Micromachismos: incongruencias de género en la vida y en la empresa

Por Silvia Forés

Recientemente, me topé con un artículo redactado en inglés que aparecía en la página web de una firma de servicios profesionales. Se hallaba disponible en un espacio un tanto escondido, llamado “Sucesión”, y su título traducido venía a decir lo siguiente: “Cómo jubilarse y no matar a su esposa”.

Este título claramente nos lanza la idea de que es el hombre quien se jubilará y la mujer lo estará esperando en casa. Y ahí empezará el conflicto: cuando el hombre, que siempre ha estado fuera de casa, empiece a interferir en el espacio donde reinaba la mujer, ocupándolo como un bulto sospechoso.

Y, si bien el título no deja de llamar la atención, más grave es el hecho de que aparece en la web de una empresa que muestra públicamente una clara apuesta por la diversidad y la inclusión. Y, en especial, por apoyar la diversidad de género como parte de su ADN. La explicación que se me ocurre es que probablemente la persona que se ocupó de llenar de contenido el espacio de “Sucesión” no fue la misma que la que intervino en el de “Diversidad e Inclusión”. Y que quien redactó aquel artículo vive en otra época… ¿O tal vez no?

A pesar del avance de género, todavía existen incongruencias que costará mucho eliminar

Veamos ahora otro caso que también me llama la atención. Hace pocos meses, una amiga recibió un regalo en su casa con una nota en la cual se la felicitaba por haber apoyado la carrera de su marido durante dos años muy complicados, después de que él fuera nombrado el mejor directivo de una multinacional. No hay mala intención alguna en dicho escrito ni en el regalo, todo lo contrario, pero no conozco a ningún hombre que haya recibido un detalle similar. Y me pregunto: ¿Y el marido de mi amiga? ¿No la apoyó? Estoy segura de que sí lo hizo. Ella también trabaja, y mucho, pero él no recibe regalos de este tipo. Está interiorizado y se sobreentiende que es la mujer quien apoya al hombre en su carrera profesional.

Estos ejemplos demuestran que, mientras se avanza en planes de igualdad y políticas de inclusión, todavía existen incongruencias, algunas graves y otras más sutiles, en asuntos de género, no solo en las empresas sino también en la sociedad que, en mi opinión, costará mucho eliminar.

Está interiorizado y se sobreentiende que es la mujer quien apoya al hombre en su carrera profesional

Sin embargo, hay algo peor que el hecho de que dichas incongruencias existan. Me refiero a que hay mujeres que son cómplices de ello. Aceptar entrar en una discoteca gratis porque eres mujer cuando los hombres tienen que pagar; aceptar una invitación a un restaurante de alto nivel donde los precios de la carta solo están visibles para los hombres, pues la que dan expresamente a las mujeres no indica los precios –me lo tengo que creer de quien me lo contó, pues no tengo intención de ir a comprobarlo con mis propios ojos–, o escuchar a mujeres cercanas a los 40 años diciendo que no volverán a salir con ese hombre porque no las invitó son situaciones más frecuentes de lo que pensaba.

Cena romántica
Foto: Hybrid Images/iStock

Existe una gran cantidad de ejemplos de micromachismos, para utilizar el controvertido término que acuñó el psicólogo argentino Luis Bonino Méndez en 1990 para describir los machismos “de baja intensidad”, “suaves” o “cotidianos”. Es imposible luchar contra todos ellos, porque además en algunos no hay mala intención. Simplemente están culturalmente tan arraigados que es imposible arrancarlos de cuajo. Los hemos interiorizado de una forma tan natural que nos hemos acostumbrado a ellos.

Los micromachismos están culturalmente tan arraigados que es imposible arrancarlos de cuajo

Sin embargo, en el entorno empresarial en que afortunadamente se están implantando políticas en materia de género e igualdad y son un tema en la agenda de los comités de dirección y de las personas que nos dedicamos a los Recursos Humanos, hay que luchar contra estos micromachismos a conciencia.

Tengo claro que lo que más importa es solventar la brecha salarial, impulsar la carrera profesional de la mujer, asegurarse de que ninguna queda atrapada en el techo de cristal y permitir que cualquier mujer válida pueda llegar a ocupar puestos directivos, luchando contra todo tipo de discriminación.

Pero, mientras lo conseguimos, prestemos atención también a esos pequeños detalles como los que he comentado al principio, para que la estrategia de diversidad e inclusión en materia de género en las empresas sea totalmente coherente con lo que predican.

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