"Nuestro sistema educativo fue diseñado para preparar a los jóvenes para desempeñar tareas muy repetitivas a lo largo de toda su vida"

El FabLab es un espacio innovador en el que cualquier persona puede convertir sus ideas en objetos tangibles a través de un software de diseño y máquinas de fabricación digital. Estudiantes, emprendedores o simplemente aficionados a la tecnología disponen de impresoras 3D así como otros tipos de máquinas para “aprender haciendo” y poner en práctica el Do it yourself.

Mat Laverne es el fundador del FabLab, ubicado en la Rambla de la Innovación de Esade, desde el que combina su experiencia como ingeniero y emprendedor para fomentar la creatividad y la innovación.

Do Better: La creatividad es una facultad importante para los emprendedores. ¿El actual sistema educativo aborda adecuadamente esta necesidad?

Mat Laverne: Nuestro actual sistema educativo es la evolución de un sistema que había sido diseñado para preparar a los jóvenes para desempeñar tareas muy repetitivas a lo largo de toda su vida. Las condiciones laborales han cambiado de formas muy diversas, pero en cambio la educación se está quedando atrás en su capacidad de preparar a los jóvenes para la vida de las sociedades modernas.

Hoy, aprender a aprender, tener la capacidad de adaptarse a un mundo en constante cambio y poseer múltiples habilidades interpersonales (soft skills) parece mucho más importante que la capacidad de repetir una lista de datos que nos impone el sistema. Citando a Ken Robinson, podríamos decir que “la creatividad es hoy tan importante como la alfabetización y ambas deberían ser tratadas con el mismo estatus”.

Mat Laverne
Mat Laverne con un grupo de alumnos en el FabLab (Foto: Esade)

Robinson sostenía que gran parte del actual sistema educativo estadounidense alienta el conformismo, el cumplimiento de la obligación y la estandarización, más que los enfoques creativos al aprendizaje. Robinson insistía en que solo lograremos triunfar si reconocemos que la educación es un sistema orgánico y no mecánico. Una administración escolar de éxito consiste en generar un clima de ayuda más que de “ordeno y mando”.

La creatividad y la innovación se pueden aprender, pero la práctica es esencial. ¿Por qué?

“Oigo y olvido; veo y recuerdo; hago y entiendo". La sabiduría de Confucio nos recuerda la importancia de la práctica. Con la experiencia práctica, el estudiante forja su propia comprensión del concepto y esto tiene mucha más fuerza que las palabras que se aprenden de memoria.

Cuando hacemos cosas, tenemos la oportunidad de equivocarnos, y los errores nos proporcionan una de las mejores experiencias de aprendizaje.

'Oigo y olvido; veo y recuerdo; hago y entiendo'. La sabiduría de Confucio nos recuerda la importancia de la práctica

El producto de la innovación y de la creatividad es fruto de nuestra imaginación, así que, por definición, esta debe ponerse en práctica para que dé sus frutos.

¿Cómo ayudas a los participantes que aprenden en el FabLab a crear y a hacer cosas nuevas?

En el FabLab, ponemos a su disposición las herramientas para diseñar y crear y les enseñamos la mejor forma de utilizarlas (ya sean máquinas o programas de software). Estas herramientas amplían sus capacidades de fabricar cosas, pero todo lo que hacen es fruto de su imaginación.

Cada día que pasa, la tecnología tiene un papel más importante en nuestra sociedad y nos ofrece nuevas posibilidades de resolver nuestros problemas. Estamos familiarizados con ella como usuarios, pero no como creadores. ¿Por qué es importante cambiar esta visión?

En los últimos años, la tecnología está siendo cada vez más accesible a más personas. Esta tecnología nos da un poder que jamás habíamos tenido en el pasado. Nos proporciona unas herramientas que nos empoderan a todos y cada uno de nosotros para hacer grandes cosas que pueden llegar a cambiar el mundo. La tecnología nos da la posibilidad de transformar el mundo en que vivimos e incidir en la sociedad. Todas estas herramientas nos permiten ser algo más que meros espectadores pasivos que observamos con impotencia cómo se va desarrollando la historia.

Las nuevas tecnologías de fabricación digital tienen un potencial enorme. Muchas ideas pueden traducirse en soluciones concretas y tangibles. Por ejemplo, en los últimos años, hemos visto que personas que jamás se habrían podido pagar una prótesis tradicional finalmente conseguían una gracias a la impresión 3D; también hemos visto que algunas grandes comunidades se han unido para crear instrumental médico con el fin de dar una respuesta increíblemente rápida a la crisis de la covid-19, y que algunos FabLabs se han situado en campos de refugiados para hacerlos más resilientes.

Las nuevas tecnologías de fabricación digital tienen un potencial enorme

En el FabLab de Sant Cugat, habéis desarrollado programas con estudiantes y adolescentes, como el del TdR y el Maker Challenge. ¿Con qué objetivos?

En los últimos años, el sistema educativo ha ofrecido una nueva oportunidad a los estudiantes de la enseñanza secundaria postobligatoria para que aprendan más proactivamente. Esta oportunidad en Cataluña es el treball de recerca (TdR), un proyecto que llevan a cabo los estudiantes a final de bachillerato. Puesto que queremos apoyar realmente la experiencia de aprendizaje, nos ofrecemos a acompañar a aquellos estudiantes que quieran ilustrar sus ideas con un prototipo. En el programa del TdR, enseñamos las habilidades necesarias para la fabricación digital, para que puedan dar forma tangible a sus propias ideas, así como habilidades comunicativas, para que puedan transmitir sus mensajes de forma clara y racional. Queremos que los estudiantes se apasionen en los proyectos que han decidido investigar.

Otro programa que hemos elaborado es el Maker Challenge, diseñado para inculcar unas competencias que consideramos esenciales, como el emprendimiento o la habilidad de hablar en público (la oratoria) y que básicamente están ausentes de los planes de estudios de la mayoría de las escuelas.

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¿Cómo los han acogido los participantes?

Ambas iniciativas están dando sus frutos. Los estudiantes de secundaria de Sant Cugat y de otras ciudades de los alrededores han logrado llevar a cabo unos proyectos increíbles, algunos de los cuales les han valido algún reconocimiento.

Varios proyectos de las distintas ediciones del Maker Challenge han sido premiados en la Maker Faire Barcelona. Algunos de los más destacados son: Clean Street, un recipiente con un elemento giratorio de juego, para fomentar que los propietarios de perros mantengan las calles limpias de excrementos; cuando el perro deposita sus heces en el recipiente, Clean Street lo detecta y automáticamente le recompensa con un regalo. Se trata de una solución win-win que mejora la experiencia ciudadana y resulta beneficiosa para todos. Crutch-Up son unas muletas equipadas con un dispositivo que permite utilizarlas sin manos, de modo que el usuario puede coger el teléfono y mantener una conversación si se encuentra en la engorrosa situación de andar con muletas (y también permite seleccionar música de una lista de reproducción sin tener que soltar las muletas). Otro proyecto fue el Skater’s Helmet, un casco que se integra en todo tipo de gorras, lo cual permite a los skaters introducir una protección dentro de su vestimenta sin perder su estilo tan característico.

Queremos que los estudiantes se apasionen en los proyectos que han decidido investigar

En cuanto a los TdR, una de nuestras estudiantes, Cristina Grau, desarrolló un brazo robótico totalmente funcional. El proyecto ganó varios premios, como el Premi Sant Cugat 2018 y el Premio a la Excelencia Académica de la European International School.

Y luego está la historia de Lluïsa, que me gusta especialmente explicar porque refleja de muchas maneras el propósito del FabLab de empoderar a las personas facilitándoles las herramientas de la fabricación digital. Lluïsa Garcia asistió a la primera sesión de nuestro programa de acompañamiento del TdR teniendo muy poca idea de lo que cabía esperar de ella. En aquella sesión, pedimos a cada estudiante que explique a los demás integrantes del grupo qué idea quiere desarrollar en su proyecto. Cuando le tocó el turno a Lluïsa, dijo medio en broma que, como no tenía a nadie en la familia que pudiera acompañarla cuando tocaba su instrumento musical, era evidente que lo que necesitaba era crear un robot que pudiera hacerlo. Acto seguido añadió que, naturalmente, se trataba de una broma, pues ella era claramente incapaz de desarrollar un proyecto tan utópico. Yo la desafié a que en dos semanas hiciera un proyecto simple con Arduino en que pudiera controlar el movimiento de una palanca. Tardó solo 3 días en mostrarme con orgullo el movimiento de aquel primer dedo, y en pocas semanas ya tenía diez dedos que podía programar para que se movieran como ella quería. Tras diseñar numerosos prototipos enfrentándose a los problemas de la codificación y demás complejidades, logró crear un robot que podía tocar las cuatro octavas de su piano eléctrico… ¡y ya lo había programado con algunos de sus temas favoritos! Como es lógico, su proyecto obtuvo la nota más alta. Aquel mismo año, Wonder, que es como bautizó a su robot pianista, fue exhibido en un acto de promoción de los mejores proyectos de estudiantes de Cataluña y obtuvo un premio.

Lluïsa había llegado al FabLab de Sant Cugat sin tener una idea clara de qué quería estudiar en el futuro y, por eliminación, se inclinaba por las humanidades. Pero, tras completar el proyecto, finalmente se decidió por estudiar ingeniería, una especialidad que, según parece, le apasiona.

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