La construcción de las intervenciones asistenciales: actos ‘mundanos’ que pueden ayudar a las personas supervivientes a forjar una nueva vida

Ignasi Martí Lanuza

La labor de una organización de Bombay que trabaja con personas supervivientes del tráfico de personas ha revelado hasta qué punto las prácticas “simples y mundanas” de cada día resultan esenciales para configurar las intervenciones asistenciales e influir en su éxito continuo.

International Sanctuary (ISanctuary) se fundó en 2007 para ayudar a mujeres y niñas a recuperarse de situaciones de abuso y tráfico de personas y a rehacer sus vidas. Aplicando en un enfoque basado en cuatro pilares –los ingresos, la educación, la salud y la comunidad–, las supervivientes aprenden a curarse, a crecer, a prosperar y a desarrollar unas relaciones sanas. Se les ofrece formación y un empleo bajo el paraguas de la marca Purpose Jewelry, que comercializa joyas elaboradas a mano por las mujeres en ISanctuary y tiene unos ingresos de unos 900.000 dólares a escala internacional.

ISanctuary ha sido descrita como “el eslabón esencial entre el rescate y la reintegración” y la organización tiene la intención de ampliar sus operaciones –que en la actualidad desarrolla en Timbala (Uganda), Tijuana (México), Cebu (Filipinas) y Bombay– con diez nuevos santuarios repartidos por todo el mundo.

Las prácticas de esta organización no lucrativa fueron analizadas por Ignasi Martí, de Esade, y Roscoe Conan D'Souza, de la francesa Emlyon Business School, que se propusieron identificar cómo pueden construirse las intervenciones asistenciales en sociedades institucionalmente desiguales, con unos prejuicios muy arraigados.

Su investigación, publicada en el Journal of Business Ethics, ilustra cómo deberían desarrollarse las infraestructuras asistenciales en el marco de unas estructuras sociales preexistentes, y cómo dichas estructuras configuran el potencial transformador de las intervenciones asistenciales y lo influyen.

El contexto de la atención asistencial

La capacidad de dar y recibir una asistencia adecuada es fundamental para el bienestar humano. La ética feminista del cuidado, un concepto que dieron a conocer, entre otras, las investigadoras Carol Gilligan y Joan Tronto a principios de los años ochenta, analiza y adopta una visión de los seres humanos como seres relacionales, interdependientes y vulnerables. Los contextos institucionales determinan la forma en que se concibe, se vive y se lleva a cabo el cuidado, e ignorar estos contextos supone, según Martí y D'Souza, “descartar las cuestiones de género, raza, casta y privilegios de clase, y su influencia en la configuración de unas vidas subordinadas y precarias."

“En palabras de Tronto, ello desmiente el mito de que somos siempre ciudadanos autónomos y potencialmente iguales. Además, nos obliga a ver que las formas más apropiadas de asistencia en determinados contextos específicos dependen de las prácticas corrientes de un grupo de personas y de los tipos de instituciones sociales y políticas que existen en dichas sociedades. Y exige que nos tomemos en serio las realidades concretas de cualquier relación, escenario y situación, puesto que no podemos prescindir del papel que juegan las condiciones institucionales en nuestra experiencia ni de cómo definen y configuran nuestras prácticas y nuestra vida diaria”, señalan los autores.

Frente a este marco contextual, Martí y D’Souza eligieron ISanctuary como un “caso aislado, rico desde el punto de vista informativo”, para llevar a cabo un estudio cualitativo en profundidad, con el añadido de que “la India es una realidad nacional compleja, y analizar la labor que supone crear un espacio asistencial en un contexto caracterizado por unas configuraciones institucionales dominantes, cuya forma de actuar produce múltiples formas de negligencia, discriminación, violencia física, estigmas y relaciones traumáticas”.

Enfrentarse a los temores

Martí y D’Souza identificaron dos grupos de prácticas que se llevaban a cabo en ISanctuary: transformar los elementos que intervienen en la vida humana y evitar recrear unas relaciones de dependencia opresivas, desarrollando el sentido de la autonomía.

Sobre el primer grupo de prácticas, su análisis descubrió tres elementos: la labor de sanación, el desempeño de la interdependencia y la deconstrucción de la situación de injusticia a través de las prácticas mundanas y la resignificación de las relaciones en el trabajo.

"A través del asesoramiento profesional, del mentoring personal y de unas relaciones que activan la confianza entre los colegas, la labor de sanación permite a las participantes enfrentarse a sus temores y desarrollar la confianza en sí mismas para guiarse en la sociedad y aprender a construir unas relaciones equilibradas con los demás, incluidas sus familias distanciadas", señalan Martí y D'Souza.

Aceptar la mundanidad

La segunda categoría de prácticas pone de manifiesto cómo ISanctuary utiliza la rutina y las prácticas mundanas para establecer interdependencias y crear comunidad, y deconstruir así las experiencias injustas.

"Las estructuras jerárquicas existentes combinadas producen formas de dependencia injustas, opresivas y a menudo violentas”, explican. “Nuestro análisis muestra cómo determinadas prácticas mundanas, como las celebraciones colectivas, sentarse en el suelo y compartir la comida juntos o participar en las vidas de los demás son un buen comienzo para abordar estas formas de dependencia.”

Otras prácticas, como lavar los platos de los demás, permiten visualizar la igualdad, independientemente de la casta, la clase o el género, en un marcado contrasto con las experiencias de las supervivientes, que con frecuencia son inducidas a pensar que no son dignas de integrarse en la sociedad.

Como explicaba una superviviente: “El personal también se sienta a comer con las chicas… Me gusta mucho porque no existen diferencias entre nosotros… Todos comemos juntos… No se ve si alguien es más alto o más bajo, ni siquiera si es un señor o un jefe… Aquí nos dan a todos el mismo estatus. No actúan como si fueran ellos los que mandan y pueden hacer ciertas cosas que nosotros no podemos hacer.”

Este enfoque centrado en la igualdad también se extiende a las relaciones que las supervivientes establecen en el trabajo y el significado que extraen de ello.

“Haciendo hincapié en el servicio como un valor nuclear y afirmando la valía que tiene cada persona, la organización facilita que las participantes transformen unas relaciones iniciales de dependencia, violentas y opresivas, como consecuencia de las injusticias vividas en el pasado, y experimenten nuevas formas de proceder”, señalan Martí y D’Souza.

Como explicaba un miembro del personal: "No importa qué tipo de persona seas, sino si estás dispuesto a servir. Los dirigentes de esta organización se sirven unos a otros. No funciona lo de yo soy el jefe y, por tanto, puedo dar órdenes o mandar…, sino que todos somos personas con la misma valía que los demás."

Evitar el “lado oscuro del cuidado”

El lado oscuro del cuidado, tal como lo describe la profesora Marian Barnes en su libro Care in everyday life: An ethic of care in practice, se refiere a la recreación de unas relaciones opresivas de dependencia con los cuidadores. En este caso, más que lograr la independencia, quienes están en un entorno de acogida simplemente sustituyen una relación de dependencia por otra y no logran desarrollar la autonomía necesaria para llevar una vida plena.

ISanctuary evita estos peligros potenciales con tres prácticas muy simples: dar voz, desarrollar habilidades y destrezas para la vida de cada día, y facilitar un trabajo y unas oportunidades que den sentido.

“Estar atentos y respetar la forma en que las mujeres desean trazar sus propios itinerarios para alejarse de su pasado mejora la sensación de autonomía sobre sus vidas y les permite confiar en la organización sin pasar a ser dependientes de ella”, explican Martí y D’Souza.

Desarrollar esta autonomía con un trabajo significativo bajo el paraguas de la marca Purpose Jewelry, en que las participantes elaboran piezas que se venden por todo el mundo y tienen la oportunidad de asumir roles de liderazgo, ha contribuido a incrementar la autoestima de las mujeres y la confianza en sí mismas.

Pagar bien a las participantes, ir desarrollando progresivamente sus capacidades con actividades de formación y mentoring, y animarlas a ahorrar y a presupuestar fueron acciones que ayudaron a las supervivientes a desplegar habilidades prácticas para la vida y para su independencia.

Todas las vidas son importantes

“Algunas vidas parecen dar la sensación de que no son importantes, lo cual ilustra que los seres humanos a veces son condenados al ostracismo y que determinadas convenciones sociales muy localizadas impiden a las personas desarrollarse”, concluyen Martí y D’Souza.

“Las prácticas mundanas basadas en la igualdad, como almorzar juntos, compartir la comida o las celebraciones con los demás, o sentarse en el suelo para comentar la jornada, son de gran importancia y significado en una sociedad con unas formas muy arraigadas de desigualdad que se reproducen en las actividades diarias de las personas y de los grupos.”

Y, si bien los autores reconocen que los elementos identificados en las intervenciones asistenciales de ISanctuary no son la única forma de establecer un espacio de cuidado para personas supervivientes, sostienen que “plantear estos contextos en nuestros debates es una forma importante de recordar las numerosas formas de deshumanización, estigmatización, desvalorización, dominación y humillación de los demás que están presentes en el mundo actual”.

“Nuestras conclusiones ilustran que la transformación de las prácticas diarias es una táctica poderosa para crear un entorno asistencial que sea percibido y vivido como más solidario y justo.”

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