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La violencia de género se expande por las redes sociales y en el teletrabajo

Equipo Do Better

Artículo de Pablo Vázquez Galobart para Do Better

Cada día, 137 mujeres mueren asesinadas en todo el mundo a manos de sus parejas, exparejas o familiares. Son más de 50.000 feminicidios al año, según datos de las Naciones Unidas. Se trata de unas cifras escalofriantes, a las cuales hay que sumar otro dato negativo achacable al machismo global: una de cada tres mujeres ha sido víctima alguna vez de violencia física o sexual. Y lo más alarmante es que el maltrato, el acoso y las agresiones no han hecho más que incrementarse durante este año 2021, marcado todavía por la pandemia. 

Ante este escenario de emergencia social, y coincidiendo con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en Do Better ponemos el foco en una de las formas de violencia hacia las mujeres que más se ha extendido en los últimos meses: el ciberacoso, tanto el de las redes sociales, como el que se da en las nuevas modalidades de teletrabajo.

El acoso sexual, también en remoto

La violencia hacia las mujeres se produce en todos los ámbitos de la vida y el entorno laboral no es ninguna excepción. Su forma más habitual es el acoso sexual, una lacra persistente que ha evolucionado hacia los métodos digitales a raíz de la implantación creciente del trabajo no presencial. 

“El teletrabajo abre las puertas a nuevas formas de violencia hacia la mujer en el ámbito laboral”, explica Anna Ginès, profesora titular del Departamento de Derecho de Esade. “Ejemplos de estas conductas son la distribución de fotos y de información de una compañera sin su consentimiento, o la creación de perfiles falsos con contenido sexual u ofensivo.” También existen otras formas de agresión digital presentes en el trabajo, denunciadas por Save the Children: el trolling, el cyberstalking, el grooming, el sexting sin consentimiento, la sextorsión y la pornovenganza.  

“El ciberacoso permite que los ataques se mantengan de forma persistente, constante e incansable, más allá de los horarios y el espacio físico de trabajo”, apunta Ginès. “Se extiende sobre la vida personal y familiar, sin límites de espacio ni de tiempo.” 

Ante esta nueva problemática, cabe tener presente que los casos de violencia contra las mujeres en el trabajo ya eran un fenómeno habitual antes de la pandemia. Más del 40% de las mujeres aseguraban haber sufrido alguna forma de acoso a lo largo de su vida: en un 17% de los casos, se habría producido en el entorno laboral, según los últimos datos de la Macroencuesta de Violencia contra las Mujeres realizada por el Ministerio de Igualdad en 2019. 

“Y lo más preocupante es que solo un 20% de las víctimas se sienten seguras para alzar la voz y denunciar el acoso ante recursos humanos o sus líderes”, señala Laura Guillén, profesora del Departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade. 

Sin embargo, las tasas que muestran las estadísticas oficiales solo reflejan una pequeña parte de los actos violentos contra las mujeres. Hay que tener en cuenta que todos estos porcentajes se incrementarían exponencialmente si, además del acoso sexual, se tuvieran en cuenta todas las microagresiones que se comenten a diario. 

“Se trata de formas sutiles de agresión que hacen sentir mal a las mujeres”, explica Guillén. “Puede ser un chiste inapropiado, un comentario sobre cómo voy vestida, sobre mi aspecto, sobre mis emociones, sobre el período, y mil ejemplos más que ocurren a diario y que muchas veces dejamos pasar, aunque duelan.” 

La plaga del machismo se expande por la red

Más allá del teletrabajo, el ciberacoso hacia las mujeres se ha extendido de forma alarmante por internet, especialmente por las redes sociales, que no dejan de ser un reflejo de lo que ya existe en la sociedad. 

“El hecho de atacar y menospreciar públicamente a las mujeres es algo muy habitual en internet”, explica Liliana Arroyo, investigadora del Instituto de Innovación Social de Esade. “Las posibilidades de tener experiencias desagradables son muchas más para las mujeres que para los hombres. Lo hemos visto recientemente en muchas mujeres con cargos públicos que han ido desapareciendo de las redes sociales por los ataques que recibían, ante la imposibilidad de sentirse seguras en estas plataformas.” 

Lo mismo ocurre a muchas cantantes y actrices populares: Taylor Swift, Emma Stone y Emma Watson son solo algunas de las famosas que se han tenido que dar de baja de las redes sociales por culpa del machismo.  

Lamentablemente, se trata de un problema al cual también están expuestas todas las mujeres y niñas que tienen conexión a internet. Según un estudio de The Economist Intelligence Unit, el 38% de las mujeres han tenido alguna experiencia intimidatoria en las redes, un dato que se eleva hasta el 45% entre las jóvenes millennials. Todas ellas son víctimas de la violencia de unos ciberagresores que se amparan en el anonimato y en la sensación de impunidad para actuar de este modo. “Al estar mediado por una pantalla, a veces uno puede atreverse a decir cosas más gruesas a personas que no conoce”, señala Arroyo, “por el simple hecho de que no se tiene ese canal habitual de construcción de la empatía que es el contacto visual o la presencia en un mismo espacio físico”. 

Fuera de las redes sociales, en el ámbito de la pareja, la hiperconectividad que ofrecen los móviles también ha permitido el desarrollo de nuevas estrategias de control y chantaje emocional por parte de los agresores. Según la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, algunas de estas prácticas son espiar el móvil de la pareja, censurar las fotos que comparte, controlar con quién chatea y qué dice en las redes sociales o exigirle que facilite las contraseñas de acceso a todas sus cuentas. 

“Hay cierta regresión de derechos y libertades para las mujeres”, advierte Arroyo. “Por eso, están comenzando a surgir muchas iniciativas por parte de asociaciones de mujeres. Ofrecen desde manuales de ciberdefensa feminista hasta espacios de cuidados y comunidades a las cuales puedes dirigirte cuando has recibido un ataque. Mientras no tengamos una regulación, mientras no esté educado todo el mundo, es necesario que las mujeres sepan que no están solas.” 

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