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El acero ecológico: un desafío para la siderurgia

Hasan Muslemani

El sector siderúrgico mundial genera entre el 7 y el 9% de las emisiones totales de dióxido de carbono (CO2) por el uso de combustibles fósiles –es el segundo sector con mayor porcentaje de gases de efecto invernadero, tras el del cemento  

Ante el previsible incremento de la demanda de acero, resulta prioritario crear unos procesos de producción menos intensivos en carbono. Sin embargo, la capacidad de reducción de las emisiones aplicando las medidas tradicionales de eficiencia energética es del 25 al 40 %, muy lejos del objetivo del Acuerdo de París de alcanzar las cero emisiones netas globales en 2050. Para lograr reducciones más significativas, se necesitarán tecnologías tan innovadoras como la captura, el almacenamiento y uso del carbono (CCUS) y la reducción del hidrógeno. La implementación de estas soluciones tan innovadoras daría como resultado la producción de “acero ecológico”, cuyo mercado aún está poco estudiado. 

Hasan Muslemani de Esade, junto con Xi Liang, Katharina Kaesehage, Francisco Ascui y Jeffrey Wilson, ha llevado a cabo una investigación pormenorizada con la participación de expertos internacionales en sostenibilidad y directores comerciales de las principales asociaciones comerciales del acero, institutos de investigación y empresas siderúrgicas. Sus conclusiones, que aparecen publicadas en el Journal of Cleaner Production, revelan los desafíos más importantes a los que se enfrenta la producción de acero ecológico desde la perspectiva de los principales actores de la industria siderúrgica.  

La huella de carbono del acero 

La huella de carbono –las emisiones totales de gases de efecto invernadero generadas durante el proceso de fabricación– se ha convertido en el indicador global más aceptado para determinar cuán ecológico es un producto. La política de desarrollo sostenible de la Asociación Mundial del Acero establece la reducción de los gases de efecto invernadero como un objetivo principal del sector siderúrgico mundial, en línea con el Hoja de Ruta de la UE para una economía baja en carbono, que pretende reducir las emisiones de la industria entre un 80 y un 95 % para el año 2050. 

Sin embargo, aunque esta idea puede parecer sencilla, definir y medir las emisiones de la industria siderúrgica y sus reducciones conlleva algunos desafíos asociados.  

“El acero ecológico podría definirse como tal tomando como referencia las emisiones absolutas que estén por debajo de un determinado umbral, o bien midiendo las reducciones de emisiones en relación con un valor de referencia”, señalan los autores. “En ambos casos, se plantea la cuestión de dónde trazar la línea. Otro planteamiento podría ser etiquetar las emisiones de los productos siderúrgicos para que los consumidores puedan decidir cuál es el nivel que determina que un producto es “ecológico”. Además, existen distintas metodologías de contabilidad del carbono y varias opciones dentro de cada metodología, y su elección puede estar muy relacionada con las emisiones de gases de efecto invernadero o con las reducciones de las emisiones.” 

Un problema adicional es que existen dos vías para producir acero: la primaria, intensiva en emisiones, y la secundaria, que utiliza acero reciclado.  

La producción siderúrgica debe contemplarse como un sistema global y no como una cadena de suministro unidireccional

“Ello plantea problemas a la hora de comparar las reducciones de emisiones que se obtienen por cada una de estas dos vías”, señalan los investigadores. “La reducción de las emisiones de carbono para alcanzar las cero emisiones tardaría 4,5 veces más con la vía primaria que con la secundaria. Por tanto, las empresas siderúrgicas primarias pueden considerar que se hallan en desventaja para poder cumplir con los criterios del acero ecológico”, según los autores. 

Según concluyen, “dado que existen muchas posibilidades de reciclar el acero como material, la producción siderúrgica debe contemplarse como un sistema global y no como una cadena de suministro unidireccional para evitar así que la creación de un mercado de productos siderúrgicos ecológicos conduzca a unos resultados perversos”. 

El greenwashing  

Uno de esos resultados perversos podría ser que aumentase el potencial para el greenwashing, que es lo que ocurre cuando las empresas afirman que siguen unos procesos más ecológicos que los que en realidad aplican. Al existir diferentes vías de producción y diferentes metodologías de medición del factor ecológico, el sistema actual es susceptible de múltiples abusos.  

“Las diversas opciones de contabilidad que prevén las distintas metodologías podrían permitir, en determinadas circunstancias, que una empresa siderúrgica aplicara un factor ‘contractual’ de cero emisiones a su consumo eléctrico o emisiones de ‘alcance 2’, en caso de haber adquirido instrumentos como las Garantías de origen (GO) de generación de electricidad renovable, en vez de utilizar el factor de emisión ‘basado en la ubicación’, como correspondería a su suministro físico”, explican los investigadores.  

“Como la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero de la producción secundaria de acero son debidas al uso de la electricidad, ello permitiría efectivamente que la empresa siderúrgica afirmara que sus productos son de ‘cero emisiones de carbono’, pese a que el hecho de haber adquirido GO probablemente no ha marcado ninguna diferencia en la cantidad total de energía renovable generada y, por tanto, no ha supuesto ninguna contribución real para mitigar el cambio climático global”, sostienen. 

El potencial de greenwashing, añaden, podría reducirse con cuatro medidas concretas:

  • Acordar una definición y una metodología para la contabilidad del carbono.
  • Asegurar que cualquier afirmación sobre una reducción de las emisiones ‘contractuales’ por adquisición de electricidad renovable se limita a la generación de renovable que sea realmente adicional.
  • Que el acero reciclado reconozca la huella de carbono del acero primario.
  • Establecer diversos requisitos sobre emisiones para los productos fabricados siguiendo cada una de las dos vías de producción del acero. 

Una competencia distorsionada 

La mayoría de los entrevistados coincidieron en señalar la importancia de fijar unas normas certificadas para garantizar la trazabilidad y, si bien los expertos sostienen que las empresas siderúrgicas preferirían unos mecanismos más basados en incentivos que en la imposición de unas normas (por ejemplo, mediante impuestos sobre el carbono), optar por un enfoque combinado ha funcionado bien en otros ámbitos (como, por ejemplo, llevando las renovables al mercado). 

“El mecanismo británico de obligación para las energías renovables (UK Renewables Obligation) exigía a los proveedores de energía adquirir un determinado porcentaje de electricidad de fuentes renovables o pagar una multa, posteriormente reconvertida en incentivos para los desarrolladores de energías renovables”, explican los investigadores. “De forma similar, la política industrial del sector automovilístico brasileño Rota 2030 obliga a cumplir unos requisitos de eficiencia en las emisiones para los vehículos de fabricantes de equipos originales (OEM, por sus siglas en inglés), que pueden compensarse produciendo un mayor porcentaje de vehículos eléctricos e híbridos. 

“De forma similar a los requisitos normativos que se establecen por el lado de la demanda a los grandes consumidores de acero, podrían establecerse algunas obligaciones normativas a las siderúrgicas para que produjeran una determinada proporción del acero de forma ecológica, o bien cumplieran un cierto “umbral verde” en toda la producción de acero. Esto podría implementarse por varias vías, incluso a través de un sistema de certificado negociable para el acero ecológico, similar a la UK Renewables Obligation, en que los consumidores finales del acero o los proveedores finales de la cadena de suministro tendrían la obligación de adquirir una cierta proporción de certificados ecológicos por unidad de acero, al tiempo que se otorgarían certificados a los productores de acero ecológico, que podrían vender para compensar sus mayores costes de producción.” 

La competencia distorsionada que sufrirían los productores nacionales al perder cuota de mercado en favor de los competidores internacionales que no estuvieran sujetos a mandatos ecológicos podría compensarse con un ajuste del impuesto del carbono en la frontera (CBA, por sus siglas en inglés), señalan. 

“Esto garantizaría que todos los consumidores finales tuvieran que hacer frente al mismo coste internalizado del carbono. Debería diseñarse un CBA de modo que los importadores se enfrentasen a unos costes del carbono comparables a los de la industria siderúrgica de la UE, con objeto de ofrecer un incentivo suficientemente atractivo para invertir en la siderurgia ecológica y, al mismo tiempo, evitar la fuga de carbono y el desplazamiento de recursos.” 

La intervención gubernamental 

En definitiva, es esencial combinar los instrumentos políticos que promueven la coherencia entre los distintos sectores y países con el fin de impulsar el desarrollo del acero ecológico, concluyen los autores. 

“Si no existe una intervención pública o de una demanda impulsada por la normativa, el mercado de productos siderúrgicos ecológicos probablemente va a quedar limitado a unos nichos de productos altamente diferenciados dirigidos a unos consumidores que tienen conciencia ecológica. Para pasar de estos nichos a una situación más general –lo cual es necesario para lograr los objetivos de descarbonización del Acuerdo de París–, probablemente será necesaria una intervención más activa por parte de los gobiernos, tanto en el lado de la oferta como en el de la demanda.”

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