3 etapas clave para tomar decisiones estratégicas

Por Marcel Planellas

Los directivos tienen dificultades para tomar decisiones estratégicas, para desarrollar esta habilidad directiva. Su actividad cotidiana es dar respuesta a problemas de gestión que normalmente se refieren a actividades rutinarias de la empresa y que tienen que ver con operaciones específicas, de un área o departamento. Se requieren decisiones rápidas y no siempre significan grandes compromisos de recursos. Es la gestión operativa, el día a día de la empresa.

En cambio, la gestión de las decisiones estratégicas es diferente. Se trata de una actividad que se refiere al futuro de la empresa, donde se definen los objetivos a medio y largo plazo de la organización. Son decisiones que afectan al conjunto de la empresa y normalmente implican fuertes compromisos de recursos.

La complejidad para los directivos es que han de tomar estas decisiones con una información limitada y sin tener demasiadas referencias anteriores. Las decisiones estratégicas tienen un alto nivel de incertidumbre y difícilmente se puede volver atrás. No hay una experiencia anterior, el directivo no se encuentra seguro y tiende a buscar ayuda externa.

Las decisiones estratégicas tienen un alto nivel de incertidumbre y difícilmente se puede volver atrás

Se ha ido extendiendo interesadamente la idea de que las decisiones estratégicas son algo muy complejo y que es una tarea reservada a los consultores externos. Cuando, en realidad, nadie conoce mejor el negocio que quienes están dentro de la organización y que después tendrán que aplicar la estrategia.

Recurrir a expertos externos no es ningún problema, cada vez más los directivos cuentan con una red de asesores para confrontar los temas de gestión que no son operativos. El problema surge cuando se abusa de estas muletas, ya que se retrasa el desarrollo de esta habilidad estratégica.

El directivo ha de ser el responsable final de la estrategia de su organización y es una tarea que no puede delegar o subcontratar. Ha de seleccionar los modelos que mejor se adapten a su organización y tomar las decisiones estratégicas, aprendiendo en este proceso junto con su organización.

Cada vez más los directivos cuentan con una red de asesores para confrontar los temas de gestión que no son operativos

¿Dónde?, ¿qué?, y ¿cómo?, son las tres preguntas clave para la estrategia de una empresa o una organización. Empresarios y directivos deben planteárselas para ser capaces de asumir su responsabilidad y convertir en una prioridad absoluta la gestión de las decisiones estratégicas.

Para dar respuesta a estos interrogantes, el modelo del círculo de las decisiones estratégicas propone un proceso en tres etapas: análisis, decisión e implementación.

decisiones estratégicas

El modelo del círculo de las decisiones estratégicas parte de la consideración de que cualquier proceso de gestión o planificación estratégica ha de tener en cuenta la razón de ser de la organización.

La misión, la visión y los valores de la organización constituyen el núcleo central de la estrategia. La razón de ser de la organización. La manera cómo se quieren hacer las cosas y donde se aspira a llegar. Es una parte estable, que no cambia con cada decisión. Es lo que permanece, los fundamentos de la organización.

Un proceso para tomar decisiones estratégicas en tres etapas

Una vez que el propósito, el objetivo y los valores están enraizados en la estrategia, el proceso en tres etapas descrito a continuación puede guiar a los ejecutivos a la hora de tomar mejores decisiones estratégicas:

1. Análisis

A través del análisis se quiere entender dónde está la organización, su posición estratégica. Cuál es el entorno de la organización y sus capacidades internas. Intentar comprender mejor lo externo y lo interno.

El análisis requiere una cierta distancia, tomar perspectiva. Trabajar con rigor, buscar datos. Pero también detectar oportunidades, intuir tendencias.

2. Decisión

La estrategia son decisiones; sin decisiones no hay estrategia. Esta parte de la gestión estratégica tiene como finalidad la elección de una estrategia. Se requiere generar alternativas, sopesarlas y decidir. Es la parte de arte del directivo que es capaz de crear una combinación única. De establecer una dirección a seguir. Una apuesta de futuro.

3. Implementación

Las decisiones se han de llevar a la práctica. La implementación es la parte final de la estrategia, lo que se puede ver y tocar. Es el hacer, la acción. La pregunta es cómo pasar de la decisión a la realidad. Tiene que ver con recursos y personas, con ser capaz de provocar cambios, de hacer que las cosas sucedan.

En estrategia la mayor sofisticación también puede ser la simplicidad

Aprendiendo a ser estratega

Las personas y las organizaciones pueden aprender. Es tarea del directivo crear el clima y los mecanismos para que la organización aprenda. Las organizaciones, como las personas, tienen diversos estilos de aprendizaje. El reto es que la organización aprenda a aprender.

El aprendizaje es un círculo continuo y dialéctico. Un bucle doble que puede generar conocimiento colectivo, aprendizaje organizacional y estrategias compartidas.

Nunca he visto a nadie que sea un buen estratega sin practicar. Como en el deporte, estamos ante una disciplina que requiere entrenamiento y práctica. Se puede aprender a gestionar la estrategia a través del hacer directivo: tomando decisiones, llevándolas a la práctica y analizando sus resultados.

Pero en estrategia la mayor sofisticación también puede ser la simplicidad, se puede ir a la esencia de la estrategia sin caer en la complejidad. Hay que conocer el camino, el proceso a seguir, y disponer de las herramientas necesarias, los modelos.

Este artículo está basado en reflexiones académicas de Marcel Planellas y Anna Muni recogidas en el libro Las decisiones estratégicas: los 30 modelos más útiles.

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