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Repensar cómo gestionamos nuestro tiempo de trabajo para prevenir la 'fatiga de Zoom'

David Reyero

Fatiga de Zoom”: la disrupción que la COVID-19 ha generado en nuestros hábitos laborales tiene sus efectos contradictorios, como toda transformación.

La irrupción de nuevas herramientas de videoconferencia (Zoom, Teams, Meet…) fue una bendición en 2020, porque nos permitieron mantener nuestras conexiones personales y profesionales: una ventana al mundo y a nuestros seres más queridos, para compartir temores e ilusiones, ayudarnos mutuamente y tratar de mantener el estado de ánimo en aquellos meses tan duros de confinamiento.

Sin embargo, hoy también somos más conscientes de sus efectos adversos y se va extendiendo por el mundo empresarial la “fatiga de Zoom”, el desgaste mental que nos genera el exceso de videoconferencias. Se trata de un formato de reunión que cansa más que las tradicionales reuniones presenciales, como han demostrado ya diversos estudios.

La “fatiga de Zoom”, el desgaste mental que nos genera el exceso de videoconferencias, se va extendiendo por el mundo empresarial

Para afrontar este problema, surgen herramientas como Spot, una plataforma que fomenta las reuniones andando, para hacer frente al cansancio y al sedentarismo propios de esta época.

Hoy me parece más apremiante que nunca repensar cómo gestionamos nuestro tiempo de trabajo, para combinar con inteligencia la necesaria productividad con unos hábitos sostenibles y con unas rutinas que fomenten la creatividad y la felicidad laboral.

Creación, conexión y contribución son tres tiempos complementarios que nos acercan a la excelencia laboral. Es fundamental gestionarlos bien para avanzar como una organización de alto rendimiento sostenible.

Creación, conexión y contribución son tres tiempos complementarios que nos acercan a la excelencia laboral

Creación: es un tiempo fundamental y suponer detenerse, pensar y diseñar el futuro. Es un momento para compartir ideas ante un papel en blanco, para discutir, retarnos y reconocernos, sin presiones de tiempo ni de resultados concretos. Es un espacio para el brainstorming de calidad y para soñar en voz alta, antes de pasar estas ideas por el filtro del realismo y de nuestros recursos escasos. Como ejemplo, Jeffrey Immelt, exdirector ejecutivo de GE, trataba de dedicar el 20 % de su tiempo a detenerse a pensar y a redefinir el porvenir de su empresa.

Conexión: es el tiempo necesario para los “cafés virtuales” y para socializarnos con los compañeros. Para reír, compartir asuntos triviales y desconectar de la presión diaria. ¡Qué importante es y, a la vez, aparentemente tan sencillo y trivial!

Es un tiempo valioso para conocernos de una forma más personal, para potenciar nuestras relaciones y utilizar una herramienta clave de las personas felices: el sentido del humor. Serán buenos momentos si logramos que aflore “el animal social” que llevamos dentro, consustancial a nuestra genética humana. Es un tiempo de calidad compartido, aunque sigamos añorando el cuerpo a cuerpo de nuestros inolvidables cafés presenciales.

Contribución: es el volumen de tiempo más amplio que dedicamos a las tareas esenciales: al seguimiento, a la ejecución y a la “pura productividad”, tanto a escala individual como en coordinación con otros compañeros de trabajo u otras personas de otras organizaciones.

Existen algunas ideas que puedan mitigar esta situación manifiestamente mejorable, aunque cada empresa debe “encontrar su tono"

Supone unos ritmos y unas energías distintas, con el objetivo de potenciar las sinergias de los equipos, el bienestar laboral y la calidad de nuestros resultados y decisiones. Estas dinámicas hacen más sostenibles estos largos meses de pandemia, de disrupción y de incertidumbre y pueden llevarnos a acabar “telequemados”, si no cuidamos nuestros hábitos.

En mi experiencia, la “fatiga de Zoom” tiene varias explicaciones: replicar el modelo operativo presencial al teletrabajo sin suficientes ajustes, dedicando un porcentaje excesivo de tiempo a la contribución, en detrimento del tiempo de conexión y, sobre todo, de la necesaria creación, y haciendo un número excesivo de reuniones que, en muchos casos, son evitables…

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Existen algunas ideas que puedan mitigar esta situación manifiestamente mejorable, aunque cada empresa debe “encontrar su tono” para tocar como una orquesta más afinada: incrementar la delegación; reducir el tiempo y el número de las reuniones, y de sus asistentes; potenciar la mentalidad agile en el día a día…

Hoy podemos vivir de varios modos: en un insufrible “día de la marmota”, recordando la famosa película de Bill Murray. O, por el contrario, podemos esforzarnos por proteger nuestro estado de ánimo y aplicarnos en una rutina más positiva y saludable, en un día a día laboral que, con sus naturales altibajos, aporte espacios y tiempos para “fluir” y disfrutar del trabajo.

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