Innovación digital, ¿un animal diferente? ¿Importa?

Por Esteve Almirall

Hablar de innovación hoy es hablar en digital. ¿Es esto una exageración? Ciertamiente, lo es si miramos las cifras absolutas de patentes o de productos generados, pero si atendemos al nivel de atención y al espacio mental que captura, la innovación de hoy es sobre todo digital.

Por lo general, el proceso de innovación se describe como una forma de equilibrio en que a un descubrimiento, una mejora técnica o un avance le suceden una serie de perfeccionamientos que se difunden y se aplican a muy diversos usos.

Este modelo también se ajusta al entorno digital. Sin las aportaciones de Hinton en materia de deep learning, la mayoría de las cosas que sabemos y aplicamos sobre el reconocimiento de la imagen no existirían. Sin embargo, en el entorno digital estamos acostumbrados a un flujo continuo de descubrimientos y perfeccionamientos, que avanzan muy rápidamente.

La mayor parte de las nuevas innovaciones son abiertas y gratuitas

Y no solo esto: la innovación digital desafía continuamente los mecanismos económicos, que se aseguraban la captación del valor de cualquier innovación mediante el uso de patentes, combinado con cierto secretismo. En cambio, la mayor parte de estas nuevas innovaciones son abiertas y gratuitas, aun cuando las empresas hayan invertido mucho dinero en su desarrollo.

A modo de ejemplo, desde 2016 Tesla ha estado trabajando con la Universidad de Dalhousie para diseñar una batería con una autonomía de un millón de millas. Se trata, sin duda, de un gran avance que permitirá crear robotaxis y camiones eléctricos y que, en general, puede transformar la economía de los vehículos eléctricos comerciales. Este descubrimiento se ha publicado en una revista científica con tal nivel de detalle que es posible reproducirlo. ¿Por qué ocurre esto?

Tesla car in charging station
Un coche de Tesla aparcado en una estación de carga en Tocksfors, Suecia (Foto: Bruev/iStock)

Una forma de hallar una respuesta a este enigma es investigar por qué las tecnologías digitales son diferentes y qué consecuencias tienen estas diferencias.

En concreto, podemos identificar siete características básicas que diferencian la innovación digital.

En primer lugar, la plasticidad. El software y, en general, todo lo relacionado o impulsado por software es fácil de modificar. Nadie concibe la idea de rediseñar un puente, un tren o un edificio cuando ya está medio terminado. Sin embargo, esto es muy habitual en el mundo del software. Lo llamamos plasticidad, por su facilidad de adaptación y ajuste.

Pero, probablemente, su característica más importante no es la plasticidad, sino que se trata de una tecnología universal que se adapta a muchos usos y, en última instancia, a todo. La electricidad ha sido el prototipo de las tecnologías universales, pero el software es todavía más universal. Es difícil pensar en algo que el software no haya transformado o no vaya a transformar.

Es difícil pensar en algo que el software no haya transformado o no vaya a transformar

Una de las características más notables del software –que lo diferencia de otras disciplinas de ingeniería– es su velocidad de desarrollo. Además, este desarrollo es un proceso cada vez más automatizado, sobre todo gracias al cloud computing.

Y no se trata solo de la velocidad de desarrollo: incluso el software más complejo ya está al alcance de programadores de nivel medio. Lejos quedan los días en que era necesario tener a un doctorado en inteligencia artificial para producir software de reconocimiento de la imagen. La palabra clave de este éxito es la abstracción, a través de unos módulos que encapsulan el conocimiento y de unos procedimientos en forma de cajas negras que se pueden utilizar y combinar a voluntad.

Otra característica del software es su homogeneidad. En cuanto la información ha sido extraída y transformada en datos, sobre estos datos podemos aplicar cualquier algoritmo, biblioteca o procedimiento, porque los datos son solo datos. Esta homogeneidad facilita la transferencia de talento, personas e ideas entre diversos sectores.

Computer centre data
El desarrollo de software es un proceso cada vez más automatizado, sobre todo gracias al cloud computing (Foto: Gorodenkoff/iStock)

Pero la característica más llamativa del software, en términos económicos, es su capacidad de reproducción instantánea y a coste cero. La producción se convierte en copia y ya no es necesario desarrollar un nuevo software. Como cuando se construye un nuevo motor para un avión: simplemente se copia el software de forma instantánea y a coste cero.

Sin embargo, esta enorme velocidad en la creación y en la reproducción del software incrementa la agilidad en que operan los distintos actores, que generan constantemente innovaciones y novedades que convierten en obsoleto cualquier software en un lapso de tiempo cada vez más corto. Como dijo Lewis Carroll: “Aquí hay que correr mucho para mantenerse en el mismo lugar, y para ir más allá hay que correr el doble de rápido".

La innovación abierta se ha convertido en la estrategia dominante a la hora de gestionar la innovación

Cabría argumentar que, pese a que estas siete características diferencian la innovación digital de todo lo demás, su impacto ha sido menor en lo relativo a cómo se gestionan los proyectos de innovación.

La gestión de la innovación se ha descrito normalmente como un proceso en que una cartera de diversos proyectos evoluciona a través de un embudo de innovación, siguiendo un sistema de selección, desarrollo, validación y financiación. Este proceso de innovación es similar tanto en la digital como en la no digital.

Sin embargo, si se analiza la cuestión más de cerca, se ve muy rápidamente que este modelo ha evolucionado. La mayoría de los esfuerzos en el ámbito digital ahora son agile y lean y no siguen una estructura en cascada, lo cual altera la naturaleza del embudo de innovación debido a los constantes cambios de objetivos que las metodologías agile introducen en los proyectos.

Las empresas, sujetas a una intensa competencia en innovación, recurren cada vez más a la innovación externa

El modelo de innovación interno –cerrado– ahora es mayormente externo. La innovación abierta se ha convertido en la estrategia dominante a la hora de gestionar la innovación. Las empresas, sometidas hoy a una intensa competencia en materia de innovación, recurren cada vez más a la innovación externa. ¿Por qué? El mundo exterior es más grande, más rápido, más barato y sus innovaciones ya están validadas, al menos en parte.

Sin embargo, aún no podemos explicar por qué Tesla está regalando la que podría ser una de sus principales ventajas: una batería con una autonomía de un millón de millas.

La pieza que nos falta es que estas siete características no son estáticas, sino que evolucionan y podemos actuar significativamente sobre ellas. Como sucede con la ley de Moore, la velocidad en el desarrollo del software está aumentando con nuevos lenguajes, herramientas e integraciones, como DevOps.

Su universalidad también aumenta, como señaló Marc Andreessen en un famoso artículo titulado Why software is eating the world?, que publicó The Wall Street Journal en 2011.

Su complejidad se está reduciendo con desarrollos como el cloud computing, que ponen a disposición de casi todo el mundo los centros de datos más sofisticados del planeta. Y lo mismo puede decirse de la escalabilidad.

¡Y también de su velocidad y de la tasa de obsolescencia!

Por tanto, ya no podemos ver estas características como estáticas, sino cada vez como más dinámicas y con un ritmo de cambio acelerado. Ello tiene múltiples consecuencias, pero quisiera centrarme en una, el cambio del locus de la innovación.

La innovación ya no es una tarea que desarrolle solo una organización, sino todo un ecosistema

Durante muchos años, la innovación se producía dentro de la empresa, donde los proyectos evolucionaban a través del “embudo de innovación” siguiendo unos procesos de selección, desarrollo, financiación y validación.

La innovación abierta lo ha cambiado todo, perforando el embudo, llenándolo de agujeros a través de los cuales algunos proyectos escapan para desarrollarse fuera, mientras que otros entran en el embudo y llegan a convertirse en parte del núcleo duro de la empresa. Por ejemplo, los robots que mueven los almacenes de Amazon, los kivas, fueron una adquisición de 2012. Amazon adquirió Kiva Systems por 775 millones de dólares en marzo de 2012, y en 2015 se convirtió en Amazon Robotics. Ciertamente, ha sido una de las adquisiciones más rentables jamás realizadas.

Pero ahora que la velocidad de la innovación es mayor, el locus de la innovación se está desplazando, todavía más, hacia el exterior de las organizaciones. La innovación ya no es una tarea que desarrolle solo una organización, sino todo un ecosistema. La única forma de prosperar es desarrollarla como commons en plataformas de innovación, participando activamente en su construcción y desarrollo.

Elon Musk sabe que la batería de un millón de millas de autonomía es solo un paso en el proceso para crear un mundo de vehículos eléctricos. También sabe que, para prosperar, el coche eléctrico y su empresa necesitan un ecosistema mayor y más evolucionado.

Esta construcción colectiva de la innovación es lo que hace que la innovación digital sea diferente, ello explica por qué Tesla está revelando descubrimientos cruciales, por qué la innovación digital ha trascendido lo digital a dominios como las baterías para los coches eléctricos y por qué la mayoría de los algoritmos básicos de la inteligencia artificial son de código abierto. Porque mañana, o tal vez ya hoy mismo, todo esto quedará obsoleto.

En cierto modo, estamos asistiendo a una disociación entre el proceso de creación y el de captación de valor, los cuales responden a unas mecánicas completamente diferentes. 

Una vez más, las palabras de Lewis Carroll parecen proféticas: “Aquí hay que correr mucho para mantenerse en el mismo lugar, y para ir más allá hay que correr el doble de rápido".

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