¿Necesitamos repensar la formación empresarial?

Josep M. Lozano

El poder de las empresas en la configuración de la sociedad ha ido aumentando constantemente con el fenómeno de la globalización. La formación de directivos y la calidad de la formación empresarial tienen un impacto directo en esta influencia, pero existe un debate en curso sobre los contenidos y las competencias que promueven las escuelas de negocios y sobre el tipo de personas que se gradúan en ellas.

En un artículo titulado "From Business Ethics to Business Education: Peter-Hans Kolvenbach’s Contribution"  [“De la ética empresarial a la formación empresarial: la contribución de Peter-Hans Kolvenbach”], publicado en el Humanistic Management Journal, Josep M. Lozano, profesor del Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade, analizaba esta situación. A continuación, se resumen las ideas principales de dicho artículo.

Prof. Lozano:

La ética empresarial ha sido criticada por los líderes empresariales por ser una disciplina alejada de la realidad, con unas enseñanzas y unos debates académicos que se desarrollan fuera del alcance de la realidad empresarial. Y, si bien la ética empresarial contiene los ingredientes propios de una disciplina académica, con manuales, revistas, congresos y centros de investigación dedicados a ella, su impacto en las prácticas empresariales suscita muchas dudas.

El gap existente entre los planteamientos académicos y las acciones reales ha hecho que la responsabilidad social corporativa (RSC) vaya ocupando progresivamente el lugar de la ética empresarial. Pero el concepto de RSC es difuso y no tiene una definición clara. La RSC no es un objetivo en sí, sino más bien un terreno común a partir del cual los negocios buscan avanzar en su propia agenda. Más que contener una serie de reglas y principios sobre los negocios, la RSC se centra en el impacto directo y en las consecuencias de sus acciones.

Desde esta perspectiva, los críticos vienen reclamando un debate sobre el futuro de las escuelas de negocios y de la formación directiva. Se ha cuestionado la calidad de la formación, en que sus detractores arguyen que la educación empresarial no proporciona a sus estudiantes las competencias necesarias para hacer frente a las exigencias económicas, políticas, sociales e incluso éticas de los negocios corporativos.

Para abordar este dilema, podemos examinar el enfoque que propone Peter-Hans Kolvenbach.

El enfoque holístico

Peter-Hans Kolvenbach fue superior general de la Compañía de Jesús de 1983 a 2008. Doctor en Teología, Kolvenbach dedicó su vida al mundo académico y viajó en numerosas ocasiones para supervisar la gestión y las enseñanzas de las instituciones educativas, los institutos y las universidades gestionados por los jesuitas.

El objetivo de la educación jesuita es la formación de hombres y mujeres para los demás, personas competentes, conscientes, compasivas y comprometidas. Es en estas cuatro “C” que Kolvenbach basaba su enfoque holístico a la educación, estableciendo un marco de referencia para las universidades, con el fin de “ayudar a los hombres a ser más realmente humanos, a consagrar la dignidad humana y a ser participantes activos para lograr un mundo mejor”.

Kolvenbach expuso su marco para abordar la educación superior con cuatro palabras latinas: utilitas (dimensión practica-profesional), iustitia (dimensión ética-social), humanitas (dimensión humanista) y fides (dimensión religiosa-espiritual).

Utilitas (dimensión práctica-profesional)

La educación proporcionada por una escuela de negocios debe ofrecer excelencia tanto en conocimientos como en desarrollo de habilidades y competencias. Pero Kolvenbach señalaba que una carrera profesional no puede reducirse a las dimensiones meramente técnicas e instrumentales, e insistía en que la formación de los líderes del futuro no debería crear “una secta marcada por el elitismo.”

Tenía la idea de que los estudiantes necesitan ser motivados por unos valores que “estén por encima del dinero, la fama y el éxito”, y sus enseñanzas sostenían que la utilitas significa preguntarse para quién y para qué nos esforzamos.

El éxito de una universidad –insistía– no debería medirse por los altos cargos alcanzados por sus graduados, sino por el tipo de personas en que se conviertan y por el servicio que presten a la sociedad. Las instituciones educativas deben “educar para crear ciudadanos responsables en la ciudad que es el mundo”, decía.

Iustitia (dimensión ética-social)

Kolvenbach veía la dimensión ética y social como una parte inextricable del ejercicio de una profesión, y como todo lo que los profesionales pueden hacer para crear una sociedad más justa.

Consideraba clave para la formación directiva el compromiso a favor de la justicia –una consideración que ha ido desapareciendo gradualmente del discurso de la RSC. La “justicia social” ha dado paso a la “responsabilidad social” y la “ética” se ha convertido en “valores”.

Para Kolvenbach, promover la sensibilidad y el compromiso a favor de la justicia era una parte integrante de la propuesta educativa. Decía que “los estudiantes, a través de su formación, deben aprender a percibir, pensar, juzgar, elegir y actuar a favor de los derechos de los demás, especialmente los oprimidos y los más desfavorecidos”.

Humanitas (dimensión humanista)

El humanismo significa plantear la cuestión de la humanidad propia y compartida. La formación empresarial no tiene sentido si no alcanzamos a reconocer que la identidad profesional y los objetivos personales están inextricablemente unidos.

Cuando hablamos de humanismo –decía Kolvenbach–, estamos aspirando “a la formación de unas personas más plenamente humanas”, que vaya “más allá del progreso cognitivo para promover un desarrollo humano que englobe la comprensión, la motivación y la convicción”.

Cuando hablamos de “poner al alumno en primer lugar”, no estamos defendiendo un entorno centrado en el estudiante que dé respuesta a todas sus demandas. Las humanidades son una forma de suscitar una reflexión personal sobre el sentido y el propósito, para ayudar al estudiante a reflexionar sobre sí mismo y sobre su contribución a la sociedad.

Fides (dimensión religiosa-espiritual)

Kolvenbach afirmaba que cada universidad “tiene su propio propósito y no es una mera oportunidad de evangelizar o de defender la fe” y que “no es una parroquia ni una congregación religiosa.”

Para Kolvenbach, la fides es lo contrario del adoctrinamiento. Consiste en dar sentido a la experiencia y en reconocer que toda persona busca un sentido en la vida, en cierto modo. En su propuesta, la fides es inseparable de trabajar por la justicia y por el desarrollo de la calidad humana.

En el contexto universitario, la fides es una llamada y una invitación a que cada persona actúe desde su auténtico centro. Es el principio sobre el cual se basa el ideal de formar a personas competentes, conscientes, compasivas y comprometidas.

El horizonte de estas personas es “convertirse plenamente en personas, y no en meros especialistas o profesionales”.

¿Un marco para el futuro?

A la hora de reconocer el poder que tienen las empresas en la sociedad, debemos ir más allá de los planes de estudios de la ética empresarial. Existen cada vez más indicadores que señalan que el futuro de la educación empresarial reside en las cualidades personales y humanas de quienes participen en ella.

Ello plantea la cuestión de qué proyecto educativo deben seguir las escuelas de negocios. El marco propuesto de la utilitas, la iustitia, la humanitas y la fides proporciona una visión más holística de los negocios en el campo de la educación superior.

Y ello indica que el futuro de la formación directiva puede radicar en el paradigma de Kolvenbach.

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