Las tres patas del desarrollo humano sostenible

Fernando Ballabriga

El desarrollo humano consiste en la satisfacción de las necesidades humanas i, como otras ciencias sociales, la economía trata de cómo ayudar a promoverlo. Las dimensiones materiales e inmateriales de las necesidades humanas siempre han estado presentes en el pensamiento económico, y palabras como utilidad o bienestar se han utilizado sistemáticamente como sustitutas de la felicidad.

Sin embargo, la economía dominante se ha centrado tradicionalmente en las necesidades materiales y ha descartado en gran medida importantes intangibles para el bienestar humano, como la equidad y la naturaleza. El análisis del crecimiento económico tras la II Guerra Mundial se centraba básicamente en el crecimiento del PIB per cápita y los modelos convencionales ignoraban si dicho crecimiento contribuía o no a incrementar las desigualdades. Asimismo, el análisis se centraba en los stocks de trabajo y de capital físico, dando por sentado el stock de capital natural, como si la biosfera fiera ilimitada.

Ciertamente, podrían apuntarse algunas razones para justificar esta visión estrecha del bienestar humano. Por ejemplo, cuando hay amplios segmentos de población de bajos ingresos, centrarse en el crecimiento del PIB e ignorar sus efetos colaterales con el argumento de que una marea creciente va a resultar beneficiosa para todo el mundo puede convertirse fácilmente en una prioridad. Esta fue una opinión muy extendida durante la segunda mitad del siglo xx (especialmente entre los actuales países desarrollados) y lo ha seguido siendo a principios de este siglo (ahora principalmente en las economías emergentes y en los países en vías de desarrollo). Pero en los primeros años del siglo XXI también han resultado cada vez más visibles los fallos de la política de desarrollo que prioriza el crecimiento.

En los primeros años del siglo XXI también han resultado cada vez más visibles los fallos de la política de desarrollo que prioriza el crecimiento

Por una parte, la crisis financiera mundial de 2008-2009 y sus prolongadas secuelas acentuaron el impacto distributivo de unas tendencias subyacentes desde hacía ya tiempo (décadas de desregulación de los mercados, hiperglobalización, erosión del gasto público social y desplazamiento del trabajo debido al avance tecnológico) y situaron la desigualdad en las primeras posiciones de la agenda política. Desde la perspectiva de la investigación, los datos empíricos más recientes conforman el impacto negativo de la desigualdad en el crecimiento económico a través de los canales de la oferta y la demanda, lo cual implica la existencia de un bucle crecimiento-desigualdad y subraya la importancia de tomar en consideración ambos aspectos a la hora de reflexionar acerca de las políticas de crecimiento.

Por otra parte, el Acuerdo de París de 2015 estableció el nuevo protocolo internacional de gobierno para abordar el calentamiento global en las próximas décadas, reconociendo que el cambio climático es un desafío esencial de este siglo para la agenda política internacional. Es un reto difícil, que va a requerir identificar la velocidad adecuada para realizar la transición hacia una energía que proporcione un adecuado equilibrio intergeneracional, y la cooperación mundial para llevarla a cabo. Esta última a veces parece inalcanzable, viendo la polarización actual del mundo. Desde la perspectiva investigadora, simulaciones recientes basadas en modelos DICE (dynamic integrated climate & economic) señalan que el objetivo del Acuerdo de París de mantener el incremento de la temperatura dentro de una franja de 1,5-2oC para el año 2100 no son realistas ni óptimos y piden reformular el protocolo de París.

La crisis financiera mundial de 2008-2009 y sus prolongadas secuelas situaron la desigualdad en las primeras posiciones de la agenda política

Aunque es un objetivo difícil de alcanzar, necesitamos adoptar y avanzar en la idea de que el desarrollo humano sostenible ha de ser una acción de tres patas, eso es, ha de ser sostenible desde el punto de vista económico y financiero, inclusivo y respetuoso con el planeta. Y, como sucede con todos los asientos de tres patas, son necesarias las tres para que puedan mantenerse en pie.

El Grupo de investigación en Economía y Finanzas (GREF) de Esade se ha mantenido activo y se ha desarrollado a lo largo de más de una década, buscando la consolidación de su contribución en este empeño y trabajando para proporcionar los frutos de una investigación equilibrada en estas tres patas. Al respecto, merece la pena mencionar su reciente trabajo sobre la desigualdad y sus conexiones con el diseño del sistema educativo, la elección de vías alternativas al desarrollo o la implementación de una política macroeconómica. Asimismo, algunos de sus trabajos y proyectos recientes relacionados con la faceta medioambiental analizan la velocidad óptima para la transición hacia la energía limpia, incentivos basados en el mercado y en la regulación para la inversión ecológica, y la divulgación de información financiera y de los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) por parte de las empresas.

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