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La crisis de suministros se complica con la llegada del Black Friday y la Navidad

Equipo Do Better

Artículo de Pablo Vázquez Galobart para Do Better

El Black Friday ya está aquí y la cadena de suministros sigue atascada. Basta con ver las colas de barcos frente a los puertos para entender que la crisis está lejos de solucionarse y amenaza con perturbar las compras navideñas.

¿Se agotarán los juguetes de las estanterías? ¿Habrá suficientes móviles y consolas para todos? La sombra del desabastecimiento se extiende entre la población, mientras empresas y gobiernos tratan de salvar las buenas expectativas de la campaña navideña con esfuerzos a contrarreloj. 

La inquietud crece ante el riesgo de desabastecimiento  

El 75% de los consumidores admiten que se sienten preocupados por los retrasos en los envíos y por la escasez de ciertos productos, según la Deloitte Holiday Retail Survey. Sin embargo, paradójicamente, los compradores no han cambiado sus hábitos de consumo y no parece que tengan más prisa que otros años por comenzar a adquirir sus regalos.

“Por mucho que nos digan que adelantemos las compras, al final nos terminará pillando el toro. Como consumidores, tenemos el problema de que no sabemos anticipar. La mayoría acabamos dejando las compras para mañana, y ello provocará un gran efecto de cuello de botella durante la campaña de ventas”, explica Pedro Rey, profesor de Economía del Comportamiento de Esade.

Otro problema que causará la crisis de suministros es que, a diferencia de otras Navidades, este año quienes compren a última hora correrán más riesgo que nunca de quedarse sin el regalo que buscan. Esto hará que muchos compradores tengan que conformarse con otros productos, menos deseados.

"Todos nos sentimos obligados a regalar algo, así que al final acabaremos comprando y recibiendo cosas con las cuales no estaremos tan satisfechos”, advierte Rey. “Esto generará un problema añadido de logística, con todas las devoluciones extra que se producirán.” 

Esade Do Better Desabastecimiento Black Friday

Además de estas complicaciones, el fuerte pico de demanda que se espera en diciembre acentuará la tendencia inflacionista de los precios, especialmente de los productos de electrónica.  

"Durante la pandemia hubo un efecto ‘prudencia’ y un mayor aumento del ahorro", Pedro Rey.

Pese a todo, según Salesforce, las previsiones de consumo son optimistas: entre el Black Friday y la Navidad, las ventas mundiales superarán el billón de euros. 

“Durante la pandemia hubo un efecto ‘prudencia’ y un mayor aumento del ahorro. Este dinero ahorrado tarde o temprano termina gastándose y parece que el momento es ahora que nos están diciendo que las fiestas navideñas se podrán celebrar de una manera más normal”, sostiene Rey.  

Los puertos siguen sin dar abasto  

Mientras tanto, a la espera de la avalancha de compras, la cadena mundial de suministros sigue al límite, tras meses de retrasos provocados por la pandemia, los confinamientos, la falta de contenedores y la escasez de materias primas.

“Esto es un círculo vicioso total y va a tardar en arreglarse”, explica Jaume Hugas, profesor del Departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade. “Por ejemplo, esta semana, en los puertos de Los Ángeles y Long Beach todavía había 90 barcos esperando para entrar, y eso que Joe Biden ha tomado medidas contundentes para corregir el problema.” En estos dos puertos de California, se trabaja a contrarreloj desde hace semanas para cumplir las órdenes del presidente estadounidense, que les pidió que operaran las 24 horas del día y los 7 días de la semana para acelerar la descarga de mercancías. Aun así, no consiguen absorber las colas de barcos que se siguen formando frente a los muelles. “El problema es que tampoco hay camiones ni camioneros suficientes para descargar todo lo que llega”, añade Hugas.

La sensación de atasco es muy parecida en China, donde acaban de celebrar el Día del Soltero a medio gas, por culpa de la crisis logística. Allí, los enormes puertos de Shanghái, Ningbo y Shenzhen tampoco parecen dar abasto ante el aumento de la demanda mundial. Y los precios de los fletes siguen por las nubes desde hace meses. Se están pagando hasta 10.000 euros por transportar un contenedor de Asia a Europa, diez veces más que antes de la crisis.   

"Paulatinamente, se va a tender hacia una regionalización de la industria", Jaume Hugas.

Ante esta situación, gigantes como Apple se han visto obligados a reducir las previsiones de producción de algunos de sus productos estrella. Otros, como Nike y Levi Strauss, están contratando aviones de carga para transportar sus mercancías, con el incremento de costes que ello implica.   

“Les irá bien como escarmiento, para repasar la teoría del modelo just-in-time y recordar que los proveedores tienen que estar cerca de las fábricas”, asegura Hugas. “Lo de producir en China y solo en China se va a acabar. Paulatinamente, se va a tender hacia una regionalización de la industria.”  

El trasfondo político de las relaciones comerciales  

La crisis no solo está obligando al mundo empresarial a tomar decisiones de futuro, sino que también muchos gobiernos pueden verse forzados a revisar cuáles son sus industrias estratégicas a medio y largo plazo.    

“Quizás esta crisis nos lleve a plantearnos que es importante asegurar unos stocks mínimos de bienes y servicios, al menos de ciertos productos básicos”, señala Pedro Aznar, profesor de Economía de Esade. “En la industria de los microchips, por ejemplo, los Estados Unidos han decidido que una política importante para ellos es depender menos de la producción que viene de Asia.”   

"En el caso de Rusia, saber que Europa tiene necesidad de su gas le permite jugar con esta dependencia", Pedro Aznar.

Además, según Aznar, a esta ecuación se le suman cada vez más elementos geopolíticos. “En el caso de Rusia, saber que Europa tiene necesidad de su gas le permite jugar con esta dependencia para conseguir otros objetivos que no son de carácter económico. Lo mismo ocurre con las relaciones comerciales entre los Estados Unidos y China.”   

En este contexto tan complejo, cuesta hacer previsiones sobre cuándo se volverá a la normalidad, aunque la mayoría de los expertos coinciden en asegurar que la crisis va para largo. Como mínimo, durante buena parte del año 2022.   

Así pues, al mundo le esperan todavía unos meses difíciles. Tanto para la cadena global de suministros, como para el crecimiento de la economía. La esperanza es que la situación se vaya estabilizando progresivamente, una vez superada la vorágine de las fiestas navideñas.   

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