Talante de líder: el buen liderazgo requiere serenidad

¿Es usted un líder tranquilo?

Por Josep F. Mària, SJ

Lo que cualifica a un líder no son sus ideas sino su talante. El talante consiste en una actitud de la persona ante la realidad que le influye y sobre la que desea influir. Las ideas son muchas; los talantes se pueden distinguir en dos tipos: el sereno y el alocado. Describo el sereno; el alocado sale por contraste.

El talante sereno no cambia de ideas a la ligera. Sabe que mantiene una posición y no la sacrifica por intereses personales. Pero no utiliza las palabras para descargar pasiones contra el oponente. Por eso sabe callar si las palabras pueden encender fuegos. No toma decisiones en caliente, sino que invoca la paz interior antes de hablar o actuar.

El líder sereno no cambia de ideas a la ligera

El talante sereno tiene una mirada ancha y profunda. Ancha porque sabe que el otro puede ser oponente en un aspecto de la vida, pero amigo y compañero en muchos otros campos vitales. Profunda porque no se encalla en la superficie de un argumento mal formulado del oponente, sino que procura acoger el estado de ánimo del que lo formula.

Sereno no quiere decir necesariamente conservador. El líder sereno puede promover el cambio social o el cambio organizativo, si son necesarios. Pero Charles Péguy decía que cualquier cambio social “será moral o no será”. Cambio o no cambio, pero siempre con un cierto talante.

El líder sereno no proyecta sus miedos en escenarios catastróficos de futuro, porque eso extiende el miedo y contribuye a acciones alocadas. Sus acciones son constantes como el calor de la brasa y no llamativas como la llama que inflama una viruta: “La impronta del hombre inmaduro es que quiere morir noblemente por una causa; mientras que la impronta del hombre maduro es que quiere vivir humildemente por una causa” (Wilhelm Stekel, psicólogo).

El líder sereno puede promover el cambio social

El talante sereno es, pues, humilde: si se enorgullece de haber estado sereno, entonces se volverá altivo y alocado. Y frágil: sabe que se puede contagiar fácilmente de los talantes alocados.

La humildad y la fragilidad requieren hacer cosas para mantener y reforzar el talante sereno. Cada uno sabe lo que le devuelve la serenidad: sacar a pasear al perro, ir a caminar al parque, leer poemas, escuchar música, tocar el flautín, hacer yoga o meditación, rezar o ir a hacer deporte. Lo que sea, pero hay que hacerlo repetidamente, hay que convertirlo en un hábito. Porque los asaltos a la serenidad también son repetidos, habituales.

En resumen, el talante es la capacidad de percibir estímulos (datos, informaciones), integrarlos –junto con otros– en un proyecto y traducirlos en respuestas (planes, acciones) que promuevan colectivamente dicho proyecto. El sereno percibe, integra y traduce con profundidad. Y trabaja para mantener la profundidad interior ante los asaltos de la prisa.

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