Registrarse

No mirar el lado bueno de las cosas o por qué preferimos las malas noticias 

Kate Barasz

No mirar el lado bueno de las cosas o por qué preferimos las malas noticias 

En 2007, un instituto que investigaba sobre el cáncer publicó un nuevo test para que las pacientes de cáncer de mama pudieran decidir el mejor tratamiento a seguir. Se diseñó un sistema de puntuación para ayudar a estas pacientes a tomar decisiones informadas sobre su propio tratamiento, basadas en el tipo y la gravedad del cáncer que sufrían y en la probabilidad de recurrencia.

Una puntuación baja indicaba que un tratamiento menos invasivo probablemente resultaría más efectivo, mientras que una puntuación alta señalaba la necesidad de la quimioterapia. Este sistema de puntuación revelaba un fenómeno inesperado: varias pacientes que obtuvieron unos resultados ambiguos –una puntuación ni muy alta ni muy baja– afirmaron que hubieran preferido una puntuación más alta, lo cual habría implicado un peor resultado.

¿Qué impulsa a una paciente a preferir obtener un diagnóstico de mayor riesgo a un resultado más favorable? Kate Barasz de Esade y Serena Hagerty de la Harvard Business School han llevado a cabo una serie de estudios para investigar cuándo y por qué las personas podemos preferir paradójicamente las malas noticias.

Esperando lo peor

Al hacer el seguimiento de las pacientes que habían recibido una colostomía reversible o irreversible durante un período de seis meses, las investigadoras observaron que la satisfacción general en la vida y la calidad de vida aumentaban con el tiempo en las pacientes con colostomías permanentes. Otro estudio revelaba que la aversión hacia las personas que nos han causado una profunda herida psicológica nos dura mucho menos de lo esperado y, en cambio, nos dura mucho más cuando solo nos han herido un poco.

“Ambos ejemplos documentan un fallo común a la hora de explicar la adaptación hedónica”, explican Barasz y Hegarty. La adaptación hedónica modifica las expectativas de los eventos y de las circunstancias que potencialmente son vistos como muy negativos, y ello hace que anticipemos erróneamente un resultado peor y, por tanto, que nos recuperemos más rápidamente si no se materializa.

“Sin embargo, a diferencia de estos casos, proponemos que existen situaciones en que las personas realmente expresan una preferencia previa por las malas noticias”, prosiguen Barasz y Hegarty. “Más que un caso de adaptación hedónica, sugerimos que esta preferencia paradójica puede explicarse por una razón totalmente distinta: evitar tomar una decisión.”


Decisiones difíciles

En 2019, un lanzador profesional de beisbol sufrió una rotura parcial del ligamento relativamente común que podía tratarse efectivamente con cirugía menor o siguiendo un tratamiento conservador. Si la rotura hubiera sido más grave, habría requerido una solución quirúrgica; la menor gravedad de dicha lesión significaba que el lanzador podía decidir sobre qué tratamiento seguir. Durante una conferencia de prensa, el jugador admitió que no le gustaba nada tener que decidir y que habría preferido que los doctores le hubieran dicho qué tratamiento iba a recibir.

“Este dilema ilustra los escenarios que estamos estudiando aquí”, señalan Barasz y Hegarty. “Si las noticias hubieran sido objetivamente peores, habrían evitado tener que tomar esta difícil decisión porque se habría requerido la cirugía, mientras que las noticias objetivamente mejores le dejaban en la posición de tener que tomar él esta difícil decisión.” 

“Aunque el jugador no entraba a discutir sobre qué diagnóstico habría preferido recibir, nos preguntamos: Si otros jugadores se hallaran en una situación similar ¿habrían preferido realmente recibir un peor diagnostico que hiciera necesaria la cirugía y les ahorrara tener que hacer esta difícil elección?

Para averiguarlo, las investigadoras contactaron con 74 lanzadores de beisbol entre los 60 mejores de la National Collegiate Athletic Association (NCAA) estadounidense. Les describieron un escenario en que estos recibían una rotura de ligamento colateral cubital –la misma lesión que sufrió el lanzador anterior– y describieron dos niveles de gravedad: una rotura total, que requería una cierta intervención quirúrgica, o una rotura parcial, que podría tratarse con una terapia física o con cirugía. 

A continuación, preguntaron a los jugadores: “Imagina que tienes una lesión en el LCC y estás esperando recibir el diagnóstico. ¿Qué noticias preferirías recibir?” Los resultados confirmaban que la mayoría de los jugadores manifestaba una preferencia explicita por recibir peores noticias.

Eludir la responsabilidad

Barasz y Hegarty ampliaron su estudio formulando una serie de preguntas a varios grupos de participantes. Utilizando una combinación de estudios sobre el terreno y experimentos aleatorios, investigaron cuándo y por qué las personas podemos preferir paradójicamente recibir malas noticias –por ejemplo, esperar tener una lesión objetivamente peor o recibir un diagnóstico de mayor riesgo que otras alternativas claramente mejores.

“La investigación demuestra que cabe la posibilidad de que tengamos la esperanza de recibir noticias relativamente peores en un intento de evitar preventivamente tener que tomar decisiones subjetivamente difíciles”

“La investigación demuestra que cabe la posibilidad de que tengamos la esperanza de recibir noticias relativamente peores en un intento de evitar preventivamente tener que tomar decisiones subjetivamente difíciles”, señalan. “Ello se explica porque, cuando una peor noticia evita tener que elegir –por ejemplo, forzando nuestra voluntad o creando una opción dominante que nos evite una decisión compleja–, puede liberar a quien tiene que decidir de la experiencia de asumir su propia responsabilidad. 

“Sin embargo, puesto que no todas las decisiones garantizan evitar tener que decidir, no todas ellas suscitan la preferencia de recibir peores noticias, y menos personas anhelan peores noticias cuando se enfrentan a decisiones que subjetivamente son más fáciles de tomar.” 

Las malas noticias facilitan la toma de decisiones 

Aunque Barasz y Hegarty centran su investigación en los escenarios médicos, su teoría es extensiva a los contextos no médicos.

“Por ejemplo, un colega dudaba si mudarse del apartamento que había alquilado en la ciudad a una vivienda más grande en un área suburbana. Cuando recibió la notificación de que le subirían el alquiler un 30% –una mala noticia que, si no hubiera tenido la posibilidad de elegir, habría sido simplemente eso: una lama noticia–, dijo sentirse definitivamente aliviado: tendría que mudarse y dejaría de existir el conflicto que le causaba esa decisión. 

“O imaginemos el propietario de un vehículo que tenga que decidir si reparar el coche o comprarse uno nuevo tras una grave colisión; acaso se sentirá mejor si le dicen que su automóvil es siniestro total –la peor noticia– que si tiene la opción de repararlo –una noticia mejor. O imaginemos una estudiante que quiere hacer el doctorado y se enfrenta a la difícil decisión de tener que elegir entre dos universidades; puede sentirse más aliviada si finalmente no es admitida en uno de los programas (peor noticia) que si ha sido admitida a ambos (mejor noticia).”

Futuras investigaciones

Esta investigación brinda una oportunidad muy interesante para desarrollar futuras investigaciones, ya sea dentro del ámbito médico o de forma más genérica, según Barasz y Hegarty.

“Con frecuencia, los asesores no saben anticipar el conflicto decisional a que se enfrentan las personas a quienes asesoran –por ejemplo, suponen falsamente que los pacientes quieren autonomía a la hora de tomar una decisión cuando, de hecho, desean recibir unas recomendaciones más paternalistas. Si no saben anticipar los beneficios de las malas noticias –acaso porque ven la relación entre la noticia y su afectación como más lineal, o debido a una simple brecha de empatía–, pueden predecir de forma incorrecta que las personas que reciben mejores noticias se sienten mejor y necesitan menos apoyo que las que reciben malas noticias, asignando erróneamente apoyo o asistencia a quienes, de hecho, necesitan menos ayuda. 

“En un estudio adicional se podría analizar la capacidad de las personas de identificar situaciones en que otras personas pueden anhelar esperar lo peor.”

Todo el contenido está disponible bajo la licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.