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La nueva agente 007 y la importancia de la representación en la cultura popular

Francina Ribes

En Sin tiempo para morir, la última película de la saga de James Bond, el protagonista, interpretado por Daniel Craig, se ha retirado y vive en La Habana. Allí va a su encuentro la persona que le sucede como agente 007, que para su sorpresa y la de todos, es una mujer negra. Un principio muy prometedor en cuanto a la representación de la diversidad en relación con uno de los personajes más populares de la historia del cine, pero ¿cumple la película con las expectativas que genera en este sentido? 

Cuando el film estaba en proceso de producción, trascendió la noticia de que Phoebe Waller-Bridge, creadora de series de éxito como Fleabag o Killing Eve, se había incorporado al equipo de guionistas. El gesto se interpretó como una muestra de la firme voluntad de sus creadores de aportar una mirada fresca y con perspectiva de género a una saga que, a lo largo de los años, ha sido calificada en más de una ocasión como misógina.  

James Vaughan
Sean Connery (James Bond) en el rodaje de Goldfinger - Fotografía de James Vaughan

La nueva agente 007, de hecho, no es un caso aislado. Últimamente, en el cine comercial, en sagas como Star Wars o, incluso, en superproducciones de Marvel o de Disney, se constata una cierta fijación por cumplir con las cuotas de diversidad en los repartos y en algunos aspectos de las tramas. Sin duda, esta es una muy buena noticia. El problema es que, a menudo, esta fijación se limita a lo que podríamos considerar unos “retoques superficiales”, casi “cosméticos”, que en ocasiones incluso convierten las películas en sospechosas de purple washing

En el caso de la última película de la saga 007, la realidad es que el personaje interpretado por Lashana Lynch se diluye hasta convertirse en mera anécdota en una película en que la trama principal no es precisamente innovadora en cuanto al género, pues el film, como es obvio, tiene un claro protagonista masculino, blanco y heterosexual, y gira en torno a una historia de amor eminentemente clásica, con sus correspondientes roles de género. 

No time to die poster
Foto: Gerald Stock

En 1985, la autora de cómics Alison Bechdel dibujó una tira en que una de sus protagonistas le comentaba a la otra que solo miraba películas que cumplieran tres requisitos:

  1. que hubiera al menos dos personajes femeninos
  2. que hablaran en algún momento entre ellas 
  3. que hablaran de algo que no fuera un hombre

Estos tres requisitos trascendieron y se conocen hoy en día como el “test de Bechdel”. Sin tiempo para morir cumple, sin duda, el primer requisito; puede llegar a cumplir el segundo, pero, si los personajes femeninos hablan en algún momento entre ellos, suele ser en relación con el protagonista.  

De hecho, es sorprendente la cantidad de películas que se estrenan hoy en día, 36 años después de la publicación de esa tira cómica, que siguen sin superar un test tan básico, que tiene que ver únicamente con que haya mujeres en la pantalla con voz y con un discurso propio. 

Para conseguir erradicar la violencia contra las mujeres, es necesario empezar, sin duda, por combatir las desigualdades; en este sentido, es importante ser conscientes de las que todavía encontramos en el plano de la representación, ese espacio de la cultura popular tan importante para la construcción de imaginarios y sueños.  

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