Países “business friendly”: hoy los necesitamos más que nunca

David Reyero

Para ganar el futuro, necesitamos hoy más que nunca países “business friendly”, donde existan condiciones más favorables para los negocios.

Sociedades en que no haya una lucha de hegemonías entre lo público y lo privado, sino en que todos sumemos fuerzas y cada actor del ecosistema aporte lo suyo, donde existan dinámicas que promuevan la eficiencia de los recursos escasos y que potencien la excelencia (sin sesgos ni etiquetas) y la inteligencia colaborativa. En definitiva, contextos donde se potencien sinergias lógicas para aumentar la prosperidad colectiva.

Este es uno de los principales aprendizajes que me ha proporcionado la pandemia, que tanta disrupción ha ocasionado en nuestras vidas. Y creo que todavía debemos integrar mejor lo que esta colaboración puede aportar y profundizar más en las buenas prácticas, a escala mundial.

No creo en la dicotomía excluyente de apostar por el sector público o por el privado

Recientemente, reflexionaba sobre ello en un debate en que se confrontaba la educación pública (lo bueno que hay que potenciar) con la privada (lo malo que hay que limitar). Y se ponían como ejemplo las avanzadas sociedades nórdicas, por sus buenos resultados educativos y por su indudable apuesta por lo público.

¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Apoyan realmente la iniciativa privada o únicamente se enfocan en proveer unos buenos servicios públicos, dotados de unos generosos recursos?

Creo que, efectivamente, podemos aprender mucho de la convivencia entre lo privado y lo público, imperfecta pero más natural, donde se fomenten la excelencia y la libertad individual.

Veamos algunos ejemplos:

Noruega es uno de los diez países más “business friendly” del mundo por las facilidades que da a los emprendedores.

Finlandia posee un sistema educativo excelente, basado en 500 colegios, 100 de los cuales son privados.

En Suecia, el 27 % de los servicios sanitarios los provee el sector privado, y el paciente tiene gran poder de elección sobre el centro médico al cual quiere acudir.

¿Cuáles son los beneficios de ser sociedades más “business friendly”?

Más allá de las cuestiones ideológicas, los beneficios de las sociedades “business friendly” son múltiples e indiscutibles: más crecimiento, más innovación, más oportunidades de desarrollo profesional, más riqueza y, por tanto, también más impuestos para invertir en servicios esenciales, etc.

¿Cuáles son las palancas esenciales para ser una sociedad más “business friendly”?

Los elementos fundamentales son bien conocidos, aunque no siempre se aplican en muchos países: un marco legal estable, un nivel de impuestos competitivo, agilidad burocrática, incentivos y ayudas a los emprendedores, buenas infraestructuras tecnológicas y de transporte, un sistema educativo conectado con el mercado laboral, talento disponible, fácil acceso al capital, calidad de vida, un sistema sanitario moderno, seguridad ciudadana, etc.

No creo en la dicotomía excluyente de apostar por el sector público o por el privado. Hoy la sociedades más equilibradas y prósperas se apoyan en tres sectores potentes, que se complementan y trabajan colaborativamente: un sector público sólido y eficiente, un sector privado dinámico y competitivo y un tercer sector integrado por la sociedad civil y por las ONG que emerge con fuerza. Estos tres estamentos son básicos para el bien común y cada uno tiene su función, aporta su valor y tiene su responsabilidad social.

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Apostar por una sociedad más “business friendly”, en que la iniciativa privada esté más reconocida, es fundamental para nuestro porvenir, al potenciar la necesaria competitividad, como ya señalaba en un artículo anterior.

Se trata de crear un entorno en que los buenos empresarios y los emprendedores también sean figuras inspiradoras para todas las generaciones y, en especial, para los jóvenes, en que se valoren más su contribución y la asunción de riesgos, la innovación, la resiliencia, el compromiso social y la creación de riqueza y de empleo.

Hoy creo que hemos de superar algunos debates respetables, pero que roban mucha energía y enfrentan más que suman. Tenemos que mirar hacia el futuro con más amplitud de miras, superar las dicotomías clásicas y desafiar nuestras creencias limitadoras para avanzar.

Este era ya un histórico reto pendiente para muchas sociedades y países. Y ahora la COVID-19 lo ha vuelto a poner sobre la mesa con gran crudeza. La encrucijada actual supone, a la vez, una gran oportunidad para reinventar nuestro futuro y el legado que dejaremos a nuestras futuras generaciones.

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