"Cada vez más inversores preguntan por algo más que la rentabilidad financiera"

"Cada vez más inversores preguntan por algo más que la rentabilidad fi...

Social 15 Febrero 2022

Instituto de Innovación Social

Los criterios ESG y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se han convertido estos últimos años en elementos centrales para muchas empresas, que ven como cada vez más es necesario adoptar políticas de gestión responsable y el liderazgo es primordial en esta transformación. Con años de experiencia en el sector, la Fundación SERES es un testimonio y un actor clave en esta transformación promoviendo la formación de líderes plenamente responsables.

Ignasi Carreras, profesor del Instituto de Innovación Social y del Departamento de Dirección General y Estrategia de Esade, habla con Ana Sainz, Directora General de la Fundación SERES sobre la necesidad de un liderazgo responsable.

TRANSCRIPCIÓN:

Ignasi Carreras: Hola, soy Ignasi Carreras y tengo el gusto de conversar hoy con Ana Sainz, directora de la Fundación SERES, una fundación creada hace doce años para acompañar las empresas en su proceso de convertirse en empresas más responsables. Ana, cuando ves las empresas que son líderes en temas en responsabilidad, ¿qué es lo que ha cambiado de cuando empezaste en la fundación hace doce años a cómo son ahora, en 2022?

Ana Sainz: Hola Ignasi, un placer tener esta conversación hoy contigo. Yo diría que ha cambiado todo: el cambio ha sido radical. Cuando nosotros empezamos esta andadura hace doce años, la recepción era mucho más escéptica. Es verdad que el mundo anglosajón estaba más avanzado y ya había algunos movimientos que decían que la empresa debería tener un rol en la mejora de la sociedad, pero todavía había un gran desconocimiento de cómo se debía implementar, y esta fue la razón por la cual nació SERES: para acompañar a las empresas en esa transformación y en esa visión que tenían los líderes empresariales de incluir la preocupación por el impacto social que generaban dentro de su estrategia.

Entre las cosas concretas que han pasado, un aspecto claro puede que esté relacionado con la normativa. Si vamos atrás, a lo mejor teníamos una docena de normativas, y muchas de ellas eran tan solo recomendaciones, mientras que ahora, en el mundo global de los criterios ESG, podemos tener más de 500, y hemos pasado de las recomendaciones, de los temas “soft”, a temas realmente estructurales, que tienen que generar un cambio sustancial dentro de las empresas.

Más cosas que han pasado: la presión. Si ya en aquel momento eran sobre todo las entidades sociales las que estaban insistiendo en ese rol distinto y en esa colaboración, ahora también lo hace la sociedad. El barómetro de Edelman nos viene a demostrar, año tras año, que las empresas están siendo reconocidas como uno de los principales actores, y eso es una responsabilidad y una oportunidad. Y también están los inversores. Como nos comentan los líderes empresariales que pasan por nuestros encuentros, cada vez más inversores preguntan por algo más que la rentabilidad financiera.

Así pues, hay mucha más presión del contexto. También es verdad que se ha atribuido un rol a la compañía y existe la necesidad –y creo que internamente también el convencimiento– de que este rol es una responsabilidad, una obligación y una oportunidad. Y a mí me parece que eso es lo más relevante.

Ignasi Carreras: Justo ahora en Esade Madrid estamos liderando un foro de directores y directoras de ONG y hemos estado discutiendo sobre el cambio sistémico a partir de la colaboración multisectorial, con invitados de la empresa privada y de las administraciones públicas. Y, por la tarde, una de las experiencias que hemos estado analizando es cómo Greenpeace está fomentando el cambio climático. Después de su exposición, le han preguntado a Eva Saldaña, directora de Greenpeace, por qué considera que en los últimos años se ha avanzado mucho más en los temas medioambientales que en los sociales.

Y en el mundo de la empresa también ha ocurrido lo mismo. Cuando hablamos de ESG, los temas de buen gobierno no están muy regulados y las empresas se ven obligadas a avanzar porque normalmente tienen que someterse a la regulación; en los temas medioambientales, hay más conciencia social a raíz del cambio climático, y ha habido mucha más regulación. Pero, en los temas sociales, ¿realmente hemos avanzado todo lo que teníamos que haber avanzado? ¿Las empresas dan a la S una dimensión solo interna de gestión responsable de las personas, o también hay una dimensión más externa, relacionada con el impacto social?

Ana Sainz: Efectivamente, queda más camino por recorrer y creo que tú has citado muchas de las razones. Una de ellas es que tenemos más dificultades a la hora de concretar dónde está el reto social. En Davos, se ha evidenciado que la cohesión social es uno de los grandes retos que tenemos a corto plazo y, como señala el indicador AROPE, las desigualdades se están generando a escala mundial.

Desde luego, eso tiene que ser objeto de preocupación para las empresas, pero es verdad que todo depende de dónde operes: según la región en que estés, hay unas prioridades u otras. En el caso del cambio climático, parece que todo es más claro, pues se trata de reducir la huella de carbono. Y, aunque haya bastantes derivadas, por lo menos la cosa está clara y aquí hay que trabajar más en esos estándares e indicadores. Por ejemplo, la taxonomía verde nos ha dado ideas de que no nos podemos quedar solo con la parte colateral que relaciona el cambio climático con la parte social; hemos de desarrollar una taxonomía social, porque nos estábamos quedando muy atrás.

Y por eso nace SERES, porque creemos que, efectivamente, la parte menos desarrollada es la parte social, donde hay un aspecto interesante que está siendo muy relevante y que tiene que ver con todo el capital humano, con lo que tenemos a nivel interno, con cómo gestionamos el empleo y el talento, pero también con cómo incidimos en las comunidades, cómo generamos igualdad o desigualdad, cómo no dejamos a nadie atrás en esta recuperación económica, cómo generamos cohesión territorial y, además, inclusión, equidad… Al final, hay una serie de indicadores, cada vez más claros que necesitamos poner en común, establecerlos, y SERES está intentando dar esos pasos con el índice de la huella social y facilitar las cosas, sin necesidad de crear una metodología nueva –porque ya hay un montón de metodologías en el mercado y realmente creo que no es un avance crear una metodología nueva, sino buscar entre todas ellas aquellos indicadores comunes y, al menos, tener ese reto para seguir adelante.

Ignasi Carreras: Durante casi todos los años de su existencia, SERES ha estado colaborando con Esade. Llevamos once años haciendo un ciclo de conferencias en temas de responsabilidad y desde SERES también últimamente habéis invitado a diferentes CEO, presidentes y presidentas para hablar sobre cómo han evolucionado en temas de responsabilidad.

¿Tú cuál crees que es el factor determinante para que al final una compañía avance mucho en este sentido? Me gustaría que me lo dijeses la perspectiva de haber podido conocer a los líderes de esas compañías, principalmente del IBEX 35, y también de otras compañías multinacionales radicadas en España. ¿El factor determinante es tener a un equipo de liderazgo que realmente se cree eso de avanzar hacia la responsabilidad, o bien disponer de un buen business case, con el cual puedes demostrar a todos los grupos de interés que esperan obtener unos resultados económicos que existe una relación entre la responsabilidad y los factores de competitividad de la empresa?

Son dos temas que están conectados, pero ¿cuál de los dos realmente es el que hace que la compañía avance?

Ana Sainz: Yo realmente creo que una cosa importante para que la compañía avance es que crea que esto entra y tiene que transformar su modelo de negocio y, por tanto, su estrategia, y que existe una oportunidad en este nuevo modelo de negocio en que no solo busca la rentabilidad económica y la rentabilidad social, porque durante todo este tiempo hemos aprendido que otra serie de variables muchas veces te llevan a hacer “check in the box”.

En este caso, pues, a mí me gustaría más quedarme con la parte del business case, con el convencimiento, en general, de que la empresa que no tenga asumido esto y no lo transversalice no será la empresa del futuro.

Lo que sucede es que claramente estamos hablando de una transformación: no estamos hablando de poner ordenadores –si lo comparamos con la digitalización: lo que hay que hacer es movilizar a las personas, que son las que trabajan en las empresas, montar una estrategia distinta y hacer que realmente sea transversal; introducir unos indicadores distintos y, para ello, está claro el rol del líder: cuando un líder está convencido y quiere hacer esa transformación, la impulsa mucho más, como hemos visto, porque ha dado el paso anterior, eso es, primero se ha convencido de que su empresa no va a existir en el futuro si no tiene este business case en que no solo mira la rentabilidad financiera y al accionista, sino también el impacto en todos los grupos de interés, y él quiere liderar ese cambio.

No sé si te he contestado, Ignasi, pero es difícil. Porque es verdad que el líder ayuda mucho, pero él solo, sin el business case, no sirve.

Ignasi Carreras: Claro, el mantra actual del liderazgo y uno de los más importantes, es el propósito. Esto liga mucho con los temas sociales y medioambientales, porque no solo se trata de un propósito de empresa, sino también de un propósito de sociedad, y en algunas sociedades las empresas pueden desarrollarse mucho más.

Pero este mantra, visto desde la sociedad y no desde las personas que estamos en estos ámbitos, se observa con una cierta suspicacia, como si todo esto fuera un rollo de marketing, un lema, sin que quede claro qué hay debajo de todo ello. Tú ¿qué piensas? ¿Sigue habiendo mucho greenwashing o hay cada vez más autenticidad en los esfuerzos y propósitos públicos que hacen las empresas de avanzar hacia la responsabilidad?

Ana Sainz: Pienso que es muy importante la coherencia, eso es, hacer lo que decimos, así como liderar con el ejemplo. Yo no puedo creer que ahora haya greenwashing porque creo que este es un movimiento imparable. Sí admito que ha habido cosas del pasado que se han hecho mal en el mundo empresarial y que han generado bastante desconfianza, incluso aún en el presente. Pero creo que no hay greenwashing buscado o provocado, sino que todavía queda mucho camino por recorrer, e incluso desconocimiento, sobre cómo implementar esto realmente en mi modelo de compañía. Pues si solo lo vemos con un prisma, al final muchas veces no logramos transformar toda nuestra cadena de valor y no somos coherentes ni consecuentes con lo que realmente queremos implementar.

Efectivamente, si el propósito solo es un claim y ese claim no lo pasamos a las áreas de negocio y no tenemos una dirección distinta, entonces es que no estamos liderando de acuerdo con este propósito. Por tanto, si acaso hemos tenido greenwashing provocado en el pasado, creo que ahora no lo hay, pero sí es verdad que a lo mejor todavía hay desconocimiento sobre cómo proceder, y ahí necesitamos la colaboración de todos los grupos de interés y de todos los agentes.

Ignasi Carreras: En los muchos avances que se están produciendo en los temas de responsabilidad, especialmente en las cuestiones medioambientales, pero también en las sociales y de buen gobierno, hay momentos en que la empresa se enfrenta a un dilema entre el propósito y la cuenta de resultados: si realmente quieres operar en esos países y quieres actuar sin corrupción, debes hacerlo de una manera distinta, y si quieres luchar realmente contra el cambio climático, tienes que cambiar según qué forma de actuar.

¿Tú crees que cada vez hay más empresas que asumen que la responsabilidad no es algo periférico al negocio, sino que la incorporan dentro de él y, de alguna manera, están dispuestas a sacrificar algunos de sus objetivos de crecimiento económico de doble dígito –si algunas los tienen en estos momentos–, porque este crecimiento tiene que ser realmente de una forma distinta?

Ana Sainz: En algún diálogo que hemos tenido en los ciclos con Esade, que creo que has liderado tú, Ignasi, ha salido este tema. Comprometerse con este cambio tiene un coste, sobre todo si solo tienes una mirada a corto plazo. Cuando realmente hay un compromiso, no podemos obviar el proceso, y ese proceso tiene un coste a corto plazo.

Eso es así, si solo quieres verlo como un coste, y no como una inversión para la construcción de un modelo a largo plazo, pero entonces no vamos a aportar realmente toda la coherencia que buscábamos en el futuro. A largo plazo, yo creo que es irrenunciable esa mirada de oportunidad. Y el problema es cómo conviven ambas perspectivas. Pero no siempre los dilemas se plantean en torno a la pérdida de rentabilidad, y cada vez hay más líneas que, pese a garantizar ganancias superiores en rentabilidad, no se pasan, y eso yo sí que lo veo. Además, un grupo que está influyendo mucho es el de los inversores, que ya está reconociendo y apostando más por empresas que no solo tienen esa mirada cortoplacista en la rentabilidad financiera, sino que están construyendo modelos. Y también el mundo, con el tema del medio ambiente, nos ha dado ejemplos como la descarbonización, y hay algunos movimientos “americanos”, como los IFRS, que lo llevan al balance, y es que eso está penalizando, de alguna manera, en la cuenta de resultados y en los balances de las compañías.

Yo lo veo como algo imparable. Y es verdad que da pena admitir que, a fin de cuentas, todo es rentabilidad financiera, pero lo bueno es que hay rentabilidad también social y medioambiental.

Ignasi Carreras: Hay un factor de competitividad muy importante, que es la capacidad de atraer talento. Y ahí sí hemos visto los diferentes diálogos que hemos ido generando a lo largo de muchos años con empresas más responsables, que tienen una gestión responsable de las personas y que son capaces de ser más atractivas para atraer y, especialmente, para retener talento.

Pero a mí me gustaría explorar un elemento distinto. Afortunadamente, cada vez más mujeres están asumiendo puestos directivos en las empresas y se observa una evolución en la diversidad de esos puestos directivos. No sé si lo has podido captar o no, si hay alguna transformación. Yo tengo mis teorías al respecto, porque doy clases a cursos mixtos y a cursos solo para mujeres directivas, y veo percepciones un poco diferentes que me resultan muy positivas. Mi pregunta es: ¿El avance en materia de diversidad a nivel directivo, especialmente de la diversidad de género, está facilitando que las empresas tengan un propósito más enraizado y una actuación más coherente para avanzar en ese propósito?

Ana Sainz: Mi impresión es que sí. No disponemos de datos todavía, y a nosotros nos gusta basarnos en los datos, porque otra de las cosas que pasan cuando hablamos de estos temas es que hay veces que nos falta el dato, y el mundo empresarial se basa en el dato. Pero yo creo que la diversidad en general, y no solo de género, sino también generacional, cultural o de raza, al final te aporta visiones diferentes y la mujer tiene una mirada distinta de la gestión.

Es verdad que hay otros muchos techos y con frecuencia, para llegar a puestos directivos, las mujeres tienen que dejar su propia personalidad y casi mimetizarse y copiar los modelos de los hombres. Pero, cuando ya has pasado esta primera etapa, a lo mejor de reconocimiento, sí se notan cambios en la gestión: se nota más la preocupación por el talento, por la sostenibilidad, por los temas más de intangibles, mucho más relacionados y vinculados con las cuentas del negocio.

Pero es verdad que también grandes directivos hombres lo están abanderando, porque saben que en el mercado existe la necesidad de que sus empresas sean más competitivas.

Ignasi Carreras: Estas dos últimas semanas han salido varios informes, coincidiendo con el Foro de Davos, que hablan de un fuerte crecimiento de las desigualdades y también, en algunos casos, de la pobreza extrema, como consecuencia de los dos años de pandemia. A mí me gustaría saber si las empresas realmente son conscientes de su incidencia en que las desigualdades sigan creciendo o se reduzcan, con algunos elementos como los aspectos de la fiscalidad responsable, eso es, que las empresas paguen en cada uno de los países por aquello que les corresponde pagar, utilizando los mecanismos que estén a su mano. Pues no tiene sentido que muchas multinacionales paguen el 0,2%, el 2% o el 3% cuando las pymes pagan tasas muy superiores y cuando tenemos unos servicios sociales, sanitarios y educativos deben ser financiados.

¿Hay un sentimiento creciente, por parte de las empresas, de que la lucha contra la desigualdad será seguramente una de las exigencias que les planteará la sociedad y deberán analizar cuál es su rol con respecto al crecimiento de las desigualdades extremas?.

Ana Sainz: Desde luego, la Fundación SERES se enfoca a ello y estos informes los hemos transmitido, junto con el crecimiento más que relevante del indicador AROPE.

Este tipo de indicadores a lo mejor nos faltan en materia social, y principalmente falta ver un poco cómo se relacionan. Es verdad que las empresas pueden asociar ese atributo principalmente con la generación de más empleo y más diverso, y ocuparse también de la capacitación de los empleados tras su llegada a la sociedad, y vincularla con la parte de la cohesión social.

Ahora mismo, se está trabajando en la línea vertical que tú dices interna. Yo creo que ciertamente la tasa AROPE la asocia con uno de los indicadores más relevantes, el relacionado con el empleo, y lo que tenemos que hacer es que ese indicador –que estoy segura de que va a llegar, como ya ha llegado el de la huella de carbono– esté en los cuadros de mando de todos los directivos de todas las empresas, porque esa es la parte social realmente relevante. Porque, al final, si tú no construyes una sociedad más justa e igualitaria, te vas a quedar sin clientes, pues vas a vender a las clases más ricas, que cada vez son menos y tienen más dinero.

Entonces, realmente, es preciso que también veamos cómo estamos construyendo unos modelos cada vez más restrictivos, que pueden llegar a tener menos capacidad, porque hay menos capacidad adquisitiva en muchos colectivos, según nos dicen estos nuevos informes, al tiempo que crece enormemente la situación de pobreza.

Ignasi Carreras: La Fundación SERES ha destacado por ayudar a las empresas también a introducirse en la innovación social. Las empresas que empezaron con la responsabilidad social, medioambiental y de buen gobierno, han ido acercando su responsabilidad a la innovación para intentar desarrollar productos y servicios que no solo fuesen buenos para su cuenta de resultados, para sus ventas y para sus beneficios, sino también necesarios para poder luchar contra el cambio climático, contra las desigualdades, contra la desnutrición, contra la violencia de género, etcétera.

A mí me gustaría saber si tú crees que las empresas están en una fase incipiente de lo que es la innovación social, que hasta ahora desarrollaban principalmente las ONG, las entidades no lucrativas y también la Administración pública, o bien es algo que realmente se va a desarrollar mucho más. ¿Va a ser un nicho dentro de lo que es la responsabilidad o va a adquirir una dimensión importante y relevante?

Ana Sainz: Nosotros deseamos que adquiera un tamaño importante y relevante, y yo creo que se va a hacer de manera natural. Lo que pasa es que se va a transversalizar y acaso no se clasifique como innovación social. Lo que está claro es lo que has dicho, Ignasi: cuanto más extremas son las situaciones del contexto a las cuales intentas dar solución, si en realidad te preocupa esa desigualdad y te preocupan los colectivos más desfavorecidos –discapacitados, mujeres víctimas de la violencia de género– y tú realmente quieres ofrecer productos y servicios a estos colectivos, tienes que extremar tus modelos y tu estrategia, y ponerla en unos límites, porque seguro que la rentabilidad financiera no te sale. Entonces, si tú apuestas por esto, vas a generar unas líneas de negocio a futuro muy relacionadas con la innovación social.

Para nosotros, uno de los casos más claros se deriva, por ejemplo, de la discapacidad y el envejecimiento. Lo hemos hablado mucho con organizaciones que trabajan con la discapacidad y con vosotros, y muchas veces, al habernos acercado a través de la tecnología en temas de accesibilidad y de entendimiento, nos estamos preparando mucho mejor. Gracias a algunas compañías que han ganado premios en que tú has sido miembro del jurado, porque han sido capaces de adaptarse a una situación extrema de un colectivo que lo necesitaba, nosotros hemos entendido mejor a este colectivo y ahora mismo entendemos mejor, por ejemplo, a la gran población en edad avanzada que tenemos en nuestro país.

O sea, que quizá no lo denominemos innovación social, pero yo creo que es una fuente de innovación la apuesta por la sostenibilidad y por estos colectivos más necesitados para innovar y ofrecer realmente mejores productos y servicios a toda la sociedad.

Ignasi Carreras: Muchas gracias, Ana, y enhorabuena por la labor que hacéis desde SERES. Muchas veces los frutos no se ven en dos o tres años, pero, cuando observamos vuestros doce años de actuación, observamos que realmente habéis contribuido a que muchas más empresas sean responsables y sean el tipo de actores que queremos en nuestra sociedad. Gracias.

Ana Sainz: Gracias, Ignasi, por apostar por esta alianza desde hace ya once años. Creo que ha sido clave para seguir formando a los nuevos directivos que se incorporan a las empresas y para que esto fluya cada vez más.

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