Europa necesita una revolución en la Administración

El camino de Europa hacia los derechos digitales

Por Esteve Almirall (Esade) & Igor Calzada (Universidad de Oxford, Comisión Europea)

En el ámbito digital global actual, las políticas de privacidad localizadas que protegen los datos y los derechos digitales de los ciudadanos emergerán, inevitablemente, después de la interrupción social de Covid-19. El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea proporciona un marco exhaustivo para que las organizaciones se adhieran, con fuertes multas que pueden alcanzar cientos de miles de euros para aquellos que no cumplen con las reglas.

Pero estas regulaciones contrastan fuertemente con las infraestructuras tecnológicas en los Estados Unidos y China, donde las grandes corporaciones tecnológicas y los gobiernos centralizados concentran el poder de decisión.

En este contexto, junto con mi coautor Igor Calzada, hemos examinado las variaciones que se han producido en los escenarios de datos globales. Nuestra investigación sugiere una hoja de ruta hacia un nuevo ecosistema digital europeo que sea capaz de proteger los derechos digitales de los ciudadanos, argumentando que los gobiernos locales y regionales europeos todavía están dotados de viejas estructuras de gobernanza que claramente no pueden superar los desafíos del siglo XXI.

Nuestra investigación sugiere una hoja de ruta hacia un nuevo ecosistema digital europeo que sea capaz de proteger los derechos digitales de los ciudadanos

En resumen, en este contexto y directamente influenciado por el GDPR, Europa, tal vez por primera vez, ha hablado con su propia voz al combinar datos y formulaciones de políticas e investigaciones de ciudades inteligentes. Nuestra investigación, publicada en Transforming Government: People, Process and Policy, sugiere una estrategia para liderar el panorama global de datos comprometida con los derechos digitales, situando la ciudad de Barcelona al frente de esta revolución digital global.

La era de los datos

El siglo XXI vio una explosión en el uso de datos y el nivel de inteligencia utilizado para analizarlos con fines comerciales. Las redes sociales y la inteligencia artificial anunciaron la introducción de la hiper-focalización, con análisis de datos, reconocimiento facial y perfiles de datos. A medida que el almacenamiento en la nube superó los grandes sistemas de servidores, el capital y los costes operativos de las grandes empresas tecnológicas cayeron drásticamente, abriendo el mercado a cualquiera que tuviese un ordenador portátil y un conocimiento práctico de la ciencia de datos.

Data privacy
La tecnología se ha movido más rápido que las regulaciones para controlarla (Foto: Tony Liao/Unsplash)

La tecnología se ha movido más rápido que las regulaciones para controlarla, con manipulación masiva a través de contenido dirigido con precisión. Y si bien Europa abordó las preocupaciones sociales al introducir el RGPD en mayo de 2018, no llegó lo suficientemente lejos. El alcance de la escala en sí misma –y las posibles consecuencias nefastas del extractivismo– y la manipulación de datos han puesto de manifiesto la necesidad de establecer marcos de derechos digitales que cubran la privacidad, la propiedad, la confianza, el acceso, la ética, la transparencia y, en última instancia, la responsabilidad democrática.

Ciudades digitales

Este aumento en las tecnologías de datos no se reserva solo a los recolectores de datos con afán de lucro en las grandes empresas. La forma en que se diseñan e implementan las políticas y servicios públicos también se ha transformado. El proceso de toma de decisiones en los consejos locales y regionales está incorporando a científicos de datos que utilizan algoritmos para resolver problemas sociales y asignar recursos. Y los ciudadanos actúan como proveedores de datos, cuya información se utiliza para dar forma a los servicios. Los datos capturados en estos enormes ecosistemas se analizan y retroalimentan para alterar la provisión de bienes y servicios y la forma de comercializarlos.

En los EEUU, Google, Amazon, Facebook y Apple recopilan cantidades masivas de datos de sus clientes globales sin ningún consentimiento informado

Pero la gobernanza global de tales sistemas está, como poco, desarticulada. En China, las grandes empresas tecnológicas y el estado disfrutan de una estrecha relación a la hora de utilizar los datos de las personas, y cada una se beneficia de la otra. En los EEUU, los cuatro gigantes tecnológicos (Google, Amazon, Facebook y Apple) recopilan cantidades masivas de datos de sus clientes globales sin ningún consentimiento informado y sin reglas nacionales para evitar que lo hagan. En ambos casos, las infraestructuras tecnológicas nacionales y las agendas de investigación se benefician de la recolección de datos de los ciudadanos.

En marcado contraste, Europa se está centrando en la construcción de un modelo sostenible, local, regional e inclusivo para proteger a sus ciudadanos y sus datos y utilizar sus poderes en pro del bien público. En particular, la Comisión Europea está preparando su estrategia sobre los centros de innovación digital (digital innovation hubs – DIH), que son consistentes con intervenciones particulares más amplias en ciudades inteligentes como espacios de datos urbanos.

Pero, ¿cómo se puede establecer una red eficaz para implementar los derechos digitales en ciudades y áreas rurales? ¿Cómo se pueden aumentar realmente los esfuerzos entre las ciudades y las comunidades para adoptar una IA ética, centrada en el ser humano y segura en términos de interés público?

European citizens
Europa se está centrando en la construcción de un modelo sostenible, local e inclusivo para proteger a sus ciudadanos y sus datos (Foto: Jacek Dylag/Unsplash)

Una coalición por los derechos digitales

En febrero de 2020, la Comisión Europea lanzó su estrategia europea de datos. En ella se esboza un plan para crear un mercado único de datos dentro de la UE, con una "economía de datos atractiva, segura y dinámica" e inversión en herramientas e infraestructura, y reglas claras y justas sobre uso y privacidad.

Barcelona ha desempeñado un papel de liderazgo en la construcción y ejecución de la política de datos. En 2015, un equipo del Ayuntamiento de Barcelona estableció una serie de funciones estratégicas centrales necesarias para gestionar el uso de datos: orientación, promoción, operacionalidad y explotación. Un resultado directo de esta iniciativa fue la Coalición de Ciudades por los Derechos Digitales (Cities Coalition for Digital Rights – CCDR). Dirigido por Barcelona, junto con Amsterdam y Nueva York, el movimiento CCDR se extendió rápidamente por todo el mundo y ahora consta de un total de 41 ciudades.

Las ambiciones de las administraciones locales de establecer derechos digitales compartidos y desarrollar políticas digitales están ganando impulso

Sin embargo, aunque las ambiciones de las administraciones locales de establecer derechos digitales compartidos y desarrollar políticas digitales están ganando impulso, existen limitaciones frustrantes. Desarrollar y analizar código es una tarea costosa. Y aunque el resultado final acabará beneficiando a la coalición, hay pocos incentivos para que una autoridad local sea la primera en invertir en dicho ejercicio.

Incluso para aquellos dispuestos a dar los primeros pasos, el talento disponible para desarrollar tales sistemas rara vez está interesado en trabajar en centros burocráticos cuando las grandes empresas tecnológicas ofrecen oportunidades de desarrollo profesional mucho más claras y comprobadas. ¿Pueden las ciudades trabajar juntas para implementar derechos digitales de manera efectiva y en beneficio directo de sus ciudadanos? ¿El sector público europeo está avanzando en la dirección de esta hoja de ruta?

El camino por delante

Existe una necesidad clara y urgente de alinear los ecosistemas de datos europeos con el bien social y público, y la elección democrática. Barcelona ha creado una plataforma sólida, y el CCDR muestra su voluntad de construir sobre estas bases.

Para que este embrión de ecosistemas de datos crezca, ha surgido un consenso sobre tres prioridades:

1. Abogacía

Ya disponemos de organizaciones y proyectos donde las ciudades y regiones pueden cotejar sus puntos de vista. Estos incluyen Eurocities, una red de 140 gobiernos locales de 39 países que tiene como objetivo promover el desarrollo económico, político y social dentro de sus países miembros. Y el proyecto Replicate está liderando una nueva forma de comprender las estrategias de replicación entre las ciudades a través de los programas de aprendizaje city-to-city learning. Pero la tecnopolítica específica de la ciencia de datos necesita expertos, ámbitos alternativos y voces diversas y críticas para conectarse con los responsables políticos europeos e impulsar la agenda de investigación.

Hay una falta, particularmente en Europa continental, de orientación e investigación aplicada en política

2. Gobierno

Hay una falta, particularmente en Europa continental, de orientación e investigación aplicada en política, especialmente en áreas modernas como la IA, espacios de datos, análisis de comportamiento y transformaciones digitales. Gran parte del problema no radica en las capacidades existentes sino en la financiación de estas actividades con una visión neutral y no partidista.

3. Agencias paneuropeas

Las regiones europeas deberían beneficiarse de las capacidades en inteligencia artificial, análisis y desarrollo de software moderno. Sin la capacidad de movilizar esta experiencia, no se crearán infraestructuras e instituciones de datos y no se obtendrán los beneficios asociados. Las agencias paneuropeas públicas o privadas (o una asociación de ambas) son la mejor solución para promover el código abierto, compartir modelos y crear estandarización.

Las agencias paneuropeas públicas o privadas son la mejor solución para promover el código abierto, compartir modelos y crear estandarización

Particularmente importante es la renovación de aquellas estructuras de gobierno que resultan ser más afines a siglos anteriores y carecen de la profundidad y la capacidad para responder a los desafíos actuales. Un claro ejemplo de esto ha sido el auge de las oficinas de análisis de datos, debido a que incluso las ciudades medianas o grandes carecen en muchas ocasiones de la capacidad de atraer a científicos de datos de alto nivel y mantener la oficina competitiva en un entorno de cambio tan acelerado.

Un remedio emergente para abordar esta brecha ha sido los grupos de análisis de datos de las universidades que brindan esta capacidad a las ciudades. Al contrario de las ciudades, estos no solo compiten por los contratos de la ciudad, sino que se acercan a la generación de conocimiento. Este caso muestra el camino hacia un nuevo tipo de institución, las agencias paneuropeas, que podrían aportar competitividad y sangre nueva a los gobiernos locales y regionales al tiempo que fortalecen la idea de Europa.

Los desafíos de la gobernanza de datos del siglo XXI, en última instancia, se reducen a la renovación de las estructuras públicas europeas. Una renovación que no puede abordarse sin proteger los derechos digitales de las personas, y debe fortalecer la capacidad de las ciudades y regiones europeas para autogobernarse con políticas de datos comunes.

La justicia y el futuro de la democracia europea se basan en ello.

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