado las tensiones que ya existían anteriormente. Mientras Estados Unidos retrocedía en su rol tradicional de guardián del mundo y Trump negaba la magnitud de la crisis, China lanzaba su propia ofensiva diplomática (o "diplomacia de poemas") llegando a acuerdos para suministrar ventiladores, mascarillas y otros equipos médicos a países como Italia y España.

Geopolitics Covid-19
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Sin embargo, la mala gestión del brote en China en sus primeras fases, la baja calidad del material enviado y las dudas sobre las cifras reales de infectados y muertos en el país asiático también han dañado su imagen en el panorama internacional. A medida que va creciendo el número de infectados y muertos, todos los gobiernos se ven envueltos en una batalla narrativa para echar la culpa a los demás.

Este contexto de crecientes tensiones probablemente desembocará en políticas inspiradas por el "nacionalismo de la IA". Los países podrían optar por programas orientados a proteger sus start-ups nacionales de IA, rechazando la inversión extranjera en sectores estratégicos y apostando por las principales empresas nacionales líderes en el sector tecnológico.

Este nacionalismo, a su vez, pondría de relieve los elementos más conflictivos de esta carrera, y cada bloque evitaría la cooperación para intentar alcanzar por su cuenta el dominio económico y tecnológico sobre los demás. El ganador de una carrera de este tipo se convertiría en un nuevo actor hegemónico y los demás países pasarían a depender de su buena voluntad no solo en el terreno económico, sino también en el ámbito de la seguridad sanitaria. Esta desviación respecto a unos planteamientos más coordinados nos haría más vulnerables ante futuros brotes.

Este contexto de crecientes tensiones probablemente desembocará en políticas inspiradas por el 'nacionalismo de la IA'

Además, el aumento de los métodos de vigilancia, combinados con el temor a la propagación del Covid-19 o cualquier otra pandemia, podría reducir o eliminar por completo los controles éticos sobre el uso de la IA. Esto, junto con una supremacía no alineada con los valores democráticos liberales, o un mundo cada vez más multipolar donde esos valores son cada vez más disputados, podría resultar letal para las democracias liberales tal y como las entendemos hoy, y también para la apuesta de la IA "centrada en las personas".

En definitiva, a pesar de los claros beneficios que tendría un enfoque cooperativo para la salud global, los incentivos a favor de una mayor competencia pueden resultar irresistibles para aquellos países que lideran los rankings de desarrollo e implementación de la IA.

Es por ello que hoy es más importante que nunca desarrollar un marco de gobernanza global para la IA. Es obvio que hay muchas diferencias entre los modelos de la UE, los Estados Unidos y China, pero también hay algunas cuestiones en las que podrían hallarse puntos en común. Por ejemplo, el uso de drones, especialmente para fines militares, la estabilidad del ciberespacio o la atribución de responsabilidades por las acciones de la IA, con el fin de garantizar la rendición de cuentas.

La IA, por sí sola, no nos salvará del Covid-19, pero puede ayudar a luchar contra futuras enfermedades

Con el fin de prevenir futuras pandemias y preservar la salud y la economía mundial, la colaboración en el desarrollo de aplicaciones, pasaportes, modelos predictivos y vacunas podría marcar la diferencia entre nuevos bloqueos prolongados o una mayor protección frente a brotes futuros.

La IA, por sí sola, no nos salvará del Covid-19, pero puede ayudar a luchar contra futuras enfermedades. También puede convertirse en una fuerza transformadora en pro del bien común, mejorando la calidad de vida de las personas en todo el mundo.

Pero no podemos dejar que el nacionalismo y los juegos de culpabilidad nos desvíen de una serie de principios globales que ayudarían a regular esta tecnología y garantizar que los esfuerzos para desarrollarla combinan la competencia con la cooperación. Renunciar a estos principios y adentrarnos en un mundo más conflictivo, en que la IA se utilice para asegurarse el dominio económico y tecnológico sobre los demás países, solo allanaría el camino hacia un futuro más peligroso, en todos los sentidos.

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